lunes, 31 de agosto de 2015

EL CORRAL DEL CARBÓN

GRANADA EN BLANCO Y NEGRO Tito Ortiz.- Corral del Carbón No hay precedente en España, de que otro director haya dedicado toda su vida, al engrandecimiento de nuestro teatro clásico, y la zarzuela. José Tamayo, sintió desde niño esa vocación, que mantuvo hasta el final, con la estética de un corral de comedias. Ésta Alhóndiga Nueva, construida en el primer tercio del siglo XIV, junto al mercado de las sedas, al que accedía por un puente sobre el Darro, y al lado de la Mezquita Mayor, fue almacén y mercado, también posada de comerciantes. En el siglo XVI, ya se tiene constancia de que es utilizado como Corral de Comedias, pues su arquitectura a doble planta, permite separar a hombres de mujeres durante los espectáculos, ya que unas veces la autoridad y otras la religión, dependiendo de la época que hablemos, no se permitió que hombres y mujeres asistieran juntos a los espectáculos. Pasó el edificio, de ser utilizado para que pernoctaran los carboneros, a lugar de representaciones teatrales, dada su cercanía al zoco de la medina, lo cual permitía el conocimiento de lo programado, de manera inmediata a un mayor número de personas, a veces incluso, sin tener que utilizar voceros y fanfarrias. Multiusos A lo largo de su historia, el Corral del Carbón también cambió de sexo, llegando a convertirse en Corrala, pero de vecinos. Hay algunas generaciones de granadinos, a los que les cupo el honor de nacer en lugar tan emblemático e histórico. Aquí se ha declamado a los clásicos, bailado a lo genuino, y cantado a lo más jondo, no sólo por la cantidad de ocasiones en las que éste patio, albergó el arte flamenco, sino porque pocos saben, que el famoso Primer Concurso de Cante Jondo celebrado en la Alhambra en 1922, tuvo entre éstos muros su segunda edición al año siguiente, en 1923, según ha descubierto, el no menos flamenco, José Delgado Olmos, estudioso del tema y aficionado cabal donde los haya. Aquí se ha proyectado cine, se ha tocado el piano, interpretado canción lírica, presentado eventos, escuchado declamar a los clásicos, e interpretado a los contemporáneos. Aquí se echan suspiros, y monedas al agua acompañadas de un deseo, como en la Fontana de Trevi. Y es que éste humilde pilarillo en el eje del patio, es más antiguo aún que la célebre taza inmortalizada por, Anita Ekberg, cuya imagen no me permita olvidar dios en toda mi vida. José Tamayo No muy lejos del Corral, nació el gran Pepe Tamayo, que desde niño sintió la vocación del Teatro. Leo del año veinte, Tamayo, estudió humanidades en el seminario y pasó por la Escuela de Comercio, pero sus ojos brillaban de manera especial cuando se levantaba el telón. Con diecisiete años comienza su andadura con, Teatro Al Aire Libre, poniéndose al frente de la dirección con grandes clásicos de todos los tiempos. A mediados de los cuarenta, funda la compañía Lope de Vega, tal vez su gran obra, porque por ella pasan los grandes de la escena española, y con ellos, revaloriza a los autores hispanos, hasta el punto de que nunca antes habían sido valorados. Tamayo ama nuestro teatro, y ama nuestro género chico, hasta el punto de que La Zarzuela, conoce a través de sus montajes una época de esplendor, absolutamente insospechada. Hizo las américas donde triunfó con rotundidad, y la década de los cincuenta, lo encuentra en el Teatro de la Comedia de Madrid con Muerte de un Viajante. En 1954 realizó su primer montaje musical en el Teatro de La Zarzuela, Al sur del Pacífico, que le dio pie para crear cinco años más tarde la compañía lírica, Amadeo Vives. Fue durante esta temporada (1954-1962) cuando dirigió el Teatro Español; algunas de las obras que puso en escena y que más fama le dieron durante esta etapa fueron Doña Francisquita, (1956), en el Teatro Lírico Nacional de La Zarzuela. Carmen (1962), en la Plaza Mayor de Madrid. Enrique IV, Luces de Bohemia; El caballero de Olmedo, en Washington y Nueva York, y Crimen Perfecto, que fue una de las obras más innovadoras del momento. De su pasión por el teatro, ésta anécdota real lo calibra perfectamente: una larga noche de ensayos al aire libre, en el Teatro Romano de Mérida. En un momento dado, Tamayo gritó, llevándose las manos a los ojos: "¡Qué me apaguen ese dos mil!", refiriéndose a lo que creía era un foco que le deslumbraba. Su ayudante le tuvo que aclarar: "Don José, no es una luz, es el sol que está saliendo". Ése era Pepe Tamayo, el granadino que dirigiendo autos sacramentales en la puerta de la catedral granadina, aprendió a conquistar el mundo de la escena, que no llegó a tener secretos para él. Pepe Tamayo, más granaíno, que la calle La Colcha.

