Belén de la hermandad del Rocío de Granada 2025.
SE ARMÓ EL BELÉN
Tito Ortiz.-
Está confirmado, Granada es
tierra de belenes. He visitado tantos y tan bonitos que, me resulta imposible
recomendar alguno en particular. Cada año nos superamos y tanto, instituciones
públicas como privadas, dan lo mejor de si, para mostrar al visitante una
muestra maravillosa de lo que es nuestra tradición navideña por excelencia, sin
olvidar las aportaciones de las hermandades y las de muchos particulares que,
brillan con luz propia, nunca mejor dicho.
Las primeras representaciones
belenísticas hay que buscarlas en las catacumbas de época romana. Y más
concretamente en un fresco de principios del siglo II hallado en la conocida
como Capella Greca (capilla griega), en las catacumbas de Priscila en la Vía
Salaria de Roma. La escena muestra la figura de la Virgen María estrechando en
su pecho al niño Jesús envuelto en pañales. Frente a ellos aparecen los tres
Magos de Oriente, que visten una túnica corta, sin manto, gorro ni corona. Entre
los años 432 y 440, el papa Sixto III trasladó a Roma, desde Tierra Santa,
algunos fragmentos de la "santa cuna", y los dispuso en una pequeña
capilla habilitada a tal efecto en la iglesia de Santa María ad Preasepe (Santa
María en el Pesebre). Allí, el papa empezó a celebrar representaciones que
recreaban el nacimiento de Cristo.
Pero en 1223, Francisco de
Asís llegó, junto con su hermano León, a Greccio, en la región italiana del
Lazio. Para intentar evangelizar a la población de la región, mayoritariamente
analfabeta, Francisco pidió una dispensa al papa Honorio III para crear el
primer belén en una cueva muy cerca de la ermita de la localidad. Según la
Leyenda Mayor de San Francisco: "Llegado el beato Francisco, en memoria de
la natividad de Cristo, ordenó que se preparase el pesebre, que se trajese el
heno, que se condujera al buey y al asno; y predicó sobre la natividad del Rey
pobre". Giovanni Velita, un señor feudal, le proporcionó el pesebre, la
paja y los animales.
DE LA IGLESIA A LOS PALACIOS
Al parecer, la primera forma
moderna de belén se debe a san Cayetano de Thiene, que en 1534 ideó un pesebre
con figuras de madera pintadas que iban cubiertas con ropajes de la época y
cuya cabeza estaba hecha de terracota, cartón piedra o madera. Pero en lo que
se refiere a España, fueron el rey Carlos III y su esposa, María Amalia de
Sajonia, los que importaron aquella costumbre desde Italia a nuestro país y la
introdujeron en sus palacios. De hecho, construyeron una sala especial para la
realización del conocido como "Belén del Príncipe" (primero en el
palacio del Buen Retiro y después en el palacio Real), un típico belén
napolitano en el que se representaban las costumbres y vestimentas locales, y
fue encargando a los reconocidos imagineros valencianos José Esteve Bonet, José
Ginés Marín y al murciano Francisco Salzillo.
A mediados del siglo XIX, poco
a poco esta costumbre se fue extendiendo a todos los hogares españoles. Fue
entonces cuando empezaron a fabricarse las figuras de belén en serie. Destacan
las producidas en barro, muchas veces sin cocer y pintadas con vivos colores,
en las fábricas de Murcia, Granada, Barcelona y Olot (Girona). De lo que se
deduce que, cuando se produce la gran eclosión del belén en nuestro país,
Granada está muy presente en la concepción y construcción artesana de sus
figuras, muy famosas por ser realizadas con barro del río Beiro y, demandadas,
no solo por toda Andalucía, sino, por el suelo patrio y el extranjero.
RECONOCIDA CREATIVIDAD
GRANADINA
La tradición barrista
granadina arranca a finales del siglo XVI, pero sería en el siglo XIX cuando la
ciudad se convirtió, con el impulso del Romanticismo, en uno de los centros
españoles de mayor producción de figuras para el nacimiento, así como de barros
devocionales y de costumbres o tipos populares.
La tradición belenística
granadina, arrastra la historia de los barros granadinos y sus artífices, jalonada
por apellidos de ilustres maestros como, la familia Román, Sotomayor, Pérez
Coma, Ogeda o Jiménez Rada, cuya dinastía llega a nuestros días gracias a las, Creaciones
Artísticas Jiménez Mariscal, el último taller de barristas existente en la
ciudad, herederos de la mejor tradición, cuya trayectoria ha sido distinguida
en numerosas ocasiones y, cuyo prestigio les llevó en su momento a, tener el
honor de que la corona española, cuente en su inventario con un belén nacido de
sus manos.
En su momento y con el afán de
que la tradición no se perdiera, la familia Mariscal, impartió su docencia a artesanos
«como cierto enfermero del Hospital Militar, que realizaba figuras de pequeño
tamaño y gran maestría, algunas de las cuales pueden observarse hoy en el museo
Casa de los Tiros». Una tradición artesanal a pequeña escala que han continuado
discípulos de estos grandes maestros, como Manuel Collado García y José Lozano
Gómez, discípulos de Jiménez Mariscal, el segundo de los cuales abandonó el
taller tras ingresar en la plantilla de la Diputación Provincial, pero que
continuó esculpiendo figuras por afición.
Hoy que ya estamos
acostumbrados a ver belenes de chocolate o, realizados con figuras de play
móvil, tener la satisfacción de que Granada haya sido cuna centenaria de esta
tradición, y que, en la actualidad, seamos capaces de ofrecer al mundo, tanta
belleza e inigualable y legendaria estética de lo bien hecho y compuesto, es
para que nos sintamos más que orgullosos de nuestro pasado y del brillantísimo
presente, pues no hay más que echarse a la calle y comprobar con asombro que,
cada belén expuesto al público, es en si mismo una joya de nuestro presente,
pero a la vez, de nuestra propia historia. Y en esto, también Granada tiene su
sitio. Por cierto, me llamó mucho la atención el de la hermandad del Rocío,
sobre todo porque, es san José el que tiene al niño en sus brazos y María
descansa en su regazo. Precioso.

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