sábado, 7 de noviembre de 2026

 

Charo y Miguel capistas granadinos. Juan Ortiz

UNA BUENA CAPA, TODO LO TAPA

 

Tito Ortiz.-

 

Dicen los que de esto saben que, las tribus celtíberas ya empleaban capa en su indumentaria, denominada “sago”. El uso de la capa fue prohibido por uno de los ministros de Carlos III provocando el inicio del Motín de Esquilache. Uno de los motivos fue precisamente la intervención en la forma de vestir de los madrileños, pretendiendo quitar el uso de capas como veremos a continuación.

Algunas de las zonas productoras de lana como Béjar (Salamanca) fueron las que realizaron las primeras capas del siglo XIX. Es por esta razón por la que uno de sus precursores iniciales fue el Duque de Béjar. En el siglo XIX logra ascender a los ambientes más selectos y llega a ser imagen de elegancia y estilo. Su uso se hace muy popular, pero a comienzos del siglo XX comienza el declive de su uso.

El periodista Antonio Velasco Zazo funda en Madrid la Asociación de la Capa (denominada «La Capa») en el año 1928 dedicada íntegramente a la difusión de la capa española como parte de la indumentaria popular madrileña. Se vestía con frecuencia la «castiza capa castellana», sin dejar por ello de llevar chistera, costumbre habitual entre intelectuales. Aunque la asociación surgió en Madrid, por ser algo también típico en la historia de toda España, existen también sedes de esta asociación en muchas ciudades del país, como, por ejemplo, Granada.

A PUNTO DE DESAPARECER

Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, ministro de absoluta confianza del rey Carlos III, al que venía sirviendo desde su anterior reinado en Nápoles (1759), se había propuesto un programa de modernización de la villa de Madrid, cuya suciedad, insalubridad e inseguridad eran consideradas indignas de una Corte ilustrada,  que incluía la limpieza, pavimentación y alumbrado público de las calles, la construcción de fosas sépticas (lo habitual hasta entonces era el agua va —es decir, arrojar las aguas sucias desde las ventanas a los arroyos que corrían por medio de las calles) y la creación de paseos y jardines. Entre tales medidas se incluyó la renovación de una prohibición ya existente, pero cuya repetición era muestra de su incumplimiento (Reales Órdenes y bandos publicados en los años 1716, 1719, 1723, 1729, 1737, 1740... y especialmente la Real Orden... que se renovó en el año de 1745). Pretendía erradicar definitivamente el uso de la capa larga y el chambergo (sombrero de ala ancha, gacho, redondo, montera calada y otros modelos especificados) bajo el argumento de que el embozo permitía el anonimato y, en cuanto a la capa, la facilidad de esconder armas, sobre todo espadas largas, lo que fomentaba toda clase de delitos, violaciones y desórdenes.

LA CAPA EN GRANADA

Recuerdo con mucha ilusión, aquellos primeros años de la década de los setenta del siglo pasado, cuando acompañaba a una docena de venerables ancianos que, en la festividad de San Martín de Tours, acudían ataviados con su capa, a escuchar misa a Santa Ana, previa cita en el viejo Café España, sorprendiéndose de que un joven adolescente, los acompañara también con su prenda más venerada. Siempre me trataron con gran cariño y simpatía. Pero he de reconocer, que la idea de fundar la asociación granadina de “Amigos de la Capa española” dándola de alta en el registro de asociaciones del Gobierno Civil y dotarla de Estatutos fue de, Antonio Sánchez Ramírez, “El Compadre”, alma máter de llevar a cabo el proyecto. Él ya tenía una larga trayectoria en reflotar hermandades que ya no salían a las calles, como la de los Escolapios, o de fundarlas, como fue el caso de la Hermandad del Rocío granatensis. Nos convocó en la desaparecida bodega “Espadafor” de la calle Tinajilla, y junto con el Gobernador Civil de entonces, José Guirao, Antonio María Claret García, Arcadio Ortega, Luís Garzón, y otros, entre los toneles, redactamos los estatutos que al día siguiente fueron presentados en las oficinas del gobierno por El Compadre, y una vez erigida la asociación, tuvieron a bien elegirme primer presidente de los Amigos de la Capa en Granada.

Yo tuve la suerte de que mi abuela Juana, me la regalara cuando a los dieciocho años aprobé el carné de conducir. La encargó a medida en la “Sastrería Nueva”, en Reyes Católicos, casi llegando a Plaza Nueva. El paño vino de Béjar, en Salamanca, igualmente el broche de cierre, de estilo charro, y la confeccionó el mismo sastre que le había hecho el traje de novio a mi padre. Aquel gran profesional, con un pulso envidiable y gusto exquisito, cortó los bajos sin dobladillo, como manda la tradición. Las vueltas de terciopelo rojo sangre de toro, y con esa daré mi último paseo, cuando san Martín quiera.

SAN MARTÍN

En Espadafor comenzábamos las reuniones, brindando por nuestro Patrón, San Martín de Tours, aquel santo del siglo IV que, ante un mendigo aterido de frío a las puertas de la ciudad de Amiens, no dudó en partir su capa por la mitad, y compartirla con aquel hombre desvalido. El segundo brindis era siempre a la memoria de Juanito Espadafor, que nos dejó prematuramente y al que todos admirábamos. En su memoria, alguien tocaba una guitarra melancólica, de la que brotaban acordes de la tuna del distrito, cantares de la tierra y sones rocieros. Y presumíamos de quién tenía la capa más antigua y de mejor paño.

