viernes, 10 de abril de 2020

“EL COMPADRE”

Viernes Santo

“EL COMPADRE”

Tito Ortiz.-

Serían como las tres de la madrugada, cuando agazapados en el interior de la taberna, ”El Sota”, a media luz, con un radiocasete con marchas procesionales y, más de la mitad, con media en las agujas, dábamos una y otra chicotá al futbolín, por aquel comedor de comidas caseras del que, habíamos apartado las mesas y las sillas, cuando de pronto escuchamos que, alguien subía el cierre metálico de la puerta con gran vigor, descubriéndonos en plena faena etílica y cofrade, que se repetía noche tras noche, sin importar fecha ni estación del año, cuando la buena de Carmela se retiraba a su dormitorio, Pepe “El Sota” se salía de la barra, y el resto sucumbíamos al  trance cofrade en toda su magnitud y grandeza. Fue entonces cuando una voz recia, de caverna, dijo desde la puerta:” Id sacando la cartera y firmar la inscripción como hermanos, que tenemos que sacar a la calle la Hermandad de Los Escolapios, que no tiene perdón de dios esta ciudad, si la deja encerrada otro año”. Así que uno a uno fuimos firmando la papeleta, acoquinando la anualidad de los recibos, y Antonio Sánchez Ramírez, “El Compadre”, hizo la colecta logrando poner de nuevo en pie una hermandad tan señera como la del colegio al otro lado del puente del Genil, y de aquesta manera, volvieron al cauce del río las hogueras, y las bengalas al pretil.

Aunque las nuevas hornadas de cofrades, solo conocen al compadre por sus acostumbradas saetas, deben saber que ha sido persona imprescindible en la historia de nuestra semana santa, sobre todo en el mantenimiento y recuperación de diversas hermandades. Y lógicamente, fundador y primera semilla germinadora de la Granada rociera, a la que por cierto en un mes tendría que pregonar, o recuperador y secretario perpetuo de la Asociación de Amigos de La Capa, bajo mi presidencia.

Y dije yo a Pepe Campos de España - el más cualificado ingeniero de sonido que ha tenido radio Popular de Granada- ¿A que no eres capaz de montar un artilugio para que yo transmita por primera vez en la historia, el paso de la Virgen de La Alhambra, por la doble ese  interior de la Puerta de La Justicia? Y dicho y hecho, porque Pepe disfrutaba con los retos, y pese a estar en plena Alhambra, sin un enchufe y sin posibilidad de instalar un enlace por aquello de, Bellas Artes y el Patronato a nivel de estética, yo lo que hice fue pedirle permiso a mi hermano, José Luís Ramírez Domenec, para que me dejara estar en el interior de la puerta de La Justicia, junto al capataz, Antonio Sánchez Osuna. Pepe se encargó del resto, y así escuchó toda España, el único tramo ciego que existe para los espectadores, en todo el recorrido de la Señora de La Alhambra, el paso de su trono por el interior de la puerta judiciaria. Tuve el honor de que aceptara mi invitación para los comentarios, José Luís de Vicente, nieto del fundador de la hermandad, quien por tal motivo, ese año no salió en la procesión vistiendo el hábito de su abuelo.

