domingo, 5 de noviembre de 2023

 

ANECDOTARIO COFRADE GRANATENSIS

 

Tito Ortiz.-

Cronista Oficial de la Ciudad de Granada

 

La década de los setenta del siglo pasado, la semana santa de Granada, vivió lo peor y lo mejor de su historia. Primero fue la decadencia total, con hermandades que no salían para hacer su estación de penitencia, cortejos ridículos en otras, con hábitos rabicortos, manchados y zapatillas de deporte de lona azul marino, sin guantes y el capirote  doblado. A lo que se añadía la espalda de la autoridad eclesiástica, que no permitía entrar en la Catedral a las Hermandades, obligándolas a quebrantar sus estatutos, donde reza que, la salida de penitencia solo se justifica si se hace, hasta el interior de la santa iglesia catedral metropolitana. Actitud de la iglesia instituida tan incomprensible, dio lugar a uno de los hechos anecdóticos, más singulares de las cofradías granadinas. La realización de un mazo de madera, bien ornamentado, que la hermandad de Las Penas, hacía portar en el cortejo sobre un cojín de terciopelo, bellamente engalanado, y que cuando el desfile penitencial llegaba a las puertas catedralicias, el hermano mayor asía el martillo con fuerza, y golpeaba tres veces la cancela de la seo que impedía el paso a un templo con las luces apagadas y las puertas cerradas, como si con ellos no fuera la semana santa. Protesta tan sutil jamás imaginada, o petición clemente de que la iglesia se diera por enterada de que la semana santa existía en Granada, desde el siglo XV, y que el respaldo eclesiástico en otras provincias era muy distinto, a favor de las hermandades.

La situación llegó a ser tan alarmante que, el propio Consejo de Hermandades sevillano, abrió una cuenta corriente en una entidad bancaria de la calle Sierpes, para salvar la semana santa de Granada. La cosa pintaba mal, a lo que se unía el chantaje continuo de los costaleros profesionales, cuyas exigencias económicas dieron más de un disgusto a las juntas de gobierno, que se vieron con los pasos a tierra en mitad del recorrido, si no se accedía a sus exigencias, que nada tenían que ver con lo pactado por el recorrido. Pero el milagro para levantar la semana santa de Granada, surgió de una juventud que de pronto tomó conciencia de que hacía falta su colaboración para solucionar el conflicto. Esa juventud se puso una camiseta, una faja, calzó alpargatas de esparto, se metió debajo se los tronos para desplazar a los profesionales, con la mejor de las acreditaciones: Se convirtieron en cofrades costaleros, llegando incluso a fundar nuevas hermandades que sirvieron de revulsivo para recuperar las que ya no salían, y desde entonces, la semana santa de Granada es otra muy distinta.

EL SOTA

Aquella era una noche más de verano, en la taberna de “El Sota” en el barrio del realejo, donde se daba cita la emergente costalería de Granada, principalmente de La Santa Cruz y La Concha, con marchas cofrades a toda pastilla en el radio-casete, y las copas finas posadas sobre la barra. Al dar las doce, José Ocaña, bajó la persiana del local para cumplir con la normativa de los ruidos, se salió de la barra, dejando a cargo de escanciar a Jesús Ortiz, cofrade número uno de La Concepción, uniéndose a la reunión de una treintena costalera de primer orden, aunque lo que reinaba en el local, eran los efluvios y proyectos ilusionantes de la nueva semana santa de Granada.

El volumen de la charla iba en aumento y el de la música cofrade también, así que a eso de las tres de la madrugada, ignorando que el vecino del tercer piso había llamado a la policía para que acabara con el tumulto, los allí convocados, subieron a la mesa de billar a, José Carranza, “El Willy”, cofrade y capataz de reconocido prestigio, descolgaron la cortina alpujarreña que daba acceso al patio interior del local, se la echaron por encima a modo de clámide, le juntaron las manos a la cintura haciéndole sostener la caña de la escoba, y a la voz de, “vámonos abriendo calle”,  alguien levantó la persiana, la mesa de billar salió en volandas hacia la calle, con el Willy encima, y a los sones de “Nuestro Padre Jesús” aquel trono improvisado, a hombros de nuevos costaleros, se hizo a las calles del realejo, con euforia y regocijo. Lo que no esperaban los protagonistas de tan inusual procesión es que, al llegar a la plaza de Fortuny, un coche de policía con dos agentes y las señales luminosas activadas, iba a parar el cortejo en seco, deteniendo el tráfico rodado para permitir que los componentes de la procesión, dieran la vuelta al paso y regresaran a “su templo”, ante el regocijo del vecino del tercero, que observaba la escena desde el balcón, relamiéndose de la tremenda sanción que nos caería encima.

