viernes, 11 de agosto de 2017
EL SANEDRÍN DEL FLAMENCO
EL SANEDRÍN DEL FLAMENCO EN GRANADA
Aquella noche en La Tertulia Flamenca, El Trinidad reunió a Manuel Salamanca, Manuel Celestino Cobos “Cobitos” y Pepe El de Jún.
Tito Ortiz.-
Decidió el cantaor granatensis, Antonio Trinidad, rendir justo homenaje de reconocimiento y respeto, al fundador de la peña flamenca, La Platería, decana de cuantas existen, y nos citó una noche en la Tertulia Flamenca, Manuel Salamanca, que el regentaba en la calle Rosario. En la presidencia de la mesa, estaba todo el saber flamenco de la historia de nuestra tierra, lo que podríamos llamar el sanedrín de lo jondo, personificado en el mismísimo, Manuel Salamanca, fundador de la primera peña flamenca del mundo, en su taller de platero de la calle San Matías, en el que se daban cita en los años cuarenta del siglo pasado, todos los buenos aficionados de la tierra, antes de que éste emigrara a Brasil. Estaba flanqueado el homenajeado, nada más y nada menos que por, Manuel Celestino Cobos, “Cobitos”, compañero y amigo del genial, Frasquito Yerbabuena, y por el legendario, Pepe “El de Jun”, que no dudó en interpretar su inolvidable, soleá apolá, poniendo el vello de punta a los presentes. “Cobitos” hizo los fandangos de graná de su amigo, Francisco Gálvez, y la noche echó a andar por los caminos del cante, alternándose de forma natural, charla y palo flamenco.
LA PLATERÍA
Supuso todo un disfrute escuchar en la voz del propio protagonista, Manuel Salamanca, como se había fundado la peña en su taller, de una manera muy natural, sin nada forzado, con el solo deseo de pasar un rato agradable entre amigos, que escuchaban viejos discos de pizarra, en una gramola a la que había que darle cuerda con una manivela, mientras se pasaban una botella de vino peleón con un corcho y una caña, y de unos tazones de loza, cogían unas aceitunas aliñás para acompañar el trago. En ese ambiente distendido y amigable, se analizaban los cantes, y se estudiaba lo jondo. Era muy reconocida en el pequeño local, la asidua presencia de extraordinarios aficionados, que bien tocaban la guitarra, o cantaban, sometiéndose a la valoración de tan instruido y afamado auditorio, del que ya se hablaba, mucho y bien por la ciudad de la Alhambra. La noche del homenaje discurría con la participación, no solo de buenos cantaores presentes, sino de personajes de la cultura del momento, como el poeta, Miguel Ruiz del Castillo, quién declamó unos versos propios para la ocasión, que luego entregó impresos en unos tarjetones a los presentes. También intervino el escritor y autor teatral, José María Garrido Lopera, y otras individualidades de la cultura.
LOS CANTES PROHIBIDOS
Manuel Salamanca, era un ortodoxo del cante flamenco, hasta el punto, de que no admitía ni fusiones, ni asimilaciones con el flamenco que él consideraba puro. En la Peña de La Platería, mientras vivió, se conservó un cartel colgado a la entrada, con una veintena de cantes prohibidos, por considerarlos de baja estopa, no ajustados a la jondura y pureza del flamenco. Por ejemplo, La Rumba, o El Fandango. Todo aquel aficionado o profesional, que quisiera cantar allí, ya sabía a lo que atenerse. Y si acaso algún novato ignorante de tal ordenanza, se atrevía a interpretar algún cante de los recogidos en la prohibición, enseguida alguno de los presentes, veladores de la pureza eterna del flamenco por derecho, hacían sonar una campana, para que el despistado intérprete depusiera inmediatamente su actitud, y dejara de cantar lo considerado en la catedral del flamenco, como un sucedáneo, falto de rigor. Eran tiempos en los que en La Platería, no solo se prohibían los cantes denominados por los doctos, chicos, sino que se prohibía aplaudir entre cante y cante, para que los actuantes bisoños, no se consideraran de menor fuste.
