sábado, 19 de septiembre de 2026

 

                    Pedro Muñoz Seca

CHEQUEO RUTINARIO

 

Tito Ortiz.-

 

“Ha de antiguo la costumbre mi padre, el barón de Mies, de descender de su cumbre y cazar aves con lumbre: ya sabéis vos cómo es. En la noche más cerrada se toma un farol de hierro que tenga la luz tapada, se coge una espada y una esquila o un cencerro a fin de que, al avanzar el cazador importuno, las aves oigan sonar la esquila y puedan pensar que es un animal vacuno; y en medio de la penumbra cuando al cabo se columbra que está cerca el verderol, se alumbra, se le deslumbra con la lumbre del farol, queda el ave temblorosa, cautelosa, recelosa, y entonces, sin embarazo, se le atiza un estacazo, se le mata y…  a otra cosa mariposa”.

Esto es parte de una obra cumbre del teatro español, “La Venganza de don Mendo”, escrita por el gaditano del Puerto de Santa María, Pedro Muñoz Seca. Quién cuando iba a ser fusilado el 28 de noviembre de 1936 en Paracuellos de Jarama, se dirigió al pelotón de fusilamiento en estos términos: «Podéis quitarme mi hacienda, mi patria, mi fortuna e incluso —como estáis al hacer— mi vida. Pero hay una cosa que no podéis quitarme: ¡el miedo que tengo ahora mismo!

No cabe mayor gallardía, ni mayor sentido del humor, cuando las balas del odio y el rencor de una de las dos Españas, va a helarte el corazón.

A MATACABALLO

Los niños de la generación de los cincuenta, somos los que, hasta de manera autodidacta, nos hemos tenido que amoldar de la manera más rápida posible, a toda una avalancha de nuevos inventos y avances tecnológicos, que los que nos precedieron no podían ni soñar.

Fuimos al colegio con una pizarra y un pizarrín, con el Catón, y nos daban leche en polvo americana. Ahora mis nietos llevan ordenadores portátiles. Nosotros alcanzamos el ingreso en bachillerato con un solo libro; La Enciclopedia Álvarez. Ahora hay un libro por asignatura con dibujos y esquemas en colores. Conocimos una sola central de teléfonos en Reyes Católicos, donde había que esperar sentados la conferencia pedida con horas de antelación. Significando un gran avance, cuando ya pudimos utilizar cabinas telefónicas en plena calle, que funcionaban con fichas y después con pesetas. Asistimos al nacimiento de la televisión en blanco y negro, pero ahora nuestros infantes tienen todos teléfonos móviles, con los que pueden hacer videoconferencias a todo el mundo.

Pues a pesar de todos los avances, nadie ha inventado aún, la fórmula para que desaparezcan el odio y el rencor de las dos Españas, espléndidamente dibujadas en la actualidad por la bipolaridad política, que nos hace odiarnos, por el simple hecho de pensar distinto al vecino, y a veces, hasta del hermano. Para algunas cosas -desgraciadamente- parece que los tiempos no avanzan.

NOVELAS DE CABALLERÍA

Estoy sentado en el banco pétreo del Paseo del Salón, frente al kiosco de Miguel Ángel Gómez Martínez. Me acompaña el bachiller Sansón Carrasco que, como todos saben, es un personaje de la novela Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes que hace su aparición en la segunda parte del libro (publicada en 1615), en donde resulta fundamental para el desarrollo de los acontecimientos.

Es amigo del protagonista de la novela, pero se enfrenta a él para hacerle volver en sus cabales. La primera vez que el bachiller se enfrenta a don Quijote se le refiere tanto con el nombre de «caballero de los Espejos» como con el de «caballero del Bosque», incluso «caballero de la Selva». En esta ocasión es derrotado y su móvil para vencer a don Quijote pasa a ser el de la venganza.

El segundo enfrentamiento entre ambos tiene lugar en una playa de Barcelona, donde Sansón Carrasco se hace llamar «caballero de la Blanca Luna». Esta vez consigue la victoria y obliga a don Quijote a retirarse de sus actividades inspiradas en la caballería.

NADA NUEVO BAJO EL SOL

Sansón Carrasco me dice que no comprende como después de tanto tiempo transcurrido, hay tan pocas cosas que no han cambiado, pese a que estemos, en general, en la etapa más brillante de los inventos y avances tecnológicos, incluso en la medicina. Porque ya no me manda mi abuela a la iglesia de san José los lunes, para que el párroco Peinado, nacido en el barrio, me dé unos cuantos panecillos de San Nicolás de Tolentino, para que los coman unos vecinos que están muy enfermos, y curen pronto de sus dolencias, previas oraciones antes de ingerir. Ahora confiamos más en la medicina, por lo que el bachiller, no entiende que nuestros políticos se hayan instalado en un discurso polarizado, en el que, el tú más y el boicot a cualquier iniciativa buena para el pueblo, sea parado en seco, olvidándose de que gobiernan para nosotros y, no entre ellos.

Se lamenta Sansón Carrasco de que tengamos que alegrarnos, porque todas las administraciones se ponen de acuerdo para apagar un incendio, cuando esto debería se moneda de cambio corriente, porque lo que está en juego es la vida de las personas, no el abrir el telediario de las tres con frases grandilocuentes para convencer a los afines, argumentando lo contrario a lo que el competidor político haya expuesto. Y al hilo de esto, el bachiller me dice que esta moda de la corrupción en los partidos no es nueva, basta con leer la historia y comprobar, por ejemplo, que, hasta su propio creador, Miguel de Cervantes y Saavedra, en su puesto de recaudador de impuestos, ya se vio reprendido, incluso en prisión, porque al estar tan cerca del cajón del pan, es muy difícil resistirse a no llevarse un pellizco de la hogaza. Esto en España es más viejo que el hilo negro. Y lo de erosionar la constitución y la democracia, también. No hay más que leer sobre el siglo XIX. Aquí fusilamos a poetas por el solo hecho de serlo, y muy buenos. Lo llevamos en la sangre.

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario