domingo, 2 de agosto de 2026

 


SABICAS Y GRANADA

 

Tito Ortiz.-

 

Me llamó desde Madrid, Juan Carmona “Habichuela” y me dijo: “Tito, voy a Graná con Sabicas, prepárale algo que lo pasemos bien”. Y dicho y hecho. Lo primero que hice fue llamar a mí amigo del alma, José Delgado Olmos y la peña La Platería se abrió de par en par para recibir al navarrico que había paseado la guitarra flamenca por todo el mundo, desde que en 1937 decidió exiliarse a Nueva York. Llamé a “El Trinidad” con la Tertulia Flamenca, Manuel Salamanca de la calle del Rosario y la Federación de Peñas Flamencas. Y mi tercer puntal fue mi añorado, Miguel Ángel González, mi vecino de la placeta de San Gil, profesor, traductor, componente de “Manifiesto Canción del Sur” con Juan de Loxa y en aquellos años, crítico de flamenco del Diario Ideal, que le hizo una entrevista a Agustín Castellón Campos, “Sabicas” para la historia.

Los días con el monstruo de la guitarra en Granada fueron inolvidables. Teníamos junto a nosotros al único que había conocido a Ramón Montoya, el guitarrista del primer concurso de cante jondo de 1922, que, además, calcaba como nadie las falsetas que sonaron en aquel mes de junio en la placeta de los Aljibes.

Así que le organicé una comida homenaje en el Restaurante Colombia, frente a la casa de Manuel de Falla, sufragada por Radio 80, en la que su propietario, mi amigo Juanito, se volcó hasta el extremo de que el postre, fue una enorme tarta con forma de guitarra que el maestro de la “sonanta” agradeció ilusionado, mientras servía con galanura las porciones, su metre, Clemente Carrillo, que había tenido como padrinos de boda a mis padres.

En aquel año de 1984, en Granada no ocurrió nada más importante para el mundo flamenco que la visita de Sabicas y, el nacimiento de mi primer hijo, Rafael Carlos, si se me permite la humorada.

VUELVEN A UNIERSE LOS CAMINOS

En aquella década, Enrique Morente hizo que florecieran sus recuerdos y la tradición de nuestro barrio imprescindible, “Sacromonte” obra maestra que rezuma a modernidad y espíritu andalusí por cada pista, relevándola. “Cruz y Luna” donde el cantaor de La Cuesta de San Gregorio, siguió abriendo nuevos caminos y atando lazos eternos entre la poesía y el flamenco. Rescatando versos anónimos, populares y, entrelazándolos con la mística de San Juan de la Cruz o Al-Mutámid, para terminar por despedir y estrenar década, revisitando a su hermano del alma en la casa Museo de Federico García Lorca de Fuente Vaqueros. Ese mismo año, como dice David Pérez, tocaba Masterclass de sentimientos, de cimientos primigenios y, Morente consiguió por fin, compartir surcos con uno de los más grandes maestros de la guitarra, Agustín Castellón Campos “Sabicas”.

Y llegó el disco que Morente venía soñando hacía tiempo. El disco más ansiado de Enrique en, “Morente-Sabicas” editado por Ariola, Enrique vuelve a vaciarse y junto al a la guitarra del pamplonés, nos regala un torrente de sabiduría y pasión flamencas, inalcanzables para todo mortal. En esta encrucijada entre Granada y Nueva York, encontramos 18 palos flamencos, 16 diferentes con tonos cambiados incluidos, rebosantes de purismo y respeto por las raíces más antiguas del género, Una Biblia del cante y toque ortodoxos dividida en dos discos, el primero llamado Nueva York donde vivió “Sabicas” casi toda su vida, tras exiliarse al inicio de la guerra civil española y el segundo, “Granada” la tierra de Enrique. Es un disco de corte clásico en la línea del que grabé con Niño Ricardo – dijo Enrique- cantes antiguos del flamenco. Un álbum doble en ese mismo estilo solo que acompañado por “Sabicas”. Se hizo como hacen cantaor y guitarrista en una fiesta, una grabación viva en estudio, pero buscando la mayor humanización posible sin montajes preconcebidos. Y además, encontramos todos los cantes clásicos en su repertorio más, dos palos de origen americanos una Guajira “La Malanga” y una vidalita, “Vidalita de Marchena” Enrique se vale de letras populares con solera y arraigo profundos en la cultura flamencas, para ponerse a la altura del clasicismo absoluto de “Sabicas”, además moldea su propio cante para adaptarlo al ritmo y tempo de otra época, pausando cantes suyos como las soleares, tangos y alegrías, desnudándolos y haciendo que retomen su forma y palo originarios así, en el primer disco degustamos por tangos esos “Suspiros de Fuego” y cierran con una sobresaliente “Esquilones de Plata” bulería clásica del repertorio de la Niña de los Peines.

UN TESTAMENTO JONDO INSUPERABLE

“Los puristas se indignan cuando hago una entonación nueva -diría Enrique- pero yo soy un clásico y es lo que me gusta para hacer cante jondo y avanzar, me remito a las fuentes, en este disco queda demostrado para desconcierto de la crítica especializada que, solo yo junto con 2 o 3 cantaores, somos los únicos capaces de grabar clásicos antiguos”-.

