martes, 29 de diciembre de 2015

¡DOCTOR! ¿QUÉ ME PASA?

¡DOCTOR!, ¿QUÉ ME PASA? Tito Ortiz.- Antes, doblaba mi espalda hacia delante, y me ataba los cordones de los zapatos con la elasticidad de un junco. Ahora, me compro solo mocasines, porque si me agacho a atarme los zapatos, me pongo rojo como una bombilla incandescente, la respiración se me corta y el ahogo me invade hasta el punto de darme un perrengue. Antes, me cortaba las uñas de los pies, flexionando mis extremidades, con la ductilidad de un florete de competición, en las manos del mejor tirador de esgrima. Ahora, para hacer lo mismo, me tengo que contorsionar, jugándome la integridad de una o varias articulaciones, descansando entre dedo y dedo, y respirando profundamente antes de abordar la extremidad con el cortaúñas en la mano. Antes, me ponía los calcetines manteniéndome en perfecto equilibrio sobre una pierna, con la misma elegancia de una garza real, o un flamenco en, Fuente de Piedra. Ahora, si no me siento en la cama, soy incapaz de enfundar los pinreles, en tan necesario complemento, y le encuentro total justificación a aquella calzadora, que había en el dormitorio de mis padres cuando yo nací, y que deseché como un estorbo inútil en la alcoba de mi niñez, sin pensar que ahora, me sería de gran utilidad, cuando no, imprescindible. Antes, bajo la ducha, me pasaba la esponja por toda la espalda, disfrutando de la maleabilidad de mis brazos que me lo permitían. Ahora, he tenido que comprar en el chino, una esponja de esas que llevan pegado en su extremo, un mango de medio metro para poder alcanzar la misma zona. Si yo sigo siendo el mismo, y la espalda es mi espalda, ¿Qué me pasa Doctor?. Antes bromeaba con mi mujer, la cogía en brazos como cuando los novios llegan por primera vez a casa, y recorría con ella en peso los pasillos de mi piso, silbando la macha nupcial. Si se me ocurriera hacer eso mismo ahora, sería ella la que me silbaría a mí la marcha, pero la fúnebre de Federico Chopín. Yo que antes fui el terror de Leroy Merlin, que taladro en mano les colgaba a las vecinas las barras de las cortinas, los cuadros del salón, los apliques de las paredes y hasta los muebles de la cocina. Ahora, no soy ni la sombra de lo que fui. Escucho el ruido de un berbiquí eléctrico, y el pelo se me eriza, la espalda se me encorva, la musculatura en general se me espasma, las piernas se me arquean, como no queriendo sostenerme, me aparece un sudor frío, comienza el tembleque, y termino la crisis echando espuma por la boca, como poseído por el mal de la temblaera, que diría Curro Albayzín. Yo que coloqué la antena de la televisión en mi tejado, ahora si se me ocurre subirme a una banqueta de solo dos peldaños, mi sentido del equilibrio me obsequia con un barquinazo, al que yo añado un remate de cabeza a la ventana, o pared más próxima, cuán pasajero del Titanic, en el momento álgido de partirse en dos, solo que yo, estoy en dique seco. ¡Con lo que yo he sido! Que saltaba a la comba enseñando a mis hermanas menores, que corría como un gamo jugando al pañuelo. Y ahora, si alargo la pierna un poco más para subir dos escalones a la vez, porque soy observado por concurrencia femenina, siento como se me abren las ingles, se me despegan las carnes, se me distienden los tendones, y luego, para volver el cuerpo a mi ser, me toca una semana de antiinflamatorios, y dos de masajes con el Tío del Bigote, que voy echando un pestazo por la calle, que hasta los perros se vuelven y me ladran. Antes, repetía plato de cocido con coles y toda su “pringá”, le añadía un picuillo, dos cebollas en vinagre, tres alcaparras, y de postre unas gachas con torreznos y miel negra. Ahora, no puedo pasar de un caldito ligero, un pescadito a la plancha, y una pieza de fruta. Yo, que antes de entrar a buffet libre, los camareros se apresuraban a cerrar la puerta poniendo el cartel de completo. ¿Cómo he podido llegar a esto?. Antes, subía andando desde el Albayzín al Llano de La Perdiz, allí le daba cuarenta o noventa vueltas al Reloj del Sol, y regresaba a mí casa por Jesús del Valle. Ahora, ando de aquí a la esquina, y me duelen los pies, piso una colilla y se me clava en la planta como si fuera un adoquín puntiagudo, piso un chicle, de esos que alfombran la entrada al museo del Parque de las Ciencias, y me quedo agarrado al piso, como un manso en la Monumental de México. No soy ni la sombra de lo que fui. Antes, subía hasta el cuarto piso sin ascensor donde vivía, con doce bolsas del Mercadona colgadas en cada brazo. Ahora, cuando me levanto del sofá para darle unos euros de propina al repartidor que me la trae a casa, las rodillas me crujen como queriéndose partir, suenan con un crepitar sospechoso, y cuando consigo erguirme del todo, el muchacho ya se ha ido, por que la furgoneta estorba en la calle. Antes no orinaba en todo el día. Ahora vivo en el retrete. Antes, salía en bicicleta y me recorría la provincia y sus paisajes. Ahora, sentado en el sofá veo la vuelta por la televisión, y cuando termina la etapa, necesito oxígeno y masajista para recuperarme del esfuerzo. ¡Doctor!, ¿Qué me pasa?.

