sábado, 20 de diciembre de 2025

 

Manolo Montes, Saeta de Oro en Granada. (Foto Juan Ortiz)

SAETAS DESDE LA ALHAMBRA

 

Tito Ortiz.-

 

Cronista oficial de la ciudad de Granada

 

Una de las preguntas recurrentes es ¿de dónde viene la saeta actual? Se han elaborado diversas teorías, posibles y difíciles de documentar completamente en su exclusividad, pese a las vivas discusiones de los partidarios de cada una de ellas. Quizás todas tenga una parte de verdad porque ese crisol existió y fue real. La llamada a la oración adhan del almuédano desde el alminar de la mezquita; los cantos sefardíes; los Vía Crucis de franciscanos y dominicos; los Rosarios de la Aurora; los romances de Pasión y Muerte; la influencia de Misereres y Stabat Mater de la música culta religiosa; las tonás y pregones de arrieros, caldereros, herreros y canasteros; las carceleras y los martinetes, sin duda, todos esos ingredientes tienen coincidencias genéticas como antecesores de las saetas flamencas, según argumenta el musicólogo, Reynaldo Fernández Manzano, con un criterio más que acertado, en lo que se refiere a los antecedentes de este cante que, nos distingue a los andaluces durante la semana de pasión, y de manera singular a la tierra de Granada, cuyo barrio gitano del Sacromonte, también aporta nuevas melodías a este rezo flamenco al paso de una imagen.

Mi compañero en el Diario Patria, el escritor y poeta, Antonio Fernández Moreno “Talismán”, en su Teoría del cante jondo (1958) evoca líricamente su significado y sentimiento, como ejemplo este fragmento: "De la noche del alma, encerrada, inconsolable, en su propio dolor, del “martinete”, la “carcelera”, la siguiriya”, al misticismo de la pasión y el sufrimiento, al vuelo alto, luminoso, vibrante, de la “saeta”, a la ofrenda fervorosa del corazón. Todo el cante es ansia reprimida, de vuelo y eternidad, grito, río, borbotar de pena, clamor de humanidad que se desangra, en soledad de misterio y agonía, que clava en el silencio de su herida, antes de perderse en el mar inquietante, su horror a lo desconocido, para encontrar al fin, en una Cruz, alzada entre el límite de la vida y el umbral de lo eterno, la revelación esclarecedora, el sentido trascendente, el “por qué” de la tristeza y el dolor del universo».

Con estos antecedentes históricos debemos concluir que, La Saeta es mucho más antigua que nuestra propia semana santa, aunque ha llegado a nuestros días como un palo a interpretar exclusivamente durante ese tiempo, y que en Granada adquiere caracteres peculiares donde el mundo flamenco, ha querido enriquecer esta expresión y, sobre todo, hacerla perdurar en el tiempo, poniéndola en conocimiento de nuevos valores de lo jondo, que incluso se han acercado al flamenco, gracias a tener conocimiento de este palo, junto a la oportunidad de aprenderlo de voces tan autorizadas en la actualidad como el cantaor, Curro Andrés que, despliega su magisterio a estas nuevas generaciones de intérpretes, deseosos de profundizar en el arte jondo de la saeta, para posteriormente participar en el Concurso anual de La Saeta de Oro. Este certamen, organizado por la Federación Provincial de Empresas de Hostelería y Turismo de Granada, con la colaboración de la decana de las peñas flamencas, “La Platería” y la propia Federación de Peñas, tiene como objetivo principal la recuperación y puesta en valor de la saeta, un género de cante flamenco ligado profundamente a la Semana Santa, que representa una de las manifestaciones más auténticas y sentidas de la fe popular en nuestra tierra que cuenta con el apoyo del Ayuntamiento y La Junta de Andalucía y La Fundación Unicaja, garantes todos de su continuidad y aprovechamiento por parte de los jóvenes cantaores, que tienen referencias de quienes los precedieron en esta labor como, “La Parrona”, Manolo Montes, “El Piki” o el inolvidable Enrique Morente, por no hacer excesivamente larga la lista que a lo largo de los tiempos, han enriquecido la interpretación de la saeta al paso de las imágenes en la ciudad de La Alhambra.

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