En 1982, Tito Ortiz entrevistó en el hospital clínico a Curro Andrés tras su primera intervención.Juan Ortiz
“PADALE” CON UNA
ALPARGATA
Tito Ortiz..-
En las mañanas como hoy
domingo, se echaba al monte en busca de hierbas. Las conocía todas y a eso de
medio día, aparecía por “El León” con un buen manojo que generosamente repartía
si alguno lo demandaba. Un día traía tomillo, otro “yerba” Luisa. Recuerdo que,
en mis tiempos de soltería entre matrimonios, yo le encargaba que me trajera
collejas, que me las hago en tortilla y, me sale un plato de catorce estrellas
michelines. Pero como me gustaba chincharle, cuando lo veía entrar le
preguntaba: ¿Me has traído la “Silene Vulgaris” que te encargué? Y la respuesta
era de traca: ¡Te he traío pollas! Aquí tienes las collejas y no des más
“porculo”.
En la búsqueda de hierbas
domingueras era incansable, hasta el punto de que un día, en mala hora, se me
ocurrió acompañarlo y cuando íbamos por Jesús del Valle, yo me rendí y llamé al
112 para que me rescataran. Él siguió claro.
Fuimos cofrades desde la cuna,
por eso lo acompañé en la fundación de dos hermandades, en el montaje de
altares, de cruces de mayo y de belenes. Íbamos a la estación a recoger los
restos del carbón para hacer las rocas, y bajábamos al Dauro para obtener el
musgo. El río lo hacíamos con papel de plata.
Lo quise siempre como mi
hermano mayor desde que jugábamos en plaza nueva a La Lima, aprovechando que no
estaba enlosada. Él vivía en la calle Imprenta y yo en la Calderería, así que
ese era nuestro punto de encuentro. Junto al kiosco de “Chalo”, y María “La
Agüaora”, que como se indica, vendía agua fresquita del avellano, bajo las
carteleras de los cines y, bajo cuerda, cigarrillos sueltos, principalmente,
Celtas y Bisontes sin emboquillar.
LO FLAMENCO
Hasta su jubilación, trabajó
siempre en La Cámara de Comercio donde el destino nos volvió a reunir, cuando
su presidente Luís Curiel, me llamó para crear el gabinete de comunicación e
imagen en la institución. Así que no era infrecuente sorprendernos a los dos,
en las amplias cocinas del palacio de la calle Paz, mientras entonaba un cante
aprendido y requería mi opinión. Una cosa de locos porque yo no paso de ser un
aficionado, mientras él era un maestro con tantos conocimientos que, hasta
figuras muy consagradas le pedían opinión, pero Francisco Andrés Andrés era
así. En la época que le dio por cantar al estilo de Manolo Caracol, ni el Beni
de Cádiz, ni El Pele ni Chano Lobato, consiguieron superarlo. Curro Andrés
estuvo tocado siempre por una varita mágica que, en lo que él se especializaba,
era muy difícil superarlo. Su sentido del compás y sus virtudes para cantar
atrás, lo hicieron imprescindible para el baile de grandes figuras.
Lo acompañé en infinidad de
ocasiones a cantar. Recuerdo una noche que subimos a la Venta del Álamo, donde cantaba
otro inseparable, Ángel Rodríguez “Chanquete”, se echó “palante” y Curro hizo
un cante por derecho. En ese instante, Guzmán Albea que estaba al lado, se picó
y hizo otro, así que nos pedimos dos pollos con ajos y dos botellas de Fino
Quinta y nos dieron las nueve de la mañana, cuando nos echaron para limpiar.
Dados sus conocimientos sobre
el flamenco, en no pocas ocasiones formó parte de los jurados de concursos, Recuerdo
la noche en que Juan Antonio Cuevas Pérez “El Piki” ganó el de la Peña La
Platería en la placeta de los Aljibes de la Alhambra. Curro era secretario del
jurado y yo presentaba el acto. Mientras deliberaban, se traía una estrella del
flamenco para poner broche al concurso. Aquella noche le tocó a Calixto Sánchez.
Cuando lo presenté eran las ocho menos cuarto de la mañana, con los primeros
rayos de sol sobre las torres de la Alcazaba. En ese momento aproveché para ir
al ambigú y me encontré con Curro que, esperaba los resultados de las
puntuaciones para proclamar al ganador. Como me gustaba oírlo, le pregunté que
le había parecido la actuación de uno de los concursantes, que, a mi juicio, no
había tenido su noche y la respuesta fue de trueno gordo: “Paqué” me preguntas
si ya sabes la respuesta… Ha cantao pa darle con una alpargata.
DISCOGRAFÍA
Fiel al estilo de Frasquito
Yerbaguena, a Curro Andrés nunca le quitó el sueño lo de grabar un disco con
sus cantes. Paradójicamente intervino en multitud de grabaciones con otros
artistas, pero yo he escogido dos que, me parecen muy ilustrativos del carácter
de Curro Andrés y su aportación al flamenco.
Me costó dios y ayuda
convencerlo en 1977 de que cantara en el disco de mis maestros, Rafael Gómez
Montero y Juan Antonio Ibáñez, titulado: “Entierro Para García Lorca” en el que
intervinieron junto a él, Juan Carmona “Habichuela” y la jienense, Rosario
López. La grabación es una joya de poesía y flamenco, llevada a cabo durante la
transición política, en la que todos los intervinientes dieron un paso
adelante, no solo en el flamenco de la época, sino, en un incipiente aire de
libertad que, con el tiempo, no estaría ausente de sobresaltos.
Pero el disco que yo considero
su testamento es el titulado, “En Memoria de Algunos Grandes”, en el que Curro
Andrés da una visión panorámica, de aquellos que fueron sus referentes,
incluidos también en la copla que, dominaba como nadie y que la recreaba en sus
memorables cuplés por bulerías, solo para los amigos y cuando se sentía a gusto.
Desde la Niña de Los Peines a
Vallejo, pasando por Tomás Pavón, Pepe Pinto, Juanita Reina, Antonio Mairena,
Chavela Vargas, Pericón de Cádiz, Manuel Celestino Cobos “Cobitos” y,
alcanzando a Marifé de Triana, El Gallina, Juanito Varea, Chano Lobato, su
ídolo Manolo Caracol, Rocío Jurado o Pepe Albayzín. Es en este disco en el que
Curro resume toda su trayectoria flamenca, sin que podamos olvidar su
aportación y magisterio en torno a La Saeta. Vaya para él la mía por martinetes
y carceleras hasta el cielo, aunque sé que a él le gustaban más por siguiriyas.
