sábado, 21 de febrero de 2026

 

Semana Santa en Granada. Obra de Manuel Ruiz.

HA LLEGADO EL DÍA

 

Tito Ortiz.-

 

Este es un día con el que soñé Señor, desde aquella semana santa de 1960 en que, vestí por primera vez el hábito blanco, con bocamangas y fajín rojos de mi Virgen de La Aurora. El día en el que poder pregonar la semana santa de Granada. Sin duda, la semana santa más bonita del mundo, pues al elevado valor artístico de su imaginería, se unen por un lado, el paisaje urbano jalonado como patrimonio mundial, el Excélsior de sus monumentos, el profundo sentir religioso de la pasión, dignificado en el acto del Viernes santo a las tres de la tarde en el Campo del Príncipe – hecho único en toda la cristiandad-, la tradición de nuestra saeta granadina, unión perfecta del arte gitano-andaluz con nuestra tradición religiosa y, la estética de nuestros pasos, cuyo exorno y puesta en la calle a hombros de nuestros costaleros/as, adquiere por adeptos y profanos la consideración más distinguida de nuestra historia religiosa y popular.

Ha llegado el día del compromiso máximo al que puede aspirar un cofrade granadino, el de pregonar a los cuatro vientos que, desde el siglo XV hasta nuestros días, esta ciudad con sus luces y sus sombras en la continuidad, mantiene la llama viva de aquellas hermandades primigenias de penitencia y sangre, gremiales y de gloria, cuyo sino fue siempre el de rendirte culto, el de la labor social de dar pan y vestido al necesitado, llegando a construir hospitales de caridad, para los que carecían de todo en la vida y, a los que Tú nos enseñaste que nunca debíamos abandonar a su suerte pues, en ellos, teníamos que verte a Ti.

Y conforme se acerca el momento Señor, la losa del compromiso en el deseo de estar a la altura se hace más pesada. ¿Por qué? Algo que te hace tanta ilusión, como es pregonar la semana santa de Granada, tal vez desde la inconsciencia, cuando te llega la oportunidad, quedas rodeado por una aureola de dudas ante tan alta responsabilidad.

LOS PIONEROS

Dice la historia que fue Federico, nuestro Federico García Lorca, el primero en declamar las excelencias de la semana santa granadina, en tiempos comprometidos de la república, por las ondas hertzianas de Radio Madrid, y a fe que lo hizo con un espíritu muy realista, defendiendo nuestra tradición religiosa en la ciudad de la Alhambra, como más apegada a las reglas, comparándola con otras provincias andaluzas, más dadas en aquellos tiempos a la alegría desbordada que rayaba en lo profano. Después llegaron ilustres cofrades como pioneros de esta tradición, dejando para la historia, páginas imborrables de fervor religioso y popular.

Siguiendo la tradición de pregonar nuestra semana santa para aquellos que no la conocían, en 1945, Federico García Sanchis, la pregona en el teatro María Victoria de Madrid y, a partir de ahí, con alguna ausencia que otra, el pregón oficial de nuestra semana santa se asienta en Granada.

Dos años más tarde, son Armando López Murcia y Fuentes Aynat, los encargados de anunciar la semana de pasión. En 1950, el trío formado por Antonio Gallego y Burín, Benítez Carrasco y Pedro Gómez Aparicio, sientan el precedente de que no sea una sola persona, sino tres, las que pregonen la semana santa y, con este dato histórico, yo les propuse en su día tanto a Enrique Seijas como a Ángel Luís Sabador que, si algún día me proponían dar el pregón, lo daríamos los tres, pero el destino no ha querido juntarnos en el escenario.

El año en que yo nací, lo dio don José Gómez Sánchez Reina, pero como repitió en más de una ocasión, tuve la gran suerte de oírlo y embelesarme con su palabra y poesía. Los hermanos, Manuel y Antonio Gallego Morell tuvieron la suerte de pregonar en la década de los años sesenta del siglo pasado con gran brillantez.

DE LOS 70 HASTA AQUÍ

En plena resurrección de nuestra semana santa, en 1977, viene desde Sevilla a pregonarla, el granadino José Luís López Murcia, y en 1980, llegan los aires renovados con el pregón del poeta, escritor y académico, Arcadio Ortega, que, bajo el manto verde de su virgen de La Esperanza, pone los espartos literarios ajustados a la ciudad de La Alhambra, para marcar un rumbo que, unos han seguido y otros no, dejándose influenciar por aires de otras provincias.

Granada es tierra de pregones. Aquí se han pregonado las fiestas mayores, las menores, las batallas de flores, el inicio de la primavera y, a pie de calle, el agua del avellano, los higos chumbos, el mantillo para las macetas, el afilador, almecinas y majoletas, el hojalatero, el trapero y tantos y tantos, pero con acento de la tierra, sin necesidad de aspavientos que buscan el aplauso, aquí se pregona desde la normalidad del sentimiento, sin necesidad de bocear al auditorio como si fueran sordos, a punto del estallido palmeador de vuelta al ruedo y, menos si se trata de nuestra semana santa. Aquí lo que nos ha caracterizado de siempre es, la importancia de lo escrito, la contundencia de los argumentos, comunicados desde un tono no elevado de voz, haciendo llegar al asistente un mensaje cordial y ajustado a lo que nos convoca que, no es otra cosa ni más ni menos que nuestra semana santa.