Hoy Granada, forma parte de esas otras zonas españolas donde el uso de La Capa Española se conserva como una tradición de vestimenta de gala y castiza, donde el censo de portadores de esta prenda cuenta con un número muy considerable de mujeres, asunto éste que no ha ocurrido en otras partes del suelo patrio, donde suele predominar el portador hombre. Feliz día de San Martín de Tours.

domingo, 1 de noviembre de 2026

 


TEMOR DE DIOS

 

Tito Ortiz.-

 

Conforme avanzan los tiempos, la moral y las buenas costumbres se relajan, Aumenta la desinhibición en las criaturas humanas, llevándonos a perder el norte y, a veces, incluso la vergüenza. Yo empecé a sospechar algo cuando, un día, vi a mi hijo salir del instituto con el brazo echado por encima de un compañero. Cuando subió al coche le pregunté, qué quién era ese amigo y me contestó que su profesor de matemáticas. Ahí en ese instante ya se me cayeron los palos del sombrajo y, dije para mí: Esto empieza a desmoronarse.

Pertenezco a una generación cuyos padres le hablaban de usted a los abuelos. Cuando llegué a la universidad, si pasaba un profesor por el pasillo y estábamos sentados, nos levantábamos enseguida y dábamos los buenos días respetuosamente. En honor a la verdad, hoy en día eso me parece excesivo. Pero de ahí, a permitir el tuteo en la enseñanza secundaria hacia el profesor, me parece una pérdida del norte muy a tener en cuenta, porque luego nos quejamos de esos alumnos que amenazan e insultan a los maestros y, de esos padres que llegan a agredir a los docentes. En algún sitio se nos ha ido esto de las manos.

Los que nacimos en los cincuenta, teníamos temor de dios, que decía mi abuela Juana que era republicana y atea, pero con aquella educación exquisita que le hablaba de usted a las columnas de la Alhambra. Cualquier día hubiéramos sospechado entonces que íbamos a vivir como noticia frecuente, la agresión a un docente y, mucho menos, a un médico. Eso ni en las peores películas de terror, pero es que hoy en día, ya no hay temor de dios. En un momento se nos dio la mano y, nos hemos tomado el brazo y parte del hombro.

MUERTE Y LUTO

En el ritual que sigue a la muerte de un ser querido, también hemos relajado las costumbres y el propio ritual. Es verdad que en mis tiempos lo llevábamos a unos extremos que no hacían falta para sentir la pena y el dolor por la pérdida. Empezando por velar al muerto en casa, cuando en el cementerio siempre había un depósito de cadáveres que podíamos utilizar, pero si lo hacías, se interpretaba como que no querías al muerto o, que te importaba un pito su fallecimiento, ante lo cual, velorio domiciliario con pedida de sillas a los vecinos, foto del difunto en el salón comedor y, posteriormente, novena rezando el rosario todas las tardes en el mismo lugar donde se había velado al difunto. Una juerga…Vamos, en la que no se podía olvidar la letanía a Nuestra Señora, como cierre del oficio.

Terminado el velatorio el cura y los monaguillos se acercaban a la casa y, comenzaba el traslado del féretro hasta la iglesia, a hombros de los dolientes, mientras los vecinos se santiguaban a su paso, lo mismo que lo hacían cuando por la calle, y de manera casual, se encontraban con un coche fúnebre que transportaba un cadáver, fuera de quien fuera. Al inicio del enterramiento, los presentes se hacían con un puñado de tierra que, arrojaban sobre el féretro cuando ya estaba dentro de la fosa y, los enterradores iniciaban el ritual de las paladas adentro, ocasionando un ruido sordo que te llegaba a las entrañas.

En cuanto a guardar luto, mientras que los hombres se limitaban a lucir un brazalete negro en la manga durante un corto espacio de tiempo que, luego se sustituyó por un botón forrado en negro en la solapa, las mujeres vestían de negro riguroso durante unos años, y después se lo iban quitando poco a poco, en lo que entonces se llamaba, medio luto, o sea, ir combinando el negro con un gris, para posteriormente, volver a vestir de colores.

CANTEMOS AL MUERTO

Poco a poco nos vamos pareciendo cada día más a un velatorio y entierro en Nueva Orleans, donde la música y la danza en honor del difunto es lo que prima, incluidos cánticos de buen Góspel, lo que transferido aquí podría ser traducido por una buena saeta, pero de momento hasta ahí no hemos llegado… Todo se andará. Aunque yo prefiero a los monjes de Silos.

