viernes, 8 de mayo de 2015

UN MARCHENERO DE PRÓ

UN MARCHENERO DE PRO Tito Ortiz.- Nos estábamos tomando un vino costa en la barra del Bar Provincias, acompañado de unas alcaparras en vinagre, cuando le confesé mi admiración por Pepe Marchena. En ese momento, Enrique Morente, me puso la mano en el hombro, y dijo: coge el vaso y vamos a sentarnos, que eso requiere una conversación. A partir de ahí, el de la Cuesta de San Gregorio, comenzó a desgranar su sapiencia a cerca de la trayectoria humana y artística de, José Tejada Martín, conocido en sus comienzos como, “El Niño de Marchena”. Yo que casi lo había dicho con la boca chica, pensando que le podía molestar, pero todo lo contrario. Enrique, tenía toda la enciclopedia del cante en la cabeza, con el historial de cada uno de sus intérpretes, y de Marchena, lo sabía todo, lo cantaba todo, y se recreaba en anécdotas que pocos conocíamos. De Pepe Marchena me contó, que su aportación al flamenco había sido tan importante, que había puesto de acuerdo a insignes artistas, incluso aquellos que no conocían el flamenco. Porque, que Carmen Amaya dijera, que era una pena que no fuera gitano, eso era un piropo como para perder el sentido. Lo mismo que Concha Piquer, o Andrés Segovia elogiaron su arte. Pero conseguir que don Manuel de Falla dijera, que Pepe Marchena atesoraba en su voz, la pureza cristalina de un manantial serrano, o que Greta Garbo afirmara que el fuego de la raza española, crepitaba en la hoguera de su cante, era ya un reconocimiento de extraordinarias dimensiones, que fue jalonado por el mismísimo, Charles Chaplin, que sostuvo a cerca del marchenero, que lo envidiaba porque al oírlo, las mujeres se emocionaban, mientras que con él, solo se reían. Y todo éste rosario de historia del flamenco, fue salpimentado por Morente, con inicios, acabás o, medios cantes de Marchena, entre los que no faltaron fandangos, de los que algún tozudo todavía mantiene que se trata de un cante menor. Unas malagueñas de quejío hondo, o una colombiana que no hay “dortores”. Ese Morente Marchenero, cantándome al oído por la calle Oficios, camino de “El Faquilla”, queda sólo para mí, y las estrellas que iban alumbrando nuestros pasos en dirección al Realejo. Morente, ha sido de los pocos cantaores – tal vez el único - con los que he podido hablar de flamenco y música, sin tener que cambiar de registro mental para hacerme entender. El pentagrama melódico de Enrique, abarcaba todas las corcheas y semicorcheas, fusas y semifusas, y sobre todo, todas las musas, que un genio necesita para atraer la atención tanto de una mente cerrada, como de otra cultivada. El diálogo sencillo y directo del sumo pontífice del flamenco, era de una clarividencia, que se hacía entender con la sutileza embriagadora de un Gustav Mahaler, en el Adagietto de su quinta sinfónía. Para que te gustara Morente, no necesitabas saber de flamenco, esa era la grandeza de la genialidad creadora morentiana. Tu vas al arte, por Morente, si además de eso, té quedas en el flamenco... ole tú. Había muchos morentes, en Morente. La historia oficial dice que aprendió de, “El de La Matrona”, y “Aurelio Sellés”, pero no es menos cierto que a pesar de