Por eso te digo Señor, que es muy difícil estar a la altura de los que me han precedido, que el pregón de la semana santa de Granada está más que acreditado por la categoría literaria y religiosa de lo que ya han ocupado ese atril, desde el que cantar y contar las excelencias de esta tradición bendita que es la semana santa de Granada. Así que, solo te pido que me lleves de Tú mano y, que sea lo que Tú quieras.

 

 

 

 

domingo, 15 de febrero de 2026

 


UNA RUBIA CON PISTOLA

 

Tito Ortiz.-

 

Una tarde sonó el teléfono en mi mesa de la redacción del diario Patria, eran los tiempos en que yo era el encargado de la sección de sucesos y, hacía pocos días de que Granada se había visto convulsionada por un apuñalamiento que había terminado en homicidio. Mi interlocutora, una mujer muy amable, contundente en sus planteamientos e incisiva en sus preguntas, requería información a cerca del suceso, desde la camaradería de ser compañera, pero, al estar en Madrid, le venía mal trasladarse en ese momento a Granada. Se trataba, nada más y nada menos, que, de la mismísima Margarita Landi, redactora del diario de sucesos, “El Caso”, y todo un referente en la investigación periodística de tragedias humanas a nivel nacional. Así que no dudé ni un momento en darle toda mi información a cerca del caso, por lo que quedó muy agradecida y dado que en la conversación yo le dije que también fumaba en pipa, a los pocos días y en agradecimiento a mis datos, me envió por correo una lata de “Principe Alberto”, un tabaco dificilísimo de encontrar aquí, y que por entonces yo les encargaba a aquellos amigos que iban a Gibraltar, porque en los estancos solo encontraba, “Apolo” o “Cibeles”.

Encarnación Margarita Isabel Verdugo Díez, fue una periodista española nacida en el barrio madrileño de Chamberí el 19 de noviembre de 1918, en la calle Cardenal Cisneros, siendo conocida popularmente como Margarita Landi, asumiendo así su tercer apellido, de origen italiano. Alfredo Verdugo Landi, su padre, era de origen malagueño, trabajaba como linotipista en el periódico “El Sol” en el que, además, escribía crónicas taurinas en verso. Casado con la bilbaína Leonor Díez, tuvieron 17 hijos de los que sobrevivieron tres: Margarita, que era de los pequeños y dos de los hermanos mayores. Sin embargo, el padre abandonó a la familia para irse con su criada llamada Josefa, según cuenta Mascaró Munar.

EL CASO

En 1954 entró a formar parte de la redacción del periódico de sucesos, “El Caso” y, fue a partir de ahí según Suárez Gómez, cuando comenzó a cultivar la imagen por la que era conocida: Una rubia sofisticada y reflexiva, que vestía pantalones, fumadora de pipa (desde los 8 años) que, presumía de tener pistola y conducía un deportivo negro, Wolkswagen Karmann Ghia. Uno de sus primeros reportajes, sobre el robo sufrido por unos aristócratas, llamó tanto la atención del comisario jefe de la Brigada de Investigación de Madrid le ofreció colaborar con ellos, siendo conocida en comisaría como “subdirector Pedrito”, “la Rubia del Deportivo” y “la Dama del Crimen”.

La Guardia Civil le desvelaba todos los detalles de las investigaciones e incluso le dieron una pistola por su seguridad, ya que solía viajar ella sola o con otro periodista o fotógrafo por toda España, cuando las carreteras eran muy peligrosas y las paradas se hacían en bares de carretera alejados de poblaciones. Disponía de permiso de armas y llevaba siempre la pistola en su bolso, una Bereta 7,65 milímetros, y un velo negro, por si tenía que colarse en un funeral. Antes de la desaparición de El Caso en 1987, lo abandonó para colaborar, desde noviembre de 1980 contratada por “Ediciones Zeta”, como redactora de la sección de sucesos del semanario “Interviú”, tarea que desempeñó durante 8 años.

LE ENSEÑÉ LA ALHAMBRA

Lo nuestro fue una relación de amistad y compañerismo a través del teléfono, cada vez que ocurría un suceso grave en Granada, hasta que otra tarde sonó mí teléfono en la redacción de Patria y era ella. Me extrañó porque en aquellos días no había ocurrido nada luctuoso en Granada, pero en esta ocasión me pedía un favor muy especial… Que le enseñara La Alhambra.

Ella conoció el monumento siendo una adolescente, pero quería volver a visitarlo y que se lo explicaran bien. Así que a la mañana siguiente la recogí en el Hotel Alhambra Palace y nos adentramos en los misterios de nuestro monumento más visitado. Yo le explicaba la sala de los abencerrajes y ella -desde su experiencia- me decía que todos somos capaces de cometer el crimen más atroz, y para eso solo se tienen que dar determinadas circunstancias que, coincidiendo en el tiempo, convierten a una bellísima persona en un asesino despiadado.

