domingo, 1 de febrero de 2026

 


MÁS GRANAINO QUE UNA SALAILLA

 

Tito Ortiz.-

 

A la memoria de Esteban de Las Heras

 

No me resisto en el día de nuestro Patrón San Cecilio en hacerle un homenaje de justicia y reverencial a nuestra sin par, salailla. Ese manjar de pobres exquisitos que, desde hace siglos jalona nuestra gastronomía más auténtica, convirtiendo un bocado sencillo en apariencia, en una delicatesen solo apta para paladares finos y de tradición. Asunto que se retoma cada año – como ya dijo Esteban en su última columna- tras la ansiada olla de san Antón.

Cuenta la historia que la salailla llegó a nosotros en aquellos pasados siglos de dominación, y pese a reconquistas, se quedó en nuestra carta gastronómica, como sello identificativo de los que aquí moramos desde hace miles de años. Vaste decir que, con ingredientes tan básicos y de la tierra, nunca se alcanzó mayor trascendencia de algo tan sencillo y apetecible a todos los gustos. Y, además, utilizando un palabro moderno en asuntos culinarios como es, “maridaje”, sus posibilidades son infinitas.

Se dice que antiguamente, los panaderos de Víznar y Alfacar traían las salaíllas y otros panes a la ciudad de Granada en capachos a lomos de mulas o caballos. Es el origen de la fiesta de la Noche de los Capachos, celebrada cada segundo domingo de enero, cuando se quemaban los capachos viejos, y ahí se consumían las famosas salaillas. Aunque no es menos cierto que, la salilla ha presidido de siempre la fiesta de nuestro Patrón San Cecilio, con reparto gratuito a los asistentes al Sacromonte, sin olvidar el día de La Cruz como otra fecha en la que se ha degustado en barras y bares. Unas veces con habas verdes procedentes de la Vega de Granada, con tocino curado o bacalao seco.

TODO EL AÑO

En estos tiempos de panes congelados al horno eléctrico, conviene recordar que mantenemos la tradición de pan hecho a mano en la noche anterior, con la denominación de origen de ser amasado en Víznar o Alfacar y que podemos encontrar en distintos despachos de Mariano o Moisés, entre otros, por solo dar dos referencias, en los que la salailla tiene diaria presencia, sin olvidar el quiosco de la plaza de La Mariana, de muy acreditada fama y prestigio.

Tampoco podemos olvidar la importancia que tuvo en su momento la salailla, cuando la costumbre de la tapa gratis con la bebida en Granada aún balbuceaba y, esta se circunscribía a unos manises, unos garbanzos tostados o unos cacahuetes, sin olvidar las aceitunas aliñadas. Ahí nuestra acreditada salailla tuvo un protagonismo esencial, pues en tabernas tan acreditadas como “Los Altramuces” en el Campo del Príncipe, el gran Manolo, con su hijo Fernando, y más recientemente, su nieto Fernandito con su madre Victoria en la cocina, han hecho las delicias de la clientela, ofreciendo de tapa una pequeña salailla abierta por la mitad rellena de atún con tomate. Una tapa internacional que después he visto copiada en otras provincias cercanas.

En los años sesenta y setenta del siglo pasado, el gran Enrique y su mujer, Encarna, en la taberna del “Elefante” en Puerta Real, te ofrecían esta misma salailla, pero con una lonchita de tocino bueno con veta en su panza. Algo tan extraordinario como difícil de encontrar ahora. Y qué decir del inolvidable Suizo, cuando te la servían rellena de ensaladilla rusa. Vamos, para dar “chillíos”.

Deberían los historiadores localizar en la historia al inventor de la salailla, al que deberíamos homenajear en un monumento junto al granado de Puerta Real, pues nadie, en materia de gastronomía para pobres, ha hecho más que él, ni se lo tiene más merecido, pues no hay que olvidar que, el mismo sujeto, nos legó otro manjar al que llamamos “hallulla” y que, no es otra cosa que una salailla pero, en lugar de llevar sal, contiene azúcar.

ACOMPAÑAMIENTO RITUAL

Marca la tradición que, en el día de San Cecilio, debemos comer la salailla con unas habas tiernas de nuestra vega, aunque con el tiempo, también le incorporamos un poquito de bacalao seco, pero aquí hay que tener cuidado porque, se acumula en el paladar la sal de ambos. Lo mismo digo a esos esnobs que, ahora les ha dado por maridar la salilla con el jamón, pues ya tienen desvirtuado el sabor de este, camuflado por la sal de nuestra estrella culinaria. Cosa distinta es que, aprovechen ese mismo jamón para añadírselo a las habas, y ya de camino, si le ponen un huevo frito, tendrán en la boca un sabor inigualable que, les dispondrá para dar saltos de alegría, pidiendo a voces pareja para bailar nuestra incomparable, “reja”, que tan unida va a esta tradición.