Puesto que dos policías y un solo coche patrulla no eran suficientes para detener a más de tres decenas de criaturas, El Willy y yo decidimos hacernos responsables, siendo detenidos e introducidos en el coche patrulla, mientras el vecino aplaudía desde el balcón. Lo que nunca supo el denunciante, es que los policías, lejos de trasladarnos a comisaria y ponernos a disposición judicial, nos llevaron a nuestra casa, sin mayor repercusión sancionadora. Ambos eran, costaleros de los nuestros.

SAETAS

Ha de antigua la costumbre, de que, al paso de alguna imagen sobre trono, el mundo del flamenco rinda pleitesía a lo representado, y aborde la ejecución de un cante por saetas. Durante mucho tiempo, en Granada hubo un cantaor especializado en saetas, que se prodigaba mucho en su interpretación, haciendo muy popular una letra en la que se le daba una patada en los riñones a la historia sagrada. El asunto venía de antiguo e incluso hay grabaciones de este error. La saeta decía que, Moisés y su hermano Aarón, fueron a pedir clemencia a Pilatos, para que perdonara a Jesús. Lo que nadie advirtió durante muchos años es que el asunto era del todo imposible, si tenemos en cuenta que tanto, Moisés como su hermano, nacieron catorce siglos antes que Jesús.

Al final de la década de los setenta del siglo pasado, en plena transición democrática, hubo un cantaor, que con cierta frecuencia y solo a las imágenes de su devoción, se prodigaba en la interpretación de valientes saetas. En aquellos tiempos reivindicativos políticamente, las letras también se impregnaron del aire de libertad reinante en la sociedad. Este cantaor solía interpretar una saeta en la que, en su tercio final, decía: …” A los ciegos dales vista, y a los presos libertad”. El caso fue que, en lugar muy concurrido y ante una imagen muy venerada, el cantaor, afligido por la responsabilidad de la ejecución ante el público y, ante el silencio sepulcral que se hizo nada más escuchar su voz cantaora, atenazado por los nervios, alteró el orden de la letra inconscientemente, para finalizar diciendo: … A los presos dales vista, y a los ciegos libertad.

FIGURAS VIVIENTES

Granada también tiene en su semana santa, una larga tradición de que formen parte de algunos cortejos, figuras representativas de los años treinta de nuestra era. Un ejemplo clásico son las escuadras de romanos que, con algunos años alternos de ausencias han formado parte del cortejo de la hermandad oficial de la semana santa de Granada. A ellos se refirió en su día, el mismísimo Federico García Lorca, en lo que podríamos considerar como el primer pregón radiofónico de la semana santa de nuestra ciudad, pronunciado en una emisora madrileña. En su discurso, Federico advierte de como ensayan la marcialidad requerida para la ocasión, días antes de la semana santa, en la calle de La Colcha, un puñado de mozos de cuerda, de la tercena y la pescadería, que, en la tarde del Viernes Santo, acompañarán al paso del Entierro, revestidos de soldados romanos, y como acompasan el desfile, golpeando en el suelo con la contera de las lanzas. Pues en los albores de esta nueva semana santa, se desplazaron desde un pueblo del cinturón, una veintena de voluntariosos vecinos, que, ataviados con unos leotardos marrones y zapatillas deportivas de lona blanca, más petos de plástico, ya de por sí, resultaban grotescos para acompañar el paso más serio y solemne de nuestra semana santa. Pero el asunto no quedó ahí, porque ya se sabe que todo es susceptible de empeorar.