Enrique fue un niño cantor de la Catedral de Granada, al que le cupo todo el cante en la cabeza, como ya dijo de él, Pepe El de La Matrona en su periplo de aprendizaje madrileño. Innovó, hizo del cante flamenco un arte contemporáneo y actual y, además, lo empastó con las voces búlgaras o con Lagartija Nick, pero a la hora de acercarse a la raíz de lo jondo, nadie como él supo interpretar el cante más rancio y ancestral de los palos del flamenco. Eso es una dualidad que solo tienen los elegidos por los dioses, esos que no han dejado de estudiar en toda su vida, para alcanzar las más altas cotas de la brillantez artística, desde el conocimiento. Enrique es eterno.

 

 

 

sábado, 25 de julio de 2026

 


¡AY… QUE SOFOCO!

 

Tito Ortiz.-

 

Según un reciente estudio de la universidad autónoma del Albayzín, se confirma sin ningún género de dudas que, la madre naturaleza ha decidido acabar con la mayor parte de los pensionistas, a base de olas de calor extremo, con el consiguiente beneficio para las arcas del Estado, para Emucesa -que no da abasto- y demás funerarias de reconocido prestigio.

El asunto es tan grave, que los muertos por las continuas olas de calor suben como la espuma, ante la pasividad de unos países contaminantes que no paran de reunirse para, aprobar acuerdos que disminuyan los gases que nos están matando, pero que, una vez concluida la reunión, cada uno vuelve a su tierra sin que nadie mueva un dedo para solucionarlos y, mucho menos, llevar a cabo los acuerdos a los que se han comprometido.

Mención aparte merecen nuestros continuos incendios, cada vez más intensos y virulentos con pérdidas de vidas humanas, y que, para colmo de males, en buen número están ocasionados por la mano del hombre. Los que queman rastrojo como si estuvieran encendiendo la chimenea de su casa. Los que utilizan la radial o la cosechadora echando chispas con un pasto listo para arder. Y los enajenados-o no- que prenden fuego a los campos para disfrutar viendo cómo se movilizan los bomberos. Para éstos últimos ya no tenemos hospitales psiquiátricos y, para los otros, las penas de prisión se me antojan insuficientes. Quemar los bosques en España sale muy barato.

Ante semejante panorama, resulta insultante la pasividad de las distintas administraciones que, no invierten lo suficiente para llevar a cabo durante el invierno, las tareas de limpieza y desbroce de nuestros montes, con el fin de aminorar la voracidad de nuestros incendios durante el verano. De siempre se ha dicho que, cuando mejor se apagan los fuegos es en invierno.

INCIVISMO

Gran parte de los incendios se producen por nuestro incivismo, el mismo que llega a los núcleos urbanos disfrazado de modernidad y falta de educación porque no hay que olvidar que, todavía hay gente que no utiliza las papeleras, sembrando nuestras aceras de cacas de perro, chicles, colillas y toda clase de bolsa y envases, denotando un comportamiento social, falto de empatía y solidaridad. Hay gente que tira la basura a deshoras, para que se recaliente en los contenedores pestilentes

Y, los hay que, tiran la basura en las papeleras más cercanas a su domicilio, para no tener que llegar al contendor, en un alarde de falta de educación que raya en la grosería y el insulto para con los conciudadanos. Como esos que suben al autobús o el metro con la mochila a la espalda -algo que debería estar prohibido por ley- y te golpean la cara o, la espalda sin pedir disculpas siquiera. ¿Cómo no se les obliga a llevarla en la mano durante el trayecto?

Mención aparte merecen los señores y señoras de los patinetes eléctricos que, han convertido nuestras calles en la ley de la selva, circulando a mayor velocidad que cualquier ciclomotor, en silencio, por dirección prohibida, sorprendiéndote por la espalda, cuando no atropellándote, con un peligro muy superior a las bicicletas por la acera porque, a estos ni se les oye, ni llevan timbre. Por eso he recibido con alivio, el hecho de que la policía municipal esté tomando cartas en el asunto, porque el tema se nos ha ido de las manos, hasta tal punto que, no es ninguna tontería realizarles a estos infractores el tes de alcohol y drogas, a ellos a los ciclistas y a los caballistas en romería. Esta sociedad no puede seguir siendo víctima de tanto desaprensivo que campa a sus anchas, sin pensar que aquí tenemos que convivir todos.

VAYA NOCHECITA

Tal vez se note demasiado en esta crónica que, esta noche no he pegado ojo con el calor y que, al sentarme en el ordenador, se me han venido a la mente varios de los comportamientos que nuestros semejantes llevan a cabo, importándoles un pito que no viven solos, sino que, aquí debemos vivir todos sin sobresaltos y teniendo en cuenta que la libertad de cada uno, termina donde empieza la del vecino.

Recuerdo con nostalgia en la casa de vecinos donde me crie, cuando las tertulias de las noches de verano se daban por concluidas, porque alguno de los no presentes madrugaba para trabajar. Como se bajaba el volumen de la radio durante la hora de la siesta y. sobre todo, como refrescaba por las noches en Granada, por mucho calor que hubiera hecho durante el día. Pues hasta eso estamos perdiendo, padeciendo algo que los meteorólogos llaman modernamente, noche tropical.

