sábado, 7 de marzo de 2026

 

FLAMENCAS

 


Tito Ortiz.-

 

 

En aquella década de los años ochenta del siglo pasado, mi amigo Ignacio Mauri, director del Colegio Mayor Loyola, me invitaba a dar unas conferencias sobre flamenco, en unas jornadas que un comenzaban tras la cena de los colegiales, a las que se unían las chicas del cercano Colegio Mayor Jesús-María. Yo las ilustraba con la audición de grabaciones, como me había enseñado mi admirado Pepe Heredia, en su Semanario de Estudios Flamencos de la Universidad de Granada en el Palacio de La Madraza.

Tras la sesión, lo mejor del trasnoche tenía lugar en el despacho de Ignacio, donde compartíamos puro y brandy, convirtiéndolo en una especie de camarote de los hermanos Marx, abarrotado de colegiales/as, donde me preguntaban todas sus dudas y curiosidades de lo explicado en el salón de actos.

Una noche les expliqué una obra maestra recién salida al mercado. Era un doble LP de Vinilo titulado, “Ven y Sígueme, un gitano llamado Mateo” con la música de Manolo Sanlúcar, Juan Peña el Lebrijano y la majestuosa voz de Rocío Jurado. Que al buen amigo Juan Peña, El Lebrijano, le atraían los textos evangélicos ya lo dejó patente en 1972 con su L. P. “La palabra de Dios a un gitano”, del que esperamos hablar algún día. Años más tarde, en 1982 concretamente, se embarcó en el proyecto más ambicioso realizado a medias con el guitarrista Manolo Sanlúcar, autor de parte de los textos cantados y de todos los arreglos musicales. Y por si las personalidades de Juan y Manuel no fueran suficientes para llevar la obra a feliz puerto, que lo eran, se apoyan en la indiscutible señora de la copla (que nunca olvidó sus comienzos como cantaora), la chipionera Rocío Jurado.

Fruto de esta conjunción a tres fue un álbum con dos elepés titulado VEN Y SÍGUEME con subtítulo Un gitano llamado Mateo. Se trata de una versión, de una interpretación de ciertos fragmentos de los Evangelios, pero trasladados a nuestro tiempo y a la geografía andaluza en la que Manuel, Rocío y Juan no están solos. También toca la guitarra Enrique de Melchor, cantan El Moro, Miguel El Rubio, Fernando Gálvez, Adela La Chaqueta y Loli de Melchor, hay un coro flamenco y un coro clásico (dirigido por José Miguel Évora), intervienen dos recitadores: Enrique Pantoja y el omnipresente Jesús Quintero.

LAS MUJERES EN EL FLAMENCO

El caso fue que, en aquella ágora distendida, a todos/as sorprendió la voz y hechuras flamencas de Rocío Jurado a la que tenían por coplera y no flamenca. Este hecho me dio pie para adentrarlos en el mundo de la mujer referido al flamenco, desde la mítica Tía Marina, brillante “tocaora” de guitarra, a Pastora Pavón, La Niña de Los Peines, pasando por tantas otras que dieron gloria al cante y el baile. Por eso ha sido para mí una satisfacción enorme que, mí compañero periodista, escritor y académico Eduardo Castro, haya alumbrado un libro que hace justicia a tantas mujeres que lo dieron todo por el arte gitano andaluz. Unas lograron fama, otras no, pero todas aportaron a nuestro arte universal, la impagable faceta de sus conocimientos y buen hacer para encumbrar el arte jondo.

Es ésta una obra de cabecera para cualquier buen aficionado que se precie que, lo adentrará en un mundo apasionante por descubrir a pesar de los años transcurridos, puesto que, en el flamenco, también la mujer ha sufrido esa invisibilidad hasta que por fin ha podido romper el dichoso techo de cristal y ponerse a la altura del hombre, sobre todo en la faceta del baile, donde el árbol de la danza flamenca está jalonado por nombres que jalonan una historia de raza y tronío como nunca se sospechó.

LO NUESTRO

Por hacer referencia a algunos tesoros que el lector encontrará en este libro, Eduardo Castro dice: “ Como cantaora, Tía Marina brilló en los cantes por fandangos, las tarantas, las granaínas y las seguidillas, pero sobre todo, en los palos propios del Sacromonte, los tangos, en los que llegó a dar nombre a uno de los estilos más recientes y populares. Como se sabe, en Granada hay documentados múltiples estilos de tangos, casi todos nacidos o desarrollados por los gitanos del Sacromonte, en el ambiente de las primitivas zambras. Están por ejemplo los tangos del cerro. los del camino, los canasteros, los merengazos, los paraos, los de la casera y, luego están los personales de Tía Marina, de Tere Maya y de Carmel la del monte, a los que finalmente hay también que añadir las creaciones más recientes de Enrique Morente. Algunos de los tangos de Tía Marina han sido interpretados por Carmen Linares, en su antología de “la mujer en el cante”, también los canta Marina Heredia. En cuanto a su vertiente como tocaora y el papel que la saga de Los Habichuela representa en El Mundo de la guitarra flamenca, Eduardo Castro nos remite a la tercera parte del libro donde también dará cumplida cuenta del origen de su apodo artístico.

Yo les dejo con éste entremés de la obra de Eduardo Castro, para que les pique el gusanillo y, vayan a hacerse con un ejemplar editado por Almuzara, en la confianza de que no les va a defraudar. Todo lo contrario, con esta obra se hace justicia a muchas mujeres semiocultas por el rigor del patriarcado que ha imperado de forma obtusa en nuestra sociedad, y se realza aún más, la historia de aquellas que rompieron fronteras en el flamenco, cuya trayectoria artística estuvo a la altura de los hombres y, no en pocas ocasiones, la sobrepasaron. Este libro contiene, verdad, historia y justicia con las mujeres del flamenco. Hoy, Dia de la mujer; ¡Ole por ellas!.