José Rodríguez "El berenjeno"
UNA OPORTUNIDAD
( A la memoria de Ricardo Puga
Cifuentes, “El Cateto”
Tito Ortiz.-
De las cosas que el toreo ha
ido dejando en la cuneta -afortunadamente- una de ellas es, esa figura abnegada
y romántica del maletilla andando por la carretera, con el hatillo al hombro,
en busca de una tapia ganadera para demostrar su valía en un tentadero, o esa
otra del torero pernoctando día y noche a las puertas de una plaza, tapándose
con el capote en las noches de relente, implorando con un cartel de cartón
escrito a mano con tiza, la oportunidad de ser incluido por la empresa en los
próximos carteles.
Recuerdo como “El Queque”
torero granadino que se hacía llamar en los carteles, “El Niño de Las Monjas”
remedando aquella película del mismo título en la que, un bebé abandonado a las
puertas de un convento termina por ser figura del toreo, se recorría las
ganaderías de Andalucía yendo a pie por los caminos y sembrados. Un día
preparando una de sus escapadas, le pidió a mi tío Ñoño que lo acompañara en la
caminata y para comprobar hasta donde podían llegar andando, le pidió que le
enseñara las botas camperas. “El Queque” les echó un vistazo y a continuación
sentenció: hay que ponerles grasa de cerdo y con esos tacones, podemos llegar
hasta Córdoba, allí habrá que reponerlos y echarles medias suelas”.
Llevaba el aspirante a torero
en el bolsillo, un papel de estraza en el que, apuntadas a lápiz, estaban todas
las ventas de carretera en las que había que parar. En unas se comía a cambio
de limpiar las cocinas y los cacharros. En otras se dormía en las cuadras, si
antes se habían limpiado convenientemente, incluidas las porquerizas. Había que
atravesar Andalucía sin un duro en los bolsillos y aprovechar los campos
sembrados de fruta, para afanar lo necesario que permitiera aguantar las
caminatas, huyendo de los guardas armados con escopetas y balas de sal que,
picaban a rabiar y te dejaban un moratón que duraba un mes.
ABELARDO GRANADA
De los últimos románticos que
saben perfectamente la dureza de esa vida, recuerdo al matador de toros
granadino, “Abelardo Granada” pidiendo una oportunidad para torear. En el inicio de la campaña de 1983, el 30 de enero,
en Valdemorillo, con una cuarta de nieve en el albero, recibe la alternativa de
manos de José Antonio Montoto, “Pepe Pastrana”, quien le cede, en presencia de
José Luis Vargas, la muerte de un toro de la vacada de Los Eulogio, en una
actuación aceptable del toricantano. No vuelve a vestirse de luces tal año y al
faltarle los contratos realiza un viaje a pie a Barcelona, en unión de los
también espadas Ángel Majano y Manuel Gómez, en solicitud de una oportunidad.
En aquellos años en los que mi
amigo Pepe Guardia era diputado provincial, -como torero que quiso ser en su
juventud- se encargó de recuperar para Granada la tradicional corrida de la Beneficencia,
consiguiendo dotarla de importancia y esplendor en los carteles. Engalanando la
plaza de la avenida del doctor Olóriz como hacía años no se hacía y logrando un
hito en su tierra: Por primera vez logró contratar una corrida del muy
acreditado hierro de Victorino Martín. Un asunto que no pasó desapercibido para
Abelardo que, viendo que no se acordaban de él en su tierra, no dudó en
vestirse de torero y vivir durante varios días a las puertas del palacio de
Bibataubín, sede entonces de la Diputación Provincial, aguardando la entrada y
salida del bueno de Pepe Guardia, para rogarle su inclusión en el cartel de tan
alto compromiso.
EL BERENJENO
En esto de pedir oportunidades
para torear, recuerdo con especial cariño a Pepe “El Berenjeno”, motrileño de
pro. Mi padre me llevaba en la tarde de los domingos a ver a su amigo que, de
manera sorprendente, toreaba por la tarde y boxeaba por la noche del mismo día.
José Rodríguez "El
Berenjeno" nació en Motril, 14 de septiembre de 1932. Desde pequeño su
obsesión fueron el deporte y los toros. Recuerdo verlo nadar en el puerto de
Motril y en la playa de las tres erres. Correr como si no hubiera un mañana y
saltar a la comba durante horas, antes de ponerse a entrenar con los guantes
contra el saco o haciendo sombra.
En 1953 se trasladó a
Barcelona a la escuela taurina de la ciudad condal, para comenzar con su
formación como torero. En 1958 volvió a Motril, toreando su primera novillada
sin picadores (4 orejas y dos rabos), pero no es hasta 1963 cuando hizo su
presentación con picadores. La alternativa la tomó el 25 de julio de 1971 en
Motril de manos de Victoriano Valencia y José Luis Román de Testigo. Los toros
eran de Bernardino Píriz.
Con casi 70 años se dedicó al
atletismo y quedó campeón de veteranos en media maratón y en maratón. A su
muerte en 2014 el ayuntamiento de Motril decidió ponerle su nombre a la plaza.
Pero la gran anécdota de Pepe “El Berenjeno” fue su original forma de pedirle
una oportunidad a don Luís Miranda, empresario de la plaza de toros de Granada:
Con sesenta años y vestido de torero, “El Berenjeno” se vino a la capital y se
plantó durante unos días, en la puerta de la casa de don Luís, en la Avenida de
La Constitución con el terno de luces, pidiéndola una oportunidad para que lo
incluyera en los carteles del Corpus granadino. Pero Pepe fue más allá, en la
puerta del empresario, no solo estaba él vestido de torero, con el consiguiente
asombro de todo el que pasaba, tanto a pie como en coche o autobús. “El
Berenjeno” se hizo acompañar en esta ocasión de, un coche fúnebre con su
féretro dentro, con lo cual la noticia dio la vuelta al mundo.
Aún recuerdo la llamada
suplicante que don Luís Miranda me hizo aquel día, sabiendo de la amistad que
mí padre tenía con el bueno de Pepe: “Tito, por favor, a ver si lo convencen
ustedes de que se vaya, porque mi mujer no pone un pie en la calle, desde que
el coche de los muertos está en el portal. Por favor se lo pido”.