Nosotros en noches tórridas de calor, bajábamos del Albayzín a La Alhambra para sentarnos en el bosque del Paseo de los Coches, hasta que la madrugada nos permitía regresar a casa bien refrescados, no sin antes haber pasado por la heladería “La Perla” de Plaza Nueva y degustar la mejor horchata de chufa de los contornos.

Para descansar sacábamos los colchones a los balcones o las terrazas, y si no, al pasillo con la puerta abierta para que hiciera corriente, porque entonces, se podían tener las puertas de par en par sin nada que temer y si “la calor” apretaba, nos íbamos a la Carrera de La Virgen, a tomarnos un espumoso de “El Támesis” con aquel jarabe de zarzaparrilla, precursor de la Coca Cola, con su soda fresquita como la nieve.

Granada jamás debió permitir que aquel legendario establecimiento cerrara sus puertas, ni que el kiosco de la Placeta de los Aljibes dejara de ofrecer a sus clientes, agua, azucarillos y aguardiente, lo mismo que desparecieron los vendedores de los barquillos de canela. Eso es pérdida de identidad, que sucumbe a la globalización y… a las calores, claro.

sábado, 18 de julio de 2026

 

Placeta de La Seda, en la Alcaicería de Granada.

LA SEDA EN GRANADA

 

Tito Ortiz.-

 

Suavidad, Brillo, Ligereza, Transpirabilidad, Higroscopicidad, Regulación térmica, Resistencia, Flexibilidad, e Hipoalergénica. Estas son solo unas pocas cualidades de la seda, un tejido por el que Granada, en un momento del pasado fue famosa en todo el mundo.

Nuestra historia nos trae hasta aquí, al lugar donde se desarrollaba el gran negocio de la reputada seda de Granada. Su calidad traspasó fronteras, y no había lugar en todo el Mediterráneo, desde Oriente hasta Occidente, donde ésta no fuera el material más codiciado en los ambientes de lujo.

La industria de la seda estuvo fuertemente arraigada en al-Andalus y fue posible gracias al conocimiento de los andalusíes en materia agrícola. Además del cultivo de la morera, las tinturas –aunque algunas eran de origen animal- se obtenían tanto de plantas silvestres como cultivadas. Entre las más utilizadas está la planta pastel (Isatis tinctoria), también conocida como “aspid de Jerusalén” que crecía en todo el entorno mediterráneo, y de la que se obtenía un colorante azul. El rojo de la raíz de la planta rubia roja, (Rubia tinctorum) que viajó hasta las tierras de cultivo de al-Andalus procedente de Oriente. Para el amarillo era la gualda, en su versión silvestre o cultivada, la planta que se usaba.

Aunque fue en época Omeya cuando se implantaron los más importantes centros de producción en Córdoba y Almería, más adelante, en época nazarí, la seda de Granada gana en calidad hasta no tener parangón, como atestiguan fuentes árabes clásicas como Ibn al Jatib (siglo XIV) o el viajero alemán Jerónimo Münzer que viajó a Granada en el siglo XVI, según nos cuenta Ana Carreño Leyva del Legado Andalusí.

EL MEDITERRÁNEO ERA NUESTRO

Uno de los principales mercados que encontraba la seda granadina era el italiano: los mercaderes, mayoritariamente genoveses, la adquirían al considerarla de altísima calidad. Tanto es así que, ellos dieron nombre a una de las alhóndigas de la Granada nazarí: la “alhóndiga de los genoveses”. En el resto de las alcaicerías del reino (como las de Almería o Málaga) también se compraban para venderse luego en los puertos europeos del Mediterráneo, en Flandes o Inglaterra.

La calidad de la seda de Granada se debía en primer lugar al alimento que nutría a los gusanos; las moreras que se cultivaban en la zona montañosa de la Alpujarra tenían gran calidad, debido a la idoneidad del clima y a su posición geográfica. Esta región, situada al sur de Granada, era en época nazarí un extensivo bosque que producía dos variedades de morera: la blanca y la negra. Con la morera blanca se obtenía una seda de alta calidad, mientras que de la morera negra resultaba una calidad muy inferior. Así pues, se decidió suprimir la producción de la morera negra para producir solo la de una calidad óptima y eliminar así toda la competencia posible que pudiese darse en otras zonas en al-Andalus (sobre todo en Levante). De igual modo existía en Granada una ordenanza que prohibía el uso de la maraña resultante del hilado para la elaboración de tejidos nobles. El renombre de la seda de Granada lo era con justicia.

La prosperidad que llega a Granada gracias a la producción y manufactura de la seda fue posible al producirse el nacimiento de una nueva sociedad artesanal, tanto rural como urbana, constituida en gremios dedicados a las distintas labores relacionadas con la actividad. Más adelante, a principios del siglo XVI se crea La Casa del Arte de la Seda donde se certificaba su calidad, pues a finales de este siglo era tanta la demanda que, la seda constituía una de las principales fuentes económicas del Reino de Granada, de la que vivía gran parte de la población. La ciudad albergaba el barrio de la seda que alojaba a los trabajadores del sector en todo el sistema productivo. Todavía existen muchas calles en Granada que conservan como nombre las distintas actividades que conllevaba la manufactura de la seda: Tintoreros, Azacayas, Blanqueo, Damasqueros, Calderería, Hileras, Plegadero Alto, Tinte, Toqueros, o Cuesta de Marañas, entre otras.