estar muertos, también aprendió de Chacón, de La Niña de Los Peines y hasta del mismísimo Juanito Valderrama, del que sin sonrojarse, se mostraba admirador y discípulo, al menos, así lo sostuvo ante mí. De Valderrama admiraba Enrique, su amplio conocimiento de todos los cantes, su garganta de privilegio para bordarlos, y su magisterio involuntario, repudiado por grupúsculos de talibanes flamencos, que nunca le perdonaron que sabiendo más que ellos, y ganándoles la partida en el pulso creativo, abarcara la actuación en el cine, y la interpretación de la copla, algo a lo que ellos no podían aspirar, ni viviendo cien vidas. Enrique Morente, valoraba la aportación de Valderrama al arte gitano andaluz, como una de las imprescindibles para comprender el verdadero significado de lo hondo. Al contar la historia del flamenco, sin menospreciar a nadie, Enrique mantenía que para que ésta estuviera completa, había que contar con Marchena y Valderrama, incluso con la Niña de La Puebla, a la que respetaba y admiraba con auténtica devoción. Abierto a todos los estilos flamencos y sobre todo, a todas las músicas, Morente era un creador, que se dejaba impregnar por todos aquello que pudiera enriquecer su creatividad, ya fuera un coro de voces búlgaras, El gran Sabicas, o los rokeros, Lagartija Nick. Un creador como él, sin límites en el arte, podía permitirse el lujo de abrir el abanico de su flamenco, hasta salpicar con su aire, otras artes con aroma en primera persona. El Chanel número cinco del flamenco, es lo que tiene. Que un artista de cualquier rama, reconozca sus influencias, sus gustos, sus referentes y devociones, lejos de empequeñecerlo, lo hace más grande, a los ojos de quienes los admiran. A Enrique Morente, le escuché en repetidas ocasiones, los elogios más cariñosos y sapientes, que Camarón haya podido recibir de persona alguna. Del que podría considerarse su máximo competidor, Morente no dudó nunca en admirarlo y reconocerle su genialidad interpretativa, lo que deja entrever, la grandeza de alma y la categoría humana y artística del albaicinero, con respecto al de la Isla de san Fernando. Tuve la gran suerte de presentarlos a los dos en varias ocasiones, incluso en aquel mano a mano de la peña Frasquito Yerbagüena, que llovió y hubo de suspenderse, para celebrarlo una semana más tarde bajo techado, en los jardines Neptuno. Los que tuvimos la suerte de compartir camerinos con ellos, sabemos de su admiración mutua y de la cordialidad que reinaba en sus encuentros. Los gitanos que vinieron, hasta de Francia para ver a Camarón, se rompieron la camisa, cuando Morente abrió la noche por tangos. Es de esas noches, que no se te borran de la memoria ni a martillazos, fue un lujo estar allí, junto a ellos y ver como el público no los dejaba bajarse del escenario. Esa educación exquisita de Morente ejerciendo como anfitrión, y ese decir flamenco con mando en plaza, cautivó a unos y otros, porque al final, por muchas vueltas que le demos, la verdad no tiene más que un camino, y cuando un genio domina su arte, con el, domina a las masas. Enrique Morente, ha sido lo mejor que entre dos siglos, le ha pasado a Granada, y su quejio, eterno e inapagable.