Si acaso, después de festejar la tradición como san Cecilio manda hubieran sobrado habas, recomiendo al parroquiano que en sartén de rabo -no de las modernas- con el aceite justo, pique un par de cebolletas y cuando estas digan que ya están, añada las habas que una vez confitadas, deberán bañarse en una fuente de Fajalauza, en la que previamente se han batido seis huevos de gallinas sueltas por el campo y, una vez todo listo, eche de nuevo en la sartén todo lo dicho, para hacer la mejor tortilla que jamás hubiera sospechado. Es la tortilla de habas con cebolleta, el manjar más ilustre que debería presidir toda mesa granatensis en esta época, donde la tradición llama a nuestras puertas, con los jugos gástricos a punto de nieve, tan solo esperando el remate postrero de unos soplillos de Vélez.

Ah, todo esto no estaría completado, si previamente, no se han visitado las catacumbas sacromontanas, en paraje tan histórico para nuestra fe y tradiciones, venerado a los santos mártires, y compartido un día que andando nos permita subir las siete cuestas para encontrar nuestra historia, incluida la de la tortilla Sacromonte, a la que dedicaremos una nueva entrega, regañando a quienes le ponen chorizo.

Querido y admirado Esteban, es el primer año que no compartimos la mitad de la salailla. Tú parte, te la guardo para cuando nos veamos.

 

 

domingo, 25 de enero de 2026

 


NOTICIAS DESDE ACCITANIA

 

Tito Ortiz.-

 

El mensajero me trae noticias del hermano ausente. Con los primeros días de este frío enero, aquel que mudara en 1984 desde las cercanías del tren en la capital, a la morada de la locomotora Baldwin, sale de nuevo a la arena con un puñado de poemas, dispuesto a lograr nuestra atención, desde la creatividad más avanzada, desde el corazón mismo de la Literatura de La Diferencia, a la que dio nombre y de la que fue uno de sus más decididos impulsores, opción estética caracterizada por la heterodoxia sobre las tendencias dominantes.

El poeta, escritor y académico granatensis, Antonio Enrique, nos ofrece en esta ocasión, una aventura llena de poesía, nacida en una estancia donde se pintó uno de los mejores cuadros de la historia del arte, si es que el lector me permite esa sugerencia. Nueva obra de quién curtido en mil batallas literarias y poéticas, continúa desafiándose, asimismo, para traspasar el envite a quién lo sigue, a modo de invitación a lo sublime compartido en armonía.

Este hombre de letras, cuya trayectoria primigenia fue marcada por tres monumentos reconocidos por la humanidad, continúa ramificando su árbol creativo, narrando historias fantásticas que parten de realidades.

TRES CASTILLOS

Antonio Enrique convulsionó el mundo literario en 1986 con su, “La Armónica Montaña”. Un estudio sobre la catedral de Granada, aún hoy no superado, que incluía a su desaparecido organista, el compositor, Juan Alfonso García, de la que su autor dice: “ Nada tiene de particular que la obra se rechazase en un tiempo de realismo exasperante o, bien, se la encumbrara pero por motivo de verse en ella, una carga en profundidad contra la tendencia hegemónica, ese mismo realismo proveniente de los años 50, al fin es el realismo lo que en España termina imponiéndose y, lo demás, es mera fluctuación del mismo, ninguna magia de concepción ni grandeza en la manera de decir las cosas y, la verdad es que, en 20 años y un periodo histórico agonizante en 1973 cuando la comencé yo deseaba algo que me he restituyese la fe en la literatura, no ponerme en la cola del meritage literario ante maestros que no reconocía como tales. La novela publicada en la editorial Akal, la más avanzada en la divulgación ideológica de izquierda, y es por esto que me la publicaron al conceptuarla como una novela contra la norma imperante y por consiguiente antifranquista. Terminó al cabo de unos años por ser descatalogada, buscada actualmente solo por los adictos a las rarezas es decir volvió a mí, por esto he dicho lo que antecede soy así porque leí un libro que casi nadie ha leído y que, por cierto, yo mismo lo escribí. A mí me sirvió para ser como soy, y lo vivo, me vienen episodios, me ensueño de nuevo en algunos de ellos pues, aunque lo escribiera, no lo siento mío por entero, es de nadie, pero en el sentido que otorgó a esa palabra Ulises”.

En 1988 ve la luz su “Tratado de La Alhambra Hermética”, en la que las matemáticas maridan de manera genial con la arquitectura, las bellas artes, pero sobre todo con la poesía y la música, otorgando un por qué, a cada uno de los ángulos alhambreños, cada dibujo, color, en cada material noble que la componen. Para completar la trilogía sobre construcciones que marcaron la historia de Granada, con la publicación en 1991 de su novela, “Kaálat Horra”, cuyos personajes dan vida al castillo de La Calahorra, recientemente recuperado por la Diputación provincial, pero Antonio Enrique aborda esta obra, en un tiempo en el que el manto del olvido, ocultaba tan magna efigie arquitectónica, al general conocimiento y, mucho menos, atisbar la enorme importancia de quienes lo mandaron construir y después lo moraron.

ORGÍA DEL SILENCIO

He querido referirme a obras de juventud de este académico que ocupa el sillón eñe mayúscula en Buenas Letras, para poder degustar en toda su magnitud, la última y más reciente nacida de su inagotable creación poética y literaria. Aquí, de nuevo, el autor echa la vista atrás, retrocediendo unos siglos, para que podamos ser testigos de algo que no pudimos vivir, pero que, gracias a su obra, podemos degustar como si tras una cortina lo hubiéramos presenciado.

