sábado, 20 de junio de 2026

 

Juan Ortiz y Alfredo Curiel.

ALFREDO CURIEL

 

Tito Ortiz.-

 

Decía Carlos Cano que: … Había coches de caballos, era por mayo… Y así fue como conocí a Alfredo Curiel Aróstegui, con los coches de caballos rodeando la Fuente de Las Batallas, mientras dirigíamos nuestros pasos al Centro Artístico, Literario y Científico donde ambos ensayábamos teatro, en la recién estrenada década de los años setenta del siglo pasado.

Alfredo pertenecía al Grupo de Teatro Popular que dirigía Manuel de Pinedo, en el que también estaban, Jesús Quero y la hermana y cuñado de Pinedo, junto con otros estupendos actores y actrices, poniendo en pie, “Llama un Inspector” de John Boynton Priestley. Yo había fundado el Grupo de Juventudes Musicales en Granada y estaba montando, “Los Árboles Mueren de Pie” de Alejandro Casona. En aquellos años las infraestructuras teatrales en Granada eran escasas, así que, a cambio de hacernos socios del Centro Artístico, nos permitían usar su teatro del bajo con salida a Campillo Bajo y, como buenos hermanos en el arte de Talía, nos repartíamos las horas de la tarde mitad por mitad, para ensayar, lo que nos llevó a la convivencia fraternal y, a compartir más de un café en el mismo lugar.

Con Alfredo tuve una sintonía desde el principio, hasta el punto de compartir otras aficiones fuera del teatro como, el flamenco y los toros. Después de salir del coso tras la corrida, se nos podía ver con frecuencia en la taberna del señor Molina, en la Carrera del Darro, casi pegando a la casa de las Chirimías, donde nos servía una manzanilla de Sanlúcar fresquita, en unos tazones de barro con unas alcaparras, mientras, tras la barra, junto a la mesa de camilla a lo mejor estaba, Jaime Heredia “El Parrón” torciéndose por seguiriyas. Y en caso de que no estuviera, en el viejo tocadiscos sonaba don Antonio Chacón, o la Niña de Los Peines. También frecuentábamos “El Faquilla” en el Campo de Príncipe o el kiosco de Curro “El Guardia” en el Zaidín por donde aparecía Miguel Burgos Única, “El Cele” o el mismísimo, Curro Andrés.

LOS CURIEL

Otro punto especial de nuestra amistad me permitió conocer a su familia. En la calle Duquesa observé la educación victoriana de don Salvador, padre de la saga y la de su esposa, mujer encantadora que siempre me trató como si fuera uno más de la familia. Conocí la simpatía y lo campechano del hijo mayor, Salvador, el gracejo de Esperanza, la menor y los grandes conocimientos técnicos de Jesús que, por entonces, ya era un reputado técnico de sonido y radio aficionado, en continuo contacto con Rafalito Mesones, otro genio de los cables y transistores.

En la calle Chueca, aprendí mucho de motos deportivas con Carlos y de dibujo y pintura con Luís, al que enseñé en unas horas a tocar la corneta y, fui su copiloto en más de un vuelo con su avioneta, durante sus muchas visitas a José Rodríguez de La Borbolla, demandándole más infraestructuras para Granada, siendo Luís Presidente de La Cámara de Comercio de Granada, teniendo como cómplice extraordinario a Gerardo Cuerva Vallet, Presidente de la Confederación Granadina de Empresarios, todo un señor en todos los sentidos, al que también se le echa de menos, porque hoy en día, parece que vale más una foto, que una buena y callada gestión por la provincia.

Así que mi amistad con Alfredo Curiel que, sin levantar la voz se nos ha ido por mayo, como dijo Carlos Cano, se fortaleció de tal manera que, cuando tuve que irme por razones profesionales de la patria, lo dejé al frente del Grupo de Teatro de Juventudes Musicales, que no solo siguió en buena lid, sino que, alcanzó grandes éxitos muy superiores a los míos, llegando a estrenar diversas obras de José María Garrido Lopera en el Teatro Isabel La Católica. Y ahí fue donde contó con la colaboración y complicidad del fotógrafo de Ideal, Juan Ortiz y sus dotes interpretativas, plasmadas incluso en el celuloide.

DIÓGENES

Pero Alfredo no fue solo un gran actor y director de teatro granadino, su gran conocimiento de la literatura y la poesía, le llevaron como agitador cultural a proyectar nuevos y viejos valores como hizo con el grupo Diógenes, que en aquellos años tuvo una actividad más que interesante, mientras él, canalizaba toda aquella creación emergente, que tanto dinamizó el panorama local.

Para la primera puesta en escena, escogieron el pub de Juan Prietos, frente al bar de su padre en la calle Alhamar, que ya venía sufragando la exposición – sin ánimo de lucro por su parte – de pintura, dibujos, fotografía, y otras artes como la magia, que hasta allí llevó el gran Aparicio, hombre capaz de combinar sus trucos de mano con los poemas más hermosos. Aquel febrero de 1978, como forma original de exhibir los poemas, frente a la lectura habitual de otros actos, los escritos se enmarcaron, y como si de una pintura se tratara, se fueron colgando por las paredes del local, con gran éxito y repercusión mediática. “Diógenes”, lo formaban entonces, Antonio Auñón, que también pintaba, Germán Ramírez, Julia, Zangróniz, Jesús Ramos, alma máter del proyecto, Concepción Sánchez y Águeda Rodríguez.

Al año siguiente durante la presentación de Diógenes en La Madraza, Alfredo José María Curiel Aróstegui y de La Plata, tomó la palabra: “Diógenes, laboratorio poético” argumentando que los protagonistas, eran un punto de unión entre un pasado necesariamente triste y oscuro, a un presente y futuro que debía manifestarse con la amplitud y validez que el tiempo exigía. “Diógenes” trabajaba en dos vertientes. Una puramente crítica en base a una formación poética sobre autores consagrados, y otra, sedimentada en el trabajo puramente imaginativo y libre de cada uno de los componentes. Pretendiendo con ello, la auto proyección literaria del grupo, y en enlace directo, la posible difusión y conocimiento de una poesía popular, no populachera.

Alfredo, eres irreemplazable.

sábado, 13 de junio de 2026

 


ASÍ COMENZÓ TODO

 

Tito Ortiz.-

 

Hemos llegado, sin prisa, pero sin pausa, a estas bodas de platino con las que celebramos nuestro Festival Internacional y de su hermano menor, no menos importante, los Cursos Manuel de Falla, acreditados desde los tiempos de Antonio Iglesias como de los más importantes del suelo patrio. Y, aunque ya no viene Antonio Fernández Cid cada año, para darnos una conferencia distinta, argumentando la importancia internacional del evento, para dejar después plasmadas sus críticas en el Diario ABC, el festival goza de una salud y una proyección, que puede codearse con cualquier otro en el globo terráqueo.

El Festival Internacional de Música y Danza de Granada tiene su origen en los conciertos sinfónicos que desde 1883 se celebraban en el Palacio de Carlos V durante las fiestas de Corpus Christi, y que dieron a la ciudad la primera oportunidad de conocer y disfrutar del gran repertorio musical europeo “a grande orquesta”, ya en el siglo XIX. De especial trascendencia en aquellos años fue también la celebración del Concurso de Cante Jondo, convocado en 1922 por García Lorca, Falla y otros intelectuales y artistas de la época como Andrés Segovia, Fernando de los Ríos, Zuloaga, Manuel Ángeles Ortiz, Turina o Rusiñol.

Creado en 1952, con la denominación de «Primer Festival de Música y Danza Españolas», bajo los auspicios del Ministerio de Asuntos Exteriores, el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Información y Turismo de España, nace con la declaración del entonces director general de Bellas Artes, Antonio Gallego Burín, que entre otras cosas dice: “Aspiramos a convocar en años sucesivos a las primeras organizaciones musicales del mundo, para continuar lo que con elementos nacionales se realiza esta vez. Pretendemos también que a esta labor difusora del arte musical se unan cursos especiales y de investigación sobre música hispana, y que el primer Festival sea el arranque de una empresa española de universal resonancia”. Y así comenzó todo.

Un año más tarde, se celebra el II Festival Internacional de Música y Danza de Granada, denominación que se conserva en la actualidad, y se inaugura el singular teatro de cipreses de los Jardines del Generalife, construido para albergar las sesiones de danza española y ballet clásico del Festival.

LOS MÁS GRANDES

Han recorrido el mundo imágenes de Artur Rubinstein, Victoria de los Ángeles, o Andrés Segovia en los más bellos patios árabes de la Alhambra; de Carl Schuricht, Herbert von Karajan o Sergiu Celibidache dirigiendo en el Palacio de Carlos V, y de Margot Fonteyn o Rudolf Nureyev bailando en los Jardines del Generalife, por citar sólo algunos destacados ejemplos, pero también puede presumir el Festival de haber acogido muy temprano a figuras como Teresa Berganza, Lorin Maazel, Marta Argerich, Antonio el bailarín, Vladimir Ashkenazy, Jessye Norman, Monstserrat Caballé o Joaquín Achúcarro, entre otros. Esta vocación se mantiene en la actualidad programando cada año, junto a las grandes figuras de la música y la danza, a sobresalientes artistas jóvenes, músicos y bailarines, o integrando en sus proyectos a importantes profesionales que respaldan proyectos noveles.

EL FEX

En los últimos años, se ha conseguido conectar el evento, no solo con la afición local, sino también con la provincia. La Extensión del Festival vuelve en su cita anual, al encuentro con la ciudadanía en calles, plazas, parques, teatros y palacios de los distintos distritos de la capital y de la provincia de Granada. Las fanfarrias de metales anuncian el inicio del Festival; las propuestas para todos los públicos se despliegan a lo largo de toda la edición con compañías, tanto nacionales como internacionales de música, circo y danza, con artistas como Lanördika, Luichi Leal, Cia. Manolo Alcántara o la irlandesa Jazzville Productions.

En el año en el que conmemoramos el 75 aniversario del Festival, no podía faltar un acto de celebración por todo lo alto con Aria, de Zenit Aerial Ballet, un espectáculo de ballet aéreo de gran formato que transforma el cielo en escenario, combinando coreografía, música y ciudad en una experiencia visual y emocional única a 30 metros de altura. Continuando en esta edición con la enriquecedora colaboración con otras instituciones y entidades de la ciudad como el Conservatorio Superior de Música «Victoria Eugenia» y la Banda Municipal de Música de Granada, con la que se ha puesto en marcha La Banda del Festival en los Cursos Manuel de Falla, para contribuir a la interpretación y difusión del repertorio de este tipo de formación musical.

En esta edición, se siguen ofreciendo diversos encuentros con artistas que compartirán con nosotros sus procesos creativos. Además, se da cabida a estrenos, como el de la película documental que narra la desconocida historia de uno de los grandes compositores españoles del siglo XX, el granadino Francisco Alonso.

Una programación que se puede disfrutar en más de una decena de municipios de la provincia, que contarán, entre otras propuestas, con el cantaor Antonio Cortés y la organista Pilar Cabrera, así como con un especial concierto de la Atlanta Symphony Youth Orchestra en la Alcazaba de las Siete Torres de Orce. Este año al Puerto de Motril llegará Amisuri, proyecto flamenco-jazz gaditano liderado por María La Mónica y Adri Trujillo. Toda esta actividad de artes en vivo se complementa con la habitual exposición “Fotografía, música, danza y ciudad”.

Con una programación tan importante como la de esta edición, no albergamos ninguna duda que, nuestro Festival Internacional, se yergue como un bastión inexpugnable para conseguir nuestra ansiada capitalidad cultural europea, junto con nuestra historia, patrimonio artístico y cultural, paisaje y clima. Solo nos falta -como en aquel primero de 1952- tomar agua, azucarillos y aguardiente en el kiosco de la placeta de los aljibes, rematando la noche con un chocolate con churros en la plaza de Bibarrambla.

 

sábado, 6 de junio de 2026

 

Toros en Granada. Óleo sobre tabla de Manuel López Vázquez. Juan Ortiz

¡A LOS TOROS!

 

Tito Ortiz.-

 

Mi condición de crítico taurino y aficionado práctico, en los 55 años que he ejercido la profesión, me han permitido ejercer esta faceta en los distintos medios por los que he ido pasando. Comencé como mozo de espadas de José Antonio Lacárcel en la cadena COPE, durante las transmisiones en directo que hacíamos de los festejos del Corpus y el Domingo en que sale La Virgen de Las Angustias, que en aquellos años era una cita obligada en el calendario taurino de Granada, como también lo fue durante unos años, el día de La Cruz.

Después ejercí de corresponsal taurino de Rafael Moreno en la misma cadena, antes de que apoderara a Juan Antonio Ruiz Espartaco. Y ya en solitario, tuve mis propios programas y transmisiones en Radio 80, Antena 3, Radio Cadena Española y en Radio Nacional de España fui corresponsal de José Luís Carabias y Fernando Fernández Román, a quién agradecí su confianza y le propuse para mi puesto a mi admirada María Dolores Martínez, cuando Manolo Molés me llamó para ser su hombre en Granada, asunto que venía acompañado de mis programas taurinos en radio Granada, Alhambra TV y Localia.

Durante mi paso por Canal Sur, formé parte de una cuadrilla con mucho arte -tanto en la radio como en la televisión- que, formábamos Juan Belmonte, Emilio Parejo y el anciano que esto escribe, como preámbulo de la historia del pregón taurino en Granada.

DECLAMACIÓN DE LOS TOROS

Mí actividad profesional antes referida, me permitió viajar no solo por todas las plazas de España, sino también por algunas de Francia y Portugal, pudiendo observar que, en muchos de esos lugares, como prólogo a la feria taurina, se llevaba a cabo un pregón, en el que se exaltaban las virtudes de aquellas tierras, como potenciadoras de la tradición taurina y, el orgullo de haber sido la cuna de importantes espadas.

Así que, en aquellos inicios de los noventa, pedí permiso a mis jefes de Canal Sur e instituí en Granada, por primera vez en la historia nuestro pregón taurino de la Feria del Corpus. Para ello me fui a Fuengirola donde residía el maestro Miguel Montenegro y le hice el compromiso de que él fuera el primer pregonero como matador de toros de la Calle Real de Cartuja. Miguel, que pese a estar retirado, venía todos los corpus como asesor al palco presidencial, me dijo que sí enseguida, y en aquel 1991, Granada tuvo por fin su pregón taurino, como todas las ciudades que presumían de tenerlo.

Para la organización, lo primero que hice fue pedirle el patio de La Corrala de Santiago a la Universidad,  en la persona de mi querido y añorado, Carlos Orte que, me fue cedido de mil amores. Después recurrí a otro amigo del alma, con el que tantas otras cosas llevé a cabo, mi añorado Manuel Ocón Rojas, que se encargó de adornar tan excelso lugar con toda clase de aderezos taurinos. Allí no faltaron mantones de manila en todas las balconadas, abanicos, carteles de toros, banderillas, capotes de seda y de percal y hasta dos vestíos de torear. Y en ese corazón del Realejo, engalanado como un palacio, Miguel Montenegro ofreció para la historia de Granada, el primer pregón taurino, siendo presentado por mi amigo del alma, Ángel Luís Sabador Medina.

RIVALES Y AMIGOS

Para el año de la Exposición Universal en Sevilla, elegí a otro torero granadino que había rivalizado mucho en el ruedo con Montenegro, pero que fuera de el, eran amigos. Se trataba de, Enrique Vélez, que aceptó encantado y fue presentado por Montenegro, Vélez empezó el pregón dirigiéndose a Miguel Montenegro, echándole en cara de broma, aquella tarde que le dejó un novillo en Ceuta, para que él lo matara, porque a Miguel le había dado una voltereta grande y, al día siguiente toreaba en Valladolid. Las risas llenaron el salón de plenos de nuestro ayuntamiento, casa donde trabajaba el pregonero y, que él había elegido para decir su pregón. Enrique había sido un novillero de tronío que, por circunstancias no llegó a tomar la alternativa, y como Montenegro, se alternaban como asesores en el palco presidencial de la plaza granadina, junto a Perete y don Andrés Hernández Villalta, en los carteles “Villalta II”, que en su cuadrilla había tenido el honor de llevar como banderilleros a, Juan Arcoyas y Francisco Galadí, los dos banderilleros asesinados junto a Federico García Lorca y el maestro Dióscoro Galindo.

Para el tercer pregón taurino de Granada, pensé nombrar a Curro Montenegro, hermano de Miguel, pero mi amigo Miguel García Mata, me dio otra idea, ya que habíamos empezado con diestros granadinos y rivales en el ruedo. Y para seguir en esa línea me sugirió el nombre de Rafael Mariscal, que fue todo un éxito y me dijo que sí en cuanto lo llamé. Miguel y Rafael habían protagonizado de novilleros una etapa de oro en toda España, llegando a poner varias tardes el cartel de “No hay Billetes” en la plaza de toros de Carabanchel, entre otras, toreando mano a mano. Ellos llegaron a dividir a la afición de Granada en, “Mariscalistas” y “Montenegristas” armándose no pocas trifulcas en los tendidos y, ambos, donaron trajes de luces a La Virgen de La Aurora para hacerle sayas y caídas de palio.

Rafael dio su pregón en el salón de plenos del Ayuntamiento granadino, presentado por Enrique Vélez que se vino abajo con sus anécdotas e historias de rivalidad en el ruedo y de amistad fuera de la plaza.

Estos tres pregones tuve la suerte de que fueran maquetados y editados, bajo la supervisión del entonces jefe de Prensa de La Diputación de Granada, Antonio Mora de Saavedra, e impresos en la imprenta de la corporación provincial, que los mantiene en sus archivos con gran cariño.

 

 

 

domingo, 31 de mayo de 2026

 

Corpus 2026, obra de Manuel Ruiz.

YA NO… PERO ES CORPUS

 

Tito Ortiz.-

 

Ya no se alancean toros en la plaza de Bibarrambla, pero es Corpus. Ya no danzan los diablillos en derredor de la custodia, aquellos árabes convertidos al cristianismo que, de aquella manera, expiaban sus culpas y se congraciaban con los vencedores de la conquista cristiana, pero es corpus.  Ni se celebran las justas con el pañuelo de la amada atado a la lanza, pero es corpus. Ya no se celebra la batalla de flores, con los carruajes engalanados, ni el concurso de ripios a modo de combate poético, en post del amor eterno a lo que significa la hostia consagrada, símbolo de la más excelsa eucaristía, pero es corpus.

Aquella fiesta religiosa y pagana, a la vez, que parece se inició por imperativo legal de sus majestades, para evitar otras celebraciones agnósticas, aquella, tal y como comenzó ya no es, pero es corpus, y es corpus en Granada, nada más y nada menos. Es corpus en la ciudad que, junto con Sevilla y Toledo, pese a haberse incorporado más tarde que ninguna a la celebración, se festeja con mayor esplendor. El Corpus en Granada rivaliza en importancia con el jueves santo, aunque, a decir verdad, el corpus involucra a más gente, pues además de los cofrades, cuenta con las hermandades de gloria, sacramentales, el clero en toda su diversidad eclesiástica, los labradores de la vega, la hermandad patronal, los niños y niñas de primera comunión, la real maestranza de caballería, las instituciones públicas y privadas, en definitiva, toda la ciudad acude a la llamada de este día que reluce más que el sol.

PRIMEROS CINCO SIGLOS

Es este, además, un corpus especial en el que celebramos los primeros quinientos años de nuestra catedral con la torre campanario recuperada, con las joyas de la corona cofrade en su interior y una juventud volcada con la militancia en hermandades, como lo demuestra la del niño Jesús radicada en la iglesia de Nuestra Señora de La O, desde el año, 1525, tan ligada al santísimo sacramento.

Ya no hay tratantes en el paseo del Violón, pero, la Feria Real del Corpus en Granada, tuvo sus inicios como tantas otras, en lo que era llana y simplemente, una feria de ganado, alrededor de la cual, se producían toda clase jolgorios y distensiones sociales, una vez al año. Ya lo dejó grabado Emilio “El Moro” … “Granada, tierra soñada por mí, en tu feria “vestío” de gitano dos burros vendí”.

Ya no está el paseo del Salón, con su monumento a Colón y la reina católica, rodeado de barquilleros con sus cilindros y la ruleta en la tapa, que servía de pórtico a las casetas, entre las que destacaban, la de la Renfe, la del SEU, de los estudiantes, la del Real Aeroclub, El Palustre, El Compadre, la de la Policía Armada, con su electricista, Pepe Álvarez, que cada año se inventaba una iluminación, destacando la edición en que unas hélices pintadas de gris, como era lógico, servían de soporte a unos fluorescentes, y la de la Guardia Civil, que fue el asombro de todos, al instalar el año que el hombre llegó a la luna, un enorme cohete espacial en su interior. Las casetas competían en originalidad a la hora de la decoración, y todas tenían música en vivo, con los conjuntos musico vocales de aquí y la provincia. El año que Gelu cantó en la de la Renfe, fue todo un acontecimiento, con Eduardo y Los Windys, en la de los universitarios. Los componentes de La Real Sociedad de Tenis, y la del Tiro de Pichón, tenían un protagonismo especial en este ferial, donde su presencia era imprescindible, como la Asociación de La Prensa con su histórica Verbena en el Carmen de Los Mártires, pero aun así… es corpus.

LAS BARRETAS QUE NO FALTEN

Ya no está, el castillo de fuegos artificiales en el embovedado, el concierto de la banda de música militar de la IX Región Militar, dirigida por Julio Marabotto Brocco, y la retreta militar para que al grito de: ¡catetos a su pueblo!, los capitalinos echáramos a los forasteros que, durante estos días, habían disfrutado de un Corpus inolvidable. Y durante todo el recorrido, decenas de fotógrafos que te salían al paso para inmortalizar el momento de alegría, y que después te pedían las señas para llevarte las fotos a casa. En la mía se coleccionaban la de todos los años. Desde aquella primera en la que, mis padres siendo novios, están columpiándose en el látigo, hasta la de mis hermanos y yo en los caballos del tío vivo o en el coche de bomberos tocando la campana.

Ya no está bajo la Alhambra iluminada, y sobre el  Dauro, un escenario por el que pasaron desde Antonio Mairena, Alberto Cortés, Mocedades o, Dexter Gordon, con su cuarteto de saxofones, que cada vez que terminaba una pieza, se volvía hacia la Alhambra iluminada, y le ofrecía su saxo en actitud reverente. Zarzuelas y teatro formaron parte del programa, y todavía hay quién recuerda, una actuación extraordinaria de Fernando Delgado y Charo López, haciendo “Maribel y la Extraña Familia, y “Tres Sombreros de Copa”, que estarán en la retina para siempre, en ese lugar privilegiado bajo la torre de Comares. Con los camerinos en el Hotel Reuma, del que se contaban historias de fantasmas nocturnos a la moda de almas en pena. Pues en este lugar, en el Carmen del Granadillo, nació un año antes que García Lorca, Marino Antequera García, testigo hasta su muerte nonagenaria, de toda la historia concerniente al Hotel Reúma, que tan en entredicho está ahora.

Ya no están los puestos de barretas en la Carrera de La Virgen, pero es Corpus, Vayan a López Mezquita y disfruten de las duras y las blandas. Vayan de mi parte.

 

sábado, 23 de mayo de 2026

 

Cristo de la Hdad de Labradores, primer "Manuel " de La Concha.

KERYGMA: EL ARTE AL SERVICIO DE LA RELIGIÓN CATÓLICA

 

Tito Ortiz.-

 

Una catedral cinco veces centenaria -como es la nuestra- se ha convertido en el estuche joyero donde guardar las piezas más preciadas de nuestra semana santa, hasta el próximo mes de noviembre. Sin duda nos encontramos ante el acontecimiento más importante, de los actos conmemorativos del primer centenario de la Real Federación de Hermandades y Cofradías de Granada, pero también, ante la muestra de arte religioso más interesante de cuantas han tenido lugar en Granada, desde el Concilio de Elvira.