SUS DERIVADOS

Con la seda se elaboraban tipos distintos de tejidos como terciopelos, tafetanes, damascos, brocados, y sobre todos rasos, de tal calidad que llegaron a superar a los que se fabricaban en Oriente. Pero también se utilizaba para elaboración de tejidos con los que se confeccionaban prendas de uso más corriente, como pañuelos, fajines o gorros.

La industria de la seda evolucionó de tal manera que su comercio propició no sólo una gran fuente de recursos económicos, sino que gracias a su comercio se estableció una red de fructíferas relaciones políticas y culturales entre el mundo árabe y Europa. La elaboración de tejidos suntuosos, epítome del lujo en las cortes medievales, generó una gran especialización en el sector. Los artesanos elaboraban tejidos nobles únicos de gran belleza, con un intrincado diseño, en el que se empleaba una gran variedad de colores y matices, con un exquisito bordado que intercalaba hilos de oro y plata, que eran los favoritos en esta nueva industria del lujo.

A partir del siglo XVII la industria de la seda decae en Granada por varias razones, una de las cuales es la expulsión de los moriscos. No obstante, hasta muy entrado el siglo XVIII había aún producción suficiente para enviar este tejido a las Américas. De lo que se deduce que, en una producción tan especializada como la seda, y en una época en la que era demandada como si se tratara de piedras preciosas o nobles metales, Granada estuvo más que acreditada en un mercado, no solo europeo, sino americano. Con el paso del tiempo hemos perdido la actividad y, ya ni los niños, crían gusanos de seda en una caja de zapatos, ni salen a deshojar moreras.

Vamos dejando demasiadas cosas por el camino.

 

 

 

 

 

domingo, 12 de julio de 2026

 


JUAN PEDRO MESA DE LEÓN

 

Tito Ortiz

 

Para este periodista y cronista Oficial de Granada, no hay más satisfacción que hablar de aquellos que lo precedieron en el noble oficio de escribir sobre su tierra y sus personajes ilustres como es el caso. Quiero hoy recordar al pinero, Juan Pedro Mesa de León, nacido en 1859 que tuvo una brillante carrera como periodista. Una vocación muy temprana ya que, con tan solo once años, Se traslada al Colegio Mayor San Bartolomé y Santiago para estudiar el bachiller, comenzando allí su vocación por esta profesión. Sabemos por un documentado artículo de Elías Pelayo, publicado bajo el título de “Apuntes sobre el periodismo en Granada” en el Boletín del Centro Artístico correspondiente al 1 de marzo de 1888, - según mí compañero Gil Cravioto- que Juan Pedro Mesa de León fue director de la primera de estas revistas, “El trueno”, aparecida en 1880. Nuestro protagonista sólo contaba 21 años. También fue colaborador, lo mismo que Ventalló de “El Albaicín” periódico semanal, literario y festivo", según rezaba en su cabecera y de “La Pulga”, en la época de Aceituno Ayuso. Cabe preguntarse: ¿Y antes? ¿Hizo nuestro hombre sus primeras armas en otra u otras revistillas aún más efímeras y cargadas de sal y pimienta que las enumeradas? Es casi seguro que sí, -nadie comienza de director de una publicación, por insignificante que sea-, pero, dado el carácter satírico de las mismas, en las que convenía guardar el anonimato para conservar íntegros todos los huesos del cuerpo, es muy difícil saberlo: la mayor parte de las colaboraciones iban sin firma o firmadas bajo seudónimo; por otra parte, muchas de estas revistas ni siquiera han llegado a nosotros.

LA INDEPENDENCIA

Lo único que sí podemos afirmar es que en 1880 ya es director de “El trueno”, en el 81, colabora en La Tribuna de la que es redactor jefe Ventalló, y en el 82 dirige un periódico, “La Independencia”. En esa misma fecha su cuñado, José Ventalló y Vintró es director de otro, “La opinión”. Pero ¿y antes? Primera alusión a las ideas políticas de nuestro protagonista que, algún tiempo después, veremos concretizarse en su adhesión al partido republicano progresista de Ruíz Zorrilla. “La Independencia”, periódico político: Así rezaba en la cabecera del periódico el día de su nacimiento en 1882. Constaba de cuatro páginas y su precio, mediante suscripción, era de una peseta al mes, cuatro al trimestre y diez al año. También, a partir de este primer número, el lector queda informado de la periodicidad de “La Independencia” -se publica todos los días, salvo los que sigan a un día festivo-, así como de la finalidad que persigue tal publicación: La Independencia -se nos dice en su primera página- defenderá con todas sus fuerzas los intereses de los que con una abnegación, nunca bastante elogiada, se consagran al noble sacerdocio de la enseñanza; porque considera que la civilización de un pueblo consiste en su mayor grado de instrucción y educación; que si un pueblo florece, si prospera su agricultura, si aumenta su comercio y su industria, si las ciencias progresan, si las costumbres se suavizan, débase a la saludable corriente de la fructífera enseñanza. Aunque expuesto con un estilo ampuloso, muy de la época, no podemos negarle al periódico su indiscutible razón.