Para que se hagan una idea, los pongo en situación, siguiendo las instrucciones del propio Antonio Enrique: “Madrid, Alcázar de los Austrias, aposento donde están pintándose las Meninas, año 1656. Hay un duende suelto. Esta entidad ve en lo invisible, vaga por las estancias de palacio, vive aquí, es casi omnisciente. Y lo cuenta en treinta poemas de versos bárbaros y dramáticos de corte historicista. Comparecen así los personajes uno tras otro del inmortal cuadro de La familia de Felipe IV, como se lo conoció entonces. Está Diego Velázquez ensoñándose en la fastuosa trama del prodigioso cuadro, pero están sobre todo las entrañables meninas María Agustina e Isabel que atienden a la infanta Margarita, de cinco años, la miman y agasajan; una le ofrece un pote de agua de olor y otra le dedica una gentil reverencia. Es tan estilizada la escena que bien puede decirse que rozamos el éxtasis estético y por ello estamos ante el cuadro más bello jamás pintado. El silencio se acompasa a la magia de los espejos. Entra el sol de media tarde y el acompañamiento de bufones, guardadamas, ujier y aposentador se divierten o departen. Y en esto aparecen los reyes, cuyo reflejo en el espejo del fondo implica que el espectador de nuestros días ha de estar forzosamente delante de ellos en la realidad ficticia, suspendiendo el tiempo y el espacio”.

Y a partir de aquí, querido lector, esta “Orgía del Silencio” … Es toda suya, a disfrutar.

 

 

domingo, 18 de enero de 2026

 

Técnica mixta de Manuel Ruiz

NI UN CHRISTMAS

 

Tito Ortiz.-

 

He dejado pasar adrede unos días hasta después de reyes, para ver si, aunque fuera rezagado, llegaba alguno, pero nada de nada. Esta pasada navidad ha sido la primera en toda mi vida en la que no he recibido ni un solo christmas. Y el asunto da que pensar. Yo no me hago a vivir una navidad sin ir al estanco, a comprar unos christmas de UNICEF, unos sobres y unos sellos, para corresponder a todos aquellos que hasta este año me felicitaban las fiestas como dios manda. Es más, desde hace un par de lustros, yo le compro los christmas a la Asociación de Pintores con la Boca y con los Pies, con el fin de colaborar con estos artistas que nacieron o se quedaron sin brazos y que, realizan auténticas obras de arte, con un pincel entre los dedos de los pies o en la boca.

El caso es que, la gente no se ha olvidado de mí, sino que, hemos cambiado tan loable costumbre de enviar un christmas a la familia o los amigos, por un correo electrónico, o lo que es peor, por un moderno WhatsApp. Toma castañas. Mientras mi buzón de las cartas en el portal estaba vacío, mi teléfono echaba humo con tanto mensaje navideño. El asunto es tan chusco que, cuando ahora vas al estanco a comprar sellos, el joven que te atiende dirige la mirada a su jefe y le pregunta: ¿Tenemos de eso? Menos mal que no me dio por pedirle papel del estado para pagar una multa de tráfico, o una póliza de tres pesetas para echar una instancia, porque si lo hago, lo mismo le da un patatús.

CADA AÑO ANTES

Vengo a decir con esto que lo de la navidad se nos está yendo de las manos, porque bueno está que Bérchuiles se tome las uvas en agosto, para que no se lo impida otro apagón como el de hace años, pero lo de adelantar la navidad por bemoles, nos está llevando a una vorágine de consumismo adelantado, sin precedentes y sin bolsillo que lo aguante.

Que en el mes de septiembre el centro comercial nevada esté ya instalando su majestuoso árbol de navidad, es todo un presagio, tan solo comparable con que, a estas alturas, todavía no lo hayan desmontado. Llegará un momento en que ya lo dejen permanente todo el año con villancicos en los altavoces del aparcamiento.

Esa lucha endiablada que cierta ciudad norteña lleva a cabo desde hace unos años, por tener mejor iluminación navideña que Nueva York, y encenderla antes que nadie, rozando con el mes que debemos venerar a nuestros fieles difuntos, me parece que raya en la hilaridad extrema y, convierte una ciudad preciosa, en un parque temático de impracticable discurrir para los peatones. Alguien debería decirle a tan simpático alcalde que, de éxito también se muere. No podemos seguir adelantando una fiesta que antes duraba una semana y que, ahora, en algún lugar se acerca a los tres meses de fiesta y jarana, incluyendo las rebajas de todo tipo, para que te eches a la calle todos los días con la cartera llena. ¡A vivir, a vivir que se acaba el mundo!

Y ya para remate de los colmos, se ha propagado como la gripe en su pico máximo, una nueva tontería. Se trata de “Las Preuvas”, que consiste en tomarse las doce uvas en una plaza pública un día, dos o tres antes de que finalice el año, y a las doce del medio día con luz natural que es como mejor se identifica a tanta criatura falta de riego. Si alguien de los presentes ve esto normal, por favor hágaselo ver por su terapeuta.