En esa sala multiusos que hay en los modernos tanatorios, emulando costumbres del otro lado del charco, hay quienes toman la palabra en honor al que se ha ido. Suena su música preferida y se recitan poemas para su mayor honor y gloria. Y no es que yo prefiera lo antiguo, todo lo contrario, porque a mis deudos les he dicho que tomen la palabra cuantos quieran ante mi ataúd, que suene en los altavoces, “A mi manera” de Fran Sinatra, que procedan a incinerarme y posteriormente, esparzan mis cenizas en el lugar acordado. Y por supuesto, que la cafetería del recinto permanezca abierta durante todas las horas que me estén velando, para que el personal tenga la oportunidad de abusar de la cafeína, de manera inmisericorde. Que les sean repartidos a los presentes, cigarrillos, puros y, peladillas para aquellos que ya han logrado dejar el vicio de la nicotina, entre los que no me encuentro, dejando a la entrada de la “tanatosala”, una bandejita, con una botella de anís, otra de brandy y unos frutos secos con gominolas. Y sírvase el que quiera.

Y como ya hizo en su día mi admirado “Julio” que tenía el bar donde se comían los mejores boquerones fritos de Granada en la calle Hermosa, he dejado pagada una damajuana de arroba con buen vino tinto en “La Mimbre”, para que los que vengan a darme el último adiós, beban generosamente, dado que el que va a un entierro y no bebe vino… el suyo viene de camino. Por cierto, que, ya nadie lleva el coche nuevo recién sacado del concesionario, hasta la puerta de la iglesia para que se lo bendiga el cura. Yo estoy tan quemado que, el otro día, vi pasar un coche fúnebre y levanté la mano gritando ¡Taxi!.

sábado, 24 de octubre de 2026

 

Colegio Mayor San Bartolomé y Santiago, obra de Manuel Ruiz.

FORMAR HOMBRES BUENOS PARA LA IGLESIA Y ÚTILES A LA COSA PÚBLICA

 

Tito Ortiz.-

 

Durante muchos años, cuando en Granada se hablaba del colegio mayor, todo el mundo sabía que nos referíamos al Colegio Mayor San Bartolomé y Santiago, dada su antigüedad e importancia en la historia universitaria de la ciudad de La Alhambra.

“El Bartolo”, como se le denominaba chuscamente por los más cercanos, era el centro docente más prestigioso y prestigiado, dada la educación y disciplina que emanaba intramuros, pero sobre todo, por la solvencia de los personajes que lo habitaron, tanto como alumnos insignes, como profesores y educadores, que nada más nacer, hicieron de esta institución académica, una de las más renombradas del suelo patrio, pues de todas partes llegaron hasta ella, ilustres e ilustrados cuya trayectoria trascendió siempre a las cotas más altas de la España cinco veces centenaria.

Todo parece indicar que el comienzo de esta real institución comenzó cuando un abogado de la Real Chancillería de Granada, Diego de Ribera, dejó establecido en su testamento (en 1611) que con parte de sus bienes se fundara un Colegio en la Universidad de Salamanca que, por determinados avatares y generosidad de quienes habrían de ser sus rectores, se estableció finalmente en Granada, en una casa del propio Don Diego situada en la calle de San Jerónimo, muy próxima a la Universidad. En 1649 abría sus puertas el Colegio de Santiago.

A esto habría que añadir que, un comerciante genovés, Bartolomé (Lomelín) Veneroso murió en 1609 y dejó igualmente establecido en su testamento que sus bienes irían -de acabarse su descendencia- a un Colegio de estudiantes. Así, tras diversos avatares, a principios del s. XVIII se crea el Colegio de San Bartolomé.

LA UNIÓN HACE LA FUERZA

Por diversas causas se decidió unir el Colegio de Santiago y el de San Bartolomé. Tuvo lugar la fusión en 1702. En acto solemne, los Colegiales del Santiago aceptaron por escrito como cofundador a Don Bartolomé Venenoso. Había nacido un Colegio «copulativo e indiviso» compuesto por el antiguo de Santiago y el nuevo de San Bartolomé (siendo cofundadores Veneroso y Ribera): el Collegium sanctorum Apostolorum Bartolomei et lacobi majoris. El lema fundacional era: formar hombres buenos para la Iglesia y útiles a la cosa pública. Su escudo los emblemas de los dos colegios; el de San Bartolome cuchillo -instrumento del martirio de San Bartolomé-, y la flor de lis de los Veneroso. Del de Santiago la cruz de Santiago y barras verdes sobre un campo dorado, de los Rivera. Desde entonces, en el palacio de San Jerónimo, en cuya fachada se encuentran las estatuas de los dos Santos, en una hornacina, tiene su sede el Colegio. El peculiar claustro sostenido por columnas de mármol es la entrada principal. El palacio de los Veneroso, el Colegio Mayor, es hogar de decenas de estudiantes, llegados de todos los rincones de España (y del mundo) para convertirse en estudiantes de esta muy prestigiosa Universidad de Granada.

COLEGIALES ILUSTRES

En el curso 1649/50 entraron al Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago los primeros colegiales de su historia, siendo el primero de ellos Don Juan de Leyva, que llegó a ser Capellán Real de Granada y Obispo de Almería, cuyo retrato se conserva en el Colegio. En la historia han sido miles los Colegiales que han pasado por el Colegio Mayor. Entre los colegiales se pueden citar a cardenales: Belluga y Orbe; a poetas: Federico García Lorca, Bernardo López o Manuel Seijas Lozano; políticos: el Conde de Ofalia, Ríos Rosas o Don Natalio Rivas; filósofos: Orti y Lara; o a personajes como el Marqués de Salamanca, entre tantos otros.