domingo, 30 de agosto de 2015

LAS ORILLAS DEL DARRO

GRANADA EN BLANCO Y NEGRO Tito Ortiz.- Las dos orillas del Darro Si hay una granadina que nació viendo el río Darro desde las dos orillas, esa es Mariana de Pineda. Se puede decir que el suyo es el barrio de santa Ana, y que desde aquí, soñó una Granada más justa y libre, pagando su anhelo con la vida. Dicen, los que de esto saben, que El Darro llegó a tener a su paso por la ciudad un total de catorce puentes, algunos de ellos conservados bajo el embovedado, que en algunos tramos comenzó a producirse en el siglo XVII. Pero la auténtica imagen del Darro urbano, histórico y cosmopolita, es la que se obtiene en el tramo comprendido entre la Iglesia de san Pedro y la de santa Ana. En esos metros, El río que en su momento dio oro, regala al mundo su belleza blasonada por diez siglos de historia, piedra a piedra, arco a arco. Y en éste tramo de sus aguas, será donde fijemos nuestro relato veraniego de hoy, ya sea, aguas arriba, o abajo, pues la historia es la que es, y la belleza inamovible. Para recrear nuestra vista de paseantes exhaustos por “ la caloh”, en busca de refugio donde mitigar nuestros males, nos queda el puente, de El Aljibillo, con sus sillares a soga y tizón, que nos permite cruzar al avellano o la cuesta de Los Chinos, esa que por fin ya parece estar arreglada, cuya pavimentación al parecer ha sido el parto la burra, que diría un albaycinero. Aguas abajo, el puente de Las Chirimías, que desde la casa del mismo nombre, cruza hasta el hotel Reuma, y nada más bordear la iglesia de san Pedro, frente a los baños árabes, los restos del que fuera el puente más importante: El Puente del Cadí, o puerta de Los Tableros, que no sólo conectaba el Albayzín con la Alhambra, sino que permitía maniobrar las aguas, a conveniencia de los regidores. Espinosa y Cabrera Siguiendo el curso de las aguas, el siguiente puente sobre el Darro es el de Espinosa, casi a la puerta del Centro de Documentación Musical de Andalucía, que conecta Albayzín y barrio de La Churra, pero que entre ambos, alberga la calle de santa Ana, en paralelo al cauce y por donde tiene la entrada a la sacristía, el templo a los pies de La Almanzora. Este puente de arco único, como sus hermanos, es de aspecto más tosco, debido a su construcción cristiana datada hacia el siglo XVII, si bien no se puede descartar que antes ya existiera otro en su lugar, dadas las lógicas necesidades de conectar un barrio y otro. Éste puente Espinosa, junto con su hermano de más abajo, el puente Cabrera, es muy posible que sean los dos puentes más pintados y fotografiados de la historia, pues no hay imagen de Granada en el mundo que nos identifique más, exceptuando la de la Alhambra. Estos dos puentes es muy posible que se construyeran sobre anteriores, que no resistieron a finales del XVI, el estallido del polvorín existente junto a la Iglesia de san Pedro, y en el tramo que ellos presiden, hasta llegar al inicio del embovedado en la plaza de Santa Ana, junto a su iglesia, nació y vivió una mujer ejemplar e inolvidable. ¿Por bordar una bandera? Desde el puente de Espinosa, aguas abajo, hasta las puertas de la Chancillería, discurre una vida. Mariana nace en una orilla del Darro y vive de casada en la otra, aunque el final de sus días se celebra en un pañuelo, que es la distancia que separa su casa de la calle Águila, del Convento de Las Arrecogías del Beaterio de santa María Egipciaca, situado en la única mitad de la calle Recogidas que en ese año existía. Hija de madre soltera, pero de familia noble, mariana crece en la clase social acomodada de la época, y casa con tan sólo quince años. Un hecho que marcará su vida pues enviuda al poco tiempo. Mujer inteligente y culta, era lógico que no pudiera comulgar con el Régimen impuesto por Fernando VII, rey taimado y sanguinario, cuyo proceder, tanto animó a la causa republicana de todos los tiempos. Es muy posible, que de ser Mariana menos valiente, y de no existir en el mundo un ser abyecto y enamorado de ella como el alcalde del crimen, Ramón Pedrosa, la causa hubiera sido otra, y otro su resultado. Mariana fue elegida para el cadalso, como hecho ejemplarizante, no contra las gentes del pueblo, sino, contra la clase noble y acomodada, que a pesar de sus estatus, no comulgaba con un rey tan despreciable como el de aquellos días. Ésta ciudad, tan valiente y defensora de sus convecinos, cuando Mariana a lomos de un borriquillo, iba camino del cadalso, lejos de revelarse, al paso de la lúgubre comitiva, cerraba los postigos de balcones y ventanas, como no queriendo ver la escena. Típico nuestro.