EL TIMO DE LA LOTERÍA

Y ya el remate de los despropósitos navideños es el asunto de la lotería de navidad. A estas alturas, nadie se ha dado cuenta que la lotería de navidad no existe, que es un engaño, Para ello no hay más que ver la televisión y comprobar cada año que, esas criaturas que salen desparramando cava a las puertas de una administración, dando saltos y sosteniendo un número en las manos, son actores y actrices pagados por Loterías y Apuestas del Estado, para dar el pego y hacernos creer que lo de la lotería de navidad existe y es verdad.

Si prestan ustedes atención a la señora del delantal, que es la cocinera del bar donde se vendieron los décimos, se darán cuenta que es la misma desde hace varios años, aunque cada diciembre le cambian el peinado y el delantal para convencernos, pero a mi no me la dan. También he descubierto que el señor que sale diciendo que compró el décimo premiado a última hora cuando ya cerraban la administración, es el mismo actor que sale en la telenovela, “Azucena de mi vida”, de gran éxito en Hispanoamérica.

A todo lo anterior solo queda añadir, la promesa sempiterna de apuntarse a un gimnasio el siete de enero, cosa esta que muchos cumplen, lo que pasa es que luego no van. Sin olvidar un clásico como el dejar de fumar, leer más libros y ver menos televisión, salir a correr todos los días, aunque al llegar a la esquina te vuelvas, Saludar a los vecinos en el ascensor, sin espetarles un sonido gutural indescifrable, ceder el asiento en el transporte urbano, no atropellar a nadie con el patinete por la acera, no repetir plato con la olla de san Antón, ser comedido con la ración de hojaldre de carnaval, no abusar durante la cuaresma de pestiños y torrijas. En definitiva, que vivimos en una mentira todo el año, a la espera de la navidad que cada vez llega antes. Me voy a ver como cuelgan las luces de navidad.

domingo, 11 de enero de 2026

 


UNA TARDE EN LA CATEDRAL

 

Tito Ortiz.-

 

A la caída de la tarde, entre dos luces, cuando los poetas empiezan a sufrir su trance creativo, es el momento justo para atravesar la Puerta del Perdón de la Catedral granadina, y dejarte arrastrar por la belleza de un barroco espiritual, comandado por el bastetano, José de Mora, aquel que fuera vecino del mi barrio del Albayzín desde la casa de Los Mascarones.

Hijo del escultor Bernardo de Mora, se formó en su taller junto a Pedro de Mena y Alonso Cano. Fue este último el que le marcó de forma decisiva mucho más que su progenitor o Mena, como muy bien afirma, demostrándolo ante su obra, el comisario de la exposición.

En 1672 fue nombrado escultor de cámara de Carlos II hasta 1680 que abandona Madrid y regresa de forma definitiva a Granada. De personalidad muy compleja e introvertida, al morir su esposa y no habiendo tenido hijos quedó en soledad y se adentró en los territorios de la depresión y la melancolía acabando definitivamente en la enajenación que le obligó a abandonar el mazo y la gubia.

Transita su escultura paralela a su estado anímico y creando una imaginería de hondo sentimiento, de sensibilidad infinita que muestran una pena interior, recogida, intima, en estado de ausencia de la cosa mundana, muy posiblemente el escultor nos está representando el estado de su propia alma en Dolorosas como la Virgen de la Soledad de la Colección Güell, hoy en el Colegio de San Gregorio de Valladolid, o la Virgen de los Dolores de la Iglesia de Santa Ana de Granada, hoy Soledad del Calvario.

LA EXPOSICIÓN

La muestra estará abierta al público hasta el próximo febrero y, en ella se pueden apreciar auténticas joyas como, el Cristo de la Misericordia, de la iglesia parroquial de San José, y el Cristo de la Sentencia, de la iglesia de San Pedro y San Pablo, una de las grandes tallas devocionales de la Semana Santa granadina, además de algunas de las esculturas monumentales del Sagrario de la Cartuja de Granada, incluyendo el popular San Brunillo, los santos franciscanos de San Pedro Apóstol de Priego de Córdoba o las esculturas de la Capilla Salazar de la Mezquita-Catedral de Córdoba. De José de Mora también pueden verse los bustos de la Dolorosa y Ecce Homo, del Museo de Bellas Artes de Granada; San Pantaleón, de la iglesia de Santa Ana; San José con el Niño, de la parroquia de Santa María Magdalena; San Francisco de Borja, de la iglesia parroquial de los Santos Justo y Pastor; las Inmaculadas de San Justo y Pastor, de la catedral de Guadix y de Priego de Córdoba; la Virgen de la Soledad, de la parroquia de San Gil y Santa Ana; la Virgen de los Dolores de Osuna; el San Antonio de Padua, de la basílica de San Juan de Dios; un busto de una Dolorosa de la Puebla de Don Fadrique; Jesús Caído de Úbeda; el Cristo de los Agonizantes, del convento de San Antón; dos bustos de las monjas de Santa Catalina, de Zafra, y otro de las agustinas del Corpus Christi, así como San Juan Capistrano de la Capilla Real de Granada.

La muestra se completa con la exhibición de una veintena de obras firmadas por Alonso Cano, Pedro de Mena, José Risueño, Diego de Mora, Juan Puche y Bernardo de Mora el Joven, y Agustín Vera Moreno.

