Colegio Mayor San Bartolomé y Santiago, obra de Manuel Ruiz.
FORMAR HOMBRES BUENOS PARA
LA IGLESIA Y ÚTILES A LA COSA PÚBLICA
Tito Ortiz.-
Durante muchos años, cuando en
Granada se hablaba del colegio mayor, todo el mundo sabía que nos referíamos al
Colegio Mayor San Bartolomé y Santiago, dada su antigüedad e importancia en la
historia universitaria de la ciudad de La Alhambra.
“El Bartolo”, como se le
denominaba chuscamente por los más cercanos, era el centro docente más
prestigioso y prestigiado, dada la educación y disciplina que emanaba
intramuros, pero sobre todo, por la solvencia de los personajes que lo
habitaron, tanto como alumnos insignes, como profesores y educadores, que nada
más nacer, hicieron de esta institución académica, una de las más renombradas
del suelo patrio, pues de todas partes llegaron hasta ella, ilustres e
ilustrados cuya trayectoria trascendió siempre a las cotas más altas de la
España cinco veces centenaria.
Todo parece indicar que el
comienzo de esta real institución comenzó cuando un abogado de la Real
Chancillería de Granada, Diego de Ribera, dejó establecido en su testamento (en
1611) que con parte de sus bienes se fundara un Colegio en la Universidad de
Salamanca que, por determinados avatares y generosidad de quienes habrían de
ser sus rectores, se estableció finalmente en Granada, en una casa del propio
Don Diego situada en la calle de San Jerónimo, muy próxima a la Universidad. En
1649 abría sus puertas el Colegio de Santiago.
A esto habría que añadir que,
un comerciante genovés, Bartolomé (Lomelín) Veneroso murió en 1609 y dejó
igualmente establecido en su testamento que sus bienes irían -de acabarse su
descendencia- a un Colegio de estudiantes. Así, tras diversos avatares, a
principios del s. XVIII se crea el Colegio de San Bartolomé.
LA UNIÓN HACE LA FUERZA
Por diversas causas se decidió
unir el Colegio de Santiago y el de San Bartolomé. Tuvo lugar la fusión en
1702. En acto solemne, los Colegiales del Santiago aceptaron por escrito como
cofundador a Don Bartolomé Venenoso. Había nacido un Colegio «copulativo e
indiviso» compuesto por el antiguo de Santiago y el nuevo de San Bartolomé
(siendo cofundadores Veneroso y Ribera): el Collegium sanctorum Apostolorum
Bartolomei et lacobi majoris. El lema fundacional era: formar hombres buenos
para la Iglesia y útiles a la cosa pública. Su escudo los emblemas de los dos
colegios; el de San Bartolome cuchillo -instrumento del martirio de San
Bartolomé-, y la flor de lis de los Veneroso. Del de Santiago la cruz de
Santiago y barras verdes sobre un campo dorado, de los Rivera. Desde entonces,
en el palacio de San Jerónimo, en cuya fachada se encuentran las estatuas de
los dos Santos, en una hornacina, tiene su sede el Colegio. El peculiar
claustro sostenido por columnas de mármol es la entrada principal. El palacio
de los Veneroso, el Colegio Mayor, es hogar de decenas de estudiantes, llegados
de todos los rincones de España (y del mundo) para convertirse en estudiantes
de esta muy prestigiosa Universidad de Granada.
COLEGIALES ILUSTRES
En el curso 1649/50 entraron
al Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago los primeros colegiales de su
historia, siendo el primero de ellos Don Juan de Leyva, que llegó a ser
Capellán Real de Granada y Obispo de Almería, cuyo retrato se conserva en el Colegio.
En la historia han sido miles los Colegiales que han pasado por el Colegio
Mayor. Entre los colegiales se pueden citar a cardenales: Belluga y Orbe; a
poetas: Federico García Lorca, Bernardo López o Manuel Seijas Lozano;
políticos: el Conde de Ofalia, Ríos Rosas o Don Natalio Rivas; filósofos: Orti
y Lara; o a personajes como el Marqués de Salamanca, entre tantos otros.
En la actualidad es mi
admirado, José Luís Pérez-Serrabona quién rige los destinos de esta institución
académica granatensis, en la que se mantiene un contacto íntimo y personal con
la ciudad, su historia y sus costumbres, pues lejos de conformar en ella una
burbuja que pudiera aislarla de la sociedad granadina, las diversas actividades
colegiales tienen siempre como norte, el conocimiento y divulgación de todas
las bellas artes, a las que se unen actividades que pueden ir, desde la
religiosidad popular, la tauromaquia, festividades como el Día de La Cruz, el
Corpus o La Patrona de la ciudad, nuestra historia y patrimonio. Eventos que no
hacen más que incrustar en la vida social de Granada, el hecho cotidiano de
estudiar y vivir en ella, al amparo de una institución sin la que es imposible
hablar de la historia universitaria de nuestra ciudad.
LA HISTORIA SIGUE
Sobre la historia del Real
Colegio, el de mayor antigüedad de los que continúan abiertos desde su
fundación han escrito destacados autores. Martínez Lumbreras, en los años 20;
María José Osorio Pérez (tras su tesis doctoral que permitió la ordenación del
Archivo); la de Calero Palacios, sobre las primeras Constituciones; y otros
estudios: Torres Campos, Oriol Catena, Gaszulta López, Díaz Trechuel. Y en la
actualidad también se realizan trabajos sobre la historia del Colegio Mayor San
Bartolomé y Santiago, que sigue siendo uno de los nuestros.
Cada año se festeja la entrada
del primer Colegial el 20 de noviembre de 1649. Numerosos actos, visitas,
actividades, viajes… sirven como recuerdo y homenaje a la historia, pretexto
para llevar a cabo una completa actividad cultural, formativa y humana de los
Colegiales. Pese a ser importante la relación de Colegiales que por el Colegio
han pasado, y la admiración del patrimonio (biblioteca, capilla, salas…), la
impresión del edificio (que, poco a poco se adapta a las necesidades), o el
prontuario de Colegiales de Honor, que sobrecoge. Lo más importante no es su
historia, sino su presente y su futuro; los Colegiales que están residiendo en
él este curso y los que lo harán en los próximos. Larga vida al Bartolo.

.jpg)