domingo, 20 de diciembre de 2015

ALBAYZÍN, BELÉN DE ESPAÑA

ALBAYZÍN, BELÉN DE ESPAÑA Tito Ortiz.- Dijo y mantuvo hasta el final de sus días, que el Albayzín era el Belén de España. Y para eso no hay más que irse a la placeta de Los Aljibes, y mirar al frente. Rafael Gómez Montero, compañero y maestro, llegó incluso a decir, que el niño Jesús, jugando al pilla pilla, aprendió a ver las cruces, cuando se topó con la Cruz de La Ráuda. El barrio castizo de Granada es un Belén en si mismo, pero también parte de el, la mejor tradición del belenista. Ahora, que vas al chino y por diez euros te llevas un belén entero, con sus pastores, sus reyes y todo, se valora en toda su dimensión lo que en los años cincuenta se tenía que hacer – sin posibles – para tener un belén en casa. Primero había que partir de, poder ocupar un lugar con el montaje. Muchas veces se sacrificaba el repostero, durante ese mes, una mesita de noche, el tablero de una cama plegable, incluso la máquina de coser, cuya cabeza motora se abatía, quedando oculta, a modo de mesita de ayuda. El cielo se confeccionaba comprando un pedazo de papel de envolver, de aquel color azul azafata, y las estrellas y la luna se pintaban con una tiza. Las casas unidas con pegamento y medio, eran de corcho o restos de maderas que habíamos cogido de la basura del carpintero, igual que el serrín. Las rocas, las cogíamos del vertedero de la estación del tren, donde se vaciaban las locomotoras. Aquellos restos del carbón daban mucho juego para caminos y veredas. El musgo, bajábamos al río Darro a por el. El agua del río se hacía con trozos de cristal, que pedíamos en Cristamol, en la calle, Álvaro de Bazán. Y las figuras, con barro y nuestras manos, lo que daba lugar a veces, dependiendo de la habilidad del vecino, a que el belén fuera una muestra voluntariosa del nacimiento del niño dios, y en otras, una auténtica galería de los horrores, de la que salías chillando por las calles. Pero todo estaba hecho en casa y por nosotros. La zambomba, se guardaba como oro en paño durante todo el año, con su carrizo de repuesto, procurando durante la ejecución de los villancicos, que el ejecutante fuera la persona adecuada de la familia, no sólo por el ritmo exigido, que debía coincidir con el tararear mentalmente aquello famoso de: paco, paco, paco, paco paco, sino que, debía saber cuando el pellejo estaba húmedo por el agua que chorreaba de sus manos, y para evitar su deterioro, dejar el instrumento cerca del calor para que volviera a ponerse terso, y restregarle un ajo, para mantener tersura y sonido afinado. La suela de la alpargata para golpear la boca de la cántara, era preferible que fuera de goma, antes que de esparto, por la calidad y contundencia de su bronco sonar. El sonajero, hecho con dos restos de tablas de cajas de pescado, y sus correspondientes trozos de latas de conservas, bien recortadas y apuntilladas con holgura, para el buen acompañamiento, a las que previamente se les habían hecho unos calados a modo de escalones, para que al rozar por las irregularidades, tintinearan las hojalatas. Se pintaban en los laterales dibujos a la anilina, con el fin de aportar cierta estética, a esas dos carrilladas de cocodrilo, que al frotarlas, invitaban al jolgorio. Sólo los dotados por la divinidad, poseían la habilidad de acompañar los villancicos de la vecindad, con una escoba restregada por la parte posterior de la puerta, cuyo sonido era muy superior a la zambomba y algo más estridente. La clásica botella vacía de Anís del Mono, rozada por la parte de sus cuadritos con una cuchara, era elemento imprescindible, y a veces peligroso para mantener la coherencia verbal en el canto, ya que es de todos bien sabido, que la botella suena mucho mejor vacía que llena, por lo que se insistía en acabar con su contenido cuanto antes, para que no desafinara en demasía el instrumento, con lo cual, la botella llegaba a sonar bien, no así la afinación de determinados cantores, gentes por lo general menesterosas y entregadas a la causa. Que vigilados de cerca por el vecino malo, eran víctimas propiciatorias, pues a los primeros síntomas de cambiar... a Belén Pastores, por... Desde Santurce a Bilbao, cuando más desgañitadamente cantaban, el malo malísimo le introducía en la boca un polvorón, con lo cual, del espurreo, al ahogo, solo se tardaba el tiempo que utiliza en persignarse un cura loco. Un belén albaycinero, nunca tuvo a un señor defecando, que por lo visto es costumbre muy graciosa, en otras partes de la piel de toro, donde por cierto, ahora tienen armado un buen belén. Lo escatológico nunca ha sido patrimonio de un barrio de artistas y de buen gusto. El que se derrochaba, en el belén viviente, que los Hermanos Obreros de María, organizaban en su sede de la calle, San Juan de Los Reyes, donde la presencia de animales, como el borriquillo, las ovejas, las gallinas y los pavos, dotaban la representación de una veracidad, extraordinaria, que no defraudaba a quienes asistían, año tras año al lugar, acudiendo a la llamada que los internos, ataviados de pastores, con sus instrumentos y rebaño, hacían por las calles de Granada, cantando villancicos y pidiendo limosna para el único belén viviente de mi niñez.

domingo, 13 de diciembre de 2015

OJO A VER A QUIÉN CONTRATAMOS

¡0J0!, A VER A QUIÉN CONTRATAMOS Tito Ortiz.- La situación política y social de éste mí país, es tan desalentadora, que a medida que avanza la campaña, me va embargando un estado bucólico, previo a la depresión a la que me abocan las circunstancias, de empeñarme en ver todos los informativos, y no contento con tal sacrificio, verme los debates – y lo que es peor – las tertulias donde “sesudos” opinadores, nos hablan del futuro que tenemos. Es tal el desaliento, que llevo encerrado en mi cuarto dos días, escuchándome la discografía completa de, Héctor Roberto Chabero Aramburu, que dicho así, no le sonará a nadie. Pero si les digo que se trata del verdadero nombre de, Ataulpha Yupanki, al menos los de mi quinta sabrán a quién me refiero. Un argentino, que en la televisión en blanco y negro del Paseo de La Habana, tocaba la guitarra con la siniestra, y no engrasaba los ejes de su carreta, porque le gustaba que rechinaran. Un tipo indígena, con traje y corbatas negros, de presencia impoluta y dichos en sus letras, que sólo un régimen ayuno de formación, permitía que cantara, como si solo se tratara de algo exótico, que nos venía de tierras hispanas y ultramar. Mientras le daba la vuelta a uno de los “lompley”, he puesto la radio para no perder puntada, y he tenido el desatino de escuchar a candidatos a próceres libertadores de la patria, que argumentan con vehemencia que si los voto bajarán los impuestos, y que todo volverá a ser como antes. Pero a mí ya no me engañan. Ya nada va a volver a ser como antes. Porque de ésta campaña se deduce, que si la empecé con el bueno de Ataulpha, voy ya derrotero abajo con Víctor Jara, Mercedes Sosa, y hasta Facundo Cabral, me susurra al oído como si yo fuera su caballo. Y con los caballos hay que tener mucho cuidado. No hay más que acordarse del gran, Jorge Cafrune, que le dio por cantar las verdades del barquero, y la mano invisible de los de siempre, lo mandó al otro barrio, atropellándolo en una carretera, cuando iba a lomos de su caballo y por su izquierda, como manda la seguridad vial. Pero es que en esto de la política no hay seguridad, ni vial, y si no que se lo pregunten a la oposición venezolana, que ya sin tapujos es tiroteada y muerta en plena calle, sin que a Maduro le quite nadie el chándal y se lo cambie por un mono rosa fuxia de Guantánamo, que es lo que se merece, él y algún asesor recalcitrante del partido del capitán Poldark. Maduro, con respecto a su guía, Hugo Cháves, ha copiado aquello que nos ocurrió a nosotros hace cuarenta años, cuando descubrimos que los franquistas eran mucho peor que el mismísimo Franco. ¿Cuántos cadáveres más de gente honrada hacen falta, para que el petróleo de Venezuela no calle más bocas internacionales, mientras va regalando mortajas a su pueblo?. Confome me voy calentando, ya no me sirve ni el consuelo de poner el disco de, José Larralde, o el de Alfredo Zitarrosa, me tiro a la estantería como un poseso y coloco sobre la goma negra del tocadiscos, para que comience a girar el de, Jarcha. Grito ¡libertad sin ira!, rejuvenezco cuarenta años, y lloro desconsoladamente, al descubrirme cantando canciones o himnos, que nunca pensé que volvería a tener que cantar otra vez. Yo hice una transición para algo, no para esto a lo que hemos llegado. ¿Cómo es posible que nos hayan hecho retroceder a la casilla de salida?. Como si de un juego macabro de la Oca se tratara. Quito el disco de Los Chalchaleros, y pongo el de Paco Ibáñez, que con su optimismo proverbial, me hunde más en la miseria. Me acerco a la tele y veo, un asalto a la valla de Ceuta, otro a la de Melilla, y a los turcos, abriendo el grifo de las fronteras hacia Europa, dependiendo de la “mordida” que Bruselas les suelta. Y éstos, cuya lengua Alá confunda, son los que quieren ser ciudadanos europeos de pleno derecho. Pues el día que ellos entren, yo saldré, lo juro ante Dios y ante los hombres. Sigue la campaña, todos hablan del derecho a la educación pública, a la salud, a los medicamentos gratis, al estado del bienestar, a un puesto de trabajo y una vivienda. Palabras, que hartas de no ser cumplidas han perdido todo su significado, convirtiéndose en papel mojado, dichas por charlatanes de feria, que cada cuatro años se ponen a nuestro servicio durante quince días, para que los contratemos, y una vez en plantilla para toda una legislatura, se olvidan de lo que prometieron, del por qué los votamos y hasta de su propio credo. No he conocido en mi vida a mejor amnésico, que un político en activo. Como se puede tener tanta cara y, seguir saliendo a la calle sin sonrojarse. Los Pujol, son de éste mundo, y los Bárcenas, y aquellos y éstos. Y entre las huestes del coleta, hay quienes defraudaron a hacienda, y quienes cobraban de la universidad, por hacer no se sabe bien qué. ¿Y éstos son los que vienen a redimirnos?. Los que proponen un referéndum en Sevilla, para saber si tiene que haber semana santa, y otro en Cádiz para los carnavales. País de necios dios. Debemos tener mucho cuidado con los que contrataremos el día 20 para que nos resuelvan los problemas, no vaya a ser que no los resuelvan, y además resuelvan su vida como viene siendo habitual. ¡No con mi voto!. Dicen los viejos que hacemos lo que nos da la gana. Y no es posible que así pueda haber. Gobierno que gobierne nada. Dicen los viejos que no se nos dé rienda suelta, que todos aquí llevamos la violencia a flor de piel. Pero yo sólo he visto gente muy obediente hasta en la cama. Gente que tan sólo pide vivir su vida, sin más mentiras y en paz. Ponga el lector el estribillo... si se acuerda.

jueves, 3 de diciembre de 2015

BARBERÍA

BARBERÍA Tito Ortiz.- Cuando yo nací, no existían las peluquerías de caballeros, sólo las barberías. Unos establecimientos que lucían a ambos lados de la fachada, unas franjas blancas, azules y rojas, que ya de lejos hacían visible el tipo de local del que se trataba y, los servicios que en el se prestaban. Ya no eran los famosos barberos cirujanos del siglo XIII, que lo mismo te cortaban el pelo, la barba, sacaban una muela, hacían sangrías, trepanaciones, o te blanqueaban los dientes con agua fuerte, así como suena y a las bravas. Los barberos que yo conocí eran gentes amables, dicharacheros, con unos sillones abatibles a prueba de bombas. Con un periódico local y otro deportivo, revistas atrasadas, tebeos, la radio encendida en una repisa con tapete de croché, y una sillita pequeña, para implementar el sillón y que los niños quedáramos a la altura del espejo y no por debajo. Solían tener colgado un almanaque, con una señorita en bañador de muy buen ver. El bañador, digo, y ponían a punto sus navajas deslizándolas por un artilugio con mango de madera, compuesto por una doble banda de cuero. Hubo un tiempo en que también tuvimos barbero de cabecera. A mi casa iba a pelarnos, el Guardia Civil barbero oficial del cuartel de Las Palmas, el amigo Pepe, que cuando acababa su turno, cogía todos sus bártulos en una cartera de buen material de recias hebillas, y visitaba casa por casa a los conocidos para sacarse un sobre sueldo. Por un módico precio, te pelaba, o afeitaba en su caso, sin necesidad de salir de casa ni tener que esperar la vez. Lo único que había que hacer era sacar una silla al rellano de la escalera, y quitar una de las sábanas de la cama, que él te rodeaba por el cuello ajustándola con un nudo, y al instante comenzaba a sonar el repiqueteo a lo claqué, de aquella vieja tijera, que cortaba con precisión todo el pelo que sobresalía de aquel peine de hueso amarillento. El barbero te cortaba los pelillos de las fosas nasales, los de las orejas, incluso aquellos muy largos de las cejas, siempre que el cliente diera su consentimiento, porque había algunos que esto último lo consideraban una mariconada. El hombre y el oso... Barberos de toda la vida, que dependiendo del cliente, eran del Madrid o del BarÇa, de Curro Romero o de Paula, de Falange o contaban chistes de Franco a sottovoche, todo con tal de que estuvieras a gusto, satisfecho con la conversación y con el servicio. Con los polvos de talco para el cogote, insuflados con el dosificador de goma manual, con la brocha para la barba untada en la barra de jabón, con el cepillo que retira de la cara los molestos pelillos cortados y con la conversación más machista de la historia, porque para eso las barberías eran terreno vetado a las mujeres. Yo he visto interrumpir un afeitado con navaja recién afilada, para salir a la puerta y piropear a una morena que pasaba, de esas de rompe y rasga. Ese era mi barrio del Albayzín, apasionado en los derbis futbolísticos contra Haza Grande, y en el requiebro, con el sempiterno respeto al cabo Colomera y al Guardia Segundo, Quintero. Con sus barberos en la placeta del Salvador, o en la de San Miguel El Bajo. Que más da. Barberos que cuando todavía no se cortaba el pelo a navaja, te lo cortaban con la llama de una vela, pero el profesional de postín era el que mejor manejaba la tijera, el que mejor masajeaba con Floy, la loción del gángster estadounidense, el que más brillantina te ponía para salir de allí con el pelo pegado y reluciente, como recién lamido por una vaca. Luego los tiempos empezaron a cambiar, y la revolución de las barberías comenzó con la llegada del Abrótano Macho, con la colonia, Barón Dandy – la única que tiene el honor de oler a sudor – el librito de papel Bambú del bueno, los tirantes de broche que no necesitan botones en los pantalones, y la nueva hornada de barberos, que comenzaron haciendo cursos de moda en el sindicato vertical, pasaron a llamarse peluqueros, y últimamente, estilistas. Si a uno de éstos se te ocurre decirle que te afeite, te mirará de arriba abajo con desprecio absoluto, y girando la cara a otro lado te dirá que él... él es un artista, y se sentirá ofendido de por vida. Yo no reivindico la figura del barbero sacamuelas, porque para eso ya tengo a mi buen amigo el doctor Cutando, que trata mis dientes de maravilla, pero no me parece normal, que cada vez sea más difícil encontrar un barbero que afeite a sus clientes, menos mal que mi amigo Isidro, sigue junto al mercado de san Agustín, sabiendo de éstos menesteres, cada día más demandados por criaturas sensatas, porque como te deja un afeitado a navaja en la barbería, no te dejas tu en casa la cara, ni que te afeites con el cuchillo que lo hacia el gran jefe, Toro Sentado. ¿Para cuando un módulo de Formación Profesional? En el que se forme a jóvenes en el noble arte del afeitado y del recorte de la barba, que incluso pudieran ir a domicilio ofreciendo buena técnica y mejor charla. Hombres y mujeres jóvenes, que en sus establecimientos, ofrezcan a sus clientes la delicia de un buen afeitado con apurado porcelanesco, lo mismo que les hacen a las damas la depilación de piernas e ingles, y ningún/a profesional se da por ofendido/a por esto, es más, lo entienden como algo propio de su trabajo. Es esa línea, yo intentaría hacerme también las axilas, el entrecejo y hasta la coronilla, porque yo en realidad lo que siempre he querido ser es... camarlengo.