COMISARIO

Como más arriba advertí, el auténtico lujo de la visita es poder escuchar al comisario de la exposición, el granadino, Juan Jesús López-Guadalupe Muñoz, profesor Titular de Historia del Arte en la Universidad de Granada, cuyas investigaciones se orientan prioritariamente en la interacción entre la praxis artística y la historia de las mentalidades, buscando la investigación multidisciplinar en colaboración con investigadores del área de Historia Moderna. Ha prestado especial atención a varios ámbitos temáticos del arte español de la Edad Moderna como las artes plásticas, teoría y función de la imagen, el mecenazgo artístico, la arquitectura de retablos o la escultura procesional y sus implicaciones en la religiosidad popular, abordados en el marco de varios proyectos de I+D. Fue coinvestigador principal del proyecto Barroco entre dos mundos: relaciones y alternativas en la escultura andaluza e hispanoamericana entre 1700 y 1750. Desde 2007 es responsable del grupo de investigación Arte y Cultura en la Andalucía Moderna y Contemporánea del Plan Andaluz de Investigación que aglutina a investigadores de las Universidades de Granada, Málaga y Almería, así como de otras instituciones, en el estudio de la cultura y el patrimonio artístico de la Andalucía moderna y contemporánea.

Escuchar ante las obras expuestas, la gran influencia de Alonso Cano sobre la obra de Mora, su tallado de la madera hasta el límite, y su propia policromía sobre la talla, asunto éste que en la época se dejaba en otras manos, es un lujo que hemos tenido unos pocos al compartir con López-Guadalupe Muñoz, militancia cofrade, hasta el límite de pregonar nuestra semana santa y extremada admiración por la obra de José de Mora.

El comisario es autor, entre otras obras de, monografías José de Mora (Granada: Comares, 2000), Altar Dei. Los frontales de mesas de altar en la Granada barroca (Madrid, Fundación Universitaria Española, 2001), y El retablo Comares, 2020), este último una investigación distinguida con el I Premio de investigación Hábitat Barroco (2019). Ha coordinado distintas publicaciones colectivas, la más reciente de las cuales es Barroco entre dos mundos: relaciones y alternativas en la escultura andaluza e hispanoamericana entre 1700 y 1750 (Granada: Comares, 2022). Además, ha emitido múltiples informes y dictámenes técnicos en calidad de asesor de la Delegación de Cultura en Granada de la Junta de Andalucía y de la Delegación para el Patrimonio Cultural del Arzobispado de Granada.

Lo dicho, no se la pierdan y si se la puede explicar el comisario… Ya ni les cuento.

 

 

domingo, 4 de enero de 2026

 

Horacio Rébora en "La Tertulia"

GRANADA ES TANGO

 

A la memoria de Juan Ramón Ferreira

 

Tito Ortiz.-

 

Eran tiempos en los que el verano sin aire acondicionado en casa, te desvelaba por la noche y, al final, terminabas fumando en el balcón esperando el fresco de la madrugada. Yo vivía en San Matías, 22 primero, y Ángel Luís en el balcón de enfrente, así que, él encendía un cigarrillo, yo mi pipa y comenzábamos a hablar de la situación política, del último programa de “Poesía 70” y. por supuesto, de “Manifiesto Canción del Sur”, dos obras maestras de Juan de Loxa que ambos teníamos la satisfacción de vivir en directo, él por participar en el manifiesto y yo por colaborar en Radio Popular de Granada, unas veces a las órdenes de José Antonio Lacárcel, y otras a las de Juan.

Por eso no es extraño que, la primera vez que entré en “La Tertulia”, iba del brazo de Juan de Loxa y, nos acompañaban Antonio Mata junto a Ángel Luís Luque, tres piezas importantes de “Manifiesto Canción del Sur”, sin las que sería imposible contar la historia de aquel movimiento granadino, que sería exportado a Andalucía y, atrajo la atención a nivel nacional de gente tan importante como el propio Luís Eduardo Aute. En la Granada de ese momento, La ebullición cultural de todas las disciplinas artísticas, estaba en ese templo convertido en el Ágora granadina donde todo el que era algo en la sociedad, tarde o temprano recalaba en Pintor López Mezquita.

Allí se escuchaban tangos en directo, pero también, flamenco, jazz, ópera, se recitaban poemas recién salidos del horno, se presentaban libros, se proyectaban exposiciones, organizaban conciertos, se improvisaban conferencias, mesas redondas, entrevistas, reportajes en prensa o programas de radio. Hubo un tiempo en que la Granada creativa, se daba cita en “La Tertulia” de lunes a domingo y fiestas de guardar y, todo eso fue gracias a Horacio Rébora.

EL ARTÍFICE FUE TATO

Cuenta Belén Rico que, Horacio, nuestro Tato Rébora (Argentina, 1948) llegó a Granada en 1980. Hijo de un arquitecto que fue rector de la Universidad de Córdoba (Argentina), dejó su país como consecuencia del golpe de estado del general Videla cuando le faltaba un año para terminar la licenciatura en Ingeniería Electrónica. La vida le tenía preparado un giro de guion radical cuando llegó a Europa. Después de vivir dos años en Suecia como extraditado político, eligió España y en concreto las faldas de la Alhambra para establecer su nuevo hogar. Aquí fundó un local mítico, La Tertulia, que se convirtió en un revulsivo de la vida cultural de una ciudad entonces efervescente. Pronto se convirtió en un espacio en el que se daban cita los poetas como Luis García Montero, novelistas como Antonio Muñoz Molina y músicos como Enrique Morente. Y de aquellas noches surgió un movimiento como “La Otra Sentimentalidad”, un ensayo sobre el tango y un festival sobre el género que todavía perdura.