Cuando le expliqué el patio de los leones y sus columnas, me dijo que lo más difícil de cometer un asesinato era deshacerse del cadáver, que esa era la piedra de toque para capturar al asesino, porque si el cadáver no está, la cosa se pone muy fea para los investigadores. Y mientras visitábamos los baños árabes, me habló de las distintas formas que tienen los hombres de matar, y lo que les diferencia de las mujeres. Así grosso modo, ellas preferían el veneno, a diferencia de los hombres que, siempre eligieron el puñal o la pistola. Y para localizarlos había que recurrir a Lambroso. La teoría de Cesare Lombroso, criminólogo y médico italiano que fundó la Escuela Positivista criminológica, sostiene que la criminalidad está ligada a causas físicas y biológicas. Lo que aprendí ese día… No está pagado con nada.

Margarita vivió intensamente por y para el periodismo comprometido. Era una profesional de raza, que sabía leer entre líneas y no se conformaba con la comunicación oficial. Como periodista, Landi tenía mucha garra y un estilo muy ágil. Durante muchos años, Landi viajó por toda España, cogió trenes, autobuses, se montó a lomos de una mula y caminó hasta llegar a los lugares más remotos de nuestra geografía acompañada de una pequeña pistola que le servía como protección. Libre, valiente y luchadora, a través de sus artículos conocemos la España negra real y si algo aprendió en las más de tres décadas dedicadas al periodismo de sucesos es que no siempre el muerto es el bueno y que, dependiendo de las circunstancias, todos podemos llegar a matar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 8 de febrero de 2026

 


TITOSKY, ¿QUÉ TENEMOS HOY?

 

Tito Ortiz.-

 

Conocía su voz a través de la emisora sindical, La Voz de Granada, y leía sus trabajos en Ideal, hasta que, por fin, un día, nos presentó Sebastián Pérez Linares, en la sede del Aula de Cultura del Movimiento, en la plaza del Campillo, donde coincidimos recogiendo una edición magnífica de, todos los artistas granadinos hasta la fecha. Una obra imprescindible, para entender la importancia de la granada artística en la historia que, desgraciadamente, no se ha vuelto a editar.

A partir de ahí, no nos hemos separado hasta hace dos semanas, en que ha decidido retornar a la casa del Padre, sin avisar, en un gesto que le era muy propio cuando quería sorprenderte. Porque eso sí, su humor, fina ironía y amistad eterna, jamás se desgajaron de su persona hacía la mía. Si Tito Ortiz es lo que es, se lo debe en gran parte a José María Guadalupe, Señor de Las Pasiegas, con residencia en la Casa de Los Canónicos, desde cuyos balcones, de niño vio a Pepe Tamayo representar los autos sacramentales en la puerta de la catedral, y, de ahí, le nació su vocación de actor, llegando a ser profesional, aunque el vértigo de estar fuera de su Granada fue superior a su vocación y le hizo retornar a la ciudad de La Alhambra.

En época más reciente, publicó y fueron representadas obras suyas, en las que el humor y la comedia se daban la mano, pues nunca renegó de su admiración por autores como, Enrique Jardiel Poncela, Mihura, Alfonso Paso o el inmortal, Pedro Muñoz Seca, cuya, “Venganza de don Mendo” puso en el escenario del Isabel La Católica, con un reparto hilarante compuesto por los políticos del momento y acreditados periodistas.

A TUS ÓRDENES “GUADA”

Una tarde me llamó a su despacho en la Confederación Granadina de Empresarios, donde a las órdenes de Gerardo Cuerva Vallet, todo un señor, desempeñaba la jefatura del gabinete de prensa, y me dijo: “Titosky” – me llamaba así porque decía que yo estaba más escorado a la izquierda que él- ha venido a verme Luís Ángel de La Viuda, el que fuera director general de rtve, que ahora lo es de Radio 80 y quiere nombrarme director en Granada. Le he dicho que no, pero que tengo a la persona adecuada, así que vete al edificio de la Pirámide y hazte cargo del asunto. Yo me cuadré en el primer tiempo del saludo, ya que ambos habíamos hecho la mili y cumplí sus órdenes. Tiempo después me contrató en Radio Cadena Española, y cada mañana, me preguntaba: Titosky, ¿qué tenemos para hoy? Y yo le recitaba todas las convocatorias de prensa y entrevistas a realizar. Después de el café, se batía en duelo pianístico con el director Paco Carmona, ante el gran cola que teníamos en el estudio de grabación, con un repertorio de pasodobles, fundamentalmente.

Al pasar el tiempo, estando, degustando una concha de ensaladilla rusa en El Suizo me dijo: Ha venido José María Durán, el que fuera nuestro director general en Radio Cadena porque, José Rodríguez de La Borbolla, les ha encargado a él y a Paco Cervantes que pongan en pie una cosa que se va a llamar, Canal Sur y quiere que yo sea el director, le he dicho que no, pero que tengo a la persona, así que vete al edificio Castro de Recogidas y hazte con el asunto. A tus órdenes, contesté yo.

