TITOSKY, ¿QUÉ TENEMOS
HOY?
Tito Ortiz.-
Conocía su voz a través de la
emisora sindical, La Voz de Granada, y leía sus trabajos en Ideal, hasta que,
por fin, un día, nos presentó Sebastián Pérez Linares, en la sede del Aula de
Cultura del Movimiento, en la plaza del Campillo, donde coincidimos recogiendo
una edición magnífica de, todos los artistas granadinos hasta la fecha. Una
obra imprescindible, para entender la importancia de la granada artística en la
historia que, desgraciadamente, no se ha vuelto a editar.
A partir de ahí, no nos hemos
separado hasta hace dos semanas, en que ha decidido retornar a la casa del
Padre, sin avisar, en un gesto que le era muy propio cuando quería
sorprenderte. Porque eso sí, su humor, fina ironía y amistad eterna, jamás se
desgajaron de su persona hacía la mía. Si Tito Ortiz es lo que es, se lo debe
en gran parte a José María Guadalupe, Señor de Las Pasiegas, con residencia en
la Casa de Los Canónicos, desde cuyos balcones, de niño vio a Pepe Tamayo
representar los autos sacramentales en la puerta de la catedral, y, de ahí, le
nació su vocación de actor, llegando a ser profesional, aunque el vértigo de
estar fuera de su Granada fue superior a su vocación y le hizo retornar a la
ciudad de La Alhambra.
En época más reciente, publicó
y fueron representadas obras suyas, en las que el humor y la comedia se daban
la mano, pues nunca renegó de su admiración por autores como, Enrique Jardiel
Poncela, Mihura, Alfonso Paso o el inmortal, Pedro Muñoz Seca, cuya, “Venganza
de don Mendo” puso en el escenario del Isabel La Católica, con un reparto
hilarante compuesto por los políticos del momento y acreditados periodistas.
A TUS ÓRDENES “GUADA”
Una tarde me llamó a su
despacho en la Confederación Granadina de Empresarios, donde a las órdenes de
Gerardo Cuerva Vallet, todo un señor, desempeñaba la jefatura del gabinete de
prensa, y me dijo: “Titosky” – me llamaba así porque decía que yo estaba más
escorado a la izquierda que él- ha venido a verme Luís Ángel de La Viuda, el
que fuera director general de rtve, que ahora lo es de Radio 80 y quiere
nombrarme director en Granada. Le he dicho que no, pero que tengo a la persona
adecuada, así que vete al edificio de la Pirámide y hazte cargo del asunto. Yo
me cuadré en el primer tiempo del saludo, ya que ambos habíamos hecho la mili y
cumplí sus órdenes. Tiempo después me contrató en Radio Cadena Española, y cada
mañana, me preguntaba: Titosky, ¿qué tenemos para hoy? Y yo le recitaba todas
las convocatorias de prensa y entrevistas a realizar. Después de el café, se
batía en duelo pianístico con el director Paco Carmona, ante el gran cola que
teníamos en el estudio de grabación, con un repertorio de pasodobles,
fundamentalmente.
Al pasar el tiempo, estando,
degustando una concha de ensaladilla rusa en El Suizo me dijo: Ha venido José
María Durán, el que fuera nuestro director general en Radio Cadena porque, José
Rodríguez de La Borbolla, les ha encargado a él y a Paco Cervantes que pongan
en pie una cosa que se va a llamar, Canal Sur y quiere que yo sea el director,
le he dicho que no, pero que tengo a la persona, así que vete al edificio
Castro de Recogidas y hazte con el asunto. A tus órdenes, contesté yo.
A MESA Y MANTEL
Sin necesidad de ningún
motivo, nuestras citas a comer fueron muy frecuentes. Durante su etapa en
Puleva, comíamos en “La Pulga” de Santa Fe, donde el bacalao era de su agrado.
Y más tarde invitábamos algún amigo. Así, en un restaurante muy “coquetuelo”
como el decía, de la avenida doctor Oloriz venía a comer, José María López
Sánchez, con el que él había hecho teatro, y a mí, me había dado clase de
Psiquiatría. En el restaurante que el hijo de Mariano Méndez tenía en el barrio
Figares, se venía a compartir mesa y risas Ignacio Belda, gran pintor y
concejal con el que coincidiría en el ayuntamiento.
Estando ya de director en
Radio Nacional en Córdoba, un día me llamó por teléfono Sebastián Pérez
Linares: Picoleto, ¿por qué no le hacemos una visita al niño Guadalupe? Cuando
tú digas Sebas. Bueno, lo llamo y que reserve para comer. Y así fue, que nos
metimos en mi coche y llegamos a la ciudad de los califas. Durante el viaje,
íbamos comentando que, conociendo sus máximas cualidades y exigencias como buen
gourmet, habría reservado como mínimo en el muy famoso, “Caballo Rojo”, pero
una vez más, nos sorprendió con su magnífica elección. Nos llevó a comer a un
argentino llamado, “El Novillo Precoz”, que solo ya por el nombre, nos hizo
echar unas risas a mandíbula batiente, pero es que nos metimos entre pecho y
espalda un asado de tal calibre, que yo tardé tres días con sus noches en hacer
la digestión, a base de sales de frutas. Durante el viaje de regreso a Granada,
Sebas padre y yo no paramos de reír con lo comentado en la mesa y la magnífica
vianda servida contra todo pronóstico. Mientras nosotros íbamos pensando en
salmorejo y flamenquín, el Guadalupe nos introdujo en el corazón de La Pampa,
al ritmo de Piazzola.
Hay personas que vienen a este
mundo para hacer felices a quienes les rodean y, José María Guadalupe Guerrero,
es una de esas. Y hablo en presente porque, aunque haya decidido hace un par de
semanas hacer mutis por el foro, yo entre bambalinas lo sigo viendo y hasta
hablo con él. Lo siento por ti, pero no te has ido.






