sábado, 31 de agosto de 2019

LA TORTAJADA

LA TORTAJADA

Esta santaferina de fama internacional en su época, coincidió con La Bella Otero en el París del cancán, que inmortalizó Toulouse-Lautrec

Tito Ortiz.-

Lo mismo que un siglo antes, la motrileña, María Antonia “La Caramba”, había conquistado Madrid, Consuelo Tamayo Hernández, “La Tortajada”, sentó plaza y cátedra en un París que a finales del XIX, disfrutaba de unas noches históricas en acreditados locales de variedades arrevistadas. Cantaba con gracia y donaire, bailaba con movimientos personales en acompasadas coreografías, y su desparpajo a la hora de hablar y desenvolverse en todos los ambientes, causaron sensación en aquella Francia de la Belle Époque. En 1864, nace en un castillo francés el gran pintor y cartelista, Toulouse Lautrec, quién mejor retrató aquella época parisina de juerga y diversión. Pese a que no sería descartable, lo cierto es que, no hay evidencia que nos haga sospechar relación alguna entre ambos, pero no sería descartable que la granadina, apareciera en algún cuadro, o sobre todo, cartel del genial artista, porque coincidir en el tiempo, coincidieron. Lo mismo que podemos asegurar que, por los años y locales de sus actuaciones, también estuvo cerca de otra leyenda de aquel tiempo como, La Bella Otero. Claro que al coincidir en actividad artística y mismos teatros, no sería descabellado sospechar cierta tirantez en el trato, o distanciamiento prudente, porque no hay constancia de amistad entre ellas, o de riñas y escándalos por asuntos de competencia, muy al uso entonces.

RAMÓN TORTAJADA

Encarnación recoge el nombre artístico de, “La Tortajada”, del apellido de su marido, que la desposó cuando ella apenas tenía quince años. La granadina se encontraba educándose en un colegio de Barcelona, cuando el director del coro en el que cantaba, vislumbró en la niña actitudes y aptitudes dignas de promoción y deleite. Se casó con ella, la amoldó artísticamente a los gustos de la época, y erigiéndose en su marido y representante, no dudó en presentarla en los mejores teatros de Madrid y Barcelona. Viendo el éxito obtenido, lo tuvo claro y dio el salto a París, donde La Tortajada se convirtió en la reina de teatros y salas del momento. Agoniza el siglo XIX, comienza el XX, y la artista santaferina recorre Europa, América y África. Cosechando los triunfos más importantes de su carrera. Con el paso de los años, regresan a la capital instalándose en una casa de la Plaza de Mariana Pineda, lo que hace que Ramón frecuente la tertulia “El Rinconcillo” del café Alameda, donde coincide con los intelectuales capitaneados por Lorca, y donde alguna tarde se le vio sentado al piano. Pero Ramón protagonizaría un hecho del que la prensa se hizo eco en toda España. Aprovechando una salida a misa en Las Angustias de su esposa, huye con la cocinera y todo el dinero que puede arramblar, pero es detenido en una casa de huéspedes de Barcelona, donde se comprueba que había vaciado las cuentas de La Tortajada en Berlín, y se le encuentran ciento cincuenta mil pesetas de la época, producto de haber dejado a cero, otra en una entidad mercantil.

GLORIA Y DECLIVE

En 1906, cuando La Tortajada está en pleno apogeo, viene al Teatro Cervantes de la capital, y actúa desinteresadamente con la condición de que la mitad de lo recaudado sea para los necesitados de Santa Fe, y la otra para los granadinos. Fue siempre una mujer muy religiosa y generosa, como lo demuestra que fuera recibida en audiencia privada por el Papa, Pío X, un asunto que entonces no estaba al alcance de cualquiera, y menos de una artista de fama mundial, especializada en tan peculiar y moderna actividad. Cuentan sus muchos biógrafos que, también fue condecorada por el Zar Nicolás II, y por el Káiser alemán, Guillermo II, que sobre ella se publicaron noticias falsas como que había sido raptada, asesinada o comida por caníbales, asuntos estos que denotaban la celebridad de nuestra paisana, y su fama internacional. Cuando en 1911 viene al lecho de muerte de su madre para despedirse, esta le pide que abandone los escenarios, y Encarnación la satisface dos años más tarde, al cumplir con los compromisos contraídos con anterioridad. Consuelo vivió en Granada hasta 1955, frecuentando la basílica de La Patrona, con una vida social constreñida,  y la asistencia a los festejos taurinos, que eran muy de su agrado. Decide entonces volver a la casa paterna de Santa Fe, donde están sus raíces, frecuentando la Iglesia de La Encarnación. Allí, donde los reyes católicos instalaron su campamento, durante el asedio a La Alhambra, falleció La Tortajada en 1957. Una mujer que lo fue todo en el music-hall, cuya vida es digna de ser llevada a la pantalla.

viernes, 30 de agosto de 2019

EL SARGENTO PATRICIO

EL SARGENTO PATRICIO

Con la corneta de llave, no hubo quién le superara. La semana santa de los años sesenta y setenta en Granada, tras su Cristo del Perdón, gozó del mejor sonido procesional.