jueves, 27 de agosto de 2015

LA HUERTA DE SAN VICENTE

GRANADA EN BLANCO Y NEGRO Tito Ortiz.- Huerta de San Vicente Aquellos 36 marjales de la antigua huerta de Los Marmolillos, pasaron a llamarse, de San Vicente, en honor a doña Vicenta, madre de los García Lorca, por voluntad de su marido, don Federico, nada más formalizar la escritura de compra en 1925. Desde ese instante, el lugar se convirtió en la huerta de recreo donde pasar los veranos, alejados del mundanal ruido de la ciudad, pues no olvidemos que los Lorca, poseían casa en La Acera del Casino, corazón de la capital. Con el tiempo la fueron adaptando, metiendo el agua corriente, la electricidad y otras comodidades, incluso el teléfono. No olvidemos, que la conexión natural con el casco urbano es la calle de Recogidas, pero que en esa época, se cortaba a mitad de camino, donde ya empezaban las huertas y su prolongación con la Vega de Granada. Se entraba en ella a través de un camino lleno de árboles frutales, con rosales y granados. Un enorme nogal daba sombra en la entrada. Había también un níspero, varios cipreses, uno de ellos sembrado por Federico y una palmera. Un gran macasar de enorme tamaño aromatizaba, con higueras y jazmines, todo el entorno. Las vistas sobre la Alhambra y Sierra Nevada la convertían en una finca ideal para los días de asueto. Isabel La propia hermana pequeña del poeta, Isabel, la describió así: En verano la casa era fresca, pues tenía muros muy gruesos, y a las doce de la mañana había que entrar en ella y salir a la puesta de sol. Pero las mañanas las recuerdo deliciosas. En la cocina había una tinaja bastante grande que se llenaba cada dos días y había lo que se llamaba una cantarera, con dos cántaros grandes que se llenaban de agua que nos traían en un borrico, desde la famosa fuente del Avellano. A la izquierda, cubierta por un jazmín que llegaba a los balcones, una habitación que era comedor y otra que era el cuarto de Paco, y enfrente la cocina. Junto a la casa, a la izquierda, se hizo primero un garaje y encima una preciosa terraza. Pronto pensamos que al coche no le pasaba nada por quedarse fuera, ni se veía ni estorbaba, por lo que pasó de garaje a comedor, con dos grandes ventanales, y quedó una habitación bastante espaciosa y agradable. El Patio de la entrada Tanto las tardes de verano, una vez que el sol iba cayendo, como las de invierno sin lluvia, el patio de la huerta se convirtió en el lugar donde reunirse para charlar, leer, escuchar la radio, el gramófono, o hacer labores de costura, que siempre fueron un bello pretexto para hablar de lo divino y de lo humano. La sombra de sus árboles, ofrecía