Lo que Tato no sabía es, que, para llenar ese espacio, para vitalizarlo, debía partir a Granada. En primer lugar, le puso un nombre, 'La Tertulia', le dio una geografía, la Calle Pintor López Mezquita y, a partir de entonces, artistas y escritores harían el resto: el pintor Juan Vida le dio color; Miguel Ríos, Carlos Cano, Paco Ibáñez, Enrique Morente, música; García Montero, Javier Egea, Benedetti, poesía; Juan Carlos Rodríguez y Mariano Maresca, intelectualidad; y algunos cantantes, como Osvaldo Jiménez, las grandes noches de tango, con el acento de Gardel. La pena es que nos ha dicho adiós, a los sones de “Adiós Nonino”, para vivir en el cielo “Libertango” junto a Piazzola. Su último tango, lo cantó en presencia de Juan Ramón Ferreira que, desde hace unos días, lo acompaña en una milonga celestial.

Y FUNDÓ EL FESTIVAL DEL TANGO

Dice Tato que, “La Tertulia” nació diez años antes. Después salió en 1982 el libro “Granada Tango”, que fue la base y estaba centrado en la parte literaria, y se creó el festival, en el 89. Todo fue como una bola de nieve y surgió por el apoyo, hay que decirlo, de la vida cultural de Granada en esa época, que era muy floreciente: poetas, músicos, pintores, periodistas... todos fueron cómplices.

Juan Carlos Rodríguez hizo el ensayo, que fue fundamental para Granada y para el género del tango. “Años después me encuentro con José Miguel Castillo Higueras en la calle y me dice: Tato, La Tertulia se te está quedando chica. Hazme una propuesta para la cultura en la ciudad que tenga dos versiones, una modesta y otra ambiciosa. En ese momento, aunque no lo había pensado nunca, me salió un festival de tango. Él eligió la ambiciosa y creo que eso fue clave para que hoy todavía se siga celebrando”.

Rébora, quien creó el festival en 1989, se desempeña como director de las Cumbres Mundiales de Tango y como académico de honor de la Academia Nacional de Tango, además de haber sido programador y coordinador de tres bienales de Flamenco en Buenos Aires.

Además, editó varios libros colectivos como “La Tertulia memoria coral”, “Festival de Granada 25 años”, “Granada Tango”, “Latinos”, muchos de los cuales surgieron en su bar “La Tertulia”. Por su labor, fue premiado con la medalla de la cultura por el Ayuntamiento y la Diputación de Granada y fue declarado personalidad destacada de la cultura por la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires.

Para este año, Tato ha preparado a un total de 150 artistas procedentes de 40 ciudades de dos continentes que, van a convertir a Granada, de nuevo, en la capital mundial del tango entre los días 12 y 22 del próximo mes de marzo. La ciudad albergará la duodécima Cumbre Mundial del Tango, con 46 grandes citas, tres décadas después de acoger la segunda, en 1995.

Él dice que: “Yo siempre uso la frase de Benedetti: "Pienso, luego insisto". Si no se insiste estas cosas se diluyen con el tiempo. Por eso es que, ha ocurrido que el Festival de Tango es el más antiguo del mundo y La Tertulia de los bares de Granada”.

 

 

 

domingo, 28 de diciembre de 2025

 


LOS TELECLUBS

 

Tito Ortiz.-

 

A veces resulta indescriptible la emoción que siente tu cuerpo y tu mente, cuando por primera vez en tu vida, siendo casi un adolescente, ves tu nombre escrito en el reparto de una obra de teatro. Era un díptico muy sencillo de papel reciclado, en un tono azul azafata, a una sola tinta -negra por supuesto- pero ese día quedó marcado en mi memoria porque, había logrado por fin después de mucho esfuerzo, entrar en un elenco teatral y poder representar un papel que había soñado desde niño. por fin estaba haciendo teatro.

Aquello de pertenecer a un teleclub imprimía carácter, era una experiencia nueva en la que socializar con otros jóvenes, compartir inquietudes, incluidas las políticas, aunque había que ser muy cuidadoso porque todo esto sucedía a mediados de los años sesenta, y si la discreción no era absoluta, la experiencia podría irse al garete.

El caso es que yo ingresé en el recién inaugurado Teleclub de Haza Grande, y una vez allí, tras unas pruebas, me escogieron para participar en el grupo de teatro que dirigía, Antonio Velasco, a quién debo esta vocación por el arte de Talía.