Tito Ortiz.-

La Banda de Cornetas y Tambores del Batallón Mixto de Ingenieros, a las órdenes del Sargento Patricio, sonó siempre mucho mejor que la del Córdoba 10. Eso me lo reconoció hasta el propio, Julio Marabotto Brocco, por entonces Capitán Director de la Banda de La Novena región Militar de Granada, y Julio era un músico de carrera, que llegó a dirigir el Real Conservatorio de esta tierra. La banda de ingenieros era otra cosa, con respecto a las demás, distribuidas en cada acuartelamiento de entonces. Entre otras cosas, porque el Sargento Patricio nos ponía a ensayar todos los días, varias horas, en aquel segundo patio, que nosotros llamábamos el de las antenas, porque allí estaban las de las emisoras de los compañeros de Transmisiones, ingenieros como nosotros, y si no, que se lo pregunten a Jerónimo González del Pino, mi entrañable y admirado amigo, que ha entregado su vida profesional a este menester, y con el que de vez en cuando bebo, porque los amigos que no beben juntos, no son de fiar, pero no es nuestro caso. Pero volvamos a las cornetas y tambores de Patricio. Como jefe de la banda era incansable, y además perfeccionista, con lo cual, si la marcha que estábamos ensayando no salía perfecta, la repetíamos hasta conseguirlo, sin mirar el reloj. No importaba si era la hora de la salida a paseo, o sonábamos como los ángeles, o de allí no se movía nadie.

LLORAN LOS LEGIONARIOS

Aquella semana santa de 1972, a los componentes de la banda nos llamaba la atención, porque llevábamos desde enero ensayando el himno de La Legión, una marcha que no habíamos tocado nunca, pero que el sargento Patricio había incluido en el repertorio de las procesionales, sin decirnos por qué, como era su costumbre. Le gustaba sorprendernos y ya lo creo que lo hizo. Como cada año, la banda desfilaba en Alcaudete, (Jaén) en una procesión mañanera, alrededor de un monte, y que posteriormente representaba en la plaza del pueblo, una escena de la pasión en la que Judas es perseguido por haber delatado a Cristo, un asunto de mucha tradición y atractivo por las máscaras que usaban. Pero también desfilábamos  un día en Archidona y otro en Antequera, donde coincidíamos con la Legión. Allí era la costumbre antes de salir en el cortejo, que los mayordomos reunieran a las dos bandas en el patio trasero de un bar, donde se nos ofrecían unas viandas para acometer las horas siguientes con buen ánimo, y donde a los postres, en una especie de pique o competición, los legionarios tocaban una marcha de semana santa, nosotros le contestábamos con otra, y así se establecía una especie de reto sonoro-cofradiero, para ver cuál de las dos bandas tocaba mejor. El jurado era popular, o sea todos los vecinos que entraban en aquel patio y los que escuchaban desde la calle. Comenzó la Legión con una marcha saetera de brío,  y cuando era nuestro turno, el sargento Patricio nos hizo una señal pactada, y rápidos como centellas iniciamos el toque de  himno legionario. Como accionados por un resorte, los caballeros legionarios como mandan sus ordenanzas, adoptaron la posición de firmes con la mirada al infinito, y a nuestros sones cantaron con la voz entrecortada por la sorpresa, el novio de la muerte. Muchos de ellos llorando de emoción ante la sorpresa. Una vez más, el sargento Patricio había triunfado.