jueves, 9 de abril de 2020

…Y LA CONCHA LEVANTÓ LA SEMANA SANTA

Jueves Santo

…Y LA CONCHA LEVANTÓ LA SEMANA SANTA

Tito Ortiz.-

Aquella tarde del Domingo de Ramos de 1976, la semana santa de Granada, mostraba una de sus peores caras desde su nacimiento. Cortejos menguados y deteriorados, junto a una escasez de flor en tronos abandonados por el paso del tiempo, hermandades que ya no salían a la calle como era el caso, entre otras, de Escolapios o Ferroviarios, o las que salían contra todo pronóstico, aunque tuvieran que hacerlo de un garaje en la Placeta de Cuchilleros, como ocurría con la de los gitanos, que peregrinaba sin cesar por iglesias, de entre las que destacó, San Matías. El propio Consejo de Hermandades de Sevilla, al comprobar la tragedia granatensis, abre una cuenta corriente en el Banco Hispano Americano, para que los cofrades hispalenses que lo deseen, eche una mano para salvar nuestra semana santa, y eso hay que agradecerlo eternamente. Pues en ese panorama desolador, tras comprobar el paupérrimo regreso de la Hermandad de la Santa Cena, cuyo paso iba sobre ruedas, y La Victoria a hombros de profesionales, mandados por el padre de Jaime, el  futbolista portero del Zaidín, en la taberna de “El Sota”, coinciden y se lamentan de la trágica situación de la semana santa de Granada, un puñado de amigos, entre los que destacan, Curro Andrés, Ángel Rodríguez, Alberto Rodríguez y Pepe Montero, entre otros, llegando a la conclusión de que lo que Granada necesita es un auténtico revulsivo para volver a ponerla en el mapa de la semana santa. No era justo que, la ciudad que aporta el paisaje más bello a los recorridos procesionales de todo el mundo, la que conserva su tradición centenaria como la que más, la que posee auténticas joyas de la imaginería para procesionarlas, estuviera a punto de la catarsis. Y estos fueron los que se pusieron manos a la obra y en menos de un año, tenían aprobados estatutos de una nueva Hermandad que engrosaría las filas cofrades de Granada, después de decenios. Tuvieron el acierto de no recuperar ninguna de las que salían, porque eso hubiera ralentizado el proceso de recuperación. Fueron más allá, y contra todo pronóstico y contra la opinión de muchos, erigieron una nueva hermandad, desde la que dirigir con savia nueva no solo los destinos de una nueva cofradía, sino, la historia venidera de la semana santa de Granada.
La nueva incorporación a nuestras calles, bajo la advocación de Nuestro Padre Jesús del Amor y La Entrega – primero al que se le llamó “Manué” en esta plaza, y María Santísima de La Concepción- “La Concha” por la saeta que le escribió José María Parro, que terminaba diciendo:...Que una perla hubo en tu vientre, que fue nuestra salvación- fue la envidia de muchos, y el acicate de otros, que no dudaron en unirse al entusiasmo y recatar la semana santa de Granada, del pozo oscuro donde había caído, por la desidia y la indolencia de algunos irresponsable, que no dando paso a la juventud en sus juntas de gobierno, se habían cerrado el futuro, prefiriendo que se perdieran las hermandades, antes que dejar la vara de mando.

miércoles, 8 de abril de 2020

“EL SOTA”

Miércoles Santo

“EL SOTA”

Tito Ortiz.-

Inaugurando la década de los ochenta del siglo pasado, José Ocaña Carmona, “El Sota”, a la sazón hermano mayor de la Hermandad del Rosario, con sede en la catedral del realejo, trajo como era tradición, a la Banda de Música de La Armada Española, para acompañar el cortejo del Miércoles Santo, pero el día anterior, bajo las ordenes de su director, Manuel Galduf Verdeguer, los marineros dieron un concierto memorable en el Auditorio Manuel de Falla –antes del incendio – a base de marchas de semana santa y militares, que todavía está en el recuerdo de muchos granadinos. Tuvimos la suerte de que Radio Popular de Granada, lo retransmitiera en directo para todas las Españas, gracias a un montaje técnico, del todavía no superado en su sapiencia, Pepe Campos de España, que para tal menester, estrenó el primer micrófono de cañón que vino a esta tierra, con poderes sobrenaturales, sabiamente instalado en el palquillo de cámaras.
Por entonces, algunos teníamos algunas dificultades para entonar la Salve Marinera, que la Compañía de Honores y la Escuadra de Gastadores, entonaban solo a la salida de la imagen en la Plaza de Santo Domingo, y a su regreso. Pero “El Sota,” hizo imprimir miles de fotografías de La Virgen del Rosario, en cuyo reverso se podía leer con claridad la letra de la oración, que todos los marineros de la armada, rezan al atardecer, debidamente formados, en las cubiertas de nuestros barcos, por muy lejos que estén de la Patria. Aquel año, a las voces habituales de la marinería, nos unimos los cientos de cofrades, que estampa en mano, resolvimos con solvencia y a voz en grito, el rezo de la salve a nuestra señora.. Yo jugaba con ventaja, porque en mi niñez, ya me la había enseñado mí tío, Antonio López Marín, que sirvió en El Minador Marte y en La Fragata Magallanes, durante sus dos años de mili. El mismo que ya en esa época, estaba con el proyecto del tallado y dorado del que sería el nuevo paso de Jesús de Las Tres Caídas. Esa imagen tan especial, que días antes habíamos bajado en solemne vía crucis, desde el albaicinero convento de Santa Isabel La Real, cuyo cortejo, por su sobriedad y seriedad,  al pasar por una antigua bodega a la altura de La Cruz Verde, dio el susto más grande del mundo a dos parroquianos, que con más de media en las agujas, salían de la taberna con destino a sus casas, pero al toparse por sorpresa con la cara del Cristo sobre ellos, exclamaron: ¡Compadre que es esto!, volviendo rápidamente sobre sus pasos a la barra del bar. Asunto este más que comprensible, si tenemos en cuenta que ya caía la noche sobre el barrio moro, las pocas farolas no se habían encendido, y la única luz eran las pocas velas que portábamos los componentes del lúgubre cortejo, que en unas parigüelas hacíamos que la melena natural del Cristo, de la que tanto sabe Barrales, se bamboleara de un lado a otro de su rostro.