el cobijo necesario de los rigores del calor, y el botijo a la sombra, con tapete de ganchillo, daba su agua fresca con esa temperatura natural, con el frío necesario para no dañar las gargantas. Hay quién mantiene, que en ésta paz, a tan sólo un kilómetro de la urbe, El poeta encontró el lugar apropiado para crear algunas de sus obras más preclaras, como el Romancero Gitano, o la Casa de Bernarda Alba, cuya historia ocurrida en Asquerosa, donde veraneaban antes de tener la huerta, se revivía mejor en la distancia. Las fechas de su gestación, bien pudieran validar ésta idea. En éste patio familiar, con el juego de los niños de Concha y el Alcalde de Granada, nadie podía imaginar que se iban a vivir momentos de tensión y hasta de tragedia, al llegar Agosto de 1936. Hasta tal punto, de que Federico es convencido para que abandone la huerta y se refugie en casa de sus amigos “Pepiniqui” y Luís Rosales, algo que a la postre no frenaría los impulsos de venganza del taimado, Ruiz Alonso. Doña Vicenta Una de las personas que más disfrutó éste patio de La Huerta de san Vicente, fue doña Vicenta, la madre del poeta y matriarca de ésta familia marcada por el dolor, que incluso alcanzó de lleno en las tapias del cementerio a su yerno, Manuel Fernández Montesinos. Doña Vicenta, “greñúa” de nacimiento, según mi compañero, amigo y maestro, Juan de Loxa, estudió en el colegio Calderón, y en la Escuela Normal se convirtió en maestra con buenas notas, que en las oposiciones le llevaron a ocupar plaza en Fuente Vaqueros, donde conoció al padre de Federico, y se casó con él, que estaba viudo. Vicenta, abandonaría la enseñanza al quedar embarazada de Federico. Pese a ser la segunda esposa y con buena diferencia de edad a su favor, la madre de Lorca se granjeó pronto el cariño y el respeto de toda la familia, consiguiendo hacer una piña, no sólo de todos sus hijos, sino de aquellos que se iban sumando a la familia como yerno y nietos. Doña Vicenta, no sólo fue la madre de Federico, fue su confidente, la primera en escuchar sus dudas existenciales y culturales, y la mujer que hizo de escudo ante su padre, para que el poeta girara su trayectoria hacia su arte, y no a lo que había previsto su padre. Amortiguadora de encontronazos filiales, certera consejera de opciones mundanas, oidora de desamores y anhelos, compartidora de éxitos, doña Vicenta es hoy, aún, parece mentira, una figura a reivindicar. Federico, no hubiera sido nunca el Federico que conocemos, si su madre hubiera sido otra mujer. A la hora de estudiarlo a él, no podemos separarla a ella. Que gran mujer, y que extraordinaria madre fue usted, doña Vicenta.