domingo, 3 de mayo de 2015

BISCÚTER MON AMOUR

BISCÚTER MON AMOUR Tito Ortiz.- La chiquillería del bajo Albayzín éramos así. Todos una piña, más que amigos, hermanos, que nos alegrábamos de lo que ocurría en casa del vecino, como si fuera en la nuestra. Cuando el padre de Felipe Castro, apareció en el callejón del Señor, número trece, con la primera televisión del barrio, los gritos y vivas se escucharon hasta en la casa de La Lona durante varios días. Y más, cuando nos permitían entrar a sentarnos en el suelo a ver por las tardes, “Silla de Pista”, con Boliche y Chapinete, o el “Telepequediario”. Así que en el ángulo que forman las calles, Hospital del Corpus Christi y de Peregrinos, entre la muralla natural de la calle de Elvira, y la Cuesta de San Gregorio hasta llegar a la Cruz Verde, todos éramos uno. Sus familias eran mi familia y la mía las suyas. No llamábamos a la puerta para entrar, un día merendabas en una casa y al otro en la siguiente, al tercero tocaba en la tuya, y todo se hacía con una naturalidad de lo que era justo y normal en la época. Compartir un humilde hoyuelo de pan de hogaza con aceite, era motivo de alegría. Un día te lo daba tu madre, y al siguiente cualquier vecina. El barrio imprime carácter, y une a las criaturas con unos lazos más fuertes, que la sangre del mismo grupo, o un idéntico ADN. Todavía saludo a aquella niña rubia de ojos celestes, que ahora vive junto al mercado de san Agustín, como si acabáramos de jugar al escondite o de saltar a la comba. Por eso dábamos saltos de júbilo, el día que el padre de, José Carlos, al que llamábamos “El Gasolinas”, porque su progenitor se dedicaba a reparar los surtidores de las estaciones de servicio, cambió su viejo Biscúter, - aquel que los niños le ayudábamos a aparcar levantándolo en peso – por un modernísimo Gordini, aquello constituyó un auténtico revuelo en el barrio. Aquello nos colocaba a todos en el nivel social de los del barrio de la Magdalena, o como mínimo, del Realejo. La vida estaba cambiando y nosotros éramos testigos de excepción, con derecho a disfrutarlo y sobre todo, contarlo. El Biscúter de “El Gasolinas no era ninguna tontería. En su momento significó dejar atrás la moto, Lambretta con sidecar, donde su madre, fallecida prematuramente, se sentaba con un pañuelo anudado al cuello para no despeinarse, y dar el paso cualitativo de acceder a las cuatro ruedas, sin puertas ni techo, pero cuatro rudas, aquello no fue considerado nunca una cuestión baladí sino, todo lo contrario. Pero esto de acceder ya a un coche de cuatro puertas, con su techo y su maletero, esto era ya entrar en la época moderna con futuro. Cuando fray Marcelino salió a la puerta de los Hospitalicos, revestido con roquete de encaje blanco y estola al cuello, escoltado por mí, de monaguillo, que sostenía en la mano diestra, el calderillo de bronce con el agua bendita y sujetaba con la otra el hisopo, el silencio se hizo alrededor del coche, que de azul azafata, brillante y reluciente, acababa de llegar del concesionario para ser bendecido. Cuando el agustino recoleto alzó la voz para leer una oración, y encomendar la suerte del nuevo vehículo a san Cristóbal, patrón de los conductores, el silencio se hizo en la muchedumbre que rodeaba el vehículo en la calle de Elvira, hasta llegar incluso a cortar el tráfico. Pronto curiosos venidos de otras calles, y vecinas asomadas a los balcones, dieron fe del acto, y cuando fray Marcelino rociaba de agua bendita el coche, impartiendo a la vez su bendición sobre el automóvil, las gentes, respetuosas, después de persignarse, dieron unos vivas al coche, otros al propietario, mientras éste lo ponía en marcha y daba unos acelerones para que la gente le aplaudiera, hacía sonar el claxon lateral junto al volante, y encendía y apagaba los intermitentes, convirtiendo el momento en una pequeña feria, que los niños vivimos con pasión, y alborozo tal, que yo salí escopetado a la sacristía, solté el hisopo, me quite mi sotana de monaguillo y el roquete, uniéndome a mis amigos que en número aproximado de un centenar, salimos detrás del coche del padre de “El Gasolinas”, dando gritos de alegría, hasta que éste se nos perdió por plaza Nueva, camino de La Alhambra, donde se hizo unas fotos, en la placeta de Los Aljibes, con el Albayzín como fondo. Antes había colocado ceremoniosamente junto al cristal trasero, un cojín de croché de vistosos colores regalado ex profeso por una vecina, y en el salpicadero unas fotos de su mujer e hijos, y una estampa de fray Leopoldo, en quién confiaba más, que en san Cristóbal. Con el tiempo, el Gordini fue cogiendo fama de coche de las viudas, porque al tener tracción trasera, y pesar muy poco por delante, al adquirir velocidad levantaba el morro como las lanchas motoras, lo que le hacía perder estabilidad y estrellarse con una facilidad extraordinaria, con el resultado casi siempre de la muerte del conductor como mínimo. Como a grandes males, grandes remedios, muchos utilizaron el maletero delantero del Gordini, para cargarlo con sacos de arena y ladrillos, para que pesara más y no se levantara tanto, logrando así de manera rudimentaria, una mayor seguridad en la conducción. En fin, que empezaban las preocupaciones para los conductores, cuando hasta entonces, todo había sido disfrutar de la libertad, de aquel Biscúter, que se puso a la venta el año que yo nací, que se arrancaba con un cable, se aparcaba levantándolo en peso con una mano, y sus nueve caballos eran más que suficientes para disfrutar, a pesar de que su motor fuera el de una moto ínfima, sus frenos dudosos, su tracción sólo a la rueda derecha, y su forma y comodidad, la de una “zapatilla”, como fue conocido hasta que desapareció de nuestras carreteras. ¡Qué daría yo hoy por un Biscúter!. Pero sobre todo, porque viniera acompañado de aquellos tiempos de ilusión y alegría.