El término «teleclub» se creó a imitación del concepto «cineclub». Surgieron a mediados de los años 60 con el objetivo de atender la escasez de televisores en casas de particulares y la limitada cobertura televisiva en el medio rural, y para disminuir la brecha cultural entre centros urbanos y zonas rurales. Aunque su objetivo inicial fue facilitar el acceso a un televisor en un entorno social, terminaron convirtiéndose en centros de socialización, progreso, integración y diálogo comunitario. Fueron promovidos por Manuel Fraga, ministro de información y turismo a través de la Junta Central de Información, Turismo y Educación Nacional, e inicialmente apoyados por agentes de Extensión Agraria. El ministerio prestaba a los teleclubs una carta de servicios culturales y medios audiovisuales, biblioteca, mobiliario, asistencia técnica y la formación necesaria.​ Sus bibliotecas contaban con entre 100 y 200 libros divididos en literatura infantil, juvenil, clásica, contemporánea, de temática religiosa, política o profesional y dedicada al hogar y a la mujer. Nosotros teníamos cierta ventaja, porque estábamos instalados en el salón adjunto a la parroquia, bajo la atenta mirada del sacerdote don Pedro, nuestro cómplice y defensor, así que lo teníamos más fácil. Lo malo fue cuando lo trasladaron a Motril y vino a sustituirlo Don Carlos, que era harina de otro costal.

A ESCENA

Agonizaba la década de los años sesenta del siglo pasado, cuando un puñado de “Teleclub” granadinos, decidimos organizar una semana de teatro, en el seminario menor de la placeta de Gracia, en cuyo programa no podía faltar una obra de Federico. Aquel fue un acontecimiento importantísimo, en el que la Granada teatral pretendía dar un golpe en la mesa, burlando – en la medida de lo posible- a la censura, ejercida entonces por el delegado del ministerio de Información y Turismo, cuya oficina estaba en la primera planta del edifico en el que una placa, nos recuerda al gran, Álvaro de Bazán, señor de la mar océana, jamás vencido. El teleclub del Albayzín puso en escena una obra de los hermanos Álvarez Quintero, dirigidos por, De Vicente. El de Haza Grande, donde yo participaba, más comprometido eligió para la ocasión, “El Tintero” de Carlos Muñiz, dirigida por Antonio Velasco, pero el de Cacín, se empeñó en Lorca, y montaron con esmero, “La Zapatera Prodigiosa”. El asunto es que, en este caso, ya no solo había que soslayar al censor, sino a la propia familia de García Lorca, que, por aquellos años, tenía prohibido que se representara cualquier obra de Federico, en la ciudad que lo vio nacer, y lo que es peor, morir. Para lograr el permiso de los García Lorca, una comisión se desplazó a Madrid, para hablar personalmente con Isabel, la hermana pequeña del poeta, con tal suerte, que los comisionados, volvieron con la autorización a Granada, pero eso sí, acatando las condiciones impuestas por la familia del poeta. La obra se representaría, una sola vez, un solo día, y con un horario absolutamente acotado, en una horquilla de solo dos horas vespertinas. Aquella vez, fue la primera en que muchos granadinos vieron una obra de Lorca sobre el escenario.

AQUELLO DERIVÓ EN CONOCIMIENTO

En aquel certamen conocí amigos de esos que duran para siempre, tal es el caso, entre otros, de mi admirado Juan Bedmar, insigne granadino con el que coincido en tantas cosas, como la defensa de nuestro folklore en coros y danzas, el flamenco, nuestro patrimonio artístico y cultural, nuestras tradiciones y religiosidad popular. En fin, que, esta ciudad de nuestras entretelas nos tiene ganados `para siempre.

Para fomentar el uso del televisor, se eliminó el impuesto por artículo de lujo que se le había adjudicado en un principio, y se creó toda una red de receptores por España para permitir la llegada de la señal de Televisión Española, en aquel entonces el único canal disponible. De esta forma se reguló en las zonas, donde la falta de recursos económicos era más pronunciada, el uso de la televisión. Sumado además a las actividades y recursos proporcionados por el régimen franquista, se podía controlar mejor el contenido consumido por la población rural. Gracias a este control ejercido sobre los teleclubs, las personas y gerentes se convertían tanto en usuarios como en vigilantes. Para mantener esos centros sociales era necesario que no surgieran grupos antifranquistas, y ante cualquier indicio, se vieran obligados a tener que informar del suceso que se hubiera presenciado. El asunto fue que, en el caso de los teleclubs, lejos de conseguir afectos al régimen, en una gran proporción, de allí salimos con los ojos bien abiertos, soñando con la libertad venidera. Y aquí estamos, para lo que gusten mandar.

domingo, 21 de diciembre de 2025

 

Belén de la hermandad del Rocío de Granada 2025.

SE ARMÓ EL BELÉN

 

Tito Ortiz.-

 

Está confirmado, Granada es tierra de belenes. He visitado tantos y tan bonitos que, me resulta imposible recomendar alguno en particular. Cada año nos superamos y tanto, instituciones públicas como privadas, dan lo mejor de si, para mostrar al visitante una muestra maravillosa de lo que es nuestra tradición navideña por excelencia, sin olvidar las aportaciones de las hermandades y las de muchos particulares que, brillan con luz propia, nunca mejor dicho.