VIRGEN DE LA AURORA

Como cada martes santo, la banda de Ingenieros acompañábamos a la hermandad de la Aurora, no sin antes cumplimentar nuestro trabajo por la mañana, que consistía en instalar unas rampas para que los costaleros salvaran los escalones de la iglesia de san Miguel y los de la placeta de san Gregorio. Las mismas rampas que instalábamos en el viejo Los Cármenes, para cuando venían el Madrid o el Barcelona, y se abría la tapia para que pudiera entra la gente con mayor holgura. Marchábamos dentro del cortejo y estando a punto de entrar en la tribuna de la plaza del Carmen, Patricio mando tocar una marcha que entre el principio y el final, permitía un solo de corneta a elegir por el solista que era él, y que habitualmente no ensayaba con nosotros para causar mayor sorpresa, y ya lo creo que nos la dio. Cuando desfilábamos por mitad de la plaza del Carmen, las cornetas terminamos la introducción y los tambores redujeron el volumen del redoble esperando el solo del sargento, este se despachó a gusto con la mejor interpretación, por primera vez en la semana santa de Granada, ya que después sería muy imitado, del Himno a La Alegría, que por entonces promocionaba Miguel Ríos. Cuando Patricio terminó el solo, la plaza se vino abajo, y para rematarlo, cuando giramos a Reyes Católicos, abordó el, Silencio de Roy Etzel, que en la época estaba de moda. Cada vez que hablo con él, escucho aquella Granada cofrade sorprendida y entusiasmada. Que grande eres Patricio, esta ciudad te debe un homenaje.

jueves, 29 de agosto de 2019


A MEDIA NOCHE

Pioneros en la divulgación del más allá, de otras dimensiones, Antonio José Alés y el profesor, Jiménez del Oso, coparon la radio y la tele de una época, con audiencias millonarias.

Tito Ortiz.-

Comenzaré diciendo que, no fui un niño normal. Mientras mis amigos leían al Capitán Trueno, yo me enfrascaba con los libros de mi tío Rafael, dejándome la vista por la noche en la cama, gracias a una linterna de petaca, leyendo a Edgar Allan Poe y a Gustavo Adolfo Bécquer, en su obra más fantasmal y tenebrosa. Así crecí hasta mi época de estudiante, en la que en lugar de irme a la biblioteca, escogía el silencio y las tumbas del cementerio más apartadas y lúgubres, para empollar y sacar buenas notas. El llamado, “más allá” me apasionó siempre y lejos de asustarme, me ha preparado para el momento final, con una tranquilidad que los más cercanos a mi tachan de extraña, y mis enemigos de extravagante. Yo era de los que a las tres de la madrugada, en el silencio de la alcoba, escuchaba la radio con los ojos abiertos como platos, para no perderme un solo detalle de una buena psicofonía, con la voz de alguien que nos dejó hace años, y que pretende comunicarse con nosotros. O la buena narración de un cuento de terror, representado por un buen cuadro de actores, con la música adecuada y los efectos especiales imprescindibles para sentir miedo hasta gritar o sobresaltarse. El “posprograma”, era lo mejor. Sobre todo cuando crujía el armario, o cuando sentía que la presencia de alguien era patente, pese a no ver nada.

ANTONIO JOSÉ ALÉS

Aunque en los años sesenta yo escuchaba en la radio el famoso programa nacional, “El Criminal Nunca Gana”, con historias sobrecogedoras, ya en los setenta, fui un incondicional de Antonio José Alés, y su “Media Noche”. Madrugadas en vela para oír su voz recia y tenebrosa, relatando historias de fantasmas y aparecidos, con grabaciones realizadas en lugares donde se manifestaban. Empezó su andadura radiofónica en la Cadena SER con el programa Agosto Noche luego se llamaría Verano Noche para convertirse en el conocidísimo “Medianoche”. Corría el año 1977. El 14 de Septiembre de 1987 y tras 10 años de éxito en la SER, Medianoche pasó a emitirse en Radio España de Madrid, Radio Miramar de Barcelona y Cadena Ibérica en toda España. Así estuvo hasta el 30 de Junio de 1993.  El 1 de julio de ese año, Antonio José Alés y su programa "Medianoche" pasaron esta vez a Onda Cero Radio, donde permaneció hasta el año 1995. Después de abandonar Onda Cero se "pierde" la pista de Alés, parece ser que viaja a Argentina, a Miami y no volvería a España hasta el año 1999 y lo hace --según me pudo confirmar uno de sus hijos-- como director de una pequeña emisora ubicada en una población situada a 38 Km. al suroeste de la comunidad de Madrid. Así lo recuerda su admirador y discípulo, Ramón Álvarez. El 14 de agosto de 1979, Alex convocó por las ondas la primera Alerta Ovni en España, que tuvo doce millones de oyentes. Un fenómeno que no se ha repetido con esa magnitud.