miércoles, 29 de abril de 2015

A LOS VOTANTES DEL PP

A LOS VOTANTES DEL PP Tito Ortiz.- Amigo/a lector/a, si eres votante del Partido Popular, me gustaría que tuvieras en cuenta, algunas de las ocurrencias de sus miembros/as más distinguidos, candidatos a regir los destinos de tu pueblo, ciudad, comunidad autónoma o, nación. La señora Esperanza Aguirre, ciudadana ejemplar, que suele aparcar en prohibido mostrando su civismo sin par, huir de la policía atropellando sus motos al más puro estilo del “vaquilla” por las calles de Madrid, en definitiva, ese espejo en el que todos “debemos mirarnos”, ha afirmado sin pestañear, que tiene intención de limpiar las calles de Madrid, de esas personas – por lo general – extranjeras, que duermen y piden en la calle, perteneciendo a colectivos mafiosos, que viven pero que muy bien, durmiendo a la intemperie, no teniendo que comer y viviendo de las limosnas. Después de oírla, pienso que debemos localizar con urgencia al oculista de la señora Aguirre, y ponerlo a disposición judicial, por impedirle ver a la señora, la realidad de las calles de su pueblo, en el que desgraciadamente, ya hay más españoles que extranjeros viviendo al raso, de la caridad, sin haber cumplido los cuarenta años y sin futuro. Que la presencia de estas criaturas desheredadas de la sociedad, moleste a la señora, o como ella dice, a los vecinos de calles y plazas, mucho nos tememos que puede dar lugar a que alguna mente insana, pueda sugerir en algún momento, que podrían volver a funcionar, unas duchas muy de moda en los años cuarenta, que patentó un austríaco de ridículo bigote. Sobre todo teniendo en cuenta, que los albergues municipales para transeúntes, hace años que colgaron el cartel de “Completo”. En la misma línea que la señora Aguirre, ya hace tiempo que se pronunció en su día, el prócer del paleolítico peperiano, el insigne Alberto Ruiz Gallardón, de infausto recuerdo, cuya lengua Alá confunda. Y hablando de confundir, no parecen confundirse, los integrantes del Círculo de Empresarios de la patria hispana, acreditados excelsos votantes peperianos, quienes en sus públicas declaraciones, dejan ver a las claras, el contenido ideológico de su cerebro, que arremete sin piedad contra la clase trabajadora, que es precisamente, la que les permite su alto tren de vida, gracias a explotarlos, con el mismo estilo que sufrieron los recolectores de algodón en los campos de la Florida Española. Javier Vega de Seoane, flamante presidente de los circulistas, ha soltado a los cuatro vientos que: "Los parados, esos pobrecillos que están en la calle, estarían encantados de tener un marco laboral más flexible". Se necesita ser cabestro, para desear un marco laboral más flexible, a los que fruto del, ya gozan de un paro indefinido, sin subsidios y viven desahuciados, durmiendo en bocas de metro o cajeros automáticos. Pero no se alarmen, Rajoy hace bastantes meses, que ha convertido los brotes verdes en auténtica recuperación económica, la pena es que ésta no es perceptible más que por sus amigos. Los míos aún no la conocen, y lo que es peor, yo tampoco. Y es que Javielín, chicarrón del norte que, sospechosamente en su momento, escapó a la amenaza del secuestro y la extorsión, ha tenido buena maestra en su predecesora, la muy acreditada en despotismo, Mónica Oriol, que a lo largo de su mandato, en éste Círculo de nula incidencia en la sociedad, y que sólo sirve para que la élite de sus componentes se distraiga y divierta, chascarrilleando contra la plebe trabajadora y deleznable, se ensañe contra los trabajadores y muy especialmente contra las trabajadoras. Suyas son éstas lapidarias frases que la perseguirán hasta la tumba: "Prefiero a una mujer después de los 45 años o antes de los 25 para evitar embarazos" (Octubre de 2014) , o la no menos hiriente de: "Cuando le dices a una mujer de 35 años si quiere volver tarde por la noche y viajar constantemente, la realidad es que no. Llegar a puestos directivos no se consigue con cuotas o regulaciones, sino conque la mujer sepa que un puesto directivo requiere sacrificios". Oriol recomendaba a las mujeres directivas que se casaran "con un funcionario o con un marido al que le gusten los niños". (Octubre de 2014). Con ésta clase empresarial española, ¿cómo vamos a notar los trabajadores y trabajadoras, que la economía ha repuntado?. A ésta caterva de impresentables, cuya mente Alá confunda, les regalo una frase de Agustín Tosco: “Para que todos juntos, trabajadores, estudiantes, hombres de todas las ideologías, de todas las religiones, con nuestras diferencias lógicas, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su compañero y su hermano.” Señoras y señores del Círculo de Empresarios de todas las españas, simpatizantes del partido popular, reciban el desprecio más absoluto de la clase trabajadora, de la cual, me yergo en portavoz.