Volviendo a la noche del homenaje, y avanzada ya la velada, ignorante de tal norma y con la mejor de las intenciones, o sea, agradar al fundador de la peña La Platería, don Manuel Salamanca, el joven cantaor en aquella década de los ochenta, Rafael “El Rubio”, quiso someterse a la rigurosidad estética de don Manuel, y sin pensarlo dos veces, se arrancó con fuerza con un fandango valiente, que dejó en silencio al auditorio, arrancando una gran ovación de todos los que estábamos allí. Bueno, de todos no. Porque don Manuel Salamanca, lejos de agradecer el gesto al muchacho, que con tanto respeto le había dedicado el cante, se dirigió a él con el dedo índice basculando de un lado a otro en señal de reprobación, y diciéndole: ¡ Niño, eso son diarreas ¡
jueves, 10 de agosto de 2017
MANINI
MANINI
En una Granada cuajada de impresionistas, la pintura de Manini, abrió las ventanas a un aire renovador e irreversible
Tito Ortiz.-
María Trinidad Ximénez de Cisneros, “Manini”, como firmaba sus obras, constituyó en si misma con su obra, un universo nuevo en las artes plásticas, cuya valentía expresiva, no tenía precedentes en nuestra tierra. La pintura de ésta artista singular, reticente a los medios de comunicación, para ella era vivida como una vocación sacerdotal en las artes plásticas, cuyo peaje era someterla al juicio de una sociedad que en su tiempo, no estaba del todo preparada para entenderla y disfrutarla. En una Granada clásica hasta la médula, la acción creadora de ésta mujer, fue como una transgresión a lo establecido, sorprendiendo por la valentía en su lenguaje plástico. Esa actitud personal ante la vida, fuera de todo convencionalismo provinciano, no facilitó nunca la promoción y proyección lógicas, en artistas de su talento y genialidad, obligándonos a quienes la conocimos y tratamos, a una constante reivindicación de la persona y de la artista. En el año 2009, la celebración de la bienal de arte, “La Más Elegante del Invernadero”, propició que la comisaria de la exposición, Asunción Jódar, dijera de la artista a la que se dedicaba la muestra: “Ella no fue ajena al “invernadero” de su tiempo y sufrió las tragedias derivadas de una sociedad intolerante y asfixiada con prejuicios hipócritas y convencionales que en muchos casos sumergían en la muerte y la nada a personalidades especialmente sensibles y frágiles. Fue el caso de Manini. Esta artista granadina que valoró el talento y el arte como razones suficientes para vivir es la más elegante de esta exposición en la que de forma destacada se muestran algunas de sus obras, porque incluir en un contexto actual a Manini es fácil. Sus obras son rotundas, geniales y que poseen la originalidad y la emotividad que el arte a veces arranca a las vivencias y a los sueños.”
EXILIO EN GRANADA
Dado su carácter, y valorada su obra, nadie comprende como Manini no cogió el caballete y los pinceles, y salió pitando de aquí, para instalarse en cualquier otro lugar del mundo, donde su obra hubiera sido, no solamente reconocida, que aunque con torcedura de gesto, aquí lo era, sino valorada, admirada y proyectada en toda su magnitud. La Granada cultural del momento, con su habitual olor a naftalina, no solo tiene que reconocer a la fuerza su valía creativa, sino que soporta estoicamente, que una mujer, sea la que ponga la ciudad en la vanguardia del lenguaje plástico del momento, teniendo en cuenta que hablamos de los años sesenta y setenta del siglo pasado. Su dicción plástica personalísima, dominio de la técnica y concepto de la belleza en lo creado, obliga a sus coetáneos, a un continuo reciclaje de sus preconcebidos valores artísticos, sometiéndolos a una constante renovación docente, para la que no están preparados. Con cada anuncio de nueva exposición de Manini, la Granada oficial se echa a temblar, y afila las uñas para defenestrar a la indómita mujer creativa, pero viendo el resultado de lo que cuelga en las paredes de la sala, esa Granada cicatera en el reconocimiento a lo que vale, aprieta los puños, rechina los dientes y abandona la sala de exposiciones con un berrinche más en el cuerpo, al no poder regodearse en el fracaso, que una vez más ha faltado a la cita, exorcizado por las hadas de la creación más contundente y vanguardista, la de Manini Ximénez de Cisneros.