En la actualidad es mi admirado, José Luís Pérez-Serrabona quién rige los destinos de esta institución académica granatensis, en la que se mantiene un contacto íntimo y personal con la ciudad, su historia y sus costumbres, pues lejos de conformar en ella una burbuja que pudiera aislarla de la sociedad granadina, las diversas actividades colegiales tienen siempre como norte, el conocimiento y divulgación de todas las bellas artes, a las que se unen actividades que pueden ir, desde la religiosidad popular, la tauromaquia, festividades como el Día de La Cruz, el Corpus o La Patrona de la ciudad, nuestra historia y patrimonio. Eventos que no hacen más que incrustar en la vida social de Granada, el hecho cotidiano de estudiar y vivir en ella, al amparo de una institución sin la que es imposible hablar de la historia universitaria de nuestra ciudad.

LA HISTORIA SIGUE

Sobre la historia del Real Colegio, el de mayor antigüedad de los que continúan abiertos desde su fundación han escrito destacados autores. Martínez Lumbreras, en los años 20; María José Osorio Pérez (tras su tesis doctoral que permitió la ordenación del Archivo); la de Calero Palacios, sobre las primeras Constituciones; y otros estudios: Torres Campos, Oriol Catena, Gaszulta López, Díaz Trechuel. Y en la actualidad también se realizan trabajos sobre la historia del Colegio Mayor San Bartolomé y Santiago, que sigue siendo uno de los nuestros.

Cada año se festeja la entrada del primer Colegial el 20 de noviembre de 1649. Numerosos actos, visitas, actividades, viajes… sirven como recuerdo y homenaje a la historia, pretexto para llevar a cabo una completa actividad cultural, formativa y humana de los Colegiales. Pese a ser importante la relación de Colegiales que por el Colegio han pasado, y la admiración del patrimonio (biblioteca, capilla, salas…), la impresión del edificio (que, poco a poco se adapta a las necesidades), o el prontuario de Colegiales de Honor, que sobrecoge. Lo más importante no es su historia, sino su presente y su futuro; los Colegiales que están residiendo en él este curso y los que lo harán en los próximos. Larga vida al Bartolo.

domingo, 18 de octubre de 2026

 

Vendedoras en el Pie de La Torre, cuando no se tiraba comida. 

DESPERDICIOS

 

Tito Ortiz.-

 

La primera vez que escuché la palabra desperdicios se la oí a mí padre, cuando hablaba de un torero que existió de mucho carácter y personalidad. Resulta que, Manuel Domínguez “Desperdicios”, se inició en el toreo desempeñando diversas labores en la cuadrilla de Leoncillo en 1834 y, en la de Manuel Lucas Blanco en 1835. En 1836 tomó la alternativa, se ignora en qué circunstancias, desapareciendo luego en América del Sur durante dieciséis años en los que no es posible seguir su carrera taurina. Aparentemente llevó una vida aventurera. De regreso a España contó con el aprecio especialmente del público andaluz, que reconoció su valor y sentido del honor.

Su apodo parece deberse a Pedro Romero que, habiéndolo visto en la escuela de tauromaquia de Sevilla, siendo su director, habría exclamado: «ese muchacho no tiene desperdicio», pero otra versión cuenta que cuando el toro Barrabás lo corneó en El Puerto de Santa María el 1 de junio de 1857, saltándole el ojo derecho, él dijo, hablando de los restos de su ojo: «no son más que desperdicios», los tiró a la arena y siguió la lidia.

Más tarde, cuando mi abuela me llevaba por el Callejón de Los Franceses, saludando a su amigo de “La Casa de Las Matanzas”, para comprar morcilla de lustre en la Guifa, entre aquellas buenas gentes del mercado, La Romanilla y la pescadería, yo escuché palabras como pitraco, túrdigas y “güajerro”, entre otras. Al hablar de casquería, se deslizaba la palabra desperdicio, y a eso vamos.

UN MAL DE NUESTRO TIEMPO

El desperdicio de alimentos se da a lo largo de toda la cadena alimentaria y tiene diferentes causas. “Entre ellas, cuestiones comerciales y de estética. Se tiran porque son productos que están próximos a alcanzar su fecha de consumo preferente o de caducidad, o porque tienen errores en el etiquetado o defectos en los envases, entre otras razones”, explica Marie Lindström, directora general en España de Too Good To Go, una ‘app’ que hace de intermediaria entre los consumidores y los restaurantes o tiendas que ofrecen (a precio reducido) productos o alimentos que no han vendido.

“En lo que respecta al consumidor también hay algunos motivos, como son las compras por impulso, la falta de planificación o muchas veces la falta de información o desconocimiento de cómo conservar y almacenar correctamente los alimentos para alargar su vida útil o sacar el máximo partido de ellos en la cocina”, añade Lindström, en un estudio para BBVA.

Al pensar sobre el desperdicio alimentario, la primera consecuencia que suele venir a la mente es la social. Y no es para menos: el mundo continúa siendo un lugar muy desigual en el que millones de personas pasan hambre cada día. Según la FAO, el año pasado más de 295 millones de personas en 53 países sufrieron niveles de hambre aguda. Además, la situación empeora debido a problemas como los conflictos y las consecuencias del cambio climático.  Muchas veces, los problemas se encuentran muy cerca de los lugares en donde más se desperdicia. Más del 8% de la población de la Unión Europea no puede permitirse una comida de calidad (es decir, lo suficientemente nutritiva) cada dos días.