Porque lo nuestro con el cristianismo viene de lejos pues, no hay que olvidar que fue en Granada, en los primeros años del siglo IV, donde se reúne la iglesia instituida para tomar importantes decisiones, recogidas en un centenar de cánones, de entre los que destaco: “El Concilio acudió a extirpar las antiguas supersticiones, que aún duraban. En catorce cánones relativos al matrimonio conminó bajo pena de excomunión a la mujer bígama (canon 8), al incestuoso (canon 66), al adúltero pertinaz (cánones 47 y 48), al infanticida (canon 63), al marido consentidor en el adulterio de su esposa (canon 70). También impuso otras penas rigurosas, aunque no tan graves como la excomunión a la mujer que abandone a su consorte (canon 9), a los padres que quiebren la fe de los esponsales (canon 54), a las casadas que dirijan en nombre propio a los laicos cartas amatorias o indiferentes (canon 81). Excluye para siempre de la comunión al reo de pecado nefando (canon 71), a las meretrices (canon 12), al clérigo fornicario (canon 18), a la virgen ofrecida a Dios que pierda su virginidad y no haga penitencia por toda la vida (canon 13), manda a sus obispos, presbíteros, diáconos, etc., abstenerse de sus mujeres (canon 33), y les prohíbe tenerlas propias o extrañas en su casa, como no sean hermanas o hijas ofrecidas a Dios (canon 27). Impone siete años de penitencia a la mujer que con malos tratamientos mate a su sierva (canon 5), lo cual constituye un primer paso de la Iglesia primitiva en la abolición de la esclavitud en sus dominios. Por último, el energúmeno no tendrá ministerio alguno en la Iglesia (canon 29). El canon 36, prohíbe las imágenes en las iglesias (comparado con la controversia iconoclasta del Este), permitiendo el bautismo a los laicos bajo ciertas condiciones; el canon 53, prohíbe a un obispo perdonar a una persona que ha sido excomulgada por otro obispo. Como dato curioso, he de destacar que el canon 36 no tuvo el menor éxito, puesto que, de haberse llevado a cabo, Kerygma no hubiera existido nunca.

EL ARTE TRIUNFÓ

Tuvieron que pasar varios siglos para que, al contrario de otras religiones que persisten en no representar sus divinidades, los cristianos entendiéramos que la catequesis perfecta, pasaba por mostrar en el arte de los volúmenes, aquellas figuras a las que rezábamos, permitiendo un acercamiento más profundo, a nuestros líderes religiosos, espejo en el que mirarnos.

De hecho, la escultura comenzó reservada para reyes, emperadores y dioses del Olimpo, hasta que el cristianismo abrió sus puertas a las imágenes, tanto en pintura como escultura. Mostrando así, a las masas de poca formación, un camino que allanaba de forma muy didáctica, su acercamiento a la Fe que profesaban, hasta el punto de que, hoy en día, el catolicismo no se entendería sin la representación de nuestros referentes religiosos.

Tal es el resultado extraordinario de esta faceta artística, que son muchos los autores que han conseguido el más alto reconocimiento a su trabajo imaginero, pasando a la historia del arte, solo por su obra religiosa, y en Granada tenemos la suerte de que muchos de ellos o han nacido aquí, o en esta tierra realizaron sus trabajos más importantes, creando una escuela que se ha dado en llamar “granadina”, pero que en sus creadores cuenta con los más grandes de todas las épocas

COFRADES Y NO COFRADES

Se equivocan quienes crean que, Kerygma, es una exposición solo para cofrades o, cristianos practicantes o no. Es una exposición en la que Granada muestra al mundo entero la riqueza de su imagenería, no solo la que sale a las calles en semana santa, sino la que guardamos primorosamente en iglesias y conventos, sin tener la oportunidad de verlas habitualmente. Nuestras tallas son piezas únicas, al más alto nivel artístico, nacidas de gubias más que acreditadas, con la solera que les dan, a unas los siglos, y a otras contemporáneas, la contundencia creativa de los nuevos valores que han sabido evolucionar sobre la escuela granadina de los grandes maestros, poniendo su arte al servicio de nuestra Fe, consiguiendo infundir a su trabajo, la inspiración suficiente para levantar devociones, con solo contemplarlas.

Cuando el visitante se pone delante de una de estas piezas, es imposible desligar la belleza y categoría del arte bien hecho, del sentimiento religioso y devocional que infunden al que admira. Uno queda sobrecogido y apresado en un ambiente de espiritualidad sublime, debido al montaje de la muestra, llevado a cabo con gusto exquisito y una sensibilidad extrema que atrapa desde el principio del itinerario. La colocación estratégica de imágenes y enseres, unidas a una iluminación adecuada, resalta de manera brillante la riqueza de nuestro patrimonio artístico y religioso, de tal forma que, el visitante al concluir, sentirá la necesidad imperiosa de volver a deleitarse con la contemplación de estas joyas de nuestra corona cofrade, bellamente expuestas en el interior de un estuche de gala: Nuestra Catedral que vive  su quinto centenario y que, al igual que nuestra semana santa, vive su mejor momento histórico.

 

 

sábado, 16 de mayo de 2026

 


RUÍDO, RUÍDO, MUCHO RUÍDO

 

Tito Ortiz.-

 

Durante los últimos años, he ido desarrollando una intolerancia al ruido que, a veces, me hace parecer antisocial, pero es que no soporto esta era en la que reina el ruido por todas partes, hasta el punto de que, desgraciadamente, lo hemos aceptado como algo normal de nuestra vida, en aras de, no sé qué extraña modernidad.

Fui en su día de los primeros en abandonar las discotecas, porque no soportaba tener que gritarle al oído a mi chica o, al camarero para que me sirviera otra copa. Elegí los pubs donde poder mantener una charla normal, sin terminar con hipoacusia o laringitis. El Submarino Amarillo de la calle de Las Tablas, el Oxford o El Cambridge de Recogidas. Sitios donde disfrutar de una buena copa, una buena compañía y una excelente conversación, a un nivel de decibelios que incluso te permitía identificar lo que estaba sonando en los altavoces, sin perder el hilo de la charla. Toda una felicidad.

Yo no soy Willy Fog, pero algo he viajado y he de admitir-muy a mí pesar- que existen cafeterías en países muy cercanos, incluso restaurantes, donde se bebe y se come, llevando una conversación en buen tono, acompañados por un hilo musical de fondo, absoluta y gratificantemente perceptible en todo el local y, eso, lo consiguen unos clientes que no se dan voces estando a medio metro de distancia. Algo que aquí ocurre a diario.

NO HACE FALTA EL MÓVIL

Hay quienes creen que por viajar en metro o autobús que, a fin de cuentas, es un recinto cerrado, necesitan gritar al hablar por el móvil porque si no, su interlocutor no se entera. Y están en un craso error porque, se entera él y, además, de propina, todos los que viajamos a pesar de que haya asientos de distancia. El asunto es tan esperpéntico que, nos enteramos de intimidades que solo pertenecen al ámbito privado de quien vocea al aparato, lo que incluso nos permite a los asombrados pasajeros, intercambiar ciertas miradas cómplices, llegando a esbozar alguna que otra sonrisa, ante tamaño espectáculo. Hay gente que no tiene ningún pudor a la hora de lanzar sus intimidades en un transporte público. A veces tengo la sensación de que, si no tuvieran el móvil pegado a la oreja, el otro con quien habla los escucharía perfectamente, por muy lejos que estén.

Y ojo ahora que, se avecina el buen tiempo, con su proliferación de fiestas locales, patronales, con sus verbenas al aire libre, sus conciertos en descampados o en campos de fútbol, cuya moda consiste en que tú que vives a treinta kilómetros, escuches perfectamente el jolgorio, aunque no estés de fiesta y trabajes al día siguiente. Pero ellos se están divirtiendo y, además, deben ser sordos porque, el nivel de decibelios sobrepasa la legalidad y les importa un pito tú descanso.

Para sonorizar un concierto en un campo de fútbol, no tienes por qué ofrecerle el mismo volumen a los diez pueblos que te rodean. Ellos no están de fiesta, están descansando.