La ciudad que la ninguneaba y le regateaba el reconocimiento, fue la elegida por ella para atrincherarse en su gestación creativa, y dar de sí, todo lo que la vida injusta le permitió y ella quiso voluntariamente coger. Ajena a la ambición, los honores y galardones, Manini vivió la vida que quiso, pese a que un sector de la tierra, no disimulara su desaprobación a la persona y a la artista, pero eso es algo que solo los elegidos – como ella – saben convertir en aliciente espoleador, para avivar la creación artística. Es imposible analizar y valorar la aportación artística de la pintura granadina del siglo XX, si no se estudia con detenimiento la genial obra de ésta mujer, que supo cómo nadie nadar a contracorriente en una sociedad rancia, e impermeable a la modernidad, como lo era la granadina del momento.
miércoles, 9 de agosto de 2017
ENCADENADAS A LA HISTORIA
ENCADENADAS, A LA HISTORIA
Tito Ortiz.-
En mayo de hace diez años, la baronesa Thyssen, Tita Cervera para los amigos, no dudó en encadenarse a los árboles del Prado, para proteger a esos seres vivos tan complejos y que tanta sombra nos dan, en éstos veranos tórridos. La entonces presidenta de la comunidad de la capital del reino, Esperanza Aguirre, los había sentenciado a muerte de tala, para reformar el paseo. Pero lejos de ser original, la baronesa, lo único que hizo fue emular a una granadina, que en el tardío franquismo y la transición, despertó con sus actitudes, conciencia de un incipiente ecologismo, y una pretendida igualdad de la mujer. La pintora y mujer de la cultura, mi admirada, Eulalia Dolores de La Higuera, fue una militante granatensis, adelantada a su tiempo, agitadora de conciencias en diversas facetas en las que la mayoría de los ciudadanos, y en aquellos tiempos, sobre todo las ciudadanas, no tenían por razones lógicas del régimen vivido, práctica en la libertad de opinión, a cerca de las decisiones de nuestros gobernantes.
ARTESUR
Cuando el mayo francés de 1968 convulsiona a la sociedad e irradia los deseos transformadores de un cambio, aquí en Granada ese sonido llega con sordina, pero en el mes de los santos, Eulalia, en un mundo de hombres, lidera un movimiento dispuesto a remover las aguas mansas de la cultura en la ciudad de la Alhambra. Cayetano Aníbal González, Claudio Sánchez Muros, Eduardo Molina Fajardo, Trinidad Mercader, Elena Martín Vivaldi, José García Ladrón de Guevara, Manuel Cano Tamayo, José Luis del Castillo, Manuel Maldonado Rodríguez, Rafael Guillén García, Miguel Rodríguez-Acosta y José Fernández Castro, entre otros, ponen los pilares para un resurgimiento de todas las artes en nuestra ciudad, firmando un manifiesto como punto de partida, para una actualización y modernización de las actividades artísticas.
PROHIBIDA LA ENTRADA A MUJERES
Son años en los que se mantienen órdenes y reglamentos obsoletos, anclados en las antípodas de lo razonable, y sin bisos de igualdad. En el Centro Artístico, Literario y Científico, sigue prohibida la entrada a las mujeres, una circunstancia ante la que Eulalia se revela con tal virulencia, que no solo acaba con la prohibición, sino que con el tiempo terminó siendo la primera mujer presidenta de una entidad centenaria, por la que habían pasado los mayores exponentes de las artes y la cultura, menos las mujeres. Uno de los más célebres, es el propio Federico García Lorca, a quien Eulalia dedica una de sus obras literarias más interesantes: “Mujeres en la Vida de García Lorca”, es un estudio sorprendente para la época, en el que la escritora, avanza en el análisis de la obra lorquiana y la influencia femenina en la creatividad del autor de Fuente Vaqueros. De La Higuera, no solo es una reputada pintora, su actividad literaria que abarca la poesía y la narrativa, entre otras facetas, la distinguen como una mujer del renacimiento, que en una dictadura agonizante, enlaza perfectamente con una transición política, en la que no duda en militar, llegando incluso a ser concejala de cultura en la plaza del Carmen, en el primer ayuntamiento democrático, perteneciendo a la bancada de la UCD del presidente Adolfo Suárez.
AVENIDA CALVO SOTELO
Cuando el alcalde, decidió remodelar la antigua avenida de Calvo Sotelo, hoy de La Constitución, la transformación pasaba por arrancar los árboles centenarios, a los que Eulalia de la Higuera, no dudó en encadenarse para impedir que fueran arrancados, en un gesto que dio la vuelta al mundo. Lo mismo que aquel que tuvo con el presidente de la Diputación, un tanto remiso a la Autonomía, y ante el que Eulalia se presentó con una bandera andaluza en sus manos, haciéndole entrega de la misma, para que ya no pudiera seguir diciendo, que la enseña de los andaluces no ondeaba en el balcón provincial, porque no le había llegado. Eulalia es una mujer granadina de armas tomar, con la palabra por herramienta, que en los principios de su activismo, llegó a ser repudiada por sus allegados naturales, ya que su procedencia social era de la más alta burguesía granadina, a quienes escandalizaba que una de las suyas, fuera artista, popular, política y estuviera todos los días en los medios de comunicación, con argumentos contrarios a su condición social. Por eso también fue puesta al principio en cuarentena, por muchos de los que abrigaban sus causas, pero que recelaban de su alta alcurnia, sin fiarse de verla arremangarse en causas nobles. El tiempo le ha dado la razón, y como no podía ser de otra forma en ésta ciudad, también le ha dado… el olvido. Aunque no todos estamos amnésicos. Un beso, Eulalia.
martes, 8 de agosto de 2017
¿DE VACACIONES?
¿DE VACACIONES?
Tito Ortiz.-
No he conocido en mi vida un ente más absurdo que el ser humano. Hasta donde yo alcanzo a comprender, las vacaciones son un tiempo de desconexión con lo habitual, de descanso, disfrute, de poner la cabeza en otras cosas, pero me equivoco. Las criaturas humanas, en lugar de ponerse al día durante las vacaciones con la lectura atrasada, conocer lugares nuevos, pasear, disfrutar de una gastronomía no diaria, pasar más tiempo con la familia o visitar a los amigos que están lejos, prefieren no desconectar. En mis días de holganza ya agotados, he comprobado con estupor, como las criaturas humanas, se apartaban en rincones para utilizar el WhatsApp con frenesí, inmersos en el mundo de todos los días. En lugar de hacer nuevas amistades, relacionarse, conocer a otros, el hábito de la telefonía móvil y sus posibilidades, los lleva a aislarse como todo el año, dejando morir los días de asueto corroídos por las nuevas tecnologías. No se les cae la Tablet de las manos, bien en contacto con los de siempre, perdidos en las redes sociales alienantes, o en los juegos de todos los días. Los he visto incluso con el portátil abierto mientras desayunaban en el comedor del hotel, mientras comían, o en los sillones del hol. ¿Eso son vacaciones?
Yo pensaba hasta ahora que, uno de los sacramentos de las vacaciones, era perder de vista y oído el despertador. Ya lo decía El Sabio de Tarifa, que en paz descanse: La mayor felicidad del hombre, es levantarse cuando se despierte. O sea, sin necesidad de poner el despertador, ni de que nadie te llame. Que hermoso poder levantarte cuando te despiertes sin estímulos externos, eso sí es felicidad. Y yo pensaba que eso lo hacíamos todos en vacaciones. Pues no. Hay quién se va de vacaciones y, se pone el despertador al amanecer el día, para bajar a la playa y plantar la sombrilla. Eso ya me parece de una esclavitud, propia del desvarío. Pero las gentes le han dado una vuelta de tuerca más a ésta sinrazón. Ahora lo que se lleva es, ponerte el despertador a las seis de la mañana, para llegar de los primeros a coger hamaca en la piscina del hotel, dejando como testigo de la ocupación una toalla. Esto ya me parece de juzgado de guardia. Que estando de vacaciones, te partas el sueño para conseguir una tumbona junto a la piscina, es de traca. Todos en fila, apretados, encorajinados, aguardando que el personal de mantenimiento del hotel, de el último repaso a la piscina y alrededores, para cuando se retiran, como si hubiera sonado el chupinazo de los sanfermines, salir en estampida a poner la toalla. Pero hay más, esto se lleva a cabo entre carreras, empujones, gritos de ¡Yo la vi primero!, miradas retadoras cuando un listo te ha ganado por la mano. El huésped de la 407, iba corriendo tras de ti, ha visto que llegabas antes a la que él quería y ha voleado la toalla diez metros por encima de tu cabeza, viniendo ésta a caer precisamente en la que tu querías, ha escuchado como tu rechinabas los dientes de ira, y se ha reído a mandíbula batiente, que es lo peor y más humillante. Ustedes creen que ¿Esto son vacaciones? Vamos señores… se nos ha escapado la cabeza.
A HOMBROS POR LA CUESTA DE GOMÉREZ
A HOMBROS POR LA CUESTA DE GOMÉREZ
Hubo un tiempo en ésta ciudad, en el que el máximo honor era subir a los muertos, andando al cementerio
Tito Ortiz.-
El Paseo de Los Tristes, hoy del Padre Manjón, arrastra ese nombre por la costumbre granadina de subir a los muertos al cementerio por la Cuesta de Los Chinos, dejando la de Gomérez y su Puerta de Las Granadas, solo para solemnes ocasiones. No es menos cierto, que a partir del siglo XVII, se adopta la tradición de portar a hombros el féretro de doliente hidalgo, para asegurarse de que éste no desaparezca entre las aguas, como ya ocurrió con el secretario de los reyes católicos, Hernando de Zafra, cuyo cadáver desapareció entre la riada que ocasionó una gran tromba de agua mientras era velado en su palacio. Todo ello al parecer por la maldición de una gitana a la que mandó azotar por haber cogido un cántaro de agua en sus propiedades. De ahí la famosa frase de: “Llueve más que cuando enterraron a Zafra”. Antes de éstos hechos, los ataúdes se transportaban al campo santo en carruajes, más o menos engalanados, dependiendo de la condición social y nobleza del muerto. Los pobres de solemnidad, que no poseían caballerías, llevaban a hombros a sus muertos, y quiso la costumbre que con el tiempo, esa actitud de portar al difunto a hombros, adquiriera razón de tributo tal, que comenzó a considerarse un honor, el ser portado sin utilizar vehículo alguno de transporte, más que los brazos de los dolientes. En armas militares y otros segmentos de la sociedad, hoy día se sigue manteniendo ésta escenificación ante el muerto, como señal de alto tributo y reconocimiento.