jueves, 26 de noviembre de 2015

PARA LOS SANTOS

PARA LOS SANTOS Tito Ortiz.- Para los santos, mi madre nos ponía el abrigo, los guantes y la bufanda para subir al cementerio. Prendas de abrigo que ya habíamos estrenado para la procesión de la virgen. Aquellos años, para finales de septiembre hacía frío, en octubre escarchaba y en noviembre nevaba. Los braseros de picón ardían con regularidad bajo la mesa de camilla, cuyas brasas y cenizas, mi abuela aprovechaba para asar boniatos, que luego formaban parte del único plato para cenar. En el mes de los santos, era invierno en Granada. Éste año, en Noviembre he llevado a mis nietos a la playa, así que la infancia de mis herederos no tiene nada que ver con la mía. Está claro que los dioses se han vuelto locos, a no ser que eso del cambio climático sea cierto, y no un camelo para hacer cumbres de estados, que luego acaban a palos con los que los gobiernos han dado en llamar, “antisitemas”, que son unos jóvenes que viajan por todo el mundo, siguiendo a los jefes de estado, para que la policía los frenes a unos trescientos metros de donde se celebran las cumbres, y les atice con las porras hasta que huelen a ajo, momento éste que aprovechan para rociarlos con agua a presión, que eso rebaja mucho los cardenales. Que tú vayas a denunciar con una pancarta que nos estamos cargando el planeta, exige una adecuada recompensa: molerte a palos y dejarte baldado para que se te quiten las ganas de gritar la verdad a los cuatro vientos. Carmena miró al cielo de Madrid, y aunque eran las once de la noche, creyendo que eran las de la mañana, por aquello de la polución, decretó ipso facto, que a la mañana siguiente no se aparcara en Madrid. El caos fue de tomo y lomo, no por el asunto del parking, sino por que en la capital del reino es igual la noche que el día. La montera negra que la cubre hace ya su aire irrespirable, y mucho nos tememos que realmente nocivo para la salud de los madrileños. Ahora que ya parece que el verano nos abandona de verdad, la puesta en marcha de las calefacciones, no hará más que empeorar un aire ya de por sí contaminado, que acabara con nosotros, con capa de ozono o sin ella, con su agujero o sin el. El asunto del medio ambiente no parece preocuparle a nadie en serio. Se reúnen los mandatarios, mandan a la policía que carguen contra los que protestan en los alrededores, y hasta la próxima cumbre, a otra cosa mariposa. Si Corea tiene armamento nuclear, mejor mirar hacia otro lado, porque de lo contrario, su dictador que se pela de manera extraña, como a lo Fray Bartolomé de Las Casas en pleno siglo XXI, se puede enfadar y mejor no despertar a la bestia, que tiene fama de acabar hasta con su familia. Si China es la nación actual que más contamina, es mejor no tocar el asunto, no vaya a ser que al chino del bazar de abajo, le dé por subir los precios. De Obama, mejor no hablar, porque los estadounidenses, por mucho que contaminen, como luego se juegan el cuello por Europa cuando se les pide, pues no vamos a ponernos duros con ellos. Que hay que poner sanciones, pues se ponen. ¿Pero quién se encarga luego de hacer el seguimiento, para saber si éstas se pagan o no?. Nos engañan como a bobos para que no demos la lata, para que no molestemos, pero cada uno va a lo suyo, y la verdad es que ya no llueve como antes, y mucho menos, a gusto de todos. Ahora cada vez que lo hace, provoca riadas, inundaciones y desastres. Antes se ponía a llover durante una semana y no pasaba nada. Ahora llueve lo de todo el año en dos horas, y las calles parecen ríos. Los mares se van comiendo los chiringuitos y los paseos marítimos, como si quisieran recuperar el terreno perdido. Antes veíamos la información del tiempo por la noche, solo para ver si teníamos que salir por la mañana, con las katiuskas para el colegio, el impermeable, o el paraguas. Ahora lo que se impone es salir de casa con la batería del móvil cargada, el depósito del coche lleno y el 112 grabado en la frente, y si de esto no haces moneda de curso legal y corriente, no lo dudes, te va en ello la vida. Ahora nadie avisa con rigor de las avalanchas, por aquello de no perturbar a la población. Las alertas se decretan con total sigilo, valorando sus colores como si la vida en ello les fuera, para no acertar nunca, para que la tromba llegue de sorpresa, y estamos dando rango de catástrofe inesperada, a lo que peligrosamente viene siendo normal, cada veinte días cuando el cielo se encapota. Pero ahora no acaban ahí nuestras preocupaciones. Si lo del cambio climático es ya una triste realidad, porque entre todos nos estamos cargando el ecosistema, no es menos importante, lo que ya empieza a ser casi cotidiano. Que nos llueva del cielo basura espacial, y contra esa no hay paraguas que nos libre. La conquista del espacio la estamos llevando a cabo, sin haber tenido en cuenta que deberíamos haber previsto un vertedero espacial para los residuos. Ahora nos caen junto a las piedras de siempre, pedazos de chatarra de nuestros cohetes y restos del aparataje de las estaciones espaciales, que por suerte hasta ahora, caen en el campo o en la mar. Lo gracioso será cuando pronto empiecen a caer sobre nuestras cabezas, porque se cuentan por millones, los restos de chatarra espacial que esperan en la atmósfera, para rebanarnos los sesos con total impunidad, gracias a la conquista espacial. A partir de ahora, el cosmos juega con nosotros a la ruleta rusa. Pronto enterraremos a la primera criatura, víctima del cacerolazo craneal por la entrada en nuestro espacio, de la escupidera de Pedro Duque, y si no... al tiempo.