martes, 21 de abril de 2015

YA NO SON DE LOS NUESTROS

YA NO SON DE LOS NUESTROS Tito Ortiz.- A éstas alturas de la legislatura y la corrupción – para que vamos a separar una cosa de la otra – me sigue asombrando la capacidad de enajenar actitudes cercanas, que tiene el partido popular. Es curioso como sin inmutarse, van descolgando apellidos ilustres de su mancillado blasón, a medida que éstos se ven involucrados en, casos cada vez más vergonzantes de corrupción. El que todo un vicepresidente del Gobierno esté siendo investigado, y que Rajoy y los suyos, digan ufanamente que ya no es de los suyos, que se trata de un asunto particular, es como asegurar que Bárcenas nunca les entregó un sobre amarillo sepia, con billetes dentro. Los – cada vez menos creíbles – próceres peperianos, me recuerdan a mí compadre en aquellos convulsos días en los que el pesoe, se desmoronó, y dividiose entre felipistas y guerristas, y entonces ya no sabía si era uno de los nuestros. La cúpula peperiana de la calle, Génova, con un descaro digno de la más alta escuela ecuestre, se sacude a los corruptos, con la facilidad con la que Cospedal, sale a la palestra a defender su cambiante ideología, dependiendo de sus propios intereses, absolutamente enfrentados con la señora vicepresidenta, en un pulso por el poder, que en ocasiones, y últimamente son demasiadas, caen en lo grotesco, sino en enemistades de patio barriobajero. Claro que si la vicepresidenta del Congreso, Celia “Arrabaleralobos”, le grita a su chófer Manolo, como un capataz blanco, al esclavo negro de las plantaciones de algodón en Louisiana. Y con proverbial desparpajo, juega con la tablet mientras habla su presidente en la casa de todos los españoles, y todavía no se ha ido, que podemos esperar de ésta partida de podencos ilustrados, en la rapiña y el bandidaje. Dice mí compadre que España debe ser inmensamente rica, porque si con todo lo que han robado éstos y los otros, todavía no estamos en banca rota, es que se nos salen los billetes por los bolsillos. Cualquier otro país ya se habría convertido en una república bananera ingobernable, con las calles tomadas por salteadores de caminos, pero claro, estos no sacarían las cifras que por lo visto sacan, aquellos que ha tenido la oportunidad de mandar en el FMI, en Bankia y han presumido de tarjetas negras. Negras como sus intenciones de abordar la política, como fuente económica de su insaciable enriquecimiento, mientras se blindan las fortunas opacas, al tiempo que se estrangula a una población que dependiendo de una nómina, no tiene oportunidad de defraudar, más que a su conciencia, cuando ésta le dicta que salga a la calle, aunque sea con un corta uñas, y acabe con tanto hijo de perra, al servicio de su propia economía, y no del pueblo que lo votó. El sur se regurgita entre eres y cursos, intentando cerner a los honestos, de los que han metido la mano en el cajón del pan, pero el agujero del cedazo es aún muy grande, porque deja pasar individuos de la vieja guardia, como el Juanma, o El de La Pequeña, que mientras permanezcan en el partido, impedirán que los socialistas granadinos, avancen por la senda del servicio a los demás, permitiendo situarse en las listas o los enchufes, de tal manera que se hagan eternos en los puestos de chupe, y así no volver a pisar la calle de su mediocre ocupación laboral, en ocasiones inexistente. De poco le sirve al socialismo en Granada, que existan algunas individualidades dignas de elogio, por su entrega sincera a la causa, mientras gentuza como la señalada más arriba, percude el trabajo honesto de tantas compañeras y compañeros, que siendo socialistas de corazón y llevando la honradez por bandera, ven su trabajo minusvalorado, por la actitud de éstos caciques políticos, de tic’s neofascistas, que pese a llevar en la cartera el carnet del pesoe, éste no los ha hecho demócratas ni socialistas, sino que les ha permitido figurar en puestos inmerecidos, gracias a sus trabajos en las cañerías del partido, donde no han dudado con el arribismo que les caracteriza, aprovecharse de todo y de todos, para seguir en el pesebre abrigado, lejos de la intemperie que sufrimos todos los españoles que no militamos. Pero ojo, que nadie se llame a engaño, ni crea en falsos profetas. Si alguien está convencido de que el capitán Poldark, va a ser quién saque a éste país de la zozobra, yo no estaría muy seguro, hasta que su segundo Monedero, no barra su casa, su tercero, aparezca por la universidad de Málaga y justifique el sueldo, o la tercera, plantee un gerarquización de problemas que abordar en Andalucía, por orden y rigurosa urgencia, y puedo asegurar que, convocar un referéndum para ver que se hace con la semana santa, no es precisamente la prioridad de ésta comunidad autónoma, que es la más poblada del país, tan grande como Portugal, y con más paro de Europa. Porque si a teresita lo que le preocupa es la gente de los capirotes y los costales, como prioridad andaluza, es que no sabe ni donde está de pie. Pobrecilla. El referéndum que se me antoja más urgente, es el que deben hacer en su propia formación, para ver quién le gana el pulso a Poldark, porque a lo mejor se llevan una sorpresa, y resulta que no es “carromato”. Con perdón.