martes, 7 de abril de 2020

JACINTO MORENTE

Martes Santo

JACINTO MORENTE

Tito Ortiz.-

En 1989, entrevisté para Canal Sur TV a mi admirado, Francisco González Arcas, que me explicó con todo lujo de detalles, los orígenes de la Hermandad del Dulce Nombre de Jesús, conocida popularmente como, “Los Facundillos”, que allá por los felices años veinte tuvo sus orígenes, adscrita a la de Jesús de la Humildad y Soledad de Nuestra Señora. Paco Arcas, me contó como aquella canción popular del siglo XIX, que preguntaba: ¿Quién por la calle va? Y se respondía: Facundo con un farol.  Fue el origen del famoso sobrenombre que ha trascendido hasta nuestros días. Y que los niños cofrades, al salir a la calle con un farol, en lugar de con un cirio, fue este el motivo por el que la gente les comenzó a llamar, “Los Facundillos”. Arcas, y gran parte de su familia han tenido siempre un contacto muy directo con la hermandad de “La Cañilla”, como se le conoce en el Realejo, y él representó durante muchos años, esa historia oral y escrita sobre los orígenes de su hermandad y todo lo concerniente a su acervo cultural. En aquellos años era hermano Mayor, Jacinto Morente, hombre, un hombre entregado a la causa y a su hermandad en particular, que supo adaptarse a los nuevos tiempos exigidos en la semana santa, pero que además, supo rodearse en su junta de gobierno de personajes imprescindibles para conocer la trayectoria de ésta hermandad.
Al imprescindible Paco Arcas, hay que añadirle varios nombres entre los que destacan. Por un lado, Manuel Padial, mi amigo “Manolón”, impulsor de la primera vocalía de La Juventud en toda la historia de la semana santa de Granada, creadora del Pregón de La Juventud, un hito histórico con el paso de los años, y que convirtió en su momento a la cofradía en una auténtica escuela de futuros cofrades, que después han copiado otras con desigual suerte. Jacinto hizo piña con buena gente a su alrededor, de ahí que otra imprescindible de ésta hermandad fuera mi amiga, Ana, florista de la plaza de Bibarrambla, que involucró a toda su familia, bajo la mirada de La Soledad de Santo Domingo. Antonio Sánchez Osuna, “Antoñín”, capataz perpetuo desde los cielos eternos de Granada, fue otro de los captados para la causa, engrandeciendo el martillo de la Señora que, visita el Campo del Príncipe en la tarde del Viernes Santo. Y éste a su vez, tiró de José Carranza, “El Willy” para unirlo a la causa. Antes estuvo Pepe Barrales y José Ibáñez (Chico Barrales), porque lo bueno de esta hermandad, es que siempre acogió a las familias enteras, en buena armonía, como la que se vivía en aquella casa de hermandad, de la calle Escutia, a la que se accedía por un patio de vecinos con  soberbias columnas en piedra de Sierra Elvira. 
Jacinto Morente, durante sus años de mandato, supo reunir en torno a “La Cañilla”, a lo mejor de cada casa. Después, sus años en Federación, dejaron ver la cochura de un alma buena, con eterna voluntad de colaboración, con la palabra de conciliación justa. 