A MESA Y MANTEL

Sin necesidad de ningún motivo, nuestras citas a comer fueron muy frecuentes. Durante su etapa en Puleva, comíamos en “La Pulga” de Santa Fe, donde el bacalao era de su agrado. Y más tarde invitábamos algún amigo. Así, en un restaurante muy “coquetuelo” como el decía, de la avenida doctor Oloriz venía a comer, José María López Sánchez, con el que él había hecho teatro, y a mí, me había dado clase de Psiquiatría. En el restaurante que el hijo de Mariano Méndez tenía en el barrio Figares, se venía a compartir mesa y risas Ignacio Belda, gran pintor y concejal con el que coincidiría en el ayuntamiento.

Estando ya de director en Radio Nacional en Córdoba, un día me llamó por teléfono Sebastián Pérez Linares: Picoleto, ¿por qué no le hacemos una visita al niño Guadalupe? Cuando tú digas Sebas. Bueno, lo llamo y que reserve para comer. Y así fue, que nos metimos en mi coche y llegamos a la ciudad de los califas. Durante el viaje, íbamos comentando que, conociendo sus máximas cualidades y exigencias como buen gourmet, habría reservado como mínimo en el muy famoso, “Caballo Rojo”, pero una vez más, nos sorprendió con su magnífica elección. Nos llevó a comer a un argentino llamado, “El Novillo Precoz”, que solo ya por el nombre, nos hizo echar unas risas a mandíbula batiente, pero es que nos metimos entre pecho y espalda un asado de tal calibre, que yo tardé tres días con sus noches en hacer la digestión, a base de sales de frutas. Durante el viaje de regreso a Granada, Sebas padre y yo no paramos de reír con lo comentado en la mesa y la magnífica vianda servida contra todo pronóstico. Mientras nosotros íbamos pensando en salmorejo y flamenquín, el Guadalupe nos introdujo en el corazón de La Pampa, al ritmo de Piazzola.

Hay personas que vienen a este mundo para hacer felices a quienes les rodean y, José María Guadalupe Guerrero, es una de esas. Y hablo en presente porque, aunque haya decidido hace un par de semanas hacer mutis por el foro, yo entre bambalinas lo sigo viendo y hasta hablo con él. Lo siento por ti, pero no te has ido.

 

domingo, 1 de febrero de 2026

 


MÁS GRANAINO QUE UNA SALAILLA

 

Tito Ortiz.-

 

A la memoria de Esteban de Las Heras

 

No me resisto en el día de nuestro Patrón San Cecilio en hacerle un homenaje de justicia y reverencial a nuestra sin par, salailla. Ese manjar de pobres exquisitos que, desde hace siglos jalona nuestra gastronomía más auténtica, convirtiendo un bocado sencillo en apariencia, en una delicatesen solo apta para paladares finos y de tradición. Asunto que se retoma cada año – como ya dijo Esteban en su última columna- tras la ansiada olla de san Antón.

Cuenta la historia que la salailla llegó a nosotros en aquellos pasados siglos de dominación, y pese a reconquistas, se quedó en nuestra carta gastronómica, como sello identificativo de los que aquí moramos desde hace miles de años. Vaste decir que, con ingredientes tan básicos y de la tierra, nunca se alcanzó mayor trascendencia de algo tan sencillo y apetecible a todos los gustos. Y, además, utilizando un palabro moderno en asuntos culinarios como es, “maridaje”, sus posibilidades son infinitas.

Se dice que antiguamente, los panaderos de Víznar y Alfacar traían las salaíllas y otros panes a la ciudad de Granada en capachos a lomos de mulas o caballos. Es el origen de la fiesta de la Noche de los Capachos, celebrada cada segundo domingo de enero, cuando se quemaban los capachos viejos, y ahí se consumían las famosas salaillas. Aunque no es menos cierto que, la salilla ha presidido de siempre la fiesta de nuestro Patrón San Cecilio, con reparto gratuito a los asistentes al Sacromonte, sin olvidar el día de La Cruz como otra fecha en la que se ha degustado en barras y bares. Unas veces con habas verdes procedentes de la Vega de Granada, con tocino curado o bacalao seco.

TODO EL AÑO

En estos tiempos de panes congelados al horno eléctrico, conviene recordar que mantenemos la tradición de pan hecho a mano en la noche anterior, con la denominación de origen de ser amasado en Víznar o Alfacar y que podemos encontrar en distintos despachos de Mariano o Moisés, entre otros, por solo dar dos referencias, en los que la salailla tiene diaria presencia, sin olvidar el quiosco de la plaza de La Mariana, de muy acreditada fama y prestigio.

Tampoco podemos olvidar la importancia que tuvo en su momento la salailla, cuando la costumbre de la tapa gratis con la bebida en Granada aún balbuceaba y, esta se circunscribía a unos manises, unos garbanzos tostados o unos cacahuetes, sin olvidar las aceitunas aliñadas. Ahí nuestra acreditada salailla tuvo un protagonismo esencial, pues en tabernas tan acreditadas como “Los Altramuces” en el Campo del Príncipe, el gran Manolo, con su hijo Fernando, y más recientemente, su nieto Fernandito con su madre Victoria en la cocina, han hecho las delicias de la clientela, ofreciendo de tapa una pequeña salailla abierta por la mitad rellena de atún con tomate. Una tapa internacional que después he visto copiada en otras provincias cercanas.