miércoles, 26 de agosto de 2015

LOS SECRETOS DE LOJA

GRANADA EN BLANCO Y NEGRO Tito Ortiz.- Loja La ciudad abrigada por tres colinas, famosa por su mármol y la riqueza de su agua, es desde hace siglos considerada, la huerta del poniente, por la bondad de los frutos de su tierra. Aquí nació Morayma, esposa del último rey de La Alhambra, y Al- Jatib, hombre de letras con gran predicamento en la corte. Aunque su pasado árabe es el arranque de cualquier referencia al lugar, hay quién lo arrastra hasta el Paleolítico, incluso quién afirma, que Loja fue fundada por un nieto de Noé, asunto éste que yo no he podido constatar. Loja es el lugar ideal donde, parando en “El Taxi”, o en el “Tres Colinas”, tomas un refrigerio y saboreas los exquisitos roscos, blancos como la nieve, o los huesos y pestiños bañados en miel. Loja es la parada obligada al ir o venir de Málaga, las noches al raso, escuchando cante en el concurso de su Volaera, las saetillas y el danzar de Los Incensarios en semana santa, y la ribera del Genil para resguardarse del calor en veranos tórridos como éste. Por Loja pasaron los romanos, y en el siglo XIII, Fernando III El Santo, que no dudó en destruirla para conquistarla. A Loja le cupo el honor de tener como Alcaide al mismísimo, Gonzalo Fernández de Córdova. Loja es la del Corto de Loja, aquel tren que la unía con la vecina Huétor Tájar. Loja es, su Alcazaba del noveno siglo, y su convento de santa Clara, fundado por Fray Fernando de Talavera, primer arzobispo de Granada, pero sobre todo, confesor de la reina católica. Río Genil y sus infiernos Nace el río Genil en la Laguna de la Mosca, en lo más alto de Sierra Nevada, y desde allí baja hasta Loja, regalando el tesoro de sus aguas, para refresco de las criaturas humanas, y como líquido imprescindible para la bondad de los productos de su huerta. Bajan las aguas por el Corral del Veleta, buscando la ciudad, y a su paso, se nutre de afluentes generosos, como el Cubillas y El Cacín, buscando el Guadalquivir. Tal vez uno de los lugares más pintorescos y dignos de visitar, sean Los Llamados Infiernos de Loja. Tanto el alto como el bajo, constituyen un atractivo para el visitante, que puede observar como la conjunción del río y la geología de su ribera, se encargan de formar estructuras erosionables de vida efímera, dentro de un paraje digno de mayor valoración y estima. Loja está por descubrir, Loja encierra en su historia y sus gentes, la noble tradición de un pasado heráldico, enriquecido con varias civilizaciones, que la ponen al más alto nivel. Loja es especial, tanto, que aquí a La Verónica, le llaman, Santa Marcela, pero no seré yo quien les cuente por qué. Vengan y pregunten. El Espadón de Loja Ramón María Narváez y Campos, primer Duque de Valencia, nació en Loja al finalizar el siglo XVIII. Militar y político brillante, éste lojeño cuando contaba cuarenta y tantos años, ya había presidido el Consejo de Ministros español, hasta en siete veces. No es de extrañar, si tenemos en cuenta que con tan sólo quince años, ya era militar de carrera. Con una mente privilegiada, Ramón María optó por el liberalismo, aplastando sublevaciones de la Guardia Real, o cayendo preso en Francia, por los Cien Mil Hijos de San Luís. Enemistado por hechos de guerra, con el General Espartero, incluso tuvo que exiliarse en París, a pesar de su brillante carrera militar y política. A su regreso, logra rendir a las tropas de Espartero, asciende a teniente general, y sobrevive a un atentado en la calle Desengaño, de Madrid. La reina Isabel II, lo promueve a Presidente del Gobierno, y él se decanta apoyando la Constitución de 1845. Decía no tener enemigos, porque los había matado a todos. Le pidió a un arquitecto francés que le construyera en su pueblo natal un palacio (hoy es la sede del Ayuntamiento) y no muy lejos de él sus restos se encuentran enterrados en un mausoleo, realizado en mármol de Carrara junto al antiguo Convento de la Santa Cruz. Para hacernos una idea de por qué le llamaban, El Espadón de Loja, solo hay que referir algo así: Esta acción le valió la Laureada de San Fernando. Siendo, Ramón María Narváez, teniente del 2º regimiento de Guardias Walonas y ayudante del general Mina, recibió el 19 de octubre de 1822 la orden de volar un torreón de Castelfullit (Gerona), acción que consumó derribando a hachazos la puerta, que no había caído del todo. Recibió en la acción, un balazo y, aun así, retiró del campo de batalla a otros heridos. Ésta es solo una de las gestas, de las muchas que protagonizó éste lojeño, de armas tomar.