Que la instrucción y la educación son los mejores antídotos contra el atraso y la miseria de los pueblos, era algo que ya se venía repitiendo desde los ilustrados del XVIII y que todavía no ha perdido vigencia. También era un anhelo que, en aquellos años inmediatos a la Restauración, había adquirido un énfasis especial. Recordemos que fue algo antes de esas fechas cuando Jules Ferry acometió en Francia la gran reforma de la escuela pública -"una enseñanza obligatoria, gratuita y laica"- y que también fue por entonces cuando nació en España la Institución Libre de Enseñanza, fundada por Francisco Giner de los Ríos en 1876, que tantos y tan buenos frutos daría a lo largo del siglo XX hasta su desaparición a raíz de nuestra desdichada Guerra Civil.

DON BENIGNO

Fiel a este deseo de defensa de Granada y su provincia, “La Independencia”, a pesar del poco papel de que disponía, -tan sólo cuatro páginas por número- dedicó diversos y acertados reportajes a promover las bellezas naturales y artísticas de la ciudad. Entre ellos hay que destacar un extenso reportaje de José Ventalló -dividido en tres capítulos-, sobre la Sierra, Impresiones de un viaje a Sierra Nevada, o el de Emilio Millán Férriz sobre las Bellas Artes en Granada.

Era aquella una Granada ilustrada, con afán de superación en cuanto a la educación, el fomento de la cultura y las bellas artes. Algo que el pinero, Juan Pedro Mesa de León, llevó a cabo hasta su muerte en 1937. Un reconocimiento que aún le debe esta provincia por la que tanto trabajó y luchó, a pesar de víctima en numerosas ocasiones de amenazas, palizas y encarcelamiento, por defender la libertad de expresión y de información.

Y fue su tierra de nacimiento, Pinos Puente la que ya apostó en el siglo XIX por la enseñanza libre y gratuita, llegando hasta nuestros días el legado docente de un insigne maestro, don Benigno, cuyos hijos y alumnos perpetúan su memoria cada año -y van cuarenta y nueve-  con un certamen, el literario “Castillejo- Benigno Vaquero” en el que se premia la autoría de relatos y poesía, fundamentalmente incentivando a los colegios e institutos de la región, con tal éxito de convocatoria que, solo este año se han recibido quinientos trabajos que, un muy acreditado jurado, ha tenido que elegir lo más sobresaliente, durante varias jornadas. La entrega de los galardones fue, en un acto de gran acogida que presidieron los hijos de don Benigno y el alcalde de Pinos Puente. Siendo de destacar, la implicación de maestros y profesores de primera y segunda enseñanza que, motivando a su alumnado, consiguen de esta convocatoria pinera -que el próximo año cumplirá cincuenta de éxitos- un certamen literario ya más que acreditado al que pueden presentarse nietos y abuelos en igualdad ante la creación literaria. Enhorabuena a Pinos Puente.

 

 

sábado, 4 de julio de 2026

 


¡MI REINO POR UN LIBRO!

 

Tito Ortiz.-

 

En estos tiempos de pantallas digitales, de portátiles, playestation, y celulares – que diría un hispanoamericano- es muy de agradecer que alguien te regale un libro. Creo que, en la actualidad, el mayor acto de valentía que se puede tener con un amigo es obsequiarle con un libro y, no es necesario que sea por San Jorge.

El libro en sí constituye una herramienta de formación y libertad que, al día de hoy, no ha sido superada desde que Juan de Gutenberg, criatura que tallaba piedras preciosas y trabajaba los metales preciosos, le dio por inventar la imprenta allá por 1550. Un invento bendecido pues no hay que olvidar que, el primer libro que se imprime en la historia de la humanidad fue precisamente La Biblia.

Un libro abre la mente, la predispone a la escucha -incluso- de ideas contrarias a ti, pero que te enriquecen como ser humano porque, el conocimiento del otro lado te dará más herramientas para combatirlo. Te da la oportunidad de avanzar en tú formación humana y científica, abriéndote las puertas de la cultura que, sin duda, te harán mejor persona, dialogante, tolerante y empatizarte, que en estos tiempos que corren son actitudes y aptitudes más que necesarias.

Cuando viajo en el metro y observo a alguien que, en lugar de ir con los ojos en la pantalla del móvil, los dirige a las páginas de un libro, me congratulo y vuelvo a tener esperanzas en el ser humano. Tengo que reprimir la tentación de acercarme y darle un abrazo, vayamos a que se crea que soy un sátiro, y la verdad es que, solo soy un amante de los libros y nuestra formación continuada.

¿DE DÓNDE VENIMOS?

Los niños de los cincuenta y sesenta del siglo pasado, no lo tuvimos fácil para acceder a los libros en general, y en particular, tuvimos que soportar la censura. Recuerdo que solo a través de amigos, pude hacerme en mi adolescencia con un ejemplar de “El Capital” de Karl Marx, que ya había pasado por decenas de lectores, tal vez solo por el hecho de estar prohibido en España. Y no digamos como tuve que camuflar en mí equipaje, el primer libro de Ian Gibson sobre la muerte de nuestro Federico, que tuve que comprar en Francia. Pasarlo por la aduana del Puente de Santiago en San Sebastián, me costó una enfermedad, pero lo traje a Granada para compartirlo con los amigos. Y es que a mí generación, se nos pusieron muchas trabas para acceder a determinadas lecturas que, eran precisamente, las que nos permitían enriquecer nuestros conocimientos, y ver mucho más allá de lo que se veía entonces.