CORONANEGLIGENTE

CORONANEGLIGENTE

Tito Ortiz.-

Si para algo ha servido esta tragedia que estamos viviendo, ha sido para comprobar la falta de inspección de las autoridades incompetentes, sobre las residencias de ancianos, convertidas en el paradigma de lo irracional y negligente, ante el descaro de la humanidad que mira para otro lado, una vez que el anciano está colocado sobre la responsabilidad de otros. No generalizo porque sería injusto. Es cierto que algunas residencias, gozan de los servicios que se les suponen para atender a nuestros mayores, pero el coronavirus nos ha dejado ver a las claras, que otros establecimientos dedicados a cuidar de nuestros abuelos, no contaban con el personal necesario. El covid-19 nos ha permitido descubrir, la existencia de residencias con doscientos internos, que solo contaban con un médico a tiempo parcial, dos enfermeras y seis auxiliares. Algo que raya en el delito, cuando no, lo sobrepasa. El estado del bienestar, en el que al parecer vivimos desde hace tiempo, todavía no ha entrado en algunos de estos establecimientos, que cobran un ojo de la cara por cuidarlos, y esa cuantía no se corresponde, ni con los servicios que se les prestan, y menos aún con los cuidados sanitarios ofrecidos. También deja mucho que desear la cualificación profesional de muchos de los cuidadores, careciendo de la titulación exigida por ley, para estos menesteres. Una vez que pase la tormenta, el torpe gobierno que atolondradamente naufraga en ésta tempestad, debería tomar cartas en el asunto, y pedir responsabilidades penales, para quiénes lucrándose por cuidar ancianos, no han estado a la altura de las circunstancias, bien por falta de capacitación o, por dejación de funciones. El desconocimiento de la norma, no exime de responsabilidad, y lo que se ha hecho en algunas residencias con nuestros ancianos, es de juzgado de guardia.
En el otro extremo, están todos aquellos que, no solo han estado a la altura de las terribles circunstancias, sino que han dado lo mejor de ellos mismos, para sacar adelante a éste país en semanas tan aciagas. Hablo de los camioneros que nos han abastecido de lo necesario, para que nada faltara en las despensas, que en ocasiones, no tenían un sitio en ruta para tomar café o hacer sus necesidades. Del personal de los supermercados que, incluso nos han enseñado a desinfectarnos las manos y usar los guantes. De los vigilantes jurados, convertidos en asesores de higiene y desinfección. De los abnegados farmacéuticos, que pacientemente han contestado a todas nuestras dudas en materia de pandemia, no limitándose a despachar medicamentos sin más, sino haciéndonos comprender la gravedad del momento y aconsejándonos con total solvencia y profesionalidad. Se cuentan por millones las consultas que ellos han resuelto desde la oficina de farmacia. Y qué decir de quienes están pagando con sus vidas, el hecho de curarnos y salvarnos a nosotros. Esos médicos, enfermeras, auxiliares, conductores ambulancias, celadores, junto con los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Un Estado que una vez más no ha sabido estar a la altura.

lunes, 6 de abril de 2020

DON ANTONIO MACIÁ

Lunes Santo

DON ANTONIO MACIÁ

Tito Ortiz.-

Eran noches de cuaresma interminables, en el patio de las Comendadoras de Santiago, antiguo y primigenio “Campanario”, donde la Granada cofrade, ante la ausencia de casas de hermandad, se reunía alrededor de una caja de quintos de cerveza, para ir preparando la semana santa. Don Antonio Maciá, hermano mayor del Huerto, pese a su avanzada edad, sintonizaba como nadie con, aquel movimiento costalero emergente, que tanto bien haría en beneficio de todas las hermandades. Y entre cigarrillo y botellín, Curro Andrés y Manolo Ocón, entre otros, en nombre de la cuadrilla de costaleros Nazarenos, llegaron al acuerdo de sacar el paso de María Santísima de La Amargura, con aquella “igualá” en la que destacaban por su altura y buen hacer en la primera trabajadera, Jesús Ortiz en una pata, y Miguel Ángel Soria Ubago en la otra. Dos compadres que hicieron del andar costalero principiante, un arte desinteresado y solidario, a las órdenes de Paco Carrasco, llevando como contraguías a, Alberto Rodríguez Roldán, y Alfredo Navarro Santiago. Y así, por primera vez, se echó La Amargura a las calles de Granada, a hombros de no profesionales, con su paso dorado en madera, repleto de luces eléctricas alrededor de los respiraderos, gracias a unas baterías de camión instaladas bajo la mesa, cuyo ácido dio buena cuenta del cuello y la espalda, entre otros, de José Antonio Sánchez, “El Pupus”, en la primera “levantá”, ya que al ponerlas a cargar, a alguien se le olvidó ponerles los tapones. Esas cosas pasan, que diría mi hermano Falo, que también iba debajo.
El paso del Señor del Huerto, salía a la calle sobre un artilugio de ruedas, que permitía curvar para cambiar de calle, gracias a un timón metálico, en cuyo manejo se había convertido un gran experto, José Carranza, “El Wily”, dado que su hermandad de “La Cañilla”, también sabía de mecanismos análogos. Aunque le precedió en esa conducción y maestría, mi admirado e inolvidable, Antonio García Orihuela, pelotero y cofrade mayor del reino, de cuya conversación sabia, me ilustré durante decenios. Orihuela, para los amigos, fue un cofrade ejemplar del Huerto, dispuesto a colaborar en todo, y entusiasmado desde el primer día, con aquel movimiento de hermanos costaleros, que tanto bien han hecho por nuestra semana santa, desde la entrega desinteresada y el entusiasmo más desmedido.
 Pero fue don Antonio Maciá, quién aupado por aquella juventud, dio los primeros pasos para la renovación total de la hermandad del Lunes Santo, que después seguiría cuando, su sobrino, José Luís Maciá, cogió la vara de hermano mayor, y tras él, los que le siguieron. La hermandad de la calle Santiago, que tiene su sede en el kilómetro cero del camino a Compostela, pasó en pocos años, de tener un discreto papel en la noche del Lunes Santo, a comandar un movimiento cofrade “realejeño”, que pronto irradió al resto de cercanas hermandades, convirtiendo al barrio “greñúo”, en epicentro de la Granada cofrade, que incluso ha tomado por su catedral, la iglesia de Santo Domingo.

