domingo, 15 de febrero de 2026

 


UNA RUBIA CON PISTOLA

 

Tito Ortiz.-

 

Una tarde sonó el teléfono en mi mesa de la redacción del diario Patria, eran los tiempos en que yo era el encargado de la sección de sucesos y, hacía pocos días de que Granada se había visto convulsionada por un apuñalamiento que había terminado en homicidio. Mi interlocutora, una mujer muy amable, contundente en sus planteamientos e incisiva en sus preguntas, requería información a cerca del suceso, desde la camaradería de ser compañera, pero, al estar en Madrid, le venía mal trasladarse en ese momento a Granada. Se trataba, nada más y nada menos, que, de la mismísima Margarita Landi, redactora del diario de sucesos, “El Caso”, y todo un referente en la investigación periodística de tragedias humanas a nivel nacional. Así que no dudé ni un momento en darle toda mi información a cerca del caso, por lo que quedó muy agradecida y dado que en la conversación yo le dije que también fumaba en pipa, a los pocos días y en agradecimiento a mis datos, me envió por correo una lata de “Principe Alberto”, un tabaco dificilísimo de encontrar aquí, y que por entonces yo les encargaba a aquellos amigos que iban a Gibraltar, porque en los estancos solo encontraba, “Apolo” o “Cibeles”.

Encarnación Margarita Isabel Verdugo Díez, fue una periodista española nacida en el barrio madrileño de Chamberí el 19 de noviembre de 1918, en la calle Cardenal Cisneros, siendo conocida popularmente como Margarita Landi, asumiendo así su tercer apellido, de origen italiano. Alfredo Verdugo Landi, su padre, era de origen malagueño, trabajaba como linotipista en el periódico “El Sol” en el que, además, escribía crónicas taurinas en verso. Casado con la bilbaína Leonor Díez, tuvieron 17 hijos de los que sobrevivieron tres: Margarita, que era de los pequeños y dos de los hermanos mayores. Sin embargo, el padre abandonó a la familia para irse con su criada llamada Josefa, según cuenta Mascaró Munar.

EL CASO

En 1954 entró a formar parte de la redacción del periódico de sucesos, “El Caso” y, fue a partir de ahí según Suárez Gómez, cuando comenzó a cultivar la imagen por la que era conocida: Una rubia sofisticada y reflexiva, que vestía pantalones, fumadora de pipa (desde los 8 años) que, presumía de tener pistola y conducía un deportivo negro, Wolkswagen Karmann Ghia. Uno de sus primeros reportajes, sobre el robo sufrido por unos aristócratas, llamó tanto la atención del comisario jefe de la Brigada de Investigación de Madrid le ofreció colaborar con ellos, siendo conocida en comisaría como “subdirector Pedrito”, “la Rubia del Deportivo” y “la Dama del Crimen”.

La Guardia Civil le desvelaba todos los detalles de las investigaciones e incluso le dieron una pistola por su seguridad, ya que solía viajar ella sola o con otro periodista o fotógrafo por toda España, cuando las carreteras eran muy peligrosas y las paradas se hacían en bares de carretera alejados de poblaciones. Disponía de permiso de armas y llevaba siempre la pistola en su bolso, una Bereta 7,65 milímetros, y un velo negro, por si tenía que colarse en un funeral. Antes de la desaparición de El Caso en 1987, lo abandonó para colaborar, desde noviembre de 1980 contratada por “Ediciones Zeta”, como redactora de la sección de sucesos del semanario “Interviú”, tarea que desempeñó durante 8 años.

LE ENSEÑÉ LA ALHAMBRA

Lo nuestro fue una relación de amistad y compañerismo a través del teléfono, cada vez que ocurría un suceso grave en Granada, hasta que otra tarde sonó mí teléfono en la redacción de Patria y era ella. Me extrañó porque en aquellos días no había ocurrido nada luctuoso en Granada, pero en esta ocasión me pedía un favor muy especial… Que le enseñara La Alhambra.

Ella conoció el monumento siendo una adolescente, pero quería volver a visitarlo y que se lo explicaran bien. Así que a la mañana siguiente la recogí en el Hotel Alhambra Palace y nos adentramos en los misterios de nuestro monumento más visitado. Yo le explicaba la sala de los abencerrajes y ella -desde su experiencia- me decía que todos somos capaces de cometer el crimen más atroz, y para eso solo se tienen que dar determinadas circunstancias que, coincidiendo en el tiempo, convierten a una bellísima persona en un asesino despiadado.

Cuando le expliqué el patio de los leones y sus columnas, me dijo que lo más difícil de cometer un asesinato era deshacerse del cadáver, que esa era la piedra de toque para capturar al asesino, porque si el cadáver no está, la cosa se pone muy fea para los investigadores. Y mientras visitábamos los baños árabes, me habló de las distintas formas que tienen los hombres de matar, y lo que les diferencia de las mujeres. Así grosso modo, ellas preferían el veneno, a diferencia de los hombres que, siempre eligieron el puñal o la pistola. Y para localizarlos había que recurrir a Lambroso. La teoría de Cesare Lombroso, criminólogo y médico italiano que fundó la Escuela Positivista criminológica, sostiene que la criminalidad está ligada a causas físicas y biológicas. Lo que aprendí ese día… No está pagado con nada.

Margarita vivió intensamente por y para el periodismo comprometido. Era una profesional de raza, que sabía leer entre líneas y no se conformaba con la comunicación oficial. Como periodista, Landi tenía mucha garra y un estilo muy ágil. Durante muchos años, Landi viajó por toda España, cogió trenes, autobuses, se montó a lomos de una mula y caminó hasta llegar a los lugares más remotos de nuestra geografía acompañada de una pequeña pistola que le servía como protección. Libre, valiente y luchadora, a través de sus artículos conocemos la España negra real y si algo aprendió en las más de tres décadas dedicadas al periodismo de sucesos es que no siempre el muerto es el bueno y que, dependiendo de las circunstancias, todos podemos llegar a matar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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