UNA RUBIA CON PISTOLA
Tito
Ortiz.-
Una tarde sonó el teléfono en
mi mesa de la redacción del diario Patria, eran los tiempos en que yo era el
encargado de la sección de sucesos y, hacía pocos días de que Granada se había
visto convulsionada por un apuñalamiento que había terminado en homicidio. Mi
interlocutora, una mujer muy amable, contundente en sus planteamientos e
incisiva en sus preguntas, requería información a cerca del suceso, desde la
camaradería de ser compañera, pero, al estar en Madrid, le venía mal
trasladarse en ese momento a Granada. Se trataba, nada más y nada menos, que,
de la mismísima Margarita Landi, redactora del diario de sucesos, “El Caso”, y
todo un referente en la investigación periodística de tragedias humanas a nivel
nacional. Así que no dudé ni un momento en darle toda mi información a cerca
del caso, por lo que quedó muy agradecida y dado que en la conversación yo le
dije que también fumaba en pipa, a los pocos días y en agradecimiento a mis
datos, me envió por correo una lata de “Principe Alberto”, un tabaco
dificilísimo de encontrar aquí, y que por entonces yo les encargaba a aquellos
amigos que iban a Gibraltar, porque en los estancos solo encontraba, “Apolo” o
“Cibeles”.
Encarnación Margarita Isabel
Verdugo Díez, fue una periodista española nacida en el barrio madrileño de Chamberí
el 19 de noviembre de 1918, en la calle Cardenal Cisneros, siendo conocida
popularmente como Margarita Landi, asumiendo así su tercer apellido, de origen
italiano. Alfredo Verdugo Landi, su padre, era de origen malagueño, trabajaba
como linotipista en el periódico “El Sol” en el que, además, escribía crónicas
taurinas en verso. Casado con la bilbaína Leonor Díez, tuvieron 17 hijos de los
que sobrevivieron tres: Margarita, que era de los pequeños y dos de los
hermanos mayores. Sin embargo, el padre abandonó a la familia para irse con su
criada llamada Josefa, según cuenta Mascaró Munar.
EL CASO
En 1954 entró a formar parte
de la redacción del periódico de sucesos, “El Caso” y, fue a partir de ahí
según Suárez Gómez, cuando comenzó a cultivar la imagen por la que era
conocida: Una rubia sofisticada y reflexiva, que vestía pantalones, fumadora de
pipa (desde los 8 años) que, presumía de tener pistola y conducía un deportivo
negro, Wolkswagen Karmann Ghia. Uno de sus primeros reportajes, sobre el robo
sufrido por unos aristócratas, llamó tanto la atención del comisario jefe de la
Brigada de Investigación de Madrid le ofreció colaborar con ellos, siendo
conocida en comisaría como “subdirector Pedrito”, “la Rubia del Deportivo” y
“la Dama del Crimen”.
La Guardia Civil le desvelaba
todos los detalles de las investigaciones e incluso le dieron una pistola por
su seguridad, ya que solía viajar ella sola o con otro periodista o fotógrafo
por toda España, cuando las carreteras eran muy peligrosas y las paradas se
hacían en bares de carretera alejados de poblaciones. Disponía de permiso de
armas y llevaba siempre la pistola en su bolso, una Bereta 7,65 milímetros, y
un velo negro, por si tenía que colarse en un funeral. Antes de la desaparición
de El Caso en 1987, lo abandonó para colaborar, desde noviembre de 1980 contratada
por “Ediciones Zeta”, como redactora de la sección de sucesos del semanario
“Interviú”, tarea que desempeñó durante 8 años.
LE ENSEÑÉ LA ALHAMBRA
Lo nuestro fue una relación de
amistad y compañerismo a través del teléfono, cada vez que ocurría un suceso
grave en Granada, hasta que otra tarde sonó mí teléfono en la redacción de
Patria y era ella. Me extrañó porque en aquellos días no había ocurrido nada
luctuoso en Granada, pero en esta ocasión me pedía un favor muy especial… Que
le enseñara La Alhambra.
Ella conoció el monumento
siendo una adolescente, pero quería volver a visitarlo y que se lo explicaran
bien. Así que a la mañana siguiente la recogí en el Hotel Alhambra Palace y nos
adentramos en los misterios de nuestro monumento más visitado. Yo le explicaba
la sala de los abencerrajes y ella -desde su experiencia- me decía que todos
somos capaces de cometer el crimen más atroz, y para eso solo se tienen que dar
determinadas circunstancias que, coincidiendo en el tiempo, convierten a una
bellísima persona en un asesino despiadado.
Cuando le expliqué el patio de
los leones y sus columnas, me dijo que lo más difícil de cometer un asesinato
era deshacerse del cadáver, que esa era la piedra de toque para capturar al
asesino, porque si el cadáver no está, la cosa se pone muy fea para los
investigadores. Y mientras visitábamos los baños árabes, me habló de las
distintas formas que tienen los hombres de matar, y lo que les diferencia de
las mujeres. Así grosso modo, ellas preferían el veneno, a diferencia de los
hombres que, siempre eligieron el puñal o la pistola. Y para localizarlos había
que recurrir a Lambroso. La teoría de Cesare Lombroso, criminólogo y
médico italiano que fundó la Escuela Positivista criminológica, sostiene que la
criminalidad está ligada a causas físicas y biológicas. Lo que aprendí ese día…
No está pagado con nada.
Margarita vivió intensamente
por y para el periodismo comprometido. Era una profesional de raza, que sabía
leer entre líneas y no se conformaba con la comunicación oficial. Como
periodista, Landi tenía mucha garra y un estilo muy ágil. Durante muchos años,
Landi viajó por toda España, cogió trenes, autobuses, se montó a lomos de una
mula y caminó hasta llegar a los lugares más remotos de nuestra geografía
acompañada de una pequeña pistola que le servía como protección. Libre,
valiente y luchadora, a través de sus artículos conocemos la España negra real
y si algo aprendió en las más de tres décadas dedicadas al periodismo de
sucesos es que no siempre el muerto es el bueno y que, dependiendo de las
circunstancias, todos podemos llegar a matar.

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