lunes, 30 de marzo de 2015

QUIEN HIZO DEL FLAMENCO, POESÍA

QUIÉN HIZO DEL FLAMENCO POESÍA Tito Ortiz.- Un arte tan inmóvil hasta entonces, necesitaba de Morente para ser refrescado y puesto al día. Reconducido a los cánones culturales de lo exótico, actualizando la visión rancia del romanticismo, que lo enjuiciaba aún como algo distinto y raro, cultivado en una extracción social lindante con la ley. Enrique Morente abrió las puertas de lo hondo de par en par, lo metió no sólo en el pentagrama, sino en todas las músicas, y lo ofreció a distintas culturas, que inmediatamente lo acogieron, como el arte genuino que es, por encima de todas las cosas, y que hasta que llegó el genio albaicinero, no había podido desarrollarse en toda su expansión, debido a la guardia pretoriana de flamencólogos incultos, que a su falta de formación, añadían el miedo de que el arte gitano andaluz se les fuera de las manos, al ser conocido y cultivado por personas de mayor educación y cultura. Fue Morente el que rompió esas cadenas, logrando introducir al flamenco, en las alcobas creativas de todas las artes, para lograr una dimensión que lo proyectara a todo el mundo, como así fue. Existe un antes y un después del arte flamenco, tras la irrupción de Enrique Morente, y el consiguiente tuteo de éste con creativos no sólo musicales de todas las especies, sino de la danza, las artes plásticas, el diseño y la poesía. A partir de la divulgación morentiana, el resto de las artes se dejan impregnar de los quejíos, y comienza a aparecer un tipo de arte tuneado por el flamenco, cuyas expresiones estéticas son tan diversas, como disciplinas artísticas existen. Fue Morente un visionario que pronto atisbó en el horizonte, un lugar para el flamenco, que maridaba perfectamente con cualquier otro arte, enriqueciéndolo y agrandándolo. En el cine con Carlos Saura, en la fotografía, mi compañero, y amigo Paco Sánchez, en la pintura con Jesús Conde, en el baile Israel Galván, en la danza con Víctor Ullate (padre), en la vanguardia musical con Lagartija Nik, en la literatura, con Luís Rosales y Félix Grande, en la televisión con José Sánchez-Montes, y así podríamos seguir relatando, las distintas artes y disciplinas estéticas, en las que Morente ha tenido una clara influencia personal, o el flamenco ha entrado, gracias a la concepción aperturista, que de lo hondo tenía el genio granadino. Desde el primero de sus discos, un año antes de que Massiel ganara el festival de Eurovisión, Enrique Morente inicia un camino que sería seguido después por otros cantaores. Incluye poemas de los grandes maestros, a los que pone música, y gracias a sus conocimientos musicales, los adapta con una perfección que ningún otro cantaor ha logrado hasta ahora. El de la Cuesta de san Gregorio, tampoco se conforma con abordar lo fácil y a mano, que bien podría ser la obra de quién mejor se acercó al flamenco, como su paisano, Federico García Lorca, sino que se atreve con los más alejados al arte gitano andaluz, pero que en su voz, suenan enjundiosos hasta los tuétanos. Es el caso de – por ejemplo – San Juan de La Cruz, el fraile que en el Carmen de Los Mártires de Granada, bajo la sombra de un cedro que aún se conserva, escribe a La Noche Oscura del Alma. Una noche que en la voz de Enrique, se vuelve día reluciente y raso, que inexplicablemente es acompañado por la luna y las estrellas. Los hermanos Machado, pasaron por las cuerdas vocales de Morente, con los ecos profundos del pozo más grande de las penas. Y el Miguel Hernández más desgarrado, el Lope de Vega más audaz, o el Alberti más marinero. Hasta la llegada de Morente, el flamenco se había surtido de letras populares, algunas ya rancias y otras apolilladas. Él, recoge el testigo de los cantautores más universales del momento, coge el tren de sus contemporáneos, y abraza a los grandes poetas, proyectándolos en un entorno musical jamás explorado, por ese falso concepto intelectualoide, de que el flamenco era excesivamente popular, como para emparentarlo con la poesía consagrada de todos los tiempos. Enrique une esos dos universos hasta entonces separados, y lo hace con la sutileza y sensibilidad artística, de quién borda en bastidor de filigrana orfebre, las bases de un arte para las nuevas generaciones. Y de ésta forma quedan para la historia los sonidos del poeta, Al-Mutamid, engarzados con oro y marfil, en los labios de un creador sin par, que se atrevió con los versos de, Bergamín, Hierro, Guillén o Pedro Garfias, entre otros. Morente enriquece los vetustos textos del flamenco, y lo hace nada más y nada menos, que con la poesía más rica que haya dado jamás éste país. Y al igual que su quejío es largo y armonioso, los poemas entrelazados con la prima y el bordón han quedado como muestra del buen hacer, de un enlace perfecto, entre mundos que vivieron de espaldas, hasta que Enrique les dio la vuelta y, los hizo mirarse cara a cara sin complejos, enriqueciendo un arte milenario. Poetas que murieron hace siglos, lo hicieron sin saber, que ya desde entonces eran deudores, de un genio creador que se desarrolló en el flamenco, pero que lo mismo lo podía haber hecho en el Renacimiento con, Miguel Ángel, o en la Grecia antigua con Homero, ocho siglos antes de Cristo. Morente tenía sus genes creadores a disposición de la humanidad, y de su resultado, sabremos en los siglos venideros.