JIMÉNEZ DEL OSO

Por supuesto no me perdí ni una sola, “Historias para no dormir” de Ibáñez Serrador en la tele, y fue años después cuando supe, que ya en 1967, cuando se grababan estas historias de terror en TVE, Chicho contaba con un asesor, psiquiatra y periodista que se llamaba, Fernando Jiménez del Oso, que años más tarde veríamos presentando los primeros programas de misterio en la televisión pública, como, el profesor Jiménez del Oso. A partir de 1974 comenzaría su popularidad, al ser fichado para llevar una pequeña sección dentro del programa, “Todo es posible en domingo”, dirigida por Pedro Amalio López, hablando de enigmas y misterios. Dos años más tarde, se le ofrece la oportunidad de dirigir y presentar “Más Allá”, su propio espacio en la única televisión entonces, que estuvo en antena hasta 1981, con altas cuotas de audiencia. Entre 1982 y 1984 su espacio pasó a denominarse “ La Puerta del Misterio”, dentro del cual, aparte de los programas grabados en estudio, albergó dos series de documentales realizados y presentados por él: “El otro Perú” y “Ellos” (1984) -dedicado al fenómeno OVNI, con testimonios de testigos de toda condición social, incluyendo pilotos y militares. La voz aterciopelada de Jiménez del Oso, su semblante sereno y mirada penetrante, daban a sus historias, el marchamo de veracidad que todos buscábamos en el mundo de lo oculto y del misterio. En los años ochenta, y en compañía de otro de mis admirados, Juan José Benítez, grabó otra serie, titulada “En Busca del Misterio “, en la que recorrieron parte de América y la Isla de Pascua, y tampoco olvido de sus últimos programas, la serie de, “Viaje a Lo Desconocido”. El profesor Jiménez del Oso, fue el primero en tratar estos temas en la televisión, con gran rigor y permitiendo que el espectador tuviera siempre la última palabra. A ver qué pasa esta noche, cuando esté solo en la cama, ¿vendrán a verme?




miércoles, 28 de agosto de 2019

SEÑORITA, MI CONFERENCIA CON…

SEÑORITA, MI CONFERENCIA CON…

Hubo un tiempo en el que, hablar por teléfono de un pueblo a otro requería paciencia y templanza. Centralitas de cables manuales, con señoritas que hacían posible el milagro, nos conectaban, pero siempre con demora.

Tito Ortiz.-

Ahora que Telefónica está arrancando de nuestras aceras y parques las últimas cabinas telefónicas, dos grandes mitos se me vienen abajo. El inmortal Miguel Gila, con su inolvidable teléfono de baquelita negra, preguntando cuanta demora tienen su conferencia y Mercero con López Vázquez, ganando premios internacionales en un momento de la España gris, al dejar al actor encerrado en una cabina que dio la vuelta al mundo. Sé que a los más jóvenes, que nacen ya con un móvil en la mano, esto les sonara a batallita del abuelo, pero como abuelo que soy, no me resisto a contarles cómo era eso de hablar por teléfono en mis tiempos, y conste que yo nací después del Cuaternario, y de los dolores, claro. Porque ahora con el celular – que dicen los hispano hablantes – pulsas un botón y hablas con alguien en  la otra parte del mundo al instante, pero en mis años tiernos, que yo también los tuve, hablar de una provincia a otra podía llevar incluso un par de días.

LOCUTORIOS

Nací cuando en Granada había pocos teléfonos y los números eran de tan solo cuatro cifras. Por ejemplo, el de María “La del Teniente” como la llamábamos, porque su marido era militar, era el 2224, y la familia era tan estupenda, que nos permitía a los vecinos dar su número a los familiares lejanos, para que en caso de desgracia o alumbramiento, nos dieran tres voces por el balcón para acudir al teléfono y ser informados del evento por nuestro familiar. Para conectar con la familia lejana sin urgencia, o sea, porque el Pepe estaba haciendo la mili en Melilla, o para comprobar cómo iba el embarazo de Purita que se casó y marchó a vivir a Las Palmas, para eso se utilizaba el locutorio de Reyes Católicos, frente a la Sastrería Ruiz, esquina a calle Abenamar. El local tenía un amplio mostrador atendido por pacientes señoritas, que tomaban nota de tu llamada a donde fuera, calculaban la demora, quedándose siempre cortas, y te invitaban a sentarte a esperar ser llamado, para asignarte una cabina donde poder hablar con tu interlocutor, que pese a ser de madera y con puertas para cerrar, la privacidad era imposible, porque la calidad del sonido era tan mala, que te obligaba a desgañitarte para que, el que había al otro lado te entendiera. Unas veces la comunicación se cortaba sin más, otras tú lo oías a él pero él no te oía a ti, y ya el colmo del esperpento era cuando se entrecruzaban otras conversaciones, y no solo te impedían escuchar a tu familiar, sino, que te enterabas de la vida y milagros de gentes lejanas, a veces incluso en otro idioma, lo que hacía del hecho de hablar por teléfono con tu familia, una serie de historias interminables, a cada cual más absurda o desternillante.