Las primeras representaciones belenísticas hay que buscarlas en las catacumbas de época romana. Y más concretamente en un fresco de principios del siglo II hallado en la conocida como Capella Greca (capilla griega), en las catacumbas de Priscila en la Vía Salaria de Roma. La escena muestra la figura de la Virgen María estrechando en su pecho al niño Jesús envuelto en pañales. Frente a ellos aparecen los tres Magos de Oriente, que visten una túnica corta, sin manto, gorro ni corona. Entre los años 432 y 440, el papa Sixto III trasladó a Roma, desde Tierra Santa, algunos fragmentos de la "santa cuna", y los dispuso en una pequeña capilla habilitada a tal efecto en la iglesia de Santa María ad Preasepe (Santa María en el Pesebre). Allí, el papa empezó a celebrar representaciones que recreaban el nacimiento de Cristo.

Pero en 1223, Francisco de Asís llegó, junto con su hermano León, a Greccio, en la región italiana del Lazio. Para intentar evangelizar a la población de la región, mayoritariamente analfabeta, Francisco pidió una dispensa al papa Honorio III para crear el primer belén en una cueva muy cerca de la ermita de la localidad. Según la Leyenda Mayor de San Francisco: "Llegado el beato Francisco, en memoria de la natividad de Cristo, ordenó que se preparase el pesebre, que se trajese el heno, que se condujera al buey y al asno; y predicó sobre la natividad del Rey pobre". Giovanni Velita, un señor feudal, le proporcionó el pesebre, la paja y los animales.

DE LA IGLESIA A LOS PALACIOS

Al parecer, la primera forma moderna de belén se debe a san Cayetano de Thiene, que en 1534 ideó un pesebre con figuras de madera pintadas que iban cubiertas con ropajes de la época y cuya cabeza estaba hecha de terracota, cartón piedra o madera. Pero en lo que se refiere a España, fueron el rey Carlos III y su esposa, María Amalia de Sajonia, los que importaron aquella costumbre desde Italia a nuestro país y la introdujeron en sus palacios. De hecho, construyeron una sala especial para la realización del conocido como "Belén del Príncipe" (primero en el palacio del Buen Retiro y después en el palacio Real), un típico belén napolitano en el que se representaban las costumbres y vestimentas locales, y fue encargando a los reconocidos imagineros valencianos José Esteve Bonet, José Ginés Marín y al murciano Francisco Salzillo.

A mediados del siglo XIX, poco a poco esta costumbre se fue extendiendo a todos los hogares españoles. Fue entonces cuando empezaron a fabricarse las figuras de belén en serie. Destacan las producidas en barro, muchas veces sin cocer y pintadas con vivos colores, en las fábricas de Murcia, Granada, Barcelona y Olot (Girona). De lo que se deduce que, cuando se produce la gran eclosión del belén en nuestro país, Granada está muy presente en la concepción y construcción artesana de sus figuras, muy famosas por ser realizadas con barro del río Beiro y, demandadas, no solo por toda Andalucía, sino, por el suelo patrio y el extranjero.

RECONOCIDA CREATIVIDAD GRANADINA

La tradición barrista granadina arranca a finales del siglo XVI, pero sería en el siglo XIX cuando la ciudad se convirtió, con el impulso del Romanticismo, en uno de los centros españoles de mayor producción de figuras para el nacimiento, así como de barros devocionales y de costumbres o tipos populares.

La tradición belenística granadina, arrastra la historia de los barros granadinos y sus artífices, jalonada por apellidos de ilustres maestros como, la familia Román, Sotomayor, Pérez Coma, Ogeda o Jiménez Rada, cuya dinastía llega a nuestros días gracias a las, Creaciones Artísticas Jiménez Mariscal, el último taller de barristas existente en la ciudad, herederos de la mejor tradición, cuya trayectoria ha sido distinguida en numerosas ocasiones y, cuyo prestigio les llevó en su momento a, tener el honor de que la corona española, cuente en su inventario con un belén nacido de sus manos.

En su momento y con el afán de que la tradición no se perdiera, la familia Mariscal, impartió su docencia a artesanos «como cierto enfermero del Hospital Militar, que realizaba figuras de pequeño tamaño y gran maestría, algunas de las cuales pueden observarse hoy en el museo Casa de los Tiros». Una tradición artesanal a pequeña escala que han continuado discípulos de estos grandes maestros, como Manuel Collado García y José Lozano Gómez, discípulos de Jiménez Mariscal, el segundo de los cuales abandonó el taller tras ingresar en la plantilla de la Diputación Provincial, pero que continuó esculpiendo figuras por afición.

Hoy que ya estamos acostumbrados a ver belenes de chocolate o, realizados con figuras de play móvil, tener la satisfacción de que Granada haya sido cuna centenaria de esta tradición, y que, en la actualidad, seamos capaces de ofrecer al mundo, tanta belleza e inigualable y legendaria estética de lo bien hecho y compuesto, es para que nos sintamos más que orgullosos de nuestro pasado y del brillantísimo presente, pues no hay más que echarse a la calle y comprobar con asombro que, cada belén expuesto al público, es en si mismo una joya de nuestro presente, pero a la vez, de nuestra propia historia. Y en esto, también Granada tiene su sitio. Por cierto, me llamó mucho la atención el de la hermandad del Rocío, sobre todo porque, es san José el que tiene al niño en sus brazos y María descansa en su regazo. Precioso.