lunes, 9 de marzo de 2015

GOTA DE LECHE Y SANGRE

GOTA DE LECHE Y SANGRE Tito Ortiz.- Los de la década de los cincuenta que nacíamos con pinta de enclenques, más pronto que tarde, pasábamos en brazos de nuestras madres preocupadas, por La Gota de Leche, en la calle Ancha de Santo Domingo. Aquella benemérita institución gratuita, donde nos vacunaron contra la Viruela, la Poliomielitis, la Tuberculosis, nos dieron leche en condiciones, aceite de ricino, de hígado de bacalao, el Ceregumil o el Calcio 20. Todo gratis para que creciéramos fuertes y sanos, a pesar de las alimentaciones desequilibradas, los piojos, la leche en polvo americana, los sabañones en dedos y orejas por el frío, el terror al tétanos, la difteria, la tosferina, el raquitismo y la desnutrición. Pero allí estaban ellos y ellas, para apiadarse de nosotros, y procurar el milagro de que llegáramos a ser adultos, en un país que entonces tenía la tasa de mortalidad infantil por las nubes. Que gente que ha entregado su vida por los demás, sea recompensada por ello, con una ráfaga de tiros en las tapias del Cementerio, es cosa que suele ocurrir en Granada, y éste es un ejemplo más. A dos años del inicio de La Gran Guerra, el doctor, Rafael García Duarte-González, pasó por el París de la Francia, y de allí se trajo una de las pioneras iniciativas que funcionaban con resultados asombrosos. “El Consultorio de Niños de Pecho y Gota de Leche”, que puso en marcha en la Gran Vía de Granada en 1916. Aunque él era catedrático de Oftalmología, su paso por el país galo, lo sensibilizó de manera especial con los recién nacidos, y a ellos dedicó buena parte de su trayectoria profesional, en la que constituye todo un hito, la puesta en marcha de éste servicio imprescindible, del que hasta entonces carecíamos. La Gota de Leche. Hasta tal punto está entregado a la salud de los recién nacidos, que procura que su hijo continúe sus pasos y consiga beca para estudiar pediatría en Francia, cosa que logra en 1920, cuando el joven doctor, Rafael García Duarte-Salcedo, es pensionado por el Ministerio de Instrucción Pública, para que se traiga a Granada esos conocimientos. Y Así ocurre. El año en que se proclama la República, el joven doctor granadino, heredero de una de las sagas más importantes de la España de la salud, se hace con la oposición nacional a Puericultor obteniéndola con el número uno, y a pesar de ser uno de los expedientes académicos más brillantes de Europa, ayuda a su padre en La Gota de Leche, asumiendo con el paso de los años la dirección del proyecto, y con ello, evitando la desnutrición, la enfermedad y la muerte, de muchos granadinos y granadinas, que de no haber recibido aquellas atenciones, hubieran terminado con sólo unos días de vida, semanas, o meses, en el cementerio. Su vida entregada a los más pequeños, transcurrió entre las salas del Hospital de san Juan de Dios, las aulas de la Facultad de Medicina, y La Gota de Leche cercana a la Iglesia de santo Domingo. Su labor la extendió con la ayuda de alumnos y colaboradores, a las escuelas de primaria, para vigilar la higiene infantil, al reformatorio de San Miguel, y la Casa de Cuna de la Beneficencia Provincial. Lo que empezó entregando a los niños de madres no aptas para la lactancia, biberones de leche de vaca esterilizada, siguió con alimentación gratuita a las madres lactantes en el comedor maternal anexo, donde también se las instruía en la higiene infantil y en los hábitos alimenticios. Todo ello con la imprescindible colaboración de sus muchos alumnos, y las hermanas de San Vicente de Paúl, y la Junta Provincial de Protección de Menores. Su ideología socialista, al servicio de los más desfavorecidos y sus cercanías a personajes como, Fernando de Los Ríos y Alejandro Otero, fueron las únicas circunstancias “criminales”, que los golpistas encontraron en Rafael García Duarte-Salcedo, para darle “el paseíllo” y ensombrecer sin remisión, la historia de un buen hombre, que se dio a los demás sin reservas, siendo una persona cuya instrucción y cualificación académica, era reconocida a nivel internacional. Y su labor en pro de los niños y los más desfavorecidos en Granada, un clamor que me niego a que permanezca oculto por más tiempo. Sepan los que apretaron el gatillo, que al doctor lo callaron, pero su obra sigue dando voces de por vida. La prueba es que yo estoy aquí, gracias a su trabajo y ejemplo, y ando todavía dispuesto a que las personas como él, jamás queden en el olvido, en ésta ciudad de tinieblas y catacumbas con sus hijos más preclaros. ¡ Niños y madres de La Gota de Leche, gritad Gloria para todos los García Duarte ¡ Que el silencio en pesadumbre de La Alhambra, acallando con su sordina los clamores, no impida recuperar la memoria de aquellos que tanto hicieron por nosotros, pagando con su vida, ser el mejor ejemplo de la condición humana. Algo que nunca alcanzarán sus infames depredadores.