En los años sesenta y setenta del siglo pasado, el gran Enrique y su mujer, Encarna, en la taberna del “Elefante” en Puerta Real, te ofrecían esta misma salailla, pero con una lonchita de tocino bueno con veta en su panza. Algo tan extraordinario como difícil de encontrar ahora. Y qué decir del inolvidable Suizo, cuando te la servían rellena de ensaladilla rusa. Vamos, para dar “chillíos”.

Deberían los historiadores localizar en la historia al inventor de la salailla, al que deberíamos homenajear en un monumento junto al granado de Puerta Real, pues nadie, en materia de gastronomía para pobres, ha hecho más que él, ni se lo tiene más merecido, pues no hay que olvidar que, el mismo sujeto, nos legó otro manjar al que llamamos “hallulla” y que, no es otra cosa que una salailla pero, en lugar de llevar sal, contiene azúcar.

ACOMPAÑAMIENTO RITUAL

Marca la tradición que, en el día de San Cecilio, debemos comer la salailla con unas habas tiernas de nuestra vega, aunque con el tiempo, también le incorporamos un poquito de bacalao seco, pero aquí hay que tener cuidado porque, se acumula en el paladar la sal de ambos. Lo mismo digo a esos esnobs que, ahora les ha dado por maridar la salilla con el jamón, pues ya tienen desvirtuado el sabor de este, camuflado por la sal de nuestra estrella culinaria. Cosa distinta es que, aprovechen ese mismo jamón para añadírselo a las habas, y ya de camino, si le ponen un huevo frito, tendrán en la boca un sabor inigualable que, les dispondrá para dar saltos de alegría, pidiendo a voces pareja para bailar nuestra incomparable, “reja”, que tan unida va a esta tradición.

Si acaso, después de festejar la tradición como san Cecilio manda hubieran sobrado habas, recomiendo al parroquiano que en sartén de rabo -no de las modernas- con el aceite justo, pique un par de cebolletas y cuando estas digan que ya están, añada las habas que una vez confitadas, deberán bañarse en una fuente de Fajalauza, en la que previamente se han batido seis huevos de gallinas sueltas por el campo y, una vez todo listo, eche de nuevo en la sartén todo lo dicho, para hacer la mejor tortilla que jamás hubiera sospechado. Es la tortilla de habas con cebolleta, el manjar más ilustre que debería presidir toda mesa granatensis en esta época, donde la tradición llama a nuestras puertas, con los jugos gástricos a punto de nieve, tan solo esperando el remate postrero de unos soplillos de Vélez.

Ah, todo esto no estaría completado, si previamente, no se han visitado las catacumbas sacromontanas, en paraje tan histórico para nuestra fe y tradiciones, venerado a los santos mártires, y compartido un día que andando nos permita subir las siete cuestas para encontrar nuestra historia, incluida la de la tortilla Sacromonte, a la que dedicaremos una nueva entrega, regañando a quienes le ponen chorizo.

Querido y admirado Esteban, es el primer año que no compartimos la mitad de la salailla. Tú parte, te la guardo para cuando nos veamos.

 

 

domingo, 25 de enero de 2026

 


NOTICIAS DESDE ACCITANIA

 

Tito Ortiz.-

 

El mensajero me trae noticias del hermano ausente. Con los primeros días de este frío enero, aquel que mudara en 1984 desde las cercanías del tren en la capital, a la morada de la locomotora Baldwin, sale de nuevo a la arena con un puñado de poemas, dispuesto a lograr nuestra atención, desde la creatividad más avanzada, desde el corazón mismo de la Literatura de La Diferencia, a la que dio nombre y de la que fue uno de sus más decididos impulsores, opción estética caracterizada por la heterodoxia sobre las tendencias dominantes.

El poeta, escritor y académico granatensis, Antonio Enrique, nos ofrece en esta ocasión, una aventura llena de poesía, nacida en una estancia donde se pintó uno de los mejores cuadros de la historia del arte, si es que el lector me permite esa sugerencia. Nueva obra de quién curtido en mil batallas literarias y poéticas, continúa desafiándose, asimismo, para traspasar el envite a quién lo sigue, a modo de invitación a lo sublime compartido en armonía.

Este hombre de letras, cuya trayectoria primigenia fue marcada por tres monumentos reconocidos por la humanidad, continúa ramificando su árbol creativo, narrando historias fantásticas que parten de realidades.

