NOTICIAS DESDE
ACCITANIA
Tito Ortiz.-
El mensajero me trae noticias
del hermano ausente. Con los primeros días de este frío enero, aquel que mudara
en 1984 desde las cercanías del tren en la capital, a la morada de la
locomotora Baldwin, sale de nuevo a la arena con un puñado de poemas, dispuesto
a lograr nuestra atención, desde la creatividad más avanzada, desde el corazón
mismo de la Literatura de La Diferencia, a la que dio nombre y de la que fue
uno de sus más decididos impulsores, opción estética caracterizada por la
heterodoxia sobre las tendencias dominantes.
El poeta, escritor y académico
granatensis, Antonio Enrique, nos ofrece en esta ocasión, una aventura llena de
poesía, nacida en una estancia donde se pintó uno de los mejores cuadros de la
historia del arte, si es que el lector me permite esa sugerencia. Nueva obra de
quién curtido en mil batallas literarias y poéticas, continúa desafiándose,
asimismo, para traspasar el envite a quién lo sigue, a modo de invitación a lo
sublime compartido en armonía.
Este hombre de letras, cuya
trayectoria primigenia fue marcada por tres monumentos reconocidos por la
humanidad, continúa ramificando su árbol creativo, narrando historias
fantásticas que parten de realidades.
TRES CASTILLOS
Antonio Enrique convulsionó el
mundo literario en 1986 con su, “La Armónica Montaña”. Un estudio sobre la
catedral de Granada, aún hoy no superado, que incluía a su desaparecido
organista, el compositor, Juan Alfonso García, de la que su autor dice: “ Nada
tiene de particular que la obra se rechazase en un tiempo de realismo
exasperante o, bien, se la encumbrara pero por motivo de verse en ella, una
carga en profundidad contra la tendencia hegemónica, ese mismo realismo
proveniente de los años 50, al fin es el realismo lo que en España termina
imponiéndose y, lo demás, es mera fluctuación del mismo, ninguna magia de
concepción ni grandeza en la manera de decir las cosas y, la verdad es que, en
20 años y un periodo histórico agonizante en 1973 cuando la comencé yo deseaba
algo que me he restituyese la fe en la literatura, no ponerme en la cola del
meritage literario ante maestros que no reconocía como tales. La novela
publicada en la editorial Akal, la más avanzada en la divulgación ideológica de
izquierda, y es por esto que me la publicaron al conceptuarla como una novela
contra la norma imperante y por consiguiente antifranquista. Terminó al cabo de
unos años por ser descatalogada, buscada actualmente solo por los adictos a las
rarezas es decir volvió a mí, por esto he dicho lo que antecede soy así porque
leí un libro que casi nadie ha leído y que, por cierto, yo mismo lo escribí. A
mí me sirvió para ser como soy, y lo vivo, me vienen episodios, me ensueño de
nuevo en algunos de ellos pues, aunque lo escribiera, no lo siento mío por
entero, es de nadie, pero en el sentido que otorgó a esa palabra Ulises”.
En 1988 ve la luz su “Tratado
de La Alhambra Hermética”, en la que las matemáticas maridan de manera genial
con la arquitectura, las bellas artes, pero sobre todo con la poesía y la
música, otorgando un por qué, a cada uno de los ángulos alhambreños, cada
dibujo, color, en cada material noble que la componen. Para completar la
trilogía sobre construcciones que marcaron la historia de Granada, con la
publicación en 1991 de su novela, “Kaálat Horra”, cuyos personajes dan vida al
castillo de La Calahorra, recientemente recuperado por la Diputación
provincial, pero Antonio Enrique aborda esta obra, en un tiempo en el que el
manto del olvido, ocultaba tan magna efigie arquitectónica, al general
conocimiento y, mucho menos, atisbar la enorme importancia de quienes lo
mandaron construir y después lo moraron.
ORGÍA DEL SILENCIO
He querido referirme a obras
de juventud de este académico que ocupa el sillón eñe mayúscula en Buenas
Letras, para poder degustar en toda su magnitud, la última y más reciente
nacida de su inagotable creación poética y literaria. Aquí, de nuevo, el autor
echa la vista atrás, retrocediendo unos siglos, para que podamos ser testigos
de algo que no pudimos vivir, pero que, gracias a su obra, podemos degustar
como si tras una cortina lo hubiéramos presenciado.
Para que se hagan una idea,
los pongo en situación, siguiendo las instrucciones del propio Antonio Enrique:
“Madrid, Alcázar de los Austrias, aposento donde están pintándose las Meninas,
año 1656. Hay un duende suelto. Esta entidad ve en lo invisible, vaga por las
estancias de palacio, vive aquí, es casi omnisciente. Y lo cuenta en treinta
poemas de versos bárbaros y dramáticos de corte historicista. Comparecen así
los personajes uno tras otro del inmortal cuadro de La familia de Felipe IV,
como se lo conoció entonces. Está Diego Velázquez ensoñándose en la fastuosa
trama del prodigioso cuadro, pero están sobre todo las entrañables meninas
María Agustina e Isabel que atienden a la infanta Margarita, de cinco años, la
miman y agasajan; una le ofrece un pote de agua de olor y otra le dedica una
gentil reverencia. Es tan estilizada la escena que bien puede decirse que
rozamos el éxtasis estético y por ello estamos ante el cuadro más bello jamás
pintado. El silencio se acompasa a la magia de los espejos. Entra el sol de
media tarde y el acompañamiento de bufones, guardadamas, ujier y aposentador se
divierten o departen. Y en esto aparecen los reyes, cuyo reflejo en el espejo
del fondo implica que el espectador de nuestros días ha de estar forzosamente
delante de ellos en la realidad ficticia, suspendiendo el tiempo y el espacio”.
Y a partir de aquí, querido
lector, esta “Orgía del Silencio” … Es toda suya, a disfrutar.