martes, 24 de febrero de 2015

TOROS EN LA ALHAMBRA

TOROS EN LA ALHAMBRA Tito Ortiz.- Todo parece apuntar, que la ciudad de Granada celebra justas de toros y otras fiestas ecuestres, en lo que hoy conocemos como El Campo de Los Mártires desde hace siglos. Y si creemos a Nicolás Fernández de Moratín, en el siglo XVIII, éste mantenía que el origen de los toros estaba entre la morería granadina, entroncando esto con los que afirman, que la asociación analógica de las corridas de toros con el mundo moro, comienza en la Edad Media, precedida de la imagen de juegos circenses con toros, en la África romana de la antigüedad. También Luís Mármol y Carvajal, dice que en el siglo XVI, eran célebres los combates con toros en la ciudad musulmana de Fez. Esto se desprende de un detallado estudio, realizado por los profesores de la Universidad de Granada, José Antonio González Alcantud, y Juan Manuel Barrios Rozúa, publicado en el número 34, de La Revista de Estudios Taurinos, auspiciada por la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, a través de su Fundación. Los profesores granadinos, no sólo han realizado una investigación extraordinaria, sino que han aclarado de una vez por todas, que en el Patio Circular del Palacio de Carlos V, nunca se dieron toros, aunque eso sí, la edificación, pudo servir de improvisados toriles, cuando se celebraron corridas de toros en la Alhambra, porque haberlas, las hubo. La relación entre España y África con la fiesta de los toros, tal y como hoy la conocemos, tiene su mayor auge durante la etapa del protectorado, (1912-1956), llegándose a dar importantes festejos en plazas como Casablanca o Tánger, donde algún cartel se dio con mayor atractivo, al participar un torero de cada religión: Un Cristiano, un judío y un musulmán. Amén de las justas y torneos con toros alanceados, cuando la fiesta regresa a La Alhambra, es en 1800, y lo hace por la puerta grande, pues se instala plaza ante el pórtico del Palacio de Carlos V. Así queda demostrado por los profesores, González Alcantud y Barrios Rozúa, quienes detectan entre la nobleza y el clero, partidarios y detractores de la fiesta, que finalmente se lleva a cabo en La Alhambra, pese a las protestas de La Real Maestranza de Granada, que ve perjudicados sus intereses, en el coso de la ciudad, pues no hay que olvidar, que entonces, la Alhambra tenía gobierno propio, que nada tenía que acatar del de la capital. En 1744 y 49 se concede permiso a la Alhambra para celebrar toros a beneficio de la hermandad radicada en el convento de San Francisco, o la del Señor de la Humildad de La Alhambra, festejos que se llevan a cabo en la placeta de los Aljibes. La hermandad de la Virgen del Rosario, también obtiene licencia para dar toros con motivo de su festividad, dado que ésta radicaba en la parroquia de Santa María. Al año siguiente el párroco se opuso a éstas celebraciones, y dividió una vez más al clero, que incluso contó entre sus filas, durante la época, con un buen número de curas toreros. Pero en 1795, el Gobernador de la Alhambra, Francisco González Mojena, pide permiso para dar toros en La Alhambra, con el fin de recaudar fondos y reparar el monumento. Se le concede Real Gracia para celebrar dentro del monumento nazarí, un total de cuarenta corridas de toros en cinco años. Thomás López Maño, maestro de obras de la Alhambra presentó el proyecto, y Antonio Manuel de Molina, maestro del arte de la carpintería realizó una maqueta extraordinaria, ubicándose el coso ante la fachada principal del palacio de Carlos V, aprovechando ésta como sostén y, sus balcones, de pago durante las corridas. Plaza rectangular con las esquinas achaflanadas, como todas las de la época, su plano se conserva y da fe con fidelidad de los hechos acaecidos en 1800. Para su construcción faltó madera en los almacenes y se recurrió a los bosques alhambreños, lo mismo ocurrió con los clavos a utilizar. Se fundieron ciento cinco arrobas de picas y albardas, que se conservaban aún de la toma de Granada, lo que acarreó también sus “buenas” críticas. Los festejos se fueron sucediendo con éxito, todos finalizaban con un castillo de fuegos artificiales, y las carnes y los cueros de los toros, se vendían en la Casa de Matanza de la propia Alhambra, situada junto a la Plaza de Los Aljibes, pero ante las protestas de la Carnicería de la Capital, se hizo cargo de ella la Hermandad de Las Ánimas de la Parroquia de Santa Ana. En cuanto al precio de las entradas, eran de cuatro reales en los tendidos, tres en la fachada de Carlos V y dos en preferencia. Pero como en aquella época – al igual que en ésta – ocurrían cosas raras con los dineros, alguien advirtió que de lo recaudado en las corridas Alhambreñas, no todo se estaba gastando en la reparación del monumento nazarí, por lo que se suspendieron los toros en la Alhambra y se desmontó la plaza, después de comprobar, que gran cantidad de lo recaudado en las corridas, se había desviado para arreglar la casa del Gobernador de la Alhambra, Lorenzo Velasco, que incluso se construyó una caballeriza nueva para uso personal, asunto por el que fue cesado. Esto es solo un pequeño extracto, del completo estudio que con el título, “Toros en La Alhambra, Entre La Conservación Monumental y La Metáfora Cultural”, han llevado a cabo los profesores, José Antonio González Alcantud, y Juan Manuel Barrios Rozúa, para deleite de los que amamos la fiesta de los toros y nuestra historia. Recomendamos a los buenos aficionados, muy encarecidamente su completa lectura. Queda comprobado y hecho público, que en la Alhambra, también sonaron los clarines.