jueves, 19 de noviembre de 2015

SOSTENELLA Y NO ENMENDALLA

SOSTENELLA Y NO ENMENDALLA Tito Ortiz.- Saber irse de los sitios en el momento preciso, es signo de gran inteligencia, solo al alcance de unos pocos privilegiados. En éste país, abunda más la especie ayuna de formación académica y conocimientos del saber estar, que engreída, endiosada, prepotente, de tic totalitarios y convencidos de que el resto de la humanidad caerá en el caos y la depresión si ellos se van, no dudan en tutelarnos de por vida, para así poder perpetuarse en los cargos sin atisbo de sonrojo. Gente por lo general, con intención de estar todos los días en los medios, rodeados de incienso, aclamados por los estómagos agradecidos que a dedo meten en plantilla, y que por su ignorancia, llegan a creer que ese mundo es real, y los que critican, enemigos cegados por el odio, o las ganas de quitarle el puesto. Dejan pasar una y otra vez, el tren que la vida les pone para tener una salida airosa, algunos incluso una enfermedad, pero se resisten a abandonar el cargo y la prebenda, el coche oficial y la escolta. Prefieren ser humillados por unos recién llegados sin oficio ni beneficio, antes de renunciar al cargo que jamás un día soñaron en ostentar, pero que la vida les regaló y que ellos creyeron – de manera errónea - era vitalicio. Existe una cosa al alcance de pocos, y es, el señorío, el empaque y la altura de miras, que desde el punto de vista humano, requiere el sacrificio de irte a tu casa, masacrando tu soberbia, tu sentido ególatra, tu catetez y tus miserias, pero dejando tras de ti, al menos, la sensación de un hombre con sentido de la oportunidad, que no exprime el limón hasta la última gota, porque sabe que de hacerlo, es muy posible que la salida sea por la puerta de atrás, sin marcha real, - himno nacional para él - ni tampoco fanfarrias. Cuando desde tu misma organización te cortan la hierba bajo los pies, esto debería ser suficiente para considerar la posibilidad de salir por la puerta grande, pero si tercamente te empecinas en echarle un pulso a la humanidad, y a creer que sin ti el proyecto no tiene futuro, es que ya no estás capacitado mentalmente para estar donde estás, tu días de gloria han pasado y tus aires de grandeza, te han sobrepasado, hasta el punto de creerte por encima de lo divino y lo humano. Hazme caso, lo tuyo es de psiquiatra. La defensa numantina de privilegios adquiridos por las urnas, puede llegar a ser tan perjudicial, como el abrazo de tu segundo de abordo, con amplia sonrisa, que te hará soñar con el de Vergara. A veces en política, es muy difícil discernir, cuantos te han votado a ti, y cuantos a tu partido, si eras el primero de la lista, y el resultado va penosamente ligado a tu posición. Posiblemente te sorprenderías si, llegaras a saber los votos de diferencia, entre que el candidato seas tu, u otro de tu partido. A veces la gente vota siglas o programas, y no personas, aunque tu no te lo hayas planteado nunca, para reforzar tu pompa y circunstancias. De los sitios hay que saber irse, y hacerlo a tiempo para que todo el mundo se rinda a tus pies agradeciéndotelo, y poder así nombrarte emérito de la distinción y el buen gusto. No hay que dar lugar a que