En cambio, tuvimos todos los permisos del mundo para, con dos reales, alquilar un tebeo que tenias que leer sentado en un banco en el lugar de turno, como, por ejemplo, en el local que Manolo tenía en la Calderería. O leerlos de pie, como pasaba un poco más arriba en el kiosco de Antonio, “El Jorobado” en la placeta del Corpus Cristi. Allí fue donde descubrí a, Roberto Alcázar y Pedrín, El Pequeño Pantera Negra, El Capitán Trueno, El Jabato, El TBO o El Tío Vivo. Después me aficioné a las novelas de Marcial La Fuente Estefanía y las del FBI. Para cuando mí economía me permitió comprarlos, yo ya vestía pantalón largo.

A DÓNDE VAMOS

Pese a que algunas estadísticas insisten en que los españoles seguimos siendo de los que menos leen en Europa, vivimos una plena efervescencia editorial como lo demuestran el éxito de las numerosas ferias del libro que se celebran en el suelo patrio. Pero que los árboles no nos impidan ver el bosque, hay que sospechar de los falsos profetas. Hay que dudar de aquellos menesterosos que publican uno o más libros cada año. De los que estrujan un hilo argumental y van por los catorce libros de la misma trama. De aquellos que – como dice Quico Chirino- han publicado más libros de los que han leído, que eso ya tiene perejiles y, de los que, habiendo publicado sus trabajos en prensa, para que no se te olviden, los recopilan en un libro poniéndolos de nuevo en el mercado.

Sabiendo expurgar todo lo anterior, vivimos en estos momentos una auténtica resurrección del libro como animal de compañía. Ese que está en la mesita de noche. Aquel otro que te aguarda en la estantería de una biblioteca pública, como la del paseo del Salón Mari Luz Escribano, que de forma gratuita podrás devorar con el fondo musical de los pajarillos en sus jardines.

Con un libro abrirás tu mente a la fantasía, a la historia, a la investigación científica, al teatro, la poesía y la cultura. El libro es la llave para abrir todas las puertas del saber, lo tienes a la mano y gratis, no dejes pasar la oportunidad de ser más sabio, de instruirte en cualquier rama, de profundizar en los conocimientos que te atraigan, que te diviertan, pues no hay que olvidar que, leer debe ser siempre un placer para la mente y el espíritu. Socializa con el librero, pasea entre los estantes, pregúntale, que te aclare dudas, que te oriente a cerca de tus gustos, después, todo estará en tus manos, correrá de tu cuenta. Yo aconsejo lo primero poner el móvil en silencio, buscar un banco a la sombra de nuestro jardín preferido, y si estás en casa, ve a tú sillón, ese que ya tiene el molde de tu espalda, que, por la ventana entre la luz justa para ejercitar la visión sin esfuerzo, abre sus páginas que huelen a libro, ese perfume que aún no han sido capaces de envasar en un frasco y no hagas caso al timbre la puerta porque en estos tiempos, ya no te visita el comercial del Círculo de Lectores. A disfrutar.

sábado, 27 de junio de 2026

 

Gómez Martínez dirigiendo la banda municipal de Granada en 1957.

EL TEMPLETE QUE LO VIO CRECER

 

Tito Ortiz.-

 

En la residencia de ancianos, “Sagrada Familia” de La Zubia hay una venerable anciana que, me habla emocionada con lágrimas en los ojos de su sobrino, Miguel Ángel Gómez Martínez. Ella es hermana de su padre y de su tío, dos músicos de los que dio Granada en una época de penurias, pero el orgullo que ella siente de ser la tía de un genio, no se lo quita nadie. Y es que, a los cinco años, su sobrino, ya fue capaz de rendir un examen en el Real Conservatorio Superior de Música "Victoria Eugenia" de Granada y a los siete, en 1957, se subió al podio y no sólo dirigió con pulso firme a los profesores de la banda municipal de Granada, sino que incluso corrigió varios errores que el transcriptor había deslizado en la partitura.

Gómez Martínez a los trece años obtuvo el título de profesor de piano en el Conservatorio de Granada y a los diecisiete ganó el premio extraordinario de composición del Conservatorio de Madrid. En 1964 se trasladó a Madrid y obtuvo el Diploma de Primera Clase y Premio del Conservatorio en el curso final. Fue cuando a través de la beca March, continuó sus estudios de dirección de orquesta y coro en Viena, bajo las órdenes del profesor Hans Swarowsky. Se tituló a los veintiún años, obteniendo el premio del Ministerio de Investigación y Ciencias de Austria.