PRIVACIDAD

Que tu llamada fuera privada y que solo la escucharais los protagonistas, era solo cuestión de buena voluntad de la señorita que la hacía posible, ya que al tratarse de conexiones manuales, si ella quería escuchar lo que hablabais, la centralita se lo permitía técnicamente sin ningún problema. El resto dependía de la operadora y la medida de su curiosidad y discreción. Algunas tenían que dormir al lado del aparato, sobre todo en los pueblos, por si por la noche ocurriera alguna desgracia o emergencia. Cuando por fin terminabas de hablar y colgabas, te acercabas al mostrador, decías el número de tu cabina, y la señorita miraba el contador correspondiente, contaba los pasos gastados, el importe por cada paso, y te cobraba la llamada. Años después llegaron los números de seis cifras. El mío fue el 228084, y después los prefijos para diferenciarnos de cada provincia y poder conferenciar sin necesidad de poner una operadora de por medio. Se acabó el llamar al 09 para solicitar una conferencia terminando diciendo aquello famoso de: ¿Señorita tiene mucha demora? Llegaron las primeras cabinas en las calles y los teléfonos públicos en bares y restaurantes. Se accionaban con unas fichas de cobre con ranuras, que comprabas al precio de tres pesetas, y te permitían hablar durante tres minutos. Después las fichas dieron paso a las monedas de curso legal y a las tarjetas de prepago. Ahora nos toca decir adiós a las cabinas, en un tiempo tan moderno, que incluso, ya puedes hablar por teléfono desde tu reloj, y viéndole la cara a tu interlocutor. Cuando me veo bajando desde el Albayzín, de la mano de mi madre, hasta el locutorio de Telefónica, para hablar con mi padre que se encontraba en Alcaudete, barnizando el ayuntamiento, tras el aviso llegado al domicilio, y hoy con sus ochenta y cinco años,  la veo hablando con mis hermanos por su móvil, me parece ciencia ficción. Y es que los de la década de los cincuenta, hemos vivido cosas para llenar tres vidas. Esto va que vuela y la suerte es poder contarlo.

martes, 27 de agosto de 2019

BANDA PROVINCIAL DEL HOSPICIO

BANDA PROVINCIAL DEL HOSPICIO 


Francisco Lara en la actualidad y en los años cincuenta en la banda del Hospicio de Granada

En el siglo XIX, granada tuvo una banda de música que se codeó con las mejores del país. Su participación en todos los acontecimientos provinciales, le granjearon el máximo reconocimiento, de compositores y ciudadanos.

Tito Ortiz.-

Rara era la Diputación Provincial que hace dos siglos no tenía su propia banda de música, surgida en principio, para dar formación y salida profesional a los niños acogidos por la beneficencia. El centenario edificio del Hospital Real, acogió en un principio a los huérfanos, pero después pasaron a las nuevas instalaciones de la Diputación en Armilla, de ahí que los armilleros mantengan aún la tradición en el tiempo de su vocación musical, hoy día representada por la Asociación Musical San Isidro, cuya escuela de música dirigida al igual que la banda por, José Melchor Perelló, es una hermosa realidad de un nivel que, ha trascendido todas las expectativas, cuando se fundó en los años ochenta. La juventud y entusiasmo de su profesorado, hacen que su alumnado crezca cada año, muchos de ellos formando parte de su banda de educandos, para su posterior paso a la de los mayores, de tan reconocido prestigio. Pablo y Miguel, dos de sus componentes, son puntales en la organización y proyección de futuro. 