CAFÉ CON RUÍDO

Si no quieres escuchar una hermosa melodía de fondo, para acompañar ese café y la tostada, no entres a una cafetería pastelería, en la que el dueño se podría ahorrar pagar a la sociedad de autores el hilo musical, dado que es imposible escucharlo, con el volumen al que hablan los comensales. Todo ello acompañado de un ruido ensordecedor proveniente del manejo de platos, tazas, cucharillas, y ya, el remate de los remates es la utilización de la varita calienta leches que, suelta un bramido ensordecedor, como si junto a ti, estuviera a punto de despegar un caza bombardero. ¿Dónde quedaron aquellos magníficos termos que mantenían la leche a buena temperatura, sin necesidad de verterla en la lechera y meterle el dichoso pitorro revienta oídos?

Tenemos una asignatura pendiente con los decoradores de interior en establecimientos de hostelería. Son auténticos genios de la estética, la belleza y la funcionalidad, pero, carecen de la formación suficiente para saber con qué materiales se insonorizan suelo, paredes y techos, de tal forma, que se absorba en su mayor parte, el ruido que menaje y clientes van a ocasionar. Sin olvidarnos de esos que, durante la charla, en lugar de exponer sus argumentos en tono adecuado, elevan la voz para quedar por encima de su interlocutor, pese a lo erróneo de su exposición. Algunos tienen la falsa creencia de que al que vocea, le asiste la razón, sin embargo, me atrevo a asegurar de que solo se trata de una sutil y, nada elegante, falta de educación. El ruido en estos establecimientos es tal, que hay quien se sale a la calle cuando lo llaman por teléfono, porque de lo contrario, no te enteras de lo que al otro lado te dicen.

HAY QUE VOLVER ATRÁS

Siempre que sale este tema con los amigos, pongo el mismo ejemplo. Tuve la oportunidad de disfrutar durante varias décadas, del inolvidable “Café Suizo”, en el lugar donde hoy se saborea comida rápida. Un templo granadino en el que se le tomaba el pulso a ciudad, con un nivel de decibelios en la conversación, compatible -incluso- con alguna actuación musico vocal. En el inolvidable local, por la mañana, se hacían tratos de ganado, negocio los corredores de tierras y fincas, los rentistas desayunaban -después de haber dejado el importe de sus alquileres en el banco, a plazo fijo-, lo de siempre, café con leche y tostada de mantequilla y, los más pudientes, aguantaban allí hasta mediodía, cuando se servían las conchas de ensaladilla rusa más rica de todos los contornos.

Por la tarde, tomábamos el relevo las hordas culturales. En cada mesa un tema relacionado con las bellas artes, con ponentes de gran fuste académico y creativo. Todos nos entendíamos sin necesidad de levantar la voz, tal y como quedó patente en la obra del maestro Manuel López Vázquez, en la que recoge a personajes ilustres en su menester diario. Y nadie… Alzaba la voz.

 

sábado, 9 de mayo de 2026

 

Fernando, tras él, su padre Manolo en el viejo "Los Altramuces" en 1980. Juan Ortiz

LOS ALTRAMUCES

 

Tito Ortiz.-

 

Dice la ciencia que los altramuces son: Un tipo de legumbre que promueve muchos beneficios para la salud, como ayudar a reducir el colesterol LDL "malo", promover el aumento de masa muscular, controlar el peso corporal, mejorar el estado de ánimo y mantener la salud ósea. Los beneficios del altramuz, conocido también como lupino o chocho, son posibles porque esta legumbre es rica en proteínas y triptófano. Asimismo, también son una buena fuente de fibra y minerales, como magnesio, fósforo, zinc y hierro.

Nosotros en el barrio los llamábamos, “chochos de vieja” y los comprábamos a los vendedores ambulantes que iban con una cestilla de mimbre forrada de papel blanco, en la que también te ofrecían chufas fresquitas o, garbanzos tostados, maní, pipas y caramelos, junto al chicle “Bazooka”. Pero nuestros mayores llamaban “Altramuces” al bar que regentaba el bueno de Manolo, hombre recio de voz profunda, al que por aquellos años sesenta, ya le echaba una mano su hijo Fernando, excelente pelotero con clase y potencia, que en cuanto se casó, incorporó a su santa mujer, Victoria, a la cocina, para que fuera ella la encargada de seguir la saga gastronómica de un local, ubicado donde muere la calle Huete para que nazca el Campo del Príncipe.

Ocupaba  los bajos de una casa vecinal, cuya segunda puerta daba a un patio con pila de lavar que, en su momento fue escuela de niños, que tenían que llevarse la silla de su casa para acudir a clase, y otra salida a la calle que utilizábamos los clientes de toda la vida, cuando al dar las doce se cerraba la puerta del bar, pero Manolo y Fernando nos permitían estar hasta la hora que precisáramos, para coger media en las agujas.

UN BAR GREÑÚO

Nadie podía presumir de conocer el Realejo, si no había estado en “Los Altramuces” degustando alguna de las especialidades y, tomando como tapa, el famoso fruto del que recibía su nombre. De aquella diminuta cocina salían exquisiteces como zorzales fritos con ajos, callos, caracoles, boquerones fritos, “salaillas” de atún con tomate, o berenjenas fritas nunca aceitosas. Una carta larga en carne y pescado, donde degustar algo de casquería, alcaparras o almendras fritas que sabían a gloria, junto a una cerveza bien tirada y un vino de la costa que resucitaba a un muerto, junto con el de Huétor.

Con Victoria en la cocina y Fernando en la barra, “Los Altramuces” fueron durante mucho tiempo, el epicentro del Campo del Príncipe, bien rodeados de otros establecimientos con gran solera. “Encarna”, antes de girar a la calle Cuartelillo, vendía chucherías y bollería. En la esquina de enfrente, con entrada por calle Huete y Campo del Príncipe, José María - gran aficionado al flamenco y miembro de la Peña El Realejo - tenía una clientela fija del hospital militar. Siguiendo por la fachada del Campo, Antonio el de “Los Martinetes” era famoso por sus croquetas. Tenía en la cocina y ayudándole en la barra al gran Vicente, fundador del “Rincón del Cofrade”. Puertas abajo, “Amparo” regentado por una excelente persona, Juan Bautista Ladrón de Guevara, que durante todo el año nos proveía de la mejor limonada casera que he probado en mí vida y, a continuación, “El Faquilla” como catedral del flamenco, de un barrio con solera que sigue sabiendo a “Fino Quinta”, mientras se escucha la soleá “apolá” de Pepe El de Jun.

CAMINO DEL SIGLO

Aquel negocio que nació hace más de ochenta años, sigue la tradición familiar en el local que ampliaron Fernando y Victoria, un matrimonio entregado a la amistad de sus clientes, desde detrás de la barra y la cocina de “Los Altramuces”, cuyo testigo cogió en su día Fernando (hijo) -buen ciclista, por cierto- para mantener la solera de un establecimiento donde nadie se siente extraño.

Todos los que hemos vivido en El Realejo y hemos crecido con ellos, aunque ahora estemos en la diáspora, siempre tenemos un hueco en nuestras vidas para volver a “Los Altramuces” porque, entrando en ese establecimiento, vuelves a sentirte en casa, vuelves al barrio de tú infancia, regresas a un Campo del Príncipe sin asfaltar ni empedrar, con sillas y mesas de tijera en madera a las puertas del bar, con el suelo lleno de pellejos de los frutos, caracoles vacíos y cáscaras de cacahuetes, con la cerveza Alhambra en Barriles de madera, con “Mirinda” para los niños y tinto con sifón para los padres.

Un Campo del Príncipe con colas de mujeres enlutadas con velo en la cabeza, yendo como todos los viernes del año, a pedirle al Cristo de Los Favores y encenderle una vela. Y, aprovechando que los martes es “fémina” y entran dos por una entrada, ir al cine “canuto” y ver, “Papá Piernas Largas” con Fred Astaire y Ginger Rogers. Un lugar donde jugar a la lima, a churro, pico o terna, a la pelota sin que el guardia te la raje. Donde hacer las carreras de cintas a caballo en las fiestas y, si no, en bicicleta, pasearte en las barquillas de madera, mientras tus padres beben gaseosa degustando altramuces.