DIRIGÍA DE MEMORIA

Su debut como director está datado en Sankt Pölten, cerca de Viena, en 1973, y a continuación actuó en Lucerna y Berlín, donde dirigió Fidelio, de Beethoven. En España se presentó por primera vez en 1975, en el Festival de Música y Danza de Granada. A partir de ahí comenzó una carrera que lo llevó a ser director titular y artístico de numerosas orquestas internacionales: director titular de la Opera de Viena (1976-1982), de la que fue distinguido posteriormente como director invitado permanente; director titular de la orquesta de Radio Televisión Española (RTVE) (1984-1987), en la cual sucedió a Enrique García Asensio y Odón Alonso. En 1987 anunció su intención de no renovar su contrato al no cumplirse una serie de mejoras para los músicos, como mayor retribución y mejor imagen; director musical del Teatro de la Zarzuela (1985-1991), director titular de la Orquesta de Euskadi (1989-1993), Director general de Música de la ciudad de Mannheim (1990-1993), director artístico y musical de la New Finnish Opera Helsinki (1993-1996), director de la Orquesta Sinfónica de Hamburgo (1992-2000), orquesta que lo nombró posteriormente Director Honorario; director titular de la Orquesta de Valencia (1997-2004), orquesta de la que fue director invitado y que tiene su sede en el Palacio de la Música de Valencia; Director general de Música del Teatro de Berna (2000-2004), director del Teatro Nacional de Mannheim (2004-2005) y desde 2004 fue director musical de la Orquesta del Festival de Pascua de Bayreuth. Desde septiembre de 2016 hasta 2019 fue de nuevo director titular de la Orquesta Sinfónica de RTVE.

TAMBIÉN COMPOSITOR

Entre sus obras destacan Suite Burlesca (1972), Sinfonía del descubrimiento (1992), con motivo del Quinto Centenario del descubrimiento de América, Cinco Canciones sobre poemas de Alonso Gamo (1996) para soprano y orquesta, Sinfonía del agua (2007), por encargo de EMASAGRA, Amaneciendo (Passacaglia) (2010), obra para piano,  Atallah (2010), su única ópera, Cartas de un enamorado (2012), obra para barítono y orquesta dedicada a su mujer, Alessandra, Concierto para piano y orquesta, Concierto para violín y orquesta, así como varias obras para piano solo, todas compuestas entre 2012 y 2013.

Por eso su ciudad, siempre atenta a su trayectoria, ya le concedió en su día los máximos galardones para un hijo de esta tierra. Y por eso, desde hace días, el Templete de la Música del Paseo del Salón de Granada lleva el nombre del director de orquesta Miguel Ángel Gómez-Martínez. La nueva denominación se ha hecho realidad en un acto presidido por la alcaldesa de Granada, Marifrán Carazo, y que contó con familiares, músicos y representantes institucionales. Destacaron en el acto, su viuda, la soprano Ainoa Arteta, y el director de Orquesta -tan ligado a nuestro festival- Enrique García Asensio, que fue invitado por Ángel López Carreño a que dirigiera el pasodoble con el que se iniciaba el concierto, con las mismas obras que Miguel Ángel dirigió con siete años, y que se cerró con un vals del propio Gómez Martínez.

Miguel Ángel Gómez-Martínez nació en Granada en 1949, en el seno de una familia con profunda vocación musical: su padre fue profesor de la Banda Municipal y su madre pianista. Desde esas raíces granadinas construyó una trayectoria brillante que le llevó a dirigir algunas de las mejores orquestas del mundo en Europa, América y Asia, convirtiéndose en uno de los directores españoles más reconocidos e internacionales de su generación. La ciudad de Granada le otorgó su Medalla de Oro en reconocimiento a sus méritos artísticos y al prestigio que proyectó sobre el nombre de Granada en los escenarios más importantes del mundo.

La alcaldesa de Granada, Marifrán Carazo, señaló que "hay homenajes que reconocen una trayectoria, y hay homenajes que además cierran un círculo. Este Templete de la Música es uno de esos lugares que forman parte de la memoria sentimental de Granada, y cuesta imaginar un lugar más adecuado para llevar el nombre de Miguel Ángel Gómez-Martínez. Aquí resuenan muchas de las cosas que definieron su vida: la música, la ciudad, la vocación y el encuentro entre generaciones".

Carazo subrayó que "cuando una niña o un niño pase por este templete y lea el nombre de Miguel Ángel Gómez-Martínez, queremos que sepa que Granada fue capaz de dar al mundo uno de los grandes maestros de la dirección orquestal, y que esta ciudad no olvida a quienes han llevado su nombre con orgullo por todo el mundo. Las ciudades tienen la obligación de reconocer a quienes las engrandecen, y hoy cumplimos con esa obligación".

Una vez más, el ayuntamiento ha hecho justicia con Miguel Ángel Gómez Martínez, una gloria de Granada.

sábado, 20 de junio de 2026

 

Juan Ortiz y Alfredo Curiel.

ALFREDO CURIEL

 

Tito Ortiz.-

 

Decía Carlos Cano que: … Había coches de caballos, era por mayo… Y así fue como conocí a Alfredo Curiel Aróstegui, con los coches de caballos rodeando la Fuente de Las Batallas, mientras dirigíamos nuestros pasos al Centro Artístico, Literario y Científico donde ambos ensayábamos teatro, en la recién estrenada década de los años setenta del siglo pasado.