PRIMER CERTAMEN PROVINCIAL DE BANDAS

El Corpus de 1888, se celebró el primer certamen provincial de bandas de música de Granada del que tengamos constancia. El miércoles, día 30, a las seis de la mañana, la Banda del Regimiento de Córdoba 10, con guarnición en Granada y, la de niños expósitos de la Banda del Hospicio Provincial, salieron de sus respectivos alojamientos para recorrer en animada diana las calles de Granada en dirección al Ayuntamiento, a donde llegaron sobre las ocho. A las doce, salió la Tarasca junto a toda la parafernalia. Nos lo cuenta con detalle en su crónica, José Miguel Barberá Soler. Por la tarde, a eso de las cinco y media, en el palco de la antigua plaza de Toros del Triunfo compareció el jurado encargado de decidir los premios, compuesto por los reputados maestros Antonio Segura, Bernabé Ruiz Vela, Francisco de Paula Valladar, Ramón Noguera y Celestino Vila de Forns, quien, además de actuar como presidente, compuso la «marcha religiosa» obligada del certamen. Con una más que aceptable concurrencia, abrió la tarde la Banda del Padul, con veintisiete músicos que supieron ganarse el general aplauso en la ejecución de la obra obligada. Después entró en el palenque la de Pinos del Valle (apenas habían pasado poco más de tres años desde que el pueblo fuese prácticamente destruido por el horrible terremoto del 25 de diciembre de 1884) con dieciséis músicos todos uniformados, aunque la escasez de personal hizo que no se escuchara bien; aun así, los bizarros lecrinenses tocaron con gusto y afinación. La Banda del Hospicio Provincial consumió el tercer turno, y fue la que provocó mayor entusiasmo en el respetable: «Qué gran diferencia, los músicos asilados hacen grandes adelantos… que el ayuntamiento influya en la diputación para que se distinga en todo lo posible a los jóvenes, tanto en el cuidado de la alimentación, cuanto en el trato y comodidad personal, teniendo en cuenta el grado de trabajo que prestan en el estudio de los instrumentos». El director encargado de esta banda de beneficencia era José Luján, hijo del que fuera último director de música de la Capilla Real y notorio compositor Antonio Luján. El certamen terminó a eso de las siete, y poco más tarde el jurado dictaminó conceder el primer premio, de 500 pesetas, a la Banda del Hospicio Provincial; el segundo, de 300, a la del Padul; el tercero de 200, a Dúrcal, y fue propuesto, asimismo, un premio especial de 100 pesetas para la de Pinos del Valle. A las bandas se las invitó a desfilar, dios mediante, en la procesión del Corpus.

MONTERO Y LARA

A lo largo de los años, hasta que la banda del Hospicio desapareció bien entrado nuestro siglo, por sus atriles pasaron músicos que después tuvieron una magnífica proyección. De entre ellos destaca el admirado, José María Montero Gallegos, primer director de la Banda Municipal de Granada que ahora conocemos. Su biznieto, el poeta granadino, Luís García Montero, nos cuenta que el maestro Montero desde niño, fue uno de los componentes de la Banda Provincial del Hospicio, en la que destacó como buen intérprete de la flauta, que junto con el piano, eran sus instrumentos preferidos. Nosotros hemos podido hablar con otro de sus componentes. Francisco Lara, que a sus 84 años, recuerda con cariño su ingreso en la banda del Hospicio granadino, y a su director entonces, José Vellido, que aunque entonces todos ingresaban de corneta o tambor, a él le vió cualidades, y le perimitió ingresar tocando el clarinete. Lara abandonó la banda en 1956 para hacer el servicio militar, y la formación desapareció a principios de los sesenta, pero no olvida ni a sus comapñeros, ni el gran nivel interpretativo que tuvo la formación.

lunes, 26 de agosto de 2019

LA VENIA PISTOLA EN MANO

LA VENIA PISTOLA EN MANO

La Alhambra y Los Favores se retaron en Reyes Católicos, el saetero equivocó la letra y la escuadra de romanos, terminó en comisaria.

Tito Ortiz.-

Nuestra semana santa es tan rica en el capítulo de anecdotarios, que la publicación de los hechos reales, darían para varios tomos. Sabido es que las desavenencias entre hermanos fundadores, dan lugar posteriormente a la escisión de un grupo de éstos, que por el prurito de no ser menos, terminan fundando otra nueva hermandad. Yo he vivido eso en mis carnes, pero lejos de ser algo de nuestros tiempos, este tipo de comportamientos, unido a las rivalidades de los distintos gremios que fundan cofradías a lo largo de toda la historia, dan como resultado, que el acervo cofrade se engrandezca y llegue hasta nosotros con toda su riqueza, histórica y patrimonial. Corrían los últimos años de la década de los felices años veinte del siglo pasado, cuando un puñado de amigos, que luego dejarían de serlo, pone en marcha el proyecto de fundar la hermandad de La Alhambra, y en el fragor de la batalla y por motivos que me llevaré a la tumba, se produce un choque de trenes dentro del proyecto, que obliga al abandono del mismo a un grupo, que sin pensárselo, protagonizan una carrera para ver cuál de las dos facciones es capaz de poner antes en las calles de Granada, una nueva hermandad. Recaudar fondos para titulares y ajuar era prioritario, hasta tal punto de que me consta y, guardo testimonio grabado de algunos protagonistas, que valiosas aportaciones en metálico y de joyas para fundar la hermandad “realejeña”, salieron de las casas más acreditadas de las meretrices granadinas de la época. La competición por ser los primeros en, poner nueva hermandad en la calle fue muy ajustada, hasta tal punto que llegó el gran día, y quiso la divina providencia que ambos cortejos coincidieran en Reyes Católicos. La Alhambra bajaba por Gomérez camino de la tribuna, y Favores regresaba a su barrio por la calle de La Colcha. En aquella competición fratricida de los que antes habían sido hermanos de proyecto, la Alhambra adelantó su cruz de guía y tras ella todo el cortejo, hasta la altura de lo que hoy conocemos como Santi Espíritu, que entonces no tenía salida a Pavaneras. Con tal acción, impedía que los favores retornaran. Me consta que hubo componentes de ambos cortejos discutiendo quién debería tener preferencia de paso, y como lo de llegar a un acuerdo, ni se atisbaba, de pronto, un fundador de la hermandad de san Cecilio dio por zanjado el tema y logró paso franco para su hermandad. Lo que hizo fue sencillo. Echó mano a la sobaquera, sacó una Star del nueve largo, tiró del cerrojo hacia atrás, la montó con una bala en la recamara, y le dijo al cofrade alhambreño que le impedía el paso: ¿A que ahora vamos a pasar sin problemas? Y en ese momento, lo mismo que en la película de Moisés se abrió el mar en dos partes para que pasaran las criaturas, el cortejo de la Alhambra se apartó a la velocidad de la luz, permitiendo que los favores regresaran a su barrio sin mayor problema. Cuando un cofrade “greñúo” es convincente en sus argumentos, no se necesita nada más.