Además, el desperdicio alimentario tiene también una huella económica importante tanto para la industria como para las familias. “Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación del Gobierno de España, supone unos 250 euros por persona al año. Por ello, reducir el desperdicio de alimentos es clave también para ahorrar”.

POR ALGO SE EMPIEZA

En los últimos años se está prestando cada vez más atención también al impacto medioambiental. Se calcula que el 10% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que se lanzan a la atmósfera cada año están relacionadas con el desperdicio de comida. Pero lo cierto es que esta huella medioambiental no se limita a las emisiones. Está relacionada también con la contaminación, por los residuos de envases que se tiran sin que su interior se haya consumido; por la sobreexplotación de la tierra, que se fomenta para producir cada vez más alimentos; o incluso por la crisis de biodiversidad, ligada a la pérdida de variedad de cultivos para ganar en eficiencia (de nuevo, para producir más alimentos que terminarán en gran parte en la basura).

“Está habiendo un gran cambio y una mayor sensibilización respecto a esta problemática. Esto viene motivado en parte por la inflación, pero también por una creciente conciencia medioambiental que nos ha hecho valorar aún más la comida y la importancia de no desperdiciarla”, explica la directora general de Too Good To Go en España. “En nuestro caso, estamos observando este cambio de tendencia porque solo el año pasado registramos un aumento del 37% de usuarios salvando comida en la ‘app’ y también un increíble aumento de establecimientos que se han sumado a la iniciativa. Esto nos hizo incrementar un 42% el número de packs de comida salvados”, añade.

Too Good To Go nació en Dinamarca en el 2015, después de que sus creadores vieran cómo la comida sobrante de un bufé terminaba en los cubos de la basura. Hoy, la ‘app’ está disponible en 17 países y tiene una comunidad de más de 81 millones de usuarios y 140.000 establecimientos. “Se han salvado a través de la ‘app’ más de 250 millones de packs de comida, el equivalente a haber evitado el desperdicio de más de 250.000 toneladas de alimentos”, explica Lindström.

Y yo añado: Pongámonos las pilas. No puede ser que más de medio mundo pase hambre, y el resto -tan civilizado y adelantado- tiremos la comida a la basura. Algo estamos haciendo mal.

domingo, 11 de octubre de 2026

 

San Juan de La Cruz, obra de Miguel Moreno en la avda de La Constitución. M.A. Moreno

SAN JUAN DE LA CRUZ EN GRANADA

 

Tito Ortiz.-

 

Dicen los que saben de poesía que nadie lo ha logrado alcanzar. Que este santo venido de otras tierras y posado por vocación en Granada, alcanzó con su pluma las más altas cotas de la belleza que, nadie ha logrado hasta ahora. Por su manejo del lenguaje y la profundidad de lo que expresa, la belleza poética de su obra no han sido rebasadas, pese al tiempo transcurrido. Muchos son los que lo han estudiado, lo han cantado, como nuestro genial Enrique Morente, pero ninguno lo ha rebasado.

Hasta ahora, nadie que se haya acercado a su obra, ha podido compararlo con otro/a que, antes o después, se haya enfrentado a la creación poética, desde lo más profundo del alma hacia el amor eterno. Una vida espiritual, religiosa y de entrega amorosa que, aún hoy en nuestros días, sigue bajando desde el Carmen de Los Mártires hasta la casa del Gran Capitán en la plaza de Las Descalzas, horadando Granada de amor y poesía como nunca fueron cantadas.

Por eso, esta tierra que lo vio sedimentando la obra de santa Teresa de Jesús en la Granada conquistada, hoy celebra con júbilo su tercer y primer centenario, liderado por la hermandad de Jesús Nazareno y, arropado por otras instituciones que, con gran acierto, no quieren dejar pasar la efeméride, para poner en valor la excelsa figura de san Juan de La Cruz, un hombre de fe, pero también, el más grande poeta que ha dado la madre patria, en todos los siglos de los que hay registros de personajes tan imprescindible e importantes, para jalonar nuestra historia.

ASÍ CONECTAMOS CON ÉL

Muy antigua es la devoción a Jesús Nazareno en Granada, remontándose a los años cercanos a 1582, cuando se funda en el convento de Carmelitas Descalzos de los Santos Mártires Cosme y Damián, la Hermandad de “Jesús Nazareno, Santa Cruz de Jerusalén y Santa Elena”, llamada popularmente como la de “las cruces de nazarenos”. Esta Hermandad hacía estación saliendo a las cuatro de la madrugada del Viernes Santo, para bajar a la ciudad y regresar a las ocho de la mañana, hora fijada para celebrar los oficios del Viernes Santo. Es tradición que sus Constituciones las redactó San Juan de la Cruz que, como toda la Orden, era muy devoto del Nazareno y estaba en ese tiempo de prior del convento.