martes, 25 de agosto de 2015

HOTEL REÚMA

GRANADA EN BLANCO Y NEGRO Tito Ortiz.- Hotel Reúma Incrustado en el bosque alhambreño, a los pies del monumento nazarí, en la margen izquierda del Darro, éste hotel de efímera existencia, forma parte del paisaje granadino desde hace más de un siglo. Los ojos del niño, Marino Antequera, vieron crecer la construcción, que pronto – por su aspecto – chuscamente fue llamado, “La Maleta.” Situados en la Casa de Las Chirimías, frente a la puerta de Guadix, por al puente del mismo nombre, se accede a un lugar de privilegio y frescor para el verano, con unos cármenes, que en su momento, fueron la envidia de la Granada pudiente. El Carmen del Granadillo, o el de Santa Engracia, donde vivó Falla durante un tiempo, comparten la tierra de La Alhambra. Y fue en éste lugar donde, Reyes Clavero y su esposa Gumersinda, deciden construir sobre los cimientos de una espartería, el que fue llamado, Hotel Bosques de La Alhambra, y considerado como un lugar encantador, según atestiguaron sus huéspedes, que sólo pudieron disfrutarlo hasta el año en que se hundió el Titánic, dado que las aguas del Darro, que regaban sus cimientos, proporcionaban un grado de humedad superlativo a la construcción, lo que dio al traste con el proyecto en 1916. Desde entonces, el edificio adoptó por votación popular, el nombre de Hotel Reuma, y dado su aspecto visto a distancia, el de “Maleta”. Usos y costumbres Está documentado que en la guerra incivil fue utilizado como hospital, y una vez abandonado de nuevo, en la década de los cuarenta del siglo pasado, al parecer fue sede de la logia masónica, “Alhambra”. Durante las dos décadas siguientes, y dado que el ayuntamiento montaba sobre el río un gran escenario, donde tenían lugar las actuaciones del Corpus, sus instalaciones fueron utilizadas como camerinos de los artistas. Por ellos pasaron desde Antonio Mairena, Alberto Cortés, Mocedades o, Dexter Gordon, con su cuarteto de saxofones, que cada vez terminaba una pieza, se volvía hacia la Alhambra iluminada, y le ofrecía su saxo en actitud reverente. Zarzuelas y teatro formaron parte del programa, y todavía hay quién recuerda, una actuación extraordinaria de Fernando Delgado y Charo López, haciendo “Maribel y la Extraña Familia, y “Tres Sombreros de Copa”, que estarán en la retina para siempre, en ese lugar privilegiado bajo la torre de Comares. Tampoco han faltado en la historia del edificio, fantasmas nocturnos a la moda de almas en pena, ocupas antisociales resistentes a la humedad, tal vez por el poco uso que suelen hacer del agua, y alguna satisfacción amorosa con nocturnidad. Marino Antequera Pues en éste lugar, en el Carmen del Granadillo, nació un año antes que García Lorca, Marino Antequera García, testigo hasta su muerte nonagenaria, de toda la historia concerniente al Hotel Reúma. Don Marino, quizás por el lugar donde nació, fue un excelente pintor paisajista, especializado en el Generalife y sus alrededores, casi siempre pintando del natural, acarreando estuche de pinturas y caballete, con permiso de los Marqueses de Mondéjar, para entrar cuando quisiera al recinto. Profesor de Historia del Arte, se implicó en toda la actividad cultural de Granada, desde el Festival Internacional de Música y Danza, El Centro Artístico, La Fundación Rodríguez Acosta, La Asociación de La Prensa, y éste nuestro periódico Ideal, al que perteneció desde su fundación, hasta su muerte con casi cien años. Presidió La Academia de Bellas Artes, y durante su actividad como crítico de pintura, siempre encontró las palabras exactas para aconsejar a los que empezaban en el difícil mundo de los pinceles, y eran muy celebradas sus intervenciones en las muchas subastas de arte que dirigió. Aquel niño que hizo sus primeros dibujos en el colegio de Cristo Rey, y que en la Primera Guerra Mundial ya era ayudante de la clase de pintura en Artes y Oficios, fue un hombre de agradable conversación, que un día confesó su secreto, para llegar a la vejez con toda la lucidez necesaria. Lo primero, que desde niño no había dejado de tomar sus diarias, sales de magnesio, y lo segundo y más importante, que jamás había corrido, ni para coger el tranvía. Se jactaba de no haber hecho deporte nunca, y a eso achacaba el estar cerca de los cien años.