EL CRIMEN DEL ZAIDÍN
Aquella década de los años sesenta en Granada, discurría entre los olores a incienso que había dejado el IV Congreso Eucarístico Nacional, celebrado tres años antes en la explanada del triunfo, donde todavía no estaba la Virgen, que se situaba junto al cadalso de Mariana Pineda, y faltaba por colocar aquella fuente que cambiaba de chorros de agua y de colores. Y dar la bienvenida en el mismo lugar, aterrizando en helicóptero a Mr Philips, en una operación de propaganda que entonces era un sueño, junto a la promoción del primer Seat 600. En ese ambiente, Granada se convulsiona con el doble crimen del Zaidín. Un maestro de escuela, asesina a puñaladas, a su novia, a su suegra, y su cuñado de 17 años, logra salvar la vida, porque salta por la tapia del patio a la calle, en aquella casilla baja del barrio que entonces comenzaba en Torremocha, y terminaba en el río Monachil. Granada tiembla y se convulsiona con el doble crimen, que ocupa la primera página del periódico, “El Caso”, y la gente se echa a la calle, de tal manera afligida, que acompañan tras el funeral a los dos féretros, desde el barrio del Zaidín, hasta el Cementerio de San José siendo portados los dos ataúdes por vecinos y familiares, que andando realizan el trayecto, atravesando la ciudad, y ascendiendo al campo santo por la cuesta de Gomérez, en una procesión multitudinaria, jamás recordada en la ciudad. El féretro de la novia se distingue del de la madre, porque lleva anudado un enorme lazo anaranjado, que lo envuelve a modo de faja mortuoria. Cuando la fúnebre comitiva llega a Plaza Nueva, se produce un relevo en los portadores, que de refresco comienzan el ascenso por la cuesta alhambreña, entre aplausos y llantos, no habrá otro relevo hasta llegar a La Mimbre.
EL CABO UREÑA
Los sesenta son años de tragedias en Granada. Granada es una de las primeras ciudades europeas en tener cuerpo de bomberos, y esos hombres son producto de la vocación y el espíritu de servicio a los demás. Ramón Ureña Bonal, cabo de bomberos en Granada, está de descanso en su casa, cuando la noticia recorre las calles como un reguero de pólvora. El Llano de La Perdiz, está ardiendo. Ureña no se lo piensa, a pesar de estar de descanso, sale corriendo hasta plaza Nueva, y en el primer coche de bomberos que sube por la cuesta de Gomérez, camino del incendio, se engancha junto a los compañeros que ese día están de servicio. Como uno más se pone manos a la obra para extinguir el incendio, con tan mala fortuna, que un cambio en la dirección del viento, lo acorrala, dejándolo sin escapatoria. Su cadáver es identificado por la dentadura. No cabe mayor entrega en el desempeño de una labor. Su entierro constituye una manifestación de duelo como hacía décadas no se conocía en Granada. Los compañeros del parque de bomberos, portan su féretro a hombros, hasta el cementerio de san José, donde recibe sepultura con todos los honores. La muerte del cabo de bomberos Ureña, en la década de los sesenta, volvió a poner de manifiesto, algo que solo ocurre en Granada, cuando el muerto es merecedor de honores. Se le traslada a hombros al cementerio, en señal de gratitud, honor y respeto.
lunes, 7 de agosto de 2017
EL PRINCIPIO DEL FIN DEL SACROMONTE
EL PRINCIPIO DEL FIN DEL SACROMONTE
El barrio lleva decenas de años agonizando, pero afortunadamente, no muere.
Tito Ortiz.-
El Albayzín tiene un hermano que es el Sacromonte. Nos vamos de un barrio Flamenco a un barrio gitano, como si lo uno pudiera separarse de lo otro. El de la “verea de en medio”, el de las cruces camino de la abadía, el de las siete cuestas, el de las catacumbas de san Cecilio y el de las cuevas de la zambra. Una gitanería señorial y artística, que ha sabido con su arte, atraer no solo a los buenos aficionados, sino a reyes, príncipes, jefes de estado, artistas de todas las disciplinas y estrellas de Hollywood. Lo que se hace en el Sacromonte no se hace en ningún otro sitio. El ritual de la boda gitana se conserva aquí, como parte exquisita de nuestra tradición. Desde la jondura de Juanillo, El Gitano, a la gracia de maría La Canastera, pasando por los Amaya, los Cortés, los Heredia. Desde la Faraona, a la Golondrina, desde las pitas a las chumberas, de las fogatas a la saeta a su cristo de cuatro clavos, el Sacromonte, es un pedazo de nuestra historia inseparable, con don Andrés Manjón, a lomos de una borriquilla, impartiendo educación, comida y vestido, a la banda del Ave María, dirigida por el maestro José Ayala. En una de sus cuevas, una afortunada noche, Antonio Sánchez Ramírez, “El Compadre”, fundó la hermandad del Rocío de Granada, en una servilleta de papel. El tango falseta, el de los merengazos, conviven con la cachucha, la mosca y la alboreá, formando parte de nuestro legado irrenunciable de la música granaína.