la gente dude si te vas o te echan, como ocurrió con la “dimisión” de Alberto Ruiz-Gallardón. O anunciarla meses antes envuelto en la bandera andaluza, como hizo Pezzi, contestado por algunos de los suyos para La Alhambra, dimitido y, resucitado con la aparición de un plano del AVE en Loja. Porque esa es otra, si uno se va, se va de verdad. No es bueno volver loco al personal, que ya no sabe si te vas, si te has ido, si has vuelto, o es que nunca te fuiste. Benedicto XVI, el Ratzinger de las juventudes hitlerianas, cuando tuvo constancia de lo que escondían las alfombras del Vaticano, no perdió el tiempo en limpiarlas, trincó las de villadiego, y estoy seguro que vivirá mucho más que Francisco, el único que ha sido capaz de reconciliarme con la iglesia instituida, desde los tiempos de Juan XXIII. Sé que no es fácil, sobre todo cuando se lleva toda una vida chupando del bote, y de qué manera, pero irse de los sitios, es de sentido común. Ya lo dijo José María García: Yo me fui de La Cadena Ser, cinco minutos antes de que me echaran. ¿Cabe mayor síntoma de lucidez en criatura humana?. Arturo González Arcas, dejó la plaza del Carmen y se fue a su trabajo, como un señor, por la puerta grande, por algo había nacido junto a la Puerta de Las Granadas. César Valdeolmillos Alonso, nos regaló un ferial nuevo, y pasó sin hacer ruido a portar de nuevo su cartera de clientes, todo un caballero. Miguel Medina Fernández-Aceituno, pasó igualmente por el antiguo convento del Carmen, y no se le cayeron los anillos, al enfundarse de nuevo la toga como abogado laboralista. Hablo de políticos de la transición, con vocación de servicio al ciudadano, y que nunca tuvieron reparos en recuperar su vida anterior, cuando pintaron bastos, todo, con tal de no hacer el ridículo aferrado a la poltrona. Pero es que ellos si tenían donde volver, lo malo es cuando los que están, han hecho del cargo su vida, su trabajo y única razón de ser, porque antes de llegar a el, no eran nada, ni tenían oficio ni beneficio. ¿Dónde se van a ir entonces?. Artur Mas, ha cerrado todas las puertas tras de sí, que podían permitirle una salida airosa, fruto de su egolatría sin límites y, de sus aires de grandeza, tan solo comparables con los de Alonso Quijano con su bacía en la cabeza, aunque para él sea nada más y nada menos que, el yelmo de Mambrino. Valentino Rossi, por ejemplo, no entiende otra forma de irse más que al más puro estilo cosa nostra. ¿Algo lógico, no?. Saber irse de los sitios es un arte, que no está al alcance de todos, sobre todo cuando se carece de la debida formación, y la dosis de humildad necesaria para saber en todo momento cual es tu lugar, sin permitir que a tu paso se vuelvan y se rían, por querer mantenerte en el sitio a toda costa. Máxime cuando tu propia casa está bajo sospecha. Mí reconocimiento eterno al ex Rector, José Vida Soria, que no renunció nunca al cargo de Ministro de Trabajo, por una razón muy sencilla: Cuando su amigo y compañero, incluso de despacho, Felipe González lo llamó para nombrarlo, educadamente, como es él, le dijo que no. E inmediatamente, colgó el teléfono y se fue a pasear con su perro. Inteligencias como la suya hay pocas, lo juro ante Dios y ante los hombres.