lunes, 24 de agosto de 2015

MOTRIL

GRANADA EN BLANCO Y NEGRO Tito Ortiz.- Motril Cabecera de la comarca de la costa, pueblo laborioso y acogedor por la bondad de sus gentes, se dirime entre el campo y la mar, entre el turismo y la industria, entre la cultura y el divertimento. Motril… es mucho Motril. Motril es poner la radio, y escuchar la voz aterciopelada de Mari Pepa Gómez, la eterna duda existencial entre la apuesta de futuro del turismo o de la industria. Motril es, el saco de patatas que Juan Antonio Escribano Castilla, ordena meter en el maletero del coche de Franco, porque son las que le gustan a doña Carmen Polo, y el del Partido del Trabajo de España, con Enrique Cobo, como el primer rojo que llega al poder municipal tras la dictadura. Motril es fenicio, romano y musulmán, pero también es cristiano, descreído, y ateo. Motril sube al cerro, a rezarle a su Patrona La Virgen de la Cabeza, mientras hace el amor en la playa de Las Tres Erres, de noche y a escondidas, en el rebalaje, al abrigo de miradas indiscretas. Motril escucha emocionado, el rezo de las madres nazarenas tras la celosía conventual, a su cristo granaíno, cuando sale de madrugada, mientras se divierte en La Gruta, escuchando a Los Frenéticos. Motril es el azul del mar que descubren tus ojos al salir del túnel de La Gorgoracha, y el vino añejo con queso de chicharrones que te ofrece El Ramblero. Motril sube llorando a sus muertos por la calle Cementerio, pero se desvía a la izquierda, para divertirse un rato viendo un partido de fútbol. Motril viene del médico en la capital, y para en Vélez de Benaudalla a comprar pestiños, pensando en devorar en cuanto llegue, la rica torta real de la familia Videras. A Motril se entra por la carretera del puerto, si lo que quieres es saludar a Paco Montero, que con su guardapolvos, te irá dando a oler los corchos de las barricas, o por las “esplanades”, si quieres llegar a La Piscina y tomarte las mejores quisquillas. Motril baja por lo Caracolillos de Vélez en moto, y navega en la barca de un marengo. Motril, el de la calle Misericordia, frente al haza sembrada de “habicholillas”, donde por la noche, sentados a la puerta de la casa de mis tíos, veíamos el castillo de fuegos artificiales de las fiestas de, Los Tablones. Motril… es mucho Motril. López Rubio José Joaquín Francisco Cesáreo Caraciolo Isaac de Santa Lucía y de la Santísima Trinidad López Rubio, nació en Motril al finalizar el primer trienio del siglo veinte, y desde aquí conquistó el mundo. Guionista, dramaturgo, director de cine, historiador del teatro, académico y humorista español de la Generación del 27, Pepe López Rubio, como a él le gustaba que lo llamara, pasó su infancia en Granada y la adolescencia en Madrid. Ya para 1918, su labor creativa en la escena, había obtenido premio. El humor motrileño, está impreso en esa primera novela en la que un hombre muere y resucita seis veces, no hay que olvidar que en esa época, el motrileño de codea en Madrid con Enrique Jardiel Poncela. Un monstruo del humor, del que quedaría influenciado. En los años treinta del siglo pasado, fue llamado a Hollywood por la Metro Goldwyn Mayer, para supervisar sus producciones en español, trabajo éste, que también realizará en la Fox. En la década de los cuarenta regresó a España, para cosechar grandes éxitos, y en la de los cincuenta, ingresó en La Real Academia de La Lengua, en cuyo discurso de ingreso, no se olvidó de amigos como Tono, o Miguel Mihura. Tampoco se olvidó de su hermano Francisco, gran ilustrador y caricaturista, con el que había compartido inquietudes profesionales, de entre las cuales, destaca su trabajo en La Codorniz, la revista más audaz, para el lector más inteligente. La Caramba Y si Motril da académicos ilustres de las letras como López Rubio, también da personajes como, La Caramba. María Antonia Vallejo Fernández, nace aquí en Motril mediado el siglo XVIII, y pronto empieza a sentir una vocación por los escenarios, que la llevarán a lo más alto. El Madrid de la época se rinde a los pies de ésta motrileña simpática y casquivana, que canta, baila y actúa con toda solvencia, alzándose con el cetro de la tonadilla por aquel entonces. La propia Duquesa de Alba llega a denunciarla, por sentirse ridiculizada en una de sus coplillas, asunto éste que no va a mayores, dadas las altas amistades que La Caramba tenía en la corte. Al final de sus días, María Antonia dio un giro a su vida, retirándose de la sociedad, para enclaustrarse como mujer religiosa y piadosa, y así terminar sus días, lo que hizo que su popularidad, creciera a modo de gran mito de la época, cantada en coplas. Doña Concha Piquer, glosó su figura con gran cariño. Y es que Motril… es mucho Motril. Nos vemos en el rebalaje.