TRES CASTILLOS

Antonio Enrique convulsionó el mundo literario en 1986 con su, “La Armónica Montaña”. Un estudio sobre la catedral de Granada, aún hoy no superado, que incluía a su desaparecido organista, el compositor, Juan Alfonso García, de la que su autor dice: “ Nada tiene de particular que la obra se rechazase en un tiempo de realismo exasperante o, bien, se la encumbrara pero por motivo de verse en ella, una carga en profundidad contra la tendencia hegemónica, ese mismo realismo proveniente de los años 50, al fin es el realismo lo que en España termina imponiéndose y, lo demás, es mera fluctuación del mismo, ninguna magia de concepción ni grandeza en la manera de decir las cosas y, la verdad es que, en 20 años y un periodo histórico agonizante en 1973 cuando la comencé yo deseaba algo que me he restituyese la fe en la literatura, no ponerme en la cola del meritage literario ante maestros que no reconocía como tales. La novela publicada en la editorial Akal, la más avanzada en la divulgación ideológica de izquierda, y es por esto que me la publicaron al conceptuarla como una novela contra la norma imperante y por consiguiente antifranquista. Terminó al cabo de unos años por ser descatalogada, buscada actualmente solo por los adictos a las rarezas es decir volvió a mí, por esto he dicho lo que antecede soy así porque leí un libro que casi nadie ha leído y que, por cierto, yo mismo lo escribí. A mí me sirvió para ser como soy, y lo vivo, me vienen episodios, me ensueño de nuevo en algunos de ellos pues, aunque lo escribiera, no lo siento mío por entero, es de nadie, pero en el sentido que otorgó a esa palabra Ulises”.

En 1988 ve la luz su “Tratado de La Alhambra Hermética”, en la que las matemáticas maridan de manera genial con la arquitectura, las bellas artes, pero sobre todo con la poesía y la música, otorgando un por qué, a cada uno de los ángulos alhambreños, cada dibujo, color, en cada material noble que la componen. Para completar la trilogía sobre construcciones que marcaron la historia de Granada, con la publicación en 1991 de su novela, “Kaálat Horra”, cuyos personajes dan vida al castillo de La Calahorra, recientemente recuperado por la Diputación provincial, pero Antonio Enrique aborda esta obra, en un tiempo en el que el manto del olvido, ocultaba tan magna efigie arquitectónica, al general conocimiento y, mucho menos, atisbar la enorme importancia de quienes lo mandaron construir y después lo moraron.

ORGÍA DEL SILENCIO

He querido referirme a obras de juventud de este académico que ocupa el sillón eñe mayúscula en Buenas Letras, para poder degustar en toda su magnitud, la última y más reciente nacida de su inagotable creación poética y literaria. Aquí, de nuevo, el autor echa la vista atrás, retrocediendo unos siglos, para que podamos ser testigos de algo que no pudimos vivir, pero que, gracias a su obra, podemos degustar como si tras una cortina lo hubiéramos presenciado.

Para que se hagan una idea, los pongo en situación, siguiendo las instrucciones del propio Antonio Enrique: “Madrid, Alcázar de los Austrias, aposento donde están pintándose las Meninas, año 1656. Hay un duende suelto. Esta entidad ve en lo invisible, vaga por las estancias de palacio, vive aquí, es casi omnisciente. Y lo cuenta en treinta poemas de versos bárbaros y dramáticos de corte historicista. Comparecen así los personajes uno tras otro del inmortal cuadro de La familia de Felipe IV, como se lo conoció entonces. Está Diego Velázquez ensoñándose en la fastuosa trama del prodigioso cuadro, pero están sobre todo las entrañables meninas María Agustina e Isabel que atienden a la infanta Margarita, de cinco años, la miman y agasajan; una le ofrece un pote de agua de olor y otra le dedica una gentil reverencia. Es tan estilizada la escena que bien puede decirse que rozamos el éxtasis estético y por ello estamos ante el cuadro más bello jamás pintado. El silencio se acompasa a la magia de los espejos. Entra el sol de media tarde y el acompañamiento de bufones, guardadamas, ujier y aposentador se divierten o departen. Y en esto aparecen los reyes, cuyo reflejo en el espejo del fondo implica que el espectador de nuestros días ha de estar forzosamente delante de ellos en la realidad ficticia, suspendiendo el tiempo y el espacio”.

Y a partir de aquí, querido lector, esta “Orgía del Silencio” … Es toda suya, a disfrutar.

 

 

domingo, 18 de enero de 2026

 

Técnica mixta de Manuel Ruiz

NI UN CHRISTMAS

 

Tito Ortiz.-

 

He dejado pasar adrede unos días hasta después de reyes, para ver si, aunque fuera rezagado, llegaba alguno, pero nada de nada. Esta pasada navidad ha sido la primera en toda mi vida en la que no he recibido ni un solo christmas. Y el asunto da que pensar. Yo no me hago a vivir una navidad sin ir al estanco, a comprar unos christmas de UNICEF, unos sobres y unos sellos, para corresponder a todos aquellos que hasta este año me felicitaban las fiestas como dios manda. Es más, desde hace un par de lustros, yo le compro los christmas a la Asociación de Pintores con la Boca y con los Pies, con el fin de colaborar con estos artistas que nacieron o se quedaron sin brazos y que, realizan auténticas obras de arte, con un pincel entre los dedos de los pies o en la boca.