1963 CRÓNICA DEL ALBA
Tres meses lloviendo “menúo” sobre las cuevas, era mucha agua, y algunas no lo resistieron. Aquel Enero de 1963, iba a escribir en la historia de Granada, una de las páginas más tristes. Desarraigar su barrio emblemático conocido en todo el mundo, dispersando a sus gentes, la mayoría artistas de la zambra, por lugares desconocidos hasta entonces como, El Chinarral, La Virgencica, Santa Juliana, o hasta el mismo salón de plenos del ayuntamiento, que el alcalde, Manuel Sola Rodríguez Bolívar, sembró de colchones para que los damnificados pudieran dormir a cubierto. Siete mil desplazados sin hogar de toda la provincia, buscan cobijo y lo encuentran de una manera tardía, perdiendo por el camino, sus raíces humanas, familiares y artísticas, con ellos nace la llamada zona norte y su “polígamo”. La tragedia alcanza cotas insospechadas, cuando debajo de los escombros de una de las cuevas, se rescatan los cadáveres de un joven padre de 24 años, abrazado a su hijo pequeño. Granada entera llora amargamente, a pesar de que la dimensión de la tragedia tardará tiempo en dar la cara. Franco llega a la ciudad para ver sobre el terreno lo ocurrido, y aunque sube al barrio y visita en silencio la cueva de Mariano, parece que da más importancia a como la fuerza del agua, ha arrancado de cuajo el llamado puente de Las Brujas, que enlaza las dos orillas del Genil, a la altura de los dos kioscos de las Titas, y el Colegio, cuyas monjas ataviadas con grandes tocas almidonadas, son jocosamente llamadas por el vulgo, brujas. A partir de ese día, el Sacromonte, ya no será el mismo.
DISCOTECAS POR ZAMBRA
Durante la década de los setenta y ochenta del siglo pasado, se produce un fenómeno que intenta revitalizar el barrio, pero a mi juicio, con esa acción lo despoja de su historia y realidad artística. El Sacromonte convierte algunas de sus cuevas emblemáticas en modernas discotecas, desplazando a la juventud consumidora de esa actividad, desde el centro hasta el cerro, masificándolo, colapsándolo en materia de tráfico, y algo que tampoco ayuda, es la muerte por apuñalamiento de un hombre, algo que vuelve a estigmatizar al barrio, dando al traste con la pretendida recuperación de la actividad económica, porque si todo ese esfuerzo se hubiera dirigido a recuperar la auténtica identidad del arte flamenco del barrio, subvencionando a los protagonistas en la diáspora, para que volvieran a las cuevas a mantener su arte, quizás el futuro hubiera sido otro, y no estaría tan negro como ahora. El Sacromonte, tiene en la actualidad, una débil salud de hierro, gracias al altruismo de algunos sacromontanos, que no viven en el barrio, pero que cada día lo visitan y lo reflotan en la conciencia colectiva, y además, tiene otros vecinos llegados de fuera, que han visto en la dejadez política y la naturaleza libre, la mejor ocasión para vivir en el paraíso, de hecho, estoy hablando de, Valparaíso.