Entrar por la puerta de “Los Altramuces” es, viajar en la máquina del tiempo, cuando los niños vestían pantalón corto, aunque llevaran chaqueta y corbata, mientras las niñas saltaban a la comba o movían la cintura al ritmo del Hula Hoop. Y esa responsabilidad la tiene Fernando (hijo) que sigue la saga que emprendió su abuelo Manolo, y continuaron sus padres, Fernando y Victoria con tanta dedicación, con tanto sacrificio. Sobre la barra de su bar, está la esencia del barrio “greñúo” con más historia y tradiciones que salvaguardar. Despacio, sin prisa, pero sin pausa, llegaremos al centenario. Yo no me lo pierdo.

 

 

 

 

 

 

domingo, 3 de mayo de 2026

 

Pepe Monreal, Ángel Luís Sabador Medina y José Miguel Castillo Higueras en el primer Pregón. Juan Ortiz.-

LOS TRES PRIMEROS

 

Tito Ortiz.-

 

Con el magnífico pregón que ayer pronunció mi compañero, Carlos Marín, se han cumplido treinta y cinco ediciones desde que, en aquel 1991, se me ocurrió la idea de dotar a Granada de un pregón que anunciara nuestra fiesta del Día de La Cruz. Lo primero que hice fue comunicarlo a mí director de Canal Sur Radio en Andalucía, José María Durán para conseguir su permiso. Después me fui al Ayuntamiento y convencí a Antonio Jara, para que el Ayuntamiento formara parte de la nueva iniciativa en torno al Dia de La Cruz. Conseguí su anuencia, que éste se realizara en el escenario de la Plaza del Carmen, y le cedí al alcalde, el honor de entregar al pregonero, la paloma de Canal Sur. Una obra en bronce con la que la radio pública de Andalucía galardonaba entonces a personas distinguidas por su colaboración con la RTVA.

Lo de elegir al pregonero me lo reservé yo siempre y, la verdad es que, lo tuve fácil desde el primer momento. Para aquella primera experiencia le hice el compromiso a mi hermano Ángel Luís Sabador Medina, que con su granadinismo intravenoso, puso las bases de futuro para lo que debería ser en adelante un pregón de esas características.

Ángel Luís hizo un paseo histórico por nuestra fiesta y sus lugares más emblemáticos y, entre otras cosas, dijo;

“Cruz de mayo granadina hecha en un altarón de escalones verdes, cubierto de clavel rojo y blanco y exornado con cobre, hachones de vela, cerámica de Granada y espejos de latón albaycinero, enhorabuena porque así se hace la Cruz de mayo en Granada. Aquella Cruz de las Chirimías que con cantares de Darro alzaba cante a la Cruz, en esta tarde de mayo. Aquella Cruz que siempre ponía muñeco hecho de trapo, vestido como en la fragua o, cantaor gitano. Cruz del Sacromonte en cueva de María la canastera tocada con gran sombrero de ala ancha, como corresponde a un sombrero gitano. Cruz de la calle Huete allá por el campo del príncipe. Cruz de la Plaza Larga que, aquel año dedicaron a los artesanos del barrio, con talleres representativos de cada una de las artesanías. La cerámica, el hierro forjado, el cobre, los tejidos artísticos. Cruz homenaje a estirpes y familias enteras, entregadas por los tiempos a cada una de las maravillosas profesiones que ensalzaron mi querido albaicín, Pepito el del carril, Vicente Díaz, Juanico el calderero y, Juan Ferrer. Cruces, cruces de mi Granada que supisteis hacer fiesta, las fiestas no señaladas”.

CASTILLO HIGUERAS

Al año siguiente (1992) le encargué el pregón a José Miguel, y para mí sorpresa, me dijo que no quería darlo en la plaza del Carmen ante la Cruz del Ayuntamiento, que le apetecía llevar el pregón al epicentro de la tradición del Día de La Cruz y así lo hicimos. Castillo Higueras dio el segundo pregón del Dia de La Cruz en las entrañas de la Granada antigua, en la Placeta de La Cruz, a espaldas del Hospital Real y, aquello fue un éxito rotundo. Le pedí permiso a una vecina y desde su balcón, del que pendía un hermoso mantón de manila, José Miguel dejó dicho un pregón para la historia, en el que entre otras cosas argumentó:

“En otro interesante texto histórico local, Los Anales de Granada de Francisco Henríquez de Jorquera,  describía como en 1640 en el día de la intervención de la Cruz, se efectuó una gran fiesta con justa literaria, referencia inconsciente a sus orígenes culturales que, contó en su jurado entre otras personalidades, al Conde de Arco, culto mentor de gran personalidad en la Granada barroca, En el siglo XIX la fiesta adquirió un carácter pintoresco, convocando El Liceo de Granada, certámenes públicos como aquel en el que se premió a Antonio Joaquín Afán de Rivera con el clavel de plata en mayo de 1885. Describía éste la Cruz montada en el corral de vecindad de la calle Nueva, en el patio, con la petición previa de toda clase de muebles y adornos para hacer un monumento que diera esplendor y otro que se anunciaba en el lejano barrio de San Lázaro. De la casa de la marquesa trajo la Hermenegilda, floreros, colchas y macetas, La Julia acudió al ama de Gobierno de un señor beneficiado quien como se trataba de un asunto católico abrió sus puertas y es imponderable el número de objetos que prestaba entre ellos un Niño Jesús de talla que tenía en mucha estima, pero con cláusula expresa de que ocuparía el lugar de los preferidos”.

JUAN DE LOXA

No me costó ningún trabajo convencer a Juan de Loxa para que pronunciara el tercer pregón del Dia de La Cruz en 1993. Y habló de su infancia y tradición:

“Nosotros los niños de la posguerra arrancábamos las flores de las macetas de geranios de nuestras madres y, con dos palos de escoba hacíamos la Cruz y llevábamos en andas para al mismo tiempo con un platico o la tapadera de una caja de lata, pedir un chavico que era una perra gorda, un real, pues una peseta rubia constituía todo un acontecimiento para la Cruz de mayo que no ha salido en todo el año. Después nos dividíamos las ganancias tras haber conseguido que familia y vecindario soltaran las monedas y, por la tarde, nos íbamos al cine para ver Candilejas de Charles Chaplin o, colarnos en Gilda que era gravemente peligrosa, si hacían la vista gorda porteros y acomodadores. Así pasábamos de la Cruz por la mañana al pecado mortal con Rita Hayworth. En las radios de cretona y ojo mágico, sonaba un pasodoble, Cielo andaluz… el de las cruces de mayo, el que llenó de alegre risa mi patio”.

Estos tres pregones los editó la Diputación de Granada, bajo la supervisión y edición de Antonio Mora de Saavedra, que realizó un gran trabajo.

 

domingo, 26 de abril de 2026

 

           Isidoro Máiquez, pintado por Goya en 1807

UNA COLUMNA PERDIDA EN EL REALEJO

 

Tito Ortiz.-

 

En aquella vieja taberna que Espadafor tenía en la calle Tinajilla, nos reuníamos los componentes de la recién nacida entonces, Asociación de Amigos de La Capa de Granada, contando entre sus componentes, con el que en aquellos momentos era Gobernador Civil de la provincia, Pepe Guirao. Una noche, charlando de su ascendencia cartagenera me permití hablarle de un paisano suyo que tenía un monumento en Granada. Quedó tan sorprendido, que tuve que acompañarlo a la plaza del Padre Suárez y, allí, pudo comprobar con asombro, la columna que conmemora la estancia en Granada de don Isidoro Máiquez.

Este monumento no hace más que atestiguar que, la Granada de los siglos XVIII y XIX, era más que sensible con todo artista que nos eligiera para vivir, mostrando así su agradecimiento a quienes siendo de fuera, compartían voluntariamente con nosotros, la belleza y hospitalidad que siempre ha ofrecido nuestra ciudad que, en ocasiones, ha necesitado de mayor reivindicación para igualar en trato a sus nativos.