Tan rica tradición devocional se va a renovar en 1981 con carácter también penitencial con la fundación de la Hermandad de Jesús Nazareno y María Santísima de la Merced. La casualidad o la inspiración divina quiso que un grupo de jóvenes, capitaneados por Curro Andrés, tras la peregrinación por varios templos de la ciudad (Sagrario, San Ildefonso o Angustias) buscando sede, fueran acogidos por otro convento carmelita descalzo, esta vez de religiosas.

La imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno, proyectada inicialmente para la Hermandad de la Concepción con la advocación de Jesús del Amor y Entrega, se encargó al escultor granadino don Antonio Barbero Gor, siendo bendecida como titular de la Hermandad de Jesús Nazareno el último domingo de enero de 1982 por el P. Fr. Agapito Domínguez, Superior del Carmelo Teresiano de Granada, en la Iglesia de San José del Monasterio de MM. Carmelitas Descalzas. El Miércoles Santo de 1982, 400 años después de la fundación de la primitiva Hermandad, se realizó la primera Estación de Penitencia, contando con un numeroso cortejo caracterizado por el silencio y el recogimiento, rasgos definitorios de la Hermandad desde entonces.

RIQUEZA DE ACTOS CONMEMORATIVOS

Se comenzó a celebrar la obra y vida de san Juan de la Cruz en Granada, por parte de la hermandad de Las Descalzas el pasado diciembre, con un triduo como apertura de los actos de los aniversarios. Tras la presentación oficial en enero, en febrero se llevó a cabo una Charla sobre San Juan de la Cruz en el Colegio Juan XXIII (La Chana), a la que siguió un Concierto de música de capilla y lectura poética organizada por la Hermandad del Vía Crucis. Tras el Vía Crucis dedicado a San Juan de la Cruz celebrado en el Convento del Carmen de la Primitiva Regla, se celebró el Día Mundial de la Poesía en Granada, organizado por la Oficina UNESCO Granada Ciudad de la Literatura. La jornada concluyó con un concierto de Sergio Gómez «El Colorao» y Jesús Hernández dedicado a la poesía de San Juan de la Cruz. Después asistimos a dos charlas, sobre San Juan de la Cruz en el Colegio El Carmelo y en la Feria del Libro de Granada. Dos conciertos, el celebrado por el Colegio Virgen de Gracia y el del Coro Tomás Luis de Victoria, dirigido por Pablo García Miranda, dentro de las I Veladas Musicales Noches en la Virgen, en el Tesoro de la Virgen de las Angustias. Mas la Clausura del Festival Internacional de Poesía de Granada.

Homenaje a San Juan de la Cruz celebrado en el Palacio de Carlos V y protagonizado por Raquel Lanseros, Carlos Aganzo, Carmen Linares, Jorge Pardo y Mónica de la Fuente. Sin olvidar en mayo, la visita cultural y patrimonial a las Carmelitas Descalzas, actividad celebrada dentro de la Semana de la Juventud Cofrade. Jóvenes cofrades visitaron los espacios del Convento de San José vinculados históricamente a la presencia de San Juan de la Cruz en Granada. Concierto del ensemble Joan March celebrado en el Convento de San José de las Carmelitas Descalzas dentro de la programación del Festival de Música Antigua de Granada. A lo que hay que añadir el Altar al paso de la procesión del Corpus Christi instalado por la Hermandad en la Plaza de las Pasiegas con motivo de la procesión del Corpus Christi de Granada. El montaje incorporó referencias explícitas a San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús con motivo de los centenarios. Y los que quedan por celebrar.

 

sábado, 3 de octubre de 2026

 

En 1982, Tito Ortiz entrevistó en el hospital clínico a Curro Andrés tras su primera intervención.Juan Ortiz

“PADALE” CON UNA ALPARGATA

 

Tito Ortiz..-

 

En las mañanas como hoy domingo, se echaba al monte en busca de hierbas. Las conocía todas y a eso de medio día, aparecía por “El León” con un buen manojo que generosamente repartía si alguno lo demandaba. Un día traía tomillo, otro “yerba” Luisa. Recuerdo que, en mis tiempos de soltería entre matrimonios, yo le encargaba que me trajera collejas, que me las hago en tortilla y, me sale un plato de catorce estrellas michelines. Pero como me gustaba chincharle, cuando lo veía entrar le preguntaba: ¿Me has traído la “Silene Vulgaris” que te encargué? Y la respuesta era de traca: ¡Te he traío pollas! Aquí tienes las collejas y no des más “porculo”.

En la búsqueda de hierbas domingueras era incansable, hasta el punto de que un día, en mala hora, se me ocurrió acompañarlo y cuando íbamos por Jesús del Valle, yo me rendí y llamé al 112 para que me rescataran. Él siguió claro.

Fuimos cofrades desde la cuna, por eso lo acompañé en la fundación de dos hermandades, en el montaje de altares, de cruces de mayo y de belenes. Íbamos a la estación a recoger los restos del carbón para hacer las rocas, y bajábamos al Dauro para obtener el musgo. El río lo hacíamos con papel de plata.  

Lo quise siempre como mi hermano mayor desde que jugábamos en plaza nueva a La Lima, aprovechando que no estaba enlosada. Él vivía en la calle Imprenta y yo en la Calderería, así que ese era nuestro punto de encuentro. Junto al kiosco de “Chalo”, y María “La Agüaora”, que como se indica, vendía agua fresquita del avellano, bajo las carteleras de los cines y, bajo cuerda, cigarrillos sueltos, principalmente, Celtas y Bisontes sin emboquillar.