domingo, 6 de agosto de 2017
EL PAPA LLEGA EN AUTOBÚS
EL PAPA LLEGA EN AUTOBÚS
En la tierra de la malafollá, hasta el papamóvil se escacharra
Tito Ortiz.-
Nunca un Papa había visitado Granada, por lo tanto, el acontecimiento era de total magnitud. La ciudad iba a ser por unas horas, el hogar del hombre de Cristo en la tierra, y todo tenía que prepararse hasta el último detalle, incluidas las previsiones de un quirófano libre en el Clínico, por lo que pudiera pasar, sobre todo teniendo en cuenta que Juan Pablo II, era el Papa contra el que más se quiso atentar en toda la historia de la cristiandad, y algún cabestro lo consiguió, como el turco, Alí Agca, de cuyas heridas llegaba su santidad convaleciente, hasta el punto de que debajo del altar que se montó en el “polígamo”, para que Karol Wojtyla oficiara la eucaristía, según me confesó mi amigo, el doctor Martínez Zaldívar, inventor de las urgencias en Granada, se había dispuesto una sala esterilizada, para cambiarle al Papa, la bolsa de su colostomía, sin que apenas los fieles lo echaran de menos, al bajar de un altar flanqueado por La Soledad, de Mora. Hasta el lo conduce el arzobispo de Granada, Don José Méndez Asensio, que me vetó como pregonero de la semana santa, por no estar casado por la iglesia, y que le hace que repare en una representación muy especial de la Virgen de Jasna Gora, Patrona de Polonia.
TODO ES POSIBLE EN GRANADA
Antes, en el recorrido desde el aeropuerto hasta la Basílica de las Angustias, próximo al cruce de El Jau, una pancarta decía: “Juan Pablo, para a 200 metros y bendícenos”. Y, en efecto, el coche aminoró la marcha y bendijo a los lugareños que habían salido en masa a la carretera. Al llegar a La Chana, bendijo a algunos enfermos psíquicos que se hallaban a la puerta del Hospital de la Virgen. La masa de personas era inmensa en la zona. Allí el coche tuvo un problema y tuvo que parar. Dicen que era tal la cantidad de papelillos blancos que se arrojaban a su paso, que éstos obstruyeron el ventilador del radiador, y quedó inservible para el momento. Sé de buena tinta, que un vecino del barrio, niño entonces preadolescente, llamado Francisco Cuenca, no tuvo nada que ver. A lo que vamos. En vez de utilizar otro coche, prefirió el Papa subir al autobús de “Alsina”, en el que iban los obispos y autoridades, sentándose en el asiento del cobrador, para que así los fieles pudieran verle. En el recorrido hasta la basílica de nuestra Patrona, unas doscientas mil personas, se dejaron los ojos buscando el papamóvil, sin sospechar que el Papa pasaba ante ellos en el autobús, como acompañante del conductor, al que por cierto su santidad, le regaló un rosario, cuando lo dejó sano y salvo, ante La Virgen de Las Angustias.
EL ASIENTO
Ni un minuto tardaron los de las Graells, en arrancar el asiento y considerarlo desde entonces como una pieza de museo, bendecida por las posaderas del sumo pontífice, asunto éste que caló muy dentro de la población, que nunca en su vida había visto un Papa, más que en el NoDo, y menos que recorriera las calles de la ciudad de la Alhambra, en autobús como cualquier mortal.
Más de setecientas mil personas esperaban en el “polígamo” junto al altar referido, para escuchar al hombre de Dios en la tierra, en una especie de desierto preparado al efecto, y en el que se habían instalado unas cabinas telefónicas que funcionaban con pesetas. Y hasta una de ellas me dirigí cuando el Papa comenzó su alocución, tras la bienvenida de Méndez Asensio, que protagonizó una de las intervenciones más brillantes de la historia. Con mi bolsillo lleno de pesetas y duros, comencé a relatar en directo con la puerta de la cabina abierta y sujeta por mi pie para escuchar los altavoces, la presencia primera de un Papa en Granada. De ésta manera, los oyentes en toda España de Radio 80, “la radio, radio”, pudieron asistir a través de tan magnífica unidad móvil, al hecho histórico de la visita papal a nuestra ciudad. Luís Ángel de La Viuda, director general de la nueva cadena de emisoras, me envió por fax al día siguiente, una emotiva felicitación por el trabajo realizado, aunque nunca me fue reintegrado el montante económico, de las muchas monedas empleadas en la transmisión, ni los oyentes se quejaron del ruido que periódicamente hacían las monedas al caer. París, bien vale una misa.
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