martes, 10 de noviembre de 2015

A VER LOS BARCOS VENIR

A VER LOS BARCOS VENIR Tito Ortiz.- Ante la desesperanza del futuro político, económico y social, a los sensatos, solo les queda, sentarse en uno de los bancos, que el ayuntamiento a dispuesto para los ciudadanos en, La Gran Vía o Reyes Católicos, y esperar a ver los barcos venir. Porque a los de la capital, solo nos queda recurrir al Mayo del 68, para albergar un atisbo de esperanza: Ante la ineptitud política, seamos sensatos, pidamos lo imposible. Pero es el caso que ni siquiera podremos hacerlo en las principales arterias de la ciudad, porque es la nuestra, - me refiero a Granada – la única ciudad que no tiene un solo banco en sus dos principales calles. Los diseñadores de la última reforma de la Gran Vía, se preocuparon de dejar unos filos rematados con metal en las bocacalles, para que desparrames los sesos por el asfalto, pusieron el nombre de las calles en el suelo, para que resbales o tropieces a placer según te convenga, colocaron las farolas de doble cubo y cristales blanquecinos, que nadie quiso poner en sus calles. Se inventaron un cenicero papelera, al que protegen con una bolsa de plástico, para si se te ocurre echar la colilla, provoques un clamoroso incendio en el centro de la ciudad, se inventaron los maceteros más pesados del mundo, colocados al paso de la ciudadanía, en el sitio exacto donde los invidentes se la juegan a diario. En Recogidas, además, colocaron los árboles tapando los semáforos, para si vas conduciendo, mates a placer sin haber visto la luz y su color. Las baldosas de las aceras, - cuyo material pulido ya viene desde la cantera -, se convierten en una pista de patinaje, presta a destrozar rabadillas, y gracias a los incívicos de las mangaletas, las macetas las han subido a la altura de las farolas, para que nadie robe más unas florecillas que en invernadero no valen más de un euro tres macetas, pero algunos ciudadanos son así de rumbosos con su propia ciudad. Tengo la extraña sensación, de que éste ayuntamiento ha diseñado la Gran Vía y Reyes Católicos, a favor de la LAC, olvidándose de los ciudadanos una vez más. Unos ciudadanos que con nuestros impuestos abusivos, pagamos ese tipo odioso y repulsivo de reformas urbanísticas, al mejor postor. Y que además, no protestamos cuando nuestras calles son un despreciable catálogo, del peor y más antiestético mobiliario urbano. Un saldo de fealdades, inutilidades y estorbos, que nuestros munícipes nos ponen al paso, para que tropecemos y nos asqueemos con total impunidad. Un saldo de lo que en otras ciudades nadie quiere, y que aquí nos encasquetan con nocturnidad y alevosía. Pero nosotros también tenemos nuestra responsabilidad. Porque una cosa es que saques la basura antes de hora, y otra que lo hagas cuando dice la ordenanza, pero dejes la bolsa fuera del contenedor. Yo los he visto. También veo campañas y campañas invitándonos a reciclar, diciéndonos el color del contenedor donde debemos echar las cosas, y de nada sirve, si el camión que debe vaciar los contenedores, no lo hace con la regularidad exigida, permitiendo que el lugar se convierta en un cúmulo de basuras varias, en cuyo suelo se acumulan cartones, envases, vidrios rotos, caldillo maloliente, ratas, cucarachas y otros bichos sin graduación. Que a éstas alturas del milenio, los futuros médicos, abogados, jueces, policías o investigadores, se cojan una cogorza todos los fines de semana, y se dediquen a mear por las calles sin ton ni son, deja ver a las claras, la decadencia de una sociedad ávida de valores, y no digamos de reglas de urbanidad. Que unas señoras de quinto de medicina, embadurnadas en harina y otros líquidos, digan a cámara con una sonrisa de oreja a oreja, que tienen que venir todos los años a las novatadas de San Lucas, porque eso forma parte de la historia de su Facultad, yo no sé ustedes, pero si en la mesa de operaciones la reconozco, y todavía no me ha hecho efecto la anestesia, del salto que pego, y en dos zancadas, me pongo en mitad de la calle, y que sea lo que dios quiera. Es muy duro pensar que ese adolescente borracho como una cuba, que está vomitando en esa esquina, es el juez que me sentará en el banquillo dentro de unos años. Es para volverse locos imaginar, que esa chica, que con total desparpajo y desenvoltura, se ha bajado las bragas entre dos coches y, orina con un desahogo que se refleja en su cara, es la inspectora de la agencia tributaria, que revisará mi declaración y me endosará una paralela con petición de cárcel. Pero es mucho peor, terrorífico diría yo, que esta caterva de desalmados/as, que ha hecho del botellón su vida y diversión, sean los políticos que el día de mañana, quieran sacarnos de nuestros apuros y resolvernos la vida. Si los adalides del calimocho y el garrafón, con peta de por medio... que rule, que rule, son nuestros próceres del futuro, más nos vale abrir la Constitución en canal y darles a vascos y catalanes los que insensatamente piden, pues al menos ellos morirán por un destino elegido voluntariamente. No como nosotros, que lo haremos de inanición, gracias a los recortes económicos, la desaparición de las pensiones y el enterramiento del estado del bienestar, gracias a los que ahora, cada fin de semana, protagonizan el botellón, el invento execrable de una sociedad, que da ya sus últimas bocanadas. ¡Que asco!