LO FLAMENCO

Hasta su jubilación, trabajó siempre en La Cámara de Comercio donde el destino nos volvió a reunir, cuando su presidente Luís Curiel, me llamó para crear el gabinete de comunicación e imagen en la institución. Así que no era infrecuente sorprendernos a los dos, en las amplias cocinas del palacio de la calle Paz, mientras entonaba un cante aprendido y requería mi opinión. Una cosa de locos porque yo no paso de ser un aficionado, mientras él era un maestro con tantos conocimientos que, hasta figuras muy consagradas le pedían opinión, pero Francisco Andrés Andrés era así. En la época que le dio por cantar al estilo de Manolo Caracol, ni el Beni de Cádiz, ni El Pele ni Chano Lobato, consiguieron superarlo. Curro Andrés estuvo tocado siempre por una varita mágica que, en lo que él se especializaba, era muy difícil superarlo. Su sentido del compás y sus virtudes para cantar atrás, lo hicieron imprescindible para el baile de grandes figuras.

Lo acompañé en infinidad de ocasiones a cantar. Recuerdo una noche que subimos a la Venta del Álamo, donde cantaba otro inseparable, Ángel Rodríguez “Chanquete”, se echó “palante” y Curro hizo un cante por derecho. En ese instante, Guzmán Albea que estaba al lado, se picó y hizo otro, así que nos pedimos dos pollos con ajos y dos botellas de Fino Quinta y nos dieron las nueve de la mañana, cuando nos echaron para limpiar.

Dados sus conocimientos sobre el flamenco, en no pocas ocasiones formó parte de los jurados de concursos, Recuerdo la noche en que Juan Antonio Cuevas Pérez “El Piki” ganó el de la Peña La Platería en la placeta de los Aljibes de la Alhambra. Curro era secretario del jurado y yo presentaba el acto. Mientras deliberaban, se traía una estrella del flamenco para poner broche al concurso. Aquella noche le tocó a Calixto Sánchez. Cuando lo presenté eran las ocho menos cuarto de la mañana, con los primeros rayos de sol sobre las torres de la Alcazaba. En ese momento aproveché para ir al ambigú y me encontré con Curro que, esperaba los resultados de las puntuaciones para proclamar al ganador. Como me gustaba oírlo, le pregunté que le había parecido la actuación de uno de los concursantes, que, a mi juicio, no había tenido su noche y la respuesta fue de trueno gordo: “Paqué” me preguntas si ya sabes la respuesta… Ha cantao pa darle con una alpargata.

DISCOGRAFÍA

Fiel al estilo de Frasquito Yerbaguena, a Curro Andrés nunca le quitó el sueño lo de grabar un disco con sus cantes. Paradójicamente intervino en multitud de grabaciones con otros artistas, pero yo he escogido dos que, me parecen muy ilustrativos del carácter de Curro Andrés y su aportación al flamenco.

Me costó dios y ayuda convencerlo en 1977 de que cantara en el disco de mis maestros, Rafael Gómez Montero y Juan Antonio Ibáñez, titulado: “Entierro Para García Lorca” en el que intervinieron junto a él, Juan Carmona “Habichuela” y la jienense, Rosario López. La grabación es una joya de poesía y flamenco, llevada a cabo durante la transición política, en la que todos los intervinientes dieron un paso adelante, no solo en el flamenco de la época, sino, en un incipiente aire de libertad que, con el tiempo, no estaría ausente de sobresaltos.

Pero el disco que yo considero su testamento es el titulado, “En Memoria de Algunos Grandes”, en el que Curro Andrés da una visión panorámica, de aquellos que fueron sus referentes, incluidos también en la copla que, dominaba como nadie y que la recreaba en sus memorables cuplés por bulerías, solo para los amigos y cuando se sentía a gusto.

Desde la Niña de Los Peines a Vallejo, pasando por Tomás Pavón, Pepe Pinto, Juanita Reina, Antonio Mairena, Chavela Vargas, Pericón de Cádiz, Manuel Celestino Cobos “Cobitos” y, alcanzando a Marifé de Triana, El Gallina, Juanito Varea, Chano Lobato, su ídolo Manolo Caracol, Rocío Jurado o Pepe Albayzín. Es en este disco en el que Curro resume toda su trayectoria flamenca, sin que podamos olvidar su aportación y magisterio en torno a La Saeta. Vaya para él la mía por martinetes y carceleras hasta el cielo, aunque sé que a él le gustaban más por siguiriyas.

sábado, 26 de septiembre de 2026

 

Tabla origen de la devoción a la Virgen de Las Angustias en Granada.

SU TESTAMENTO

 

Tito Ortiz,.

 

En este año de terremotos, se nos hace extraño pasar por la Carrera y no entrar a visitar a la Señora, de la misma manera que nos ha extrañado hacerle la ofrenda floral ante el pórtico catedralicio que, no es asunto que desmerezca en absoluto, todo lo contrario, pero que lo podríamos haber hecho de igual forma, pretextando los quinientos años de nuestra catedral, y con tal motivo, haber trasladado allí la imagen patronal, desarrollando por tal efeméride cinco veces centenaria esta cortesía de llevar hasta el templo metropolitano, patrona y ofrenda.