domingo, 5 de abril de 2020

PEPITO DE “LOS DIAMANTES”

Domingo de Ramos

PEPITO DE “LOS DIAMANTES”

Tito Ortiz.-

Eran tiempos en los que, contra todo pronóstico, Antonio Medina, hermano mayor de “La Borriquilla”, lograba cada año el milagro de poner en la calle, la hermandad encargada de abrir la semana santa de Granada. Pepito, mi amigo de entonces y de ahora, que sabe de vestir de hebreo y cargar con una palmera cuatro veces más grande que tú, ya apuntaba maneras para llevar un día el báculo dorado de La Entrada de Jesús en Jerusalén. Cuando en los sesenta y setenta del siglo pasado, la iglesia de San Andrés se hacía grande para sacar por la calle de Elvira, el primer cortejo de la semana santa, con solo un paso, mi amigo Pepe, a quién no me he atrevido a pedir el secreto de, como se fríe el pescado para que sepa a gloria como el suyo, ya profesaba su amor por esta su hermandad. “La Borriquilla” siempre fue escuela de cofrades, es muy raro que siendo niño, no hayas salido en ella, pero son muy pocos los que tienen el valor y el sentimiento de cuando son adultos, seguir en la cofradía, y ese amor desinteresado siempre lo ha tenido mi amigo Pepe, el de “Los Diamantes”.
Años en los que Dubé de Luque, no había concebido aún a la Virgen de La Paz, y en su lugar, la hermandad hacía desfilar a tres niñas del barrio, revestidas a la usanza hebrea, tras el paso del maestro Espinosa, a modo de cortejo humano y con el nombre de, “Las Tres Marías”. Todavía no había llegado con su total entrega a la Señora, mi admirado Joaquín Melgar, hombre que entendía de dulces, y como tal, aderezaba a la nueva Virgen de la calle de Elvira, con el donaire de una manola, de las que suben a la Alhambra. Y fue en esos tiempos cuando la hermandad alhambreña, empuñando llave de plata, comenzó a golpear la puerta de San Andrés, para abrir la semana santa de Granada al mundo, en un gesto que ya es histórico y que esta tarde no veremos, aunque espero que, Antonio Olivares (padre) desde el cielo, nos eche una mano para que cuanto antes, podamos seguir con la tradición. Cómplice de creaciones cofrades de la época, Miguel López Escribano, de certera sentencia en sus argumentos, con posada a los pies de esa maravilla llamada Alhambra, que no dudó nunca en poner sus conocimientos a disposición de, cuantos le necesitaron para llevar adelante proyectos que, hoy jalonan nuestro historial cofrade. Años de escasez y de penurias, pero con dosis de ilusión inquebrantables, como aquella banda de cornetas y tambores que don José Gómez Sánchez Reina, incluía en el desfile de su Santa Cena, y que por todo uniforme vestían el hábito de la hermandad, con capillos y capirotes, con ancha bandolera para los tambores con porta baquetas, y agujero en el antifaz a la altura de la boca para los cornetas. Y todo ello lo viví con mi amigo Pepito “el de Los diamantes”.