El caso es que, la gente no se ha olvidado de mí, sino que, hemos cambiado tan loable costumbre de enviar un christmas a la familia o los amigos, por un correo electrónico, o lo que es peor, por un moderno WhatsApp. Toma castañas. Mientras mi buzón de las cartas en el portal estaba vacío, mi teléfono echaba humo con tanto mensaje navideño. El asunto es tan chusco que, cuando ahora vas al estanco a comprar sellos, el joven que te atiende dirige la mirada a su jefe y le pregunta: ¿Tenemos de eso? Menos mal que no me dio por pedirle papel del estado para pagar una multa de tráfico, o una póliza de tres pesetas para echar una instancia, porque si lo hago, lo mismo le da un patatús.

CADA AÑO ANTES

Vengo a decir con esto que lo de la navidad se nos está yendo de las manos, porque bueno está que Bérchuiles se tome las uvas en agosto, para que no se lo impida otro apagón como el de hace años, pero lo de adelantar la navidad por bemoles, nos está llevando a una vorágine de consumismo adelantado, sin precedentes y sin bolsillo que lo aguante.

Que en el mes de septiembre el centro comercial nevada esté ya instalando su majestuoso árbol de navidad, es todo un presagio, tan solo comparable con que, a estas alturas, todavía no lo hayan desmontado. Llegará un momento en que ya lo dejen permanente todo el año con villancicos en los altavoces del aparcamiento.

Esa lucha endiablada que cierta ciudad norteña lleva a cabo desde hace unos años, por tener mejor iluminación navideña que Nueva York, y encenderla antes que nadie, rozando con el mes que debemos venerar a nuestros fieles difuntos, me parece que raya en la hilaridad extrema y, convierte una ciudad preciosa, en un parque temático de impracticable discurrir para los peatones. Alguien debería decirle a tan simpático alcalde que, de éxito también se muere. No podemos seguir adelantando una fiesta que antes duraba una semana y que, ahora, en algún lugar se acerca a los tres meses de fiesta y jarana, incluyendo las rebajas de todo tipo, para que te eches a la calle todos los días con la cartera llena. ¡A vivir, a vivir que se acaba el mundo!

Y ya para remate de los colmos, se ha propagado como la gripe en su pico máximo, una nueva tontería. Se trata de “Las Preuvas”, que consiste en tomarse las doce uvas en una plaza pública un día, dos o tres antes de que finalice el año, y a las doce del medio día con luz natural que es como mejor se identifica a tanta criatura falta de riego. Si alguien de los presentes ve esto normal, por favor hágaselo ver por su terapeuta.

EL TIMO DE LA LOTERÍA

Y ya el remate de los despropósitos navideños es el asunto de la lotería de navidad. A estas alturas, nadie se ha dado cuenta que la lotería de navidad no existe, que es un engaño, Para ello no hay más que ver la televisión y comprobar cada año que, esas criaturas que salen desparramando cava a las puertas de una administración, dando saltos y sosteniendo un número en las manos, son actores y actrices pagados por Loterías y Apuestas del Estado, para dar el pego y hacernos creer que lo de la lotería de navidad existe y es verdad.

Si prestan ustedes atención a la señora del delantal, que es la cocinera del bar donde se vendieron los décimos, se darán cuenta que es la misma desde hace varios años, aunque cada diciembre le cambian el peinado y el delantal para convencernos, pero a mi no me la dan. También he descubierto que el señor que sale diciendo que compró el décimo premiado a última hora cuando ya cerraban la administración, es el mismo actor que sale en la telenovela, “Azucena de mi vida”, de gran éxito en Hispanoamérica.

A todo lo anterior solo queda añadir, la promesa sempiterna de apuntarse a un gimnasio el siete de enero, cosa esta que muchos cumplen, lo que pasa es que luego no van. Sin olvidar un clásico como el dejar de fumar, leer más libros y ver menos televisión, salir a correr todos los días, aunque al llegar a la esquina te vuelvas, Saludar a los vecinos en el ascensor, sin espetarles un sonido gutural indescifrable, ceder el asiento en el transporte urbano, no atropellar a nadie con el patinete por la acera, no repetir plato con la olla de san Antón, ser comedido con la ración de hojaldre de carnaval, no abusar durante la cuaresma de pestiños y torrijas. En definitiva, que vivimos en una mentira todo el año, a la espera de la navidad que cada vez llega antes. Me voy a ver como cuelgan las luces de navidad.

domingo, 11 de enero de 2026

 


UNA TARDE EN LA CATEDRAL

 

Tito Ortiz.-

 

A la caída de la tarde, entre dos luces, cuando los poetas empiezan a sufrir su trance creativo, es el momento justo para atravesar la Puerta del Perdón de la Catedral granadina, y dejarte arrastrar por la belleza de un barroco espiritual, comandado por el bastetano, José de Mora, aquel que fuera vecino del mi barrio del Albayzín desde la casa de Los Mascarones.

Hijo del escultor Bernardo de Mora, se formó en su taller junto a Pedro de Mena y Alonso Cano. Fue este último el que le marcó de forma decisiva mucho más que su progenitor o Mena, como muy bien afirma, demostrándolo ante su obra, el comisario de la exposición.

