Pepe Monreal, Ángel Luís Sabador Medina y José Miguel Castillo Higueras en el primer Pregón. Juan Ortiz.-
LOS TRES PRIMEROS
Tito Ortiz.-
Con el magnífico pregón que
ayer pronunció mi compañero, Carlos Marín, se han cumplido treinta y cinco
ediciones desde que, en aquel 1991, se me ocurrió la idea de dotar a Granada de
un pregón que anunciara nuestra fiesta del Día de La Cruz. Lo primero que hice
fue comunicarlo a mí director de Canal Sur Radio en Andalucía, José María Durán
para conseguir su permiso. Después me fui al Ayuntamiento y convencí a Antonio
Jara, para que el Ayuntamiento formara parte de la nueva iniciativa en torno al
Dia de La Cruz. Conseguí su anuencia, que éste se realizara en el escenario de
la Plaza del Carmen, y le cedí al alcalde, el honor de entregar al pregonero,
la paloma de Canal Sur. Una obra en bronce con la que la radio pública de
Andalucía galardonaba entonces a personas distinguidas por su colaboración con
la RTVA.
Lo de elegir al pregonero me
lo reservé yo siempre y, la verdad es que, lo tuve fácil desde el primer
momento. Para aquella primera experiencia le hice el compromiso a mi hermano
Ángel Luís Sabador Medina, que con su granadinismo intravenoso, puso las bases
de futuro para lo que debería ser en adelante un pregón de esas
características.
Ángel Luís hizo un paseo
histórico por nuestra fiesta y sus lugares más emblemáticos y, entre otras
cosas, dijo;
“Cruz de mayo granadina hecha
en un altarón de escalones verdes, cubierto de clavel rojo y blanco y exornado
con cobre, hachones de vela, cerámica de Granada y espejos de latón albaycinero,
enhorabuena porque así se hace la Cruz de mayo en Granada. Aquella Cruz de las Chirimías
que con cantares de Darro alzaba cante a la Cruz, en esta tarde de mayo. Aquella
Cruz que siempre ponía muñeco hecho de trapo, vestido como en la fragua o,
cantaor gitano. Cruz del Sacromonte en cueva de María la canastera tocada con
gran sombrero de ala ancha, como corresponde a un sombrero gitano. Cruz de la
calle Huete allá por el campo del príncipe. Cruz de la Plaza Larga que, aquel
año dedicaron a los artesanos del barrio, con talleres representativos de cada
una de las artesanías. La cerámica, el hierro forjado, el cobre, los tejidos
artísticos. Cruz homenaje a estirpes y familias enteras, entregadas por los
tiempos a cada una de las maravillosas profesiones que ensalzaron mi querido
albaicín, Pepito el del carril, Vicente Díaz, Juanico el calderero y, Juan
Ferrer. Cruces, cruces de mi Granada que supisteis hacer fiesta, las fiestas no
señaladas”.
CASTILLO HIGUERAS
Al año siguiente (1992) le
encargué el pregón a José Miguel, y para mí sorpresa, me dijo que no quería
darlo en la plaza del Carmen ante la Cruz del Ayuntamiento, que le apetecía
llevar el pregón al epicentro de la tradición del Día de La Cruz y así lo
hicimos. Castillo Higueras dio el segundo pregón del Dia de La Cruz en las
entrañas de la Granada antigua, en la Placeta de La Cruz, a espaldas del
Hospital Real y, aquello fue un éxito rotundo. Le pedí permiso a una vecina y
desde su balcón, del que pendía un hermoso mantón de manila, José Miguel dejó
dicho un pregón para la historia, en el que entre otras cosas argumentó:
“En otro interesante texto
histórico local, Los Anales de Granada de Francisco Henríquez de Jorquera, describía como en 1640 en el día de la
intervención de la Cruz, se efectuó una gran fiesta con justa literaria,
referencia inconsciente a sus orígenes culturales que, contó en su jurado entre
otras personalidades, al Conde de Arco, culto mentor de gran personalidad en la
Granada barroca, En el siglo XIX la fiesta adquirió un carácter pintoresco,
convocando El Liceo de Granada, certámenes públicos como aquel en el que se
premió a Antonio Joaquín Afán de Rivera con el clavel de plata en mayo de 1885.
Describía éste la Cruz montada en el corral de vecindad de la calle Nueva, en
el patio, con la petición previa de toda clase de muebles y adornos para hacer
un monumento que diera esplendor y otro que se anunciaba en el lejano barrio de
San Lázaro. De la casa de la marquesa trajo la Hermenegilda, floreros, colchas
y macetas, La Julia acudió al ama de Gobierno de un señor beneficiado quien
como se trataba de un asunto católico abrió sus puertas y es imponderable el
número de objetos que prestaba entre ellos un Niño Jesús de talla que tenía en
mucha estima, pero con cláusula expresa de que ocuparía el lugar de los
preferidos”.
JUAN DE LOXA
No me costó ningún trabajo
convencer a Juan de Loxa para que pronunciara el tercer pregón del Dia de La
Cruz en 1993. Y habló de su infancia y tradición:
“Nosotros los niños de la
posguerra arrancábamos las flores de las macetas de geranios de nuestras madres
y, con dos palos de escoba hacíamos la Cruz y llevábamos en andas para al mismo
tiempo con un platico o la tapadera de una caja de lata, pedir un chavico que
era una perra gorda, un real, pues una peseta rubia constituía todo un
acontecimiento para la Cruz de mayo que no ha salido en todo el año. Después
nos dividíamos las ganancias tras haber conseguido que familia y vecindario
soltaran las monedas y, por la tarde, nos íbamos al cine para ver Candilejas de
Charles Chaplin o, colarnos en Gilda que era gravemente peligrosa, si hacían la
vista gorda porteros y acomodadores. Así pasábamos de la Cruz por la mañana al
pecado mortal con Rita Hayworth. En las radios de cretona y ojo mágico, sonaba
un pasodoble, Cielo andaluz… el de las cruces de mayo, el que llenó de alegre
risa mi patio”.
Estos tres pregones los editó
la Diputación de Granada, bajo la supervisión y edición de Antonio Mora de Saavedra,
que realizó un gran trabajo.

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