SAETA 

Siempre ha tenido la semana santa de Granada una tradición de saetas a pie de calle, y los que peinamos canas hemos disfrutado de momentos inolvidables, como aquella noche en la que Enrique Morente, le cantó una saeta al Cristo del Silencio, cuando se encerraba en San José. Curro Andrés, que sabe de esto un rato, se acordará de aquella madrugada que, a todos se nos quedó el corazón encogido escuchando en la oscuridad a nuestro admirado Enrique, junto al semblante más sobrecogedor de un hombre muerto en la cruz. Pues junto a esos momentos inolvidables, la saeta espontánea en la calle es lo que tiene, que también te puede dejar perplejo, cuando el asunto barrunta ruina. No han sido pocos los casos en los que algún aficionado, que en estado de sobriedad jamás lo hubiera intentado. Animado por la ingesta y por algún “amigo” de esos que contándolo entre los tuyos no necesitas enemigos, se planta delante del paso, y suelta más gallos de los que Pedro escuchó la noche de marras. Otra cosa es que los nervios le jueguen una mala pasada al saetero, que con su mejor intención olvide la letra o la cambie, como le ocurrió al que ante la imagen del Cristo de su devoción, queriéndole pedir en la letra, vista para los ciegos y libertad para los presos, exclamó: … ¡Y a los presos dales vista, y a los ciegos libertad!

UNA DE ROMANOS

Nada más ver cómo iban uniformados los romanos, aquello no barruntaba nada bueno. Aquel año para el Santo Entierro, la escuadra venía de El Padul, y nada más llegar a Plaza Nueva, la gente comenzó a comentar. Lucían en las piernas leotardos marrones, con zapatilla de tenis. Ni casco ni coraza metálicos. Un pecherín de boatiné y prenda de cabeza de plástico marrón. Lanzas de madera con la punta pintada de purpurina, en fin una caricatura de lo que hasta entonces había sido una escuadra de romanos para escoltar al Santo Sepulcro. Cuando se abrieron las puertas de la audiencia, para dar comienzo al cortejo oficial de la semana santa, el que mandaba la escuadra, se acercó a uno de ellos requiriéndole mayor marcialidad al desfilar y mejor compostura, a lo que éste contestó con una serie de insultos a voz en grito, acordándose de sus progenitores, y haciendo uso de la lanza que portaba, de tal manera que en un instante, la escuadra se convirtió en una trifulca descomunal, con los romanos apaleándose entre sí, rodando por el suelo, alguno ya escalabrado, hasta el punto de que tuvo que intervenir la policía, llevándose a unos cuantos a comisaria y a otros a la casa de socorro.

domingo, 25 de agosto de 2019

PEPE CID, LA VOZ ROTA DE LOS OBREROS

PEPE CID, LA VOZ ROTA DE LOS OBREROS

Durante los últimos años del franquismo y primeros de la transición, se convirtió en el azote de la patronal y objetivo prioritario de la Brigada Político Social.