domingo, 23 de agosto de 2015

LANJARÓN

GRANADA EN BLANCO Y NEGRO Tito Ortiz.- Lanjarón La tarde en que Manolete es cogido mortalmente en Linares, su compañera, Lupe Sino, tomaba las aguas en Lanjarón. Desde allí salió en coche nada más saber la noticia, y aunque llegó al hospital cuando aún respiraba el diestro, don Álvaro Domecq y Camará, le impidieron verlo hasta que no estaba amortajado. Ambos consiguieron que no se casara con él, in articulo mortis. Si existe un lugar placentero para pasar el verano, ese es Lanjarón. Dicen que hasta el siglo XIII en que llegan los bereberes, el lugar sólo era un paraíso de manantiales. Avanzado el siglo XVI, y dado que aunque Granada ya había sido conquistada, se permitió seguir aquí a sus habitantes, tuvo lugar una rebelión importante, que pronto aplastó don Juan de Austria, por orden de su hermano, Felipe II. Pese a que el mármol que da ésta tierra es de fama mundial y está en nobles palacios, lo que de verdad ha dado prestigio a la zona, son sus aguas mineromedicinales. Su ingesta para diversas dolencias, y los baños en ellas, han pasaportado el nombre de Lanjarón, fuera de nuestras provincianas fronteras. A finales del XIX, la duquesa de Santoña, fue la impulsora del balneario, y su proyección no tiene límites. Su manantial de San Vicente para el riñón es mano de santo, su Fonte Forte, de alegre burbujeo, un placer para paladares finos, y su Salud, la garantía de longevidad, pues sabido es que el pueblo de los cañoneros, está considerado mundialmente, como uno de los de mayor media de edad por habitante, y calidad de esa larga vida. Manolete La feria de san Agustín en Linares, aquella tarde del 28 de Agosto de 1947, ofrecía al buen aficionado un cartel de lujo. Toros de Mihura, para Gitanillo de Triana, Manolete y Luís Miguel Dominguín. Manolete días antes en San Sebastián, ya le había dicho a Matías Prats, que estaba deseando terminar la temporada para tomarse un descanso. Las cosas no estaban saliendo esa temporada muy afinadas, y Manolete quería dar un giro a su carrera, y también a su vida. Pero “Islero” se cruzó en su camino, y tal vez una mala praxis, porque fueron varias las circunstancias que llevaron una simple cogida, a la muerte en el hospital de los Marqueses. Mientras desde la enfermería de la plaza hasta allí, lo trasladaban en una angarilla, Manolete iba dejando un reguero de sangre por la calle, imposible de contener, a pesar de aquella primera transfusión de urgencia, de brazo a brazo, que en la enfermería de la plaza, protagonizó el cabo de la policía armada, Juan Sánchez, amigo de Manolete de servicio en el callejón aquella tarde y ligado a Granada. Lupe Sino Antonia Bronchalo, actriz conocida como, Lupe Sino, estaba esa tarde en Lanjarón, tomando las aguas, y esperando – como cada tarde que Manolo toreaba – a que sonara el teléfono. Y desgraciadamente cuando sonó, las noticias no eran buenas. Dicen que el coche de Lupe Sino, no corrió aquella madrugada desde Lanjarón hasta Linares, si no que voló. Cuando la actriz llegó al hospital, intentó pasar a la habitación del torero, aún con vida y consciente, pero don Álvaro Domecq, su albacea y el apoderado, Camará, se lo impidieron. Querían impedir a toda costa que Lupe se casara con Manolete in artículo mortis. Mi compañero, Rafael González Zubieta, “El Zubi”, dejó escrito antes de morir, que ambos impedían a toda costa que Lupe se convirtiera en la heredera de Manolete, sobre todo, teniendo en cuenta la fortuna que éste guardaba en México, para lo que iba a ser su vida en común, ya que el matador tenía previsto contraer matrimonio con la actriz, en Otoño, nada más acabar la temporada. Decía Luís Miguel Dominguín, que escuchó a Manolete pedir que la dejaran entrar, y que quería casarse, pero los antes referidos se lo impidieron. Solo cuando Manolete expiró y ya estaba amortajado, le permitieron la entrada a Lupe Sino, que durante horas lloró sobre el cadáver. Fue en la coctelería de Chicote, en Madrid, donde tres años antes los había presentado Pastora Imperio, pero siendo Manolete considerado el torero del Régimen, y Lupe Sino, de claras tendencias izquierdistas, el entorno no se lo puso nunca fácil, considerando que según ellos, llevaban tres años viviendo en pecado. Manolete y Lupe querían casarse en tan sólo unos meses, descansar en México, con las ganancias acumuladas en aquellos bancos, y el torero, hacer la temporada de invierno en América, pero Islero, de Mihura, en Linares, decidió por los dos.