DEL ESCENARIO A LA CÁRCEL

Isidoro Máiquez fue uno de los actores más importantes de la España del siglo XIX. Nació en 1768 en la ciudad murciana de Cartagena, en el seno de una familia de comediantes que recorrían España. Este actor vocacional, tras dejar muy joven la compañía de su padre, intentó probar fortuna junto con otros cómicos. El fracaso fue estrepitoso. Era tal el rechazo que cosechó en los escenarios que, incluso, tuvo que abandonar el teatro y la ciudad de Toledo, donde actuaba, vestido de moro. Tras su boda con la famosa actriz Antonia Prado comienza su aprendizaje profesional. Ella lo introdujo en el Teatro Príncipe, antes de que fuese reconocido como actor. En 1799 marchó a París, donde se quedó dos años. Regresó a Madrid en 1801, y tras las representaciones de El Celoso Confundido, La Vida es Sueño y la tragedia de Otelo, empezó a ser reconocido como uno de los mejores actores de la época. Incluso Francisco de Goya lo pintó en varias ocasiones.

 

Fue un actor de ideas liberales, lo que le llevó a ser hecho prisionero varias veces, tanto por las tropas napoleónicas como por orden de Fernando VII. En 1814 el régimen absolutista prohíbe sus representaciones y Godoy ordena su destierro. En primer lugar, fue a Francia, luego lo mandaron a Zaragoza, Ciudad Real y, por último, en 1820, a Granada. Al mes de estar en nuestra ciudad murió pobre, delirando y recitando, según algunos biógrafos.

MONUMENTO ITINERANTE

El sencillo monumento a Máiquez que se yergue en la Plaza del Padre Suárez, fue el primero que se hizo en Granada para homenajear a uno de los “liberales” del siglo XIX. Ideado por los actores Julián Romea, su esposa Matilde Díez, y su hermano Florencio, se inauguró en junio de 1839. Esta obra fue un diseño de José Contreras. El monumento se compone de dos cuerpos, realizados en piedra de Sierra Elvira. Sobre el pedestal se eleva un fuste estriado en arista viva con basa corintia, alrededor del cual se enrolla una cinta en la que se lee la inscripción «GLORIA AL GENIO», y por remate una corona de laurel y un vaso semejante a las urnas cinerarias.

El homenaje pétreo a Isidoro Máiquez fue inicialmente instalado en un lateral del Teatro Cervantes, en la Plaza del Campillo Bajo, situada entre el Castillo de Bibataubín y la Plaza de Mariana Pineda. Al igual que tantos otros monumentos de Granada, que tienen la manía de ser viajeros, estuvo ubicado en varios lugares. A mediados del siglo XIX fue trasladado al Cementerio de San José, en 1892 lo llevaron hasta la Plaza de los Lobos, en 1919 en vísperas del aniversario de su muerte es llevado hasta el Paseo de la Bomba. Su ubicación actual se eligió en 1942 durante la alcaldía de Antonio Gallego Burín.

 

 

 

 

 

 

Admirador de Shakespeare y del actor francés de la Revolución François-Joseph Talma, el gobierno español —por mediación del ministro Manuel Godoy— le concedió una pensión de cuatrocientos reales mensuales para que fuera a París a conocer a Talma y a estudiar su técnica. Regresó en 1802 y consiguió grandes éxitos con Otelo (Shakespeare, 1802), en el Coliseo de los Caños del Peral; Macbeth, un año más tarde; Polinice (Vittorio Alfieri); La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca; Pelayo, de Manuel José Quintana; Bruto, de Alfieri y la Numancia de Miguel de Cervantes.

SU REGLAMENTO

Como dramaturgo, es autor de un Reglamento (1818) en el que se planteaban algunas reformas importantes en la vida teatral madrileña como la creación de una Junta para administrar los fondos, compuesta por los dos autores (empresario y dramaturgo) y dos cómicos de cada teatro, al que añadió la fusión de los intereses de las tradicionales dos 'compañías de verso' con una de 'cantado' y otra de 'baile, más la conservación del cargo de 'autor' (en el esquema de la época, el equivalente a empresario teatral).

También contemplaba en aquellos años, elevar la figura del director, de manera que su opinión prevaleciera en la organización del orden de trabajo y los ensayos, pudiendo requerir en caso de conflicto la mediación del corregidor y, algo que entonces no se hacía como, anunciar en los carteles el nombre de los artistas, la supresión de los vendedores ambulantes en los teatros, que tanto distraían al público, más la implantación de las funciones nocturnas y, la supresión de la figura del gracioso (que anunciaba las funciones sucesivas), dejando la libertad de las compañías bajo la autoridad del corregidor de la villa. Siendo, asimismo, uno de los pioneros en la defensa de la creación de una Escuela Nacional de Declamación.

Por eso y por su cariño a Granada, tiene este monumento a cuyos pies aquella noche, terminamos declamando ante el asombro de los viandantes, la Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández. Granada es…Puro Teatro.

 

 

 

 

sábado, 18 de abril de 2026

 


ENTONCES TAMBIÉN FUIMOS LIBRES

 

Tito Ortiz.-

 

A pocos años del reinado de Fernando VII, rey de infausto recuerdo, entre otras lindezas, por haber asesinado en el patíbulo a nuestra Mariana de Pineda Ramírez, Granada reverdecía hacia una libertad muchos años amordazada, nutriéndose de la creatividad de unos jóvenes osados y valientes que, abarcando varias facetas de las bellas artes, dotaban a la ciudad de un desparpajo cultural que después volveríamos a echar de menos durante mucho tiempo.

La exposición que hasta el próximo 21 de junio podemos visitar en la Casa de Los Tiros, supone una bocanada de aire fresco proveniente de la segunda mitad del siglo XIX, un tanto oscurecida por la historia oficial, que demuestra como en aquellos años, la Granada mortecina no lo era tanto, muy al contrario, se encontraba inmersa en las vanguardias imperantes en los territorios patrios más comprometidos con la libertad de pensamiento y creación artística.

ASOCIACIÓN SÍN ESTATUTOS

La Cuerda fue una de las sociedades artístico-literarias más importantes del siglo XIX en Granada, activa durante el periodo de 1850-1854. Fue una tertulia irónica y guasona, siendo sus jóvenes miembros muy dados a alternar hasta altas horas de la noche y al alboroto en las calles. Se trata de una sociedad sin normas, ni lujo, ni lugar fijo de reunión. Un anarquismo que va a contrastar con la categoría y la rica personalidad de sus miembros: arquitectos, políticos, barítonos, periodistas, escritores, músicos y poetas, quienes formaban los nudos de la Cuerda, apelativo que adoptaron los integrantes de esta reunión. En su mayoría los nudos eran granadinos que rondaban los veinte años y comenzaban su trayectoria literaria y política, bien en los periódicos locales o en las sesiones literarias del Liceo. Destacan entre ellos figuras como el escritor Pedro Antonio de Alarcón, el periodista Manuel del Palacio o el restaurador Rafael Contreras, entre otros. También hubo nudos extranjeros, como el pintor y arquitecto ruso Pablo Notbeck o el barítono italiano Giorgio Ronconi. Tras la revolución de 1854, los miembros de La Cuerda, casi todos muy comprometidos políticamente, dejaron la ciudad para establecerse en Madrid.

Estos jóvenes paladines de la más absoluta bohemia, destacaban cada uno en su actividad al más alto nivel, alcanzando cotas de brillantez, en un ambiente en el que imperaba la admiración mutua de cada uno de sus componentes.

SE LES HA SEGUIDO LA PISTA

Sobre la Cuerda Granadina se ha escrito mucho y son abundantes las referencias desde el principio del siglo XX. Ya en la revista La Alhambra, Francisco de Paula Valladar y Serrano, analizó a través de una serie de artículos el perfil de algunos de sus miembros. En 1928 José Cascales Muñoz consiguió publicar un volumen con todos los documentos y artículos aparecidos hasta entonces. Entre los trabajos más recientes se encuentra la publicación de 1991, del profesor de la Universidad de Almería, Miguel Gallego Roca, centrada en el significado de la tertulia a la luz de los movimientos literarios del posromanticismo español. Cabe destacar el riguroso estudio de la profesora de la Universidad de Granada, María Belén Vargas Liñán, centrado en aquellos aspectos relacionados con la esfera musical y a quien el Museo Casa de los Tiros agradece su inestimable ayuda en la gestación de esta exposición.

