domingo, 8 de febrero de 2026

 


TITOSKY, ¿QUÉ TENEMOS HOY?

 

Tito Ortiz.-

 

Conocía su voz a través de la emisora sindical, La Voz de Granada, y leía sus trabajos en Ideal, hasta que, por fin, un día, nos presentó Sebastián Pérez Linares, en la sede del Aula de Cultura del Movimiento, en la plaza del Campillo, donde coincidimos recogiendo una edición magnífica de, todos los artistas granadinos hasta la fecha. Una obra imprescindible, para entender la importancia de la granada artística en la historia que, desgraciadamente, no se ha vuelto a editar.

A partir de ahí, no nos hemos separado hasta hace dos semanas, en que ha decidido retornar a la casa del Padre, sin avisar, en un gesto que le era muy propio cuando quería sorprenderte. Porque eso sí, su humor, fina ironía y amistad eterna, jamás se desgajaron de su persona hacía la mía. Si Tito Ortiz es lo que es, se lo debe en gran parte a José María Guadalupe, Señor de Las Pasiegas, con residencia en la Casa de Los Canónicos, desde cuyos balcones, de niño vio a Pepe Tamayo representar los autos sacramentales en la puerta de la catedral, y, de ahí, le nació su vocación de actor, llegando a ser profesional, aunque el vértigo de estar fuera de su Granada fue superior a su vocación y le hizo retornar a la ciudad de La Alhambra.

En época más reciente, publicó y fueron representadas obras suyas, en las que el humor y la comedia se daban la mano, pues nunca renegó de su admiración por autores como, Enrique Jardiel Poncela, Mihura, Alfonso Paso o el inmortal, Pedro Muñoz Seca, cuya, “Venganza de don Mendo” puso en el escenario del Isabel La Católica, con un reparto hilarante compuesto por los políticos del momento y acreditados periodistas.

A TUS ÓRDENES “GUADA”

Una tarde me llamó a su despacho en la Confederación Granadina de Empresarios, donde a las órdenes de Gerardo Cuerva Vallet, todo un señor, desempeñaba la jefatura del gabinete de prensa, y me dijo: “Titosky” – me llamaba así porque decía que yo estaba más escorado a la izquierda que él- ha venido a verme Luís Ángel de La Viuda, el que fuera director general de rtve, que ahora lo es de Radio 80 y quiere nombrarme director en Granada. Le he dicho que no, pero que tengo a la persona adecuada, así que vete al edificio de la Pirámide y hazte cargo del asunto. Yo me cuadré en el primer tiempo del saludo, ya que ambos habíamos hecho la mili y cumplí sus órdenes. Tiempo después me contrató en Radio Cadena Española, y cada mañana, me preguntaba: Titosky, ¿qué tenemos para hoy? Y yo le recitaba todas las convocatorias de prensa y entrevistas a realizar. Después de el café, se batía en duelo pianístico con el director Paco Carmona, ante el gran cola que teníamos en el estudio de grabación, con un repertorio de pasodobles, fundamentalmente.

Al pasar el tiempo, estando, degustando una concha de ensaladilla rusa en El Suizo me dijo: Ha venido José María Durán, el que fuera nuestro director general en Radio Cadena porque, José Rodríguez de La Borbolla, les ha encargado a él y a Paco Cervantes que pongan en pie una cosa que se va a llamar, Canal Sur y quiere que yo sea el director, le he dicho que no, pero que tengo a la persona, así que vete al edificio Castro de Recogidas y hazte con el asunto. A tus órdenes, contesté yo.

A MESA Y MANTEL

Sin necesidad de ningún motivo, nuestras citas a comer fueron muy frecuentes. Durante su etapa en Puleva, comíamos en “La Pulga” de Santa Fe, donde el bacalao era de su agrado. Y más tarde invitábamos algún amigo. Así, en un restaurante muy “coquetuelo” como el decía, de la avenida doctor Oloriz venía a comer, José María López Sánchez, con el que él había hecho teatro, y a mí, me había dado clase de Psiquiatría. En el restaurante que el hijo de Mariano Méndez tenía en el barrio Figares, se venía a compartir mesa y risas Ignacio Belda, gran pintor y concejal con el que coincidiría en el ayuntamiento.

Estando ya de director en Radio Nacional en Córdoba, un día me llamó por teléfono Sebastián Pérez Linares: Picoleto, ¿por qué no le hacemos una visita al niño Guadalupe? Cuando tú digas Sebas. Bueno, lo llamo y que reserve para comer. Y así fue, que nos metimos en mi coche y llegamos a la ciudad de los califas. Durante el viaje, íbamos comentando que, conociendo sus máximas cualidades y exigencias como buen gourmet, habría reservado como mínimo en el muy famoso, “Caballo Rojo”, pero una vez más, nos sorprendió con su magnífica elección. Nos llevó a comer a un argentino llamado, “El Novillo Precoz”, que solo ya por el nombre, nos hizo echar unas risas a mandíbula batiente, pero es que nos metimos entre pecho y espalda un asado de tal calibre, que yo tardé tres días con sus noches en hacer la digestión, a base de sales de frutas. Durante el viaje de regreso a Granada, Sebas padre y yo no paramos de reír con lo comentado en la mesa y la magnífica vianda servida contra todo pronóstico. Mientras nosotros íbamos pensando en salmorejo y flamenquín, el Guadalupe nos introdujo en el corazón de La Pampa, al ritmo de Piazzola.

Hay personas que vienen a este mundo para hacer felices a quienes les rodean y, José María Guadalupe Guerrero, es una de esas. Y hablo en presente porque, aunque haya decidido hace un par de semanas hacer mutis por el foro, yo entre bambalinas lo sigo viendo y hasta hablo con él. Lo siento por ti, pero no te has ido.

 

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