En 1672 fue nombrado escultor de cámara de Carlos II hasta 1680 que abandona Madrid y regresa de forma definitiva a Granada. De personalidad muy compleja e introvertida, al morir su esposa y no habiendo tenido hijos quedó en soledad y se adentró en los territorios de la depresión y la melancolía acabando definitivamente en la enajenación que le obligó a abandonar el mazo y la gubia.

Transita su escultura paralela a su estado anímico y creando una imaginería de hondo sentimiento, de sensibilidad infinita que muestran una pena interior, recogida, intima, en estado de ausencia de la cosa mundana, muy posiblemente el escultor nos está representando el estado de su propia alma en Dolorosas como la Virgen de la Soledad de la Colección Güell, hoy en el Colegio de San Gregorio de Valladolid, o la Virgen de los Dolores de la Iglesia de Santa Ana de Granada, hoy Soledad del Calvario.

LA EXPOSICIÓN

La muestra estará abierta al público hasta el próximo febrero y, en ella se pueden apreciar auténticas joyas como, el Cristo de la Misericordia, de la iglesia parroquial de San José, y el Cristo de la Sentencia, de la iglesia de San Pedro y San Pablo, una de las grandes tallas devocionales de la Semana Santa granadina, además de algunas de las esculturas monumentales del Sagrario de la Cartuja de Granada, incluyendo el popular San Brunillo, los santos franciscanos de San Pedro Apóstol de Priego de Córdoba o las esculturas de la Capilla Salazar de la Mezquita-Catedral de Córdoba. De José de Mora también pueden verse los bustos de la Dolorosa y Ecce Homo, del Museo de Bellas Artes de Granada; San Pantaleón, de la iglesia de Santa Ana; San José con el Niño, de la parroquia de Santa María Magdalena; San Francisco de Borja, de la iglesia parroquial de los Santos Justo y Pastor; las Inmaculadas de San Justo y Pastor, de la catedral de Guadix y de Priego de Córdoba; la Virgen de la Soledad, de la parroquia de San Gil y Santa Ana; la Virgen de los Dolores de Osuna; el San Antonio de Padua, de la basílica de San Juan de Dios; un busto de una Dolorosa de la Puebla de Don Fadrique; Jesús Caído de Úbeda; el Cristo de los Agonizantes, del convento de San Antón; dos bustos de las monjas de Santa Catalina, de Zafra, y otro de las agustinas del Corpus Christi, así como San Juan Capistrano de la Capilla Real de Granada.

La muestra se completa con la exhibición de una veintena de obras firmadas por Alonso Cano, Pedro de Mena, José Risueño, Diego de Mora, Juan Puche y Bernardo de Mora el Joven, y Agustín Vera Moreno.

COMISARIO

Como más arriba advertí, el auténtico lujo de la visita es poder escuchar al comisario de la exposición, el granadino, Juan Jesús López-Guadalupe Muñoz, profesor Titular de Historia del Arte en la Universidad de Granada, cuyas investigaciones se orientan prioritariamente en la interacción entre la praxis artística y la historia de las mentalidades, buscando la investigación multidisciplinar en colaboración con investigadores del área de Historia Moderna. Ha prestado especial atención a varios ámbitos temáticos del arte español de la Edad Moderna como las artes plásticas, teoría y función de la imagen, el mecenazgo artístico, la arquitectura de retablos o la escultura procesional y sus implicaciones en la religiosidad popular, abordados en el marco de varios proyectos de I+D. Fue coinvestigador principal del proyecto Barroco entre dos mundos: relaciones y alternativas en la escultura andaluza e hispanoamericana entre 1700 y 1750. Desde 2007 es responsable del grupo de investigación Arte y Cultura en la Andalucía Moderna y Contemporánea del Plan Andaluz de Investigación que aglutina a investigadores de las Universidades de Granada, Málaga y Almería, así como de otras instituciones, en el estudio de la cultura y el patrimonio artístico de la Andalucía moderna y contemporánea.

Escuchar ante las obras expuestas, la gran influencia de Alonso Cano sobre la obra de Mora, su tallado de la madera hasta el límite, y su propia policromía sobre la talla, asunto éste que en la época se dejaba en otras manos, es un lujo que hemos tenido unos pocos al compartir con López-Guadalupe Muñoz, militancia cofrade, hasta el límite de pregonar nuestra semana santa y extremada admiración por la obra de José de Mora.

El comisario es autor, entre otras obras de, monografías José de Mora (Granada: Comares, 2000), Altar Dei. Los frontales de mesas de altar en la Granada barroca (Madrid, Fundación Universitaria Española, 2001), y El retablo Comares, 2020), este último una investigación distinguida con el I Premio de investigación Hábitat Barroco (2019). Ha coordinado distintas publicaciones colectivas, la más reciente de las cuales es Barroco entre dos mundos: relaciones y alternativas en la escultura andaluza e hispanoamericana entre 1700 y 1750 (Granada: Comares, 2022). Además, ha emitido múltiples informes y dictámenes técnicos en calidad de asesor de la Delegación de Cultura en Granada de la Junta de Andalucía y de la Delegación para el Patrimonio Cultural del Arzobispado de Granada.

Lo dicho, no se la pierdan y si se la puede explicar el comisario… Ya ni les cuento.