La muestra La Cuerda Granadina: una tertulia con mucha guasa se materializa tras una intensa labor de conservación, digitalización, documentación y catalogación de este fondo documental, por parte del equipo técnico de este Museo. A través de las distintas áreas de la exposición, se aborda el origen del nombre de La Cuerda y los apelativos usados por los nudos; las biografías de sus principales miembros; los lugares de reunión de la tertulia; el ambiente cultural de mediados del siglo XIX en Granada y otras sociedades de carácter cultural de la época. Por otro lado, se dan a conocer los temas tratados en los álbumes, con especial atención a la música, como protagonista constante en las reuniones de La Cuerda. Además, se exponen por primera vez al público una serie de 41 dibujos, cuya autoría está atribuida al pintor Miguel Pineda Montón y que destacan entre todas las aportaciones a los álbumes de La Cuerda.

VISITAR SIN PRISA

La exposición se apoya en otros elementos de las colecciones del museo, como documentación generada por otras sociedades de la época, fondos hemerográficos (prensa y revistas coetáneas), fondos bibliográficos, fotografías, carteles, litografías y otros bienes culturales, relacionados con el efervescente momento histórico que se presenta. También se tendrá la oportunidad de contemplar los álbumes en su integridad, a través de un audiovisual en el que se recoge la digitalización completa de cada tomo inédito, ambientado por composiciones musicales del momento. 

Es muy importante no mirar el reloj durante la visita a la exposición, para impregnarnos de todo su contenido. Incluso yo aconsejo visitarla en dos o más ocasiones porque es mucho lo que hay que leer en sus paneles, observar con detenimiento los dibujos, los documentos en vitrinas, lo colgado y sobre todo, el audiovisual que con detenimiento enriquece la muestra, transportándonos a una época gloriosa de nuestra tierra y nuestras gentes brillantemente creativas.

A mi juicio, La Cuerda nos reconcilia con una época de nuestro pasado granadino, no suficientemente conocida y que, sin embargo, nos descubre una sociedad granadina en la avanzadilla del arte libre, que tuvo lugar aquí, en unos años comprometidos, protagonizada por unos jóvenes que rompieron barreras, descorrieron las cortinas de lo asordinado, refrescando el ambiente cultural del momento, desde la más absoluta tolerancia, sin ponerle puertas al campo, pues solo la creación sin límites ni censura nos hará libres. Algo válido entonces y… Ahora.

 

 

 

sábado, 11 de abril de 2026

 


25 AÑOS SIN TÍ

 

Tito Ortiz.-

 

Abril ya no es para vivir, es para recordarte, para soñarte, para echarte de menos. Es tanto el vacío que dejaste que, un cuarto de siglo después no hemos conseguido ocuparlo con nadie ni nada. A los que te conocimos, solo nos queda la oportunidad de seguir tú estela que fue grande y ancha como el mar que tantas veces miraste desde la Caleta gaditana, en compañía de Antonio Burgos. El mismo mar que cruzaste hasta llegar a Cuba, para comprender la grandeza de la palabra mestizo.

Conocí a Carlos Cano de zagalón en nuestros juegos por Plaza Nueva, la placeta de Cuchilleros y la calle donde él vivía, la Cuesta Rodrigo del Campo. Por razones de vecindad, teníamos más contacto con Miguel Ángel González, Ángel Luís Luque y Esteban Valdivieso, porque vivíamos todos en el mismo “roal”. Él se fue a la emigración y cuando volvió, compartíamos estudio de grabación con, Juan de Loxa, que nos dirigía en radio Popular de Granada. Él en “Manifiesto Canción del Sur” y yo en “Poesía 70”. En algún momento, hasta Joaquín Sabina, apareció por allí. Después vino el éxito y solo nos veíamos, cuando aterrizaba por Granada, como aquella ocasión en la que, en plena transición democrática, llenó el Palacio del Cine, dando un magnífico recital que yo reflejé en Patria. Nuestra relación fue siempre la de dos malafollás, que coincidían en lo importante, pero divergían en las formas y en la estética de las cosas, algo que nunca quebrantó nuestra amistad y admiración mutua. Eran los tiempos en los que Carlos, comenzó a tener mayor trato con Eladio Fernández-Nieto, Pepe Heredia y Antonio Ortega éste último en su etapa granadina. Fueron los tiempos de la blanca y verde, en los que el padre Iniesta, desde los escolapios, nos enseñaba a Blas Infante y su obra.

EL REALEJO… SIEMPRE EL REALEJO

Coincidimos una noche buscando a La Virgen de La Alhambra, los hermanos Garzón, del comercio, que iban con Carlos Cano y yo, porque fue una de esas ocasiones en las que la hermandad varió el recorrido, y pasó por el Campo del Príncipe. Aprovechamos para pasar por la casa donde nació el cantante, en la Cuesta Rodrigo del Campo, subimos por la Puerta del Sol a los Alamillos, repostamos en Casa de “La Trini”, y así llegamos a los bosques de la Alhambra, para esperar a la Señora en su regreso. Durante el camino, recuerdo haber hablado con Carlos, de Frasquito Yerbagüena, Francisco Ayala, Enrique Padial, Gelu, Valen, Rhut y Los Granada, José Antonio Cantaré, el maestro Novis y los Jueves Infantiles, Pepita Ávila, Rosita Ferrer, Li Morante, Paquito Rodríguez y “El Mascota”, su inseparable acompañante al órgano, del que Paquito siempre contaba una anécdota para él muy dolorosa, y es que con motivo de la boda de su hija, lógicamente Paquito cantó para los invitados, y “El Mascota”, que lo acompañó toda la vida, le cobró sus emolumentos como si de una actuación más se hubiera tratado.

Seguimos repasando las historias de los granadinos, y recordamos a, Julián Granados, que tanto tiempo fue buscando a Lupita, al que descubrimos años más tarde de reputado veterinario en Madrid, y de nuestro Enrique Morente, que por fin triunfaba en la capital del reino. Ese mismo año, Carlos Cano le puso la voz a la marcha de semana santa,” Pasan los Campanilleros”, con la letra de Antonio Burgos, marcando un hito más en su carrera, y en la semana santa.

UNA SAETA EN LA NOCHE

Mientras llegaba la virgen, hablamos de cuando jugábamos a las bolas en Santa Ana, antes de que se trajeran el pilar del toro, cuando el tranvía daba allí la vuelta, a la Lima, Los platicos, a Churro, Pico o Terna, al “abejorro”, y a las cajillas de mistos. De cuando íbamos al cine Canuto, los martes, porque entraban dos con una sola entrada. De María, la aguadora de Plaza Nueva, bajo las carteleras de los cines y de Chalo, siendo un niño, en su kiosco de periódicos. Era nuestro barrio, eran nuestros vecinos, crecimos allí, y eran nuestros recuerdos de infancia. Apostados en la fuente del Tomate vimos pasar a la señora de la Alhambra, y recortando por la puerta de los carros, la vimos traspasar la puerta del Vino, encarrilando la calle real alhambreña. En ese momento, cuando los costaleros hacían el giro para encarar la iglesia, otrora mezquita, Manolo Montes comenzó a cantar una saeta, desde el primer piso del antiguo edificio de correros, y yo, acercándome al oído de Carlos le comenté con malicia, o malafollá granatensis: Te imaginas que ahora, cuando termine Manolo, camuflado como estás por todos nosotros, tú sales y te largas una saeta por carceleras, ¿la que se podría liar aquí? Carlos, me miró muy fijo, abriendo los ojos y echándose hacia atrás y me contestó: “A ti se tascapao la cabeza”.

Por aquí, ya sabes, Juan Trova recogió la antorcha y sigue en compañía de Amaranta, engrandeciendo tú memoria con una cita anual que ya tiene repercusión internacional. Y esto ocurre en tú tierra, esa que amaste hasta las entretelas del alma, la que te vio crecer con el “Manifiesto Canción del Sur” de la mano de Juan de Loxa.

Cada vez que voy a Cádiz, me hago una foto junto a la estatua de tú amigo Fernando Quiñones, esperando que algún día me la pueda hacer junto a la tuya en nuestra Granada, pero al menos, de vez en cuando, me siento en un banco en la plaza que lleva tú nombre y nos recuerdo jugando a las bolas en Plaza Nueva. Algo es algo ¿No te parece?