Lo hemos hecho, sí, pero no por aportar un gesto al cumpleaños de la catedral, sino porque huimos de nuestra basílica, removida por el traqueteo del retranqueo sísmico, a la espera de nuestra vuelta al templo que nos corresponde, no sin antes, agradecer la acogida en la iglesia de nuestra señora de La O, con abrazo fraternal a capellanes y componentes de la curia, más a la hermandad sacramental que allí tiene su sede, al amparo de ese niño Jesús que a todos nos conmueve y, que ha resurgido en los últimos tiempos con fuerza y gallardía.

Pese a no estar dentro de su basílica, los granadinos y devotos de La Virgen de Las Angustias, al pasar por la puerta, unos se santiguan, otros se quitan el sombrero, algunos rezan quietos ante la cancela porque no hay que olvidar que, sobre el arco se su entrada, tallada en piedra de Sierra Elvira, existe una bella representación de nuestra Piedad granadina que, en su día tallaran Bernardo y José de Mora, con lo cual, aunque la que siempre veneramos en su camarín esté provisionalmente en el sagrario, no deja de estar presidiendo su basílica ahora restaurada y, en breve, de nuevo abierta al culto de todos sus fieles. Desde aquí quiero consolar y solidarizarme con todos los novios que tenían previsto casarse ante nuestra Patrona desde el pasado 15 de agosto en adelante.

LA REINA EN SU LECHO DE MUERTE

Algo que no podemos olvidar es que, si nosotros tenemos como Patrona a La Virgen de Las Angustias, es precisamente porque hasta aquí la trajo Isabel I de Castilla en su altar de campaña, poniendo con esa acción, la primera semilla de lo que hoy mantenemos como tradición religiosa de nuestros ancestros, y que erigimos sobre una ermita dedicada a santa Susana y santa Úrsula.

Y que todo comenzó antes, desde el mismo día dos de enero de mil cuatrocientos noventa y dos, madurándose la idea del culto a nuestra Patrona, cuya tabla quedó para recibir culto en los muros de la mezquita de Teybir, ( De los convertidos)  bendecida después como iglesia de san Juan de Los Reyes. Pero el espaldarazo vino pocos años después con el testamento de la reina católica, en una escena plasmada en la escritura por Santes Bremete que, dice así:

“El día 12 de octubre de 1504 cuando España entera celebraba el doce aniversario del descubrimiento de América, en esa mañana feliz y en nuestra villa de Medina del Campo, corazón vivo de las Españas, la reina que muy bien conoce haber ya cumplido su misión con esa institución, con vista del futuro, estima llegado el momento de hacer testamento y, por ello manda comparecer al notario y Escribano de la corte Gaspar de Gricio y, reúne para ser testigos al obispo de Córdoba, el  de Calahorra, al Arcediano de Talavera y, del Consejo real al insigne consejero don Pedro de Oropesa, al licenciado Luis de Zapata y a Sancho de Paredes camarero de la reina. Difícil es transcribir lo que para El Mundo significaba este testamento de la reina más poderosa, pero sí se puede adivinar a España entera pendiente del más leve gesto de los testigos testamentarios que se reunieron en Medina del Campo”.

GRANADA HASTA EL FINAL

 La reina de Castilla al testar invoca el nombre de Dios y comienza protesta de la fe católica, y entrega del alma pidiendo misericordia. Señala el lugar de enterramiento – aquí aparece Granada-y fija veinte mil misas por el bien de su alma.  Ordena pagar sus deudas, fija dote para doncellas, mandas para redimir cautivos, limosnas para pobres, anula órdenes que piensa son causa de inútil sacrificio para los súbditos, y seguidamente, puntualiza temas de Estado, primero los de política interior y después los de carácter internacional. Designa a doña Juana por heredera del reino, prohíbe conferir cargos a extranjeros, nombra a don Fernando gobernador en defecto de doña Juan, ordena no cesar en la conquista de África y recomienda a los príncipes que vivan en concordia y administren directamente los reinos.

Después continúa dictando la ley de sucesión y, amén de algunos legados, otorga poderes a los testamentarios ante el hecho frecuente de entender que el testamento, es un acto de disposición de bienes, tal vez sea oportuno conocer el guion arrevistado del más grande y cuantioso de los testamentos, pues quien desee convencerse de la  espiritualidad y elegancia de este tesoro histórico, nacido en Medina del Campo ha de leerlo detenidamente, pero sí puedo añadir aquí que, el testamento está completado por un codicilio otorgado ante el mismo Escribano Gaspar de Grizzio y en Medina del Campo al siguiente año y, 3 días antes de morir la reina que, el testamento original se halla en el archivo de Simancas y, el codicilo en la sección de manuscritos de la Biblioteca Nacional de Madrid que, solo por conmemorar el cuarto centenario de llegar a Simancas dicho testamento, el gobernador de Valladolid hizo una edición especial.

Queda así pues demostrado que, quién puso los primeros espartos para que tengamos como Patrona a la Virgen de Las Angustias, fue la mismísima reina católica y que, en su denso testamento tuvo a Granada presente en lo político y lo religioso.