Alfredo pertenecía al Grupo de Teatro Popular que dirigía Manuel de Pinedo, en el que también estaban, Jesús Quero y la hermana y cuñado de Pinedo, junto con otros estupendos actores y actrices, poniendo en pie, “Llama un Inspector” de John Boynton Priestley. Yo había fundado el Grupo de Juventudes Musicales en Granada y estaba montando, “Los Árboles Mueren de Pie” de Alejandro Casona. En aquellos años las infraestructuras teatrales en Granada eran escasas, así que, a cambio de hacernos socios del Centro Artístico, nos permitían usar su teatro del bajo con salida a Campillo Bajo y, como buenos hermanos en el arte de Talía, nos repartíamos las horas de la tarde mitad por mitad, para ensayar, lo que nos llevó a la convivencia fraternal y, a compartir más de un café en el mismo lugar.

Con Alfredo tuve una sintonía desde el principio, hasta el punto de compartir otras aficiones fuera del teatro como, el flamenco y los toros. Después de salir del coso tras la corrida, se nos podía ver con frecuencia en la taberna del señor Molina, en la Carrera del Darro, casi pegando a la casa de las Chirimías, donde nos servía una manzanilla de Sanlúcar fresquita, en unos tazones de barro con unas alcaparras, mientras, tras la barra, junto a la mesa de camilla a lo mejor estaba, Jaime Heredia “El Parrón” torciéndose por seguiriyas. Y en caso de que no estuviera, en el viejo tocadiscos sonaba don Antonio Chacón, o la Niña de Los Peines. También frecuentábamos “El Faquilla” en el Campo de Príncipe o el kiosco de Curro “El Guardia” en el Zaidín por donde aparecía Miguel Burgos Única, “El Cele” o el mismísimo, Curro Andrés.

LOS CURIEL

Otro punto especial de nuestra amistad me permitió conocer a su familia. En la calle Duquesa observé la educación victoriana de don Salvador, padre de la saga y la de su esposa, mujer encantadora que siempre me trató como si fuera uno más de la familia. Conocí la simpatía y lo campechano del hijo mayor, Salvador, el gracejo de Esperanza, la menor y los grandes conocimientos técnicos de Jesús que, por entonces, ya era un reputado técnico de sonido y radio aficionado, en continuo contacto con Rafalito Mesones, otro genio de los cables y transistores.

En la calle Chueca, aprendí mucho de motos deportivas con Carlos y de dibujo y pintura con Luís, al que enseñé en unas horas a tocar la corneta y, fui su copiloto en más de un vuelo con su avioneta, durante sus muchas visitas a José Rodríguez de La Borbolla, demandándole más infraestructuras para Granada, siendo Luís Presidente de La Cámara de Comercio de Granada, teniendo como cómplice extraordinario a Gerardo Cuerva Vallet, Presidente de la Confederación Granadina de Empresarios, todo un señor en todos los sentidos, al que también se le echa de menos, porque hoy en día, parece que vale más una foto, que una buena y callada gestión por la provincia.

Así que mi amistad con Alfredo Curiel que, sin levantar la voz se nos ha ido por mayo, como dijo Carlos Cano, se fortaleció de tal manera que, cuando tuve que irme por razones profesionales de la patria, lo dejé al frente del Grupo de Teatro de Juventudes Musicales, que no solo siguió en buena lid, sino que, alcanzó grandes éxitos muy superiores a los míos, llegando a estrenar diversas obras de José María Garrido Lopera en el Teatro Isabel La Católica. Y ahí fue donde contó con la colaboración y complicidad del fotógrafo de Ideal, Juan Ortiz y sus dotes interpretativas, plasmadas incluso en el celuloide.

DIÓGENES

Pero Alfredo no fue solo un gran actor y director de teatro granadino, su gran conocimiento de la literatura y la poesía, le llevaron como agitador cultural a proyectar nuevos y viejos valores como hizo con el grupo Diógenes, que en aquellos años tuvo una actividad más que interesante, mientras él, canalizaba toda aquella creación emergente, que tanto dinamizó el panorama local.

Para la primera puesta en escena, escogieron el pub de Juan Prietos, frente al bar de su padre en la calle Alhamar, que ya venía sufragando la exposición – sin ánimo de lucro por su parte – de pintura, dibujos, fotografía, y otras artes como la magia, que hasta allí llevó el gran Aparicio, hombre capaz de combinar sus trucos de mano con los poemas más hermosos. Aquel febrero de 1978, como forma original de exhibir los poemas, frente a la lectura habitual de otros actos, los escritos se enmarcaron, y como si de una pintura se tratara, se fueron colgando por las paredes del local, con gran éxito y repercusión mediática. “Diógenes”, lo formaban entonces, Antonio Auñón, que también pintaba, Germán Ramírez, Julia, Zangróniz, Jesús Ramos, alma máter del proyecto, Concepción Sánchez y Águeda Rodríguez.

Al año siguiente durante la presentación de Diógenes en La Madraza, Alfredo José María Curiel Aróstegui y de La Plata, tomó la palabra: “Diógenes, laboratorio poético” argumentando que los protagonistas, eran un punto de unión entre un pasado necesariamente triste y oscuro, a un presente y futuro que debía manifestarse con la amplitud y validez que el tiempo exigía. “Diógenes” trabajaba en dos vertientes. Una puramente crítica en base a una formación poética sobre autores consagrados, y otra, sedimentada en el trabajo puramente imaginativo y libre de cada uno de los componentes. Pretendiendo con ello, la auto proyección literaria del grupo, y en enlace directo, la posible difusión y conocimiento de una poesía popular, no populachera.

Alfredo, eres irreemplazable.