Tito Ortiz.-

Luchador infatigable hasta la muerte, el viejo militante del PCE y fundador del sindicato Comisiones Obreras en Granada, dio varias veces con sus huesos en la cárcel, por liderar la lucha obrera y el cambio a la democracia, desde la clandestinidad. No había manifestación, piquete, concentración o encierro, donde Pepe Cid, no estuviera a la cabeza en la defensa de los trabajadores. No fumaba, no bebía, pero su voz rota de cantaor, voceaba las consignas con un liderazgo incontestable. Le avalaban toda una vida entregada a la defensa de los derechos humanos y, una convicción aplastante de que otro mundo mejor para las clases sociales era mejor y hasta posible. Su figura comienza a emerger un año antes de que Massiel gane el Festival de Eurovisión. En 1967 se lleva a cabo por parte de antiguos y nuevos militantes del PCE, entre los que se encontraban José Cid de la Rosa, Martín, Suárez, Pedro Girón y José López Ávila,  la fundación de las Comisiones Obreras de Granada. La primera asamblea de la recién creada organización, con presencia de Fernando Soto y Eduardo Saborido, se celebró en el bar La Mosca, como bien recoge Martínez Foronda. La presentación pública de las CCOO de Granada, se hizo coincidir estratégicamente con la Jornada de Lucha convocada a nivel nacional para el 27 de octubre de 1967. La manifestación realizada por unos 200 trabajadores desde la Plaza del Triunfo hasta la sede de la CNS, en la Gran Vía, constituyó la escenificación de la existencia formal de la organización en la ciudad.

ALBAÑILES QUE VUELAN

Pepe Cid consolida su liderazgo en el PCE y CC.OO. y en 1970 está a la cabeza de las negociaciones del convenio de la construcción en la provincia de Granada. Aquí, mandaban las familias más conservadoras de España, metidas de lleno en el régimen o amparadas por él. Muchas de ellas, enriquecidas por el boom de la construcción que desarrolló la capital invadiendo la Vega, con grandes moles y barrios, como reconoce Juan Ferreras. Mientras los obreros eran tratados como esclavos, con contratos verbales, por un jornal que apenas llegaba a las 15 pesetas a la hora, a destajo, y sin protección social. A las ocho de la mañana del 21 de Julio de 1970, salieron los albañiles  de la reunión de la antigua sede sindical en la que hoy es la Avenida de la Constitución. Unos 4.000 habían decidido ir a la huelga y convocar la primera manifestación en Granada desde la República. A continuación tendría lugar el hecho más execrable del régimen franquista. A toque de corneta, la Policía Armada carga. Algunos obreros paran un camión de bovedillas para usarlas contra los policías. Se oyen disparos. Caen abatidos los compañeros Antonio Huertas Remigio, de Maracena, peón de albañil; Cristóbal Ibáñez Encinas, marmolista de Granada, y Manuel Sánchez Mesa, de Armilla, peón de albañil, además de numerosos heridos entre trabajadores y policías. La policía solo reconoce que disparó al aire, de lo que se deduce, que los albañiles muertos…volaban.

LA CÁRCEL

A raíz de estos trágicos sucesos, la represión sobre los líderes sindicales toma tintes inimaginables. José Cid de La Rosa, y otros muchos, son detenidos y torturados. De entre todos ellos, destaca el caso de Paco Portillo, su detención en los calabozos de la calle Duquesa, antes de ponerlo a disposición judicial, se prolonga durante 37 días en los que es torturado sin compasión. Cuentan algunos camaradas que lo vieron desnudo en las duchas de la antigua cárcel junto al viejo “Los Cármenes”, que no tenía ni un centímetro de piel que, no estuviera morada por las tremendas palizas recibidas. Todo su cuerpo era un completo moratón. En el caso de Pepe Cid, ni la tortura policial ni su internamiento harían mella en el viejo luchador de la voz rota. Con nuevas energías, en 1972, lo encontramos junto a otros camaradas y compañeros, fundando el primer despacho de abogados laboralistas de Granada. Al frente del mismo estuvieron, Miguel Medina Fernández-Aceytuno y Fernando Sena. El primero había trabajado en el despacho de CCOO en el Ferrol y posteriormente en Madrid en 1971. A finales de ese año, el PCE, a través de Pepe Cid de la Rosa, Pepe Martín y de José López Ávila, "el abuelito", le sugirieron la idea de establecerse en Granada para trabajar para el movimiento obrero. Inicialmente se montó en un pequeño piso alquilado en la calle Moral de la Magdalena. Posteriormente se establecieron en la Calle Escuelas de la ciudad granadina. Era un suma y sigue en la lucha de los trabajadores.  Con el tiempo, el abogado,  Miguel Medina Fernández-Aceytuno, llegaría a ser concejal del ayuntamiento democrático de la ciudad de La Alhambra.