Cuando la citada escuadra de romanos, daba sus primeros pasos en Plaza Nueva, acompañando al Señor en la Urna, el que hacía las veces de centurión, advirtió que uno de los componentes, no desfilaba con la seriedad y marcialidad requeridas, para dar visos de realidad a lo representado. Así que se aproximó a él, y le requirió para que desfilara con mejor talante. Al aludido no le debió sentar bien aquella advertencia porque, inmediatamente se comenzaron a escuchar voces altisonantes plagadas de insultos, ante la sorpresa del gentío que hasta entonces solo escuchaba la marcha fúnebre que interpretaba la banda municipal. Pero la cosa no quedó ahí, porque de los insultos pasaron a las manos, utilizando las propias lanzas que portaban y de los dos protagonistas, la trifulca se convirtió en casi la totalidad de los componentes de la escuadra, hasta el punto de que tuvo que intervenir la policía, dando como resultado del incidente, varios heridos atendidos en el Clínico, y otros tantos detenidos en comisaría.

ABRAN PASO

En 1928 se fundó la Hermandad de Santa María de La Alhambra, en el seno del monumento nazarí, pero pronto surgieron ciertas desavenencias entre sus fundadores, lo que originó que una escisión de los mismos, bajara la cuesta de La Cremallera, para fundar otra hermandad en la parroquia “realejeña” de San Cecilio, Patrón de Granada. Así surgió la Cofradía del Santísimo Cristo de Los Favores y María Santísima de La Misericordia. La rivalidad y las tiranteces entre los miembros de ambas corporaciones no desaparecieron hasta años más tarde, como lo demuestra el hecho de que, en una ocasión, bajando la hermandad alhambreña por Reyes Católicos, camino de la tribuna oficial, se encontró con el cortejo de Los Favores, accediendo al mismo lugar, para girar en la calle de La Colcha, camino de su barrio. Los responsables de los dos cortejos, se negaban a ceder el paso al otro, y dado que el asunto se estaba enquistando en plena calle, en un momento, uno de los mayordomos de la hermandad de Los Favores, se metió la mano bajo el capillo, desabrochó su hábito y sacó una pistola marca Star del nueve largo, que no dudó en montar, cuyo cerrojazo sonó en toda la calle, ante el asombro de penitentes y transeúntes. De pronto, la voz del capirote armado retumbó amenazante: ¡Abran paso! Y al instante, el cortejo penitencial de La Alhambra se hizo a un lado, y la hermandad de Los Favores prosiguió su recorrido. La cosa no pasó a mayores.

UNA PALOMA BLANCA

Una vez que el trono de Santa María de la Alhambra, había traspasado la Puerta de La Justicia, en su descendimiento a Granada, fue costumbre durante muchos años, el encendido de bengalas y la suelta de palomas blancas frente al paso, en un ceremonial de luz y color únicos. Dado que el exorno floral era de color blanco, a veces los chiquillos, jugábamos a encontrar esa paloma blanca que jugueteaba a la altura de la peana de la imagen de Torcuato Ruiz del Peral, y que “milagrosamente” nunca se despegaba del conjunto escultórico, a pesar del largo recorrido. Ya de mayor, descubrí que la hermandad tenía un mayordomo encargado de este menester, delicado y asombroso. Con un hilo de algodón blanco, y previo vendaje de una pata del animal, para no lastimarla, se le sujetaba de esta forma cerca de la talla, pero sin la posibilidad de ir más lejos. Al final del recorrido, la paloma era liberada sana y salva.

TINTORERÍA MUY CARA

 

Aquel año, la cera salpicada de los brazos de cola y la de las marías, se habían cebado sobre el manto de la Virgen de La Misericordia, lo que hizo que su hermano mayor, pidiera presupuestos en varias tintorerías de Granada, para su limpieza y reparación, pero los que le dieron, eran desorbitados para las arcas de la hermandad.

Pasó la primavera, llegó el verano y, una tarde calurosa de domingo, me despertaron de la siesta, las voces de mi amigo José Carranza, bajo el balcón de mi dormitorio en la calle San Matías. Cuando me asomé ante tan alarmante urgencia, me dijo: ¡Vístete, coge las llaves de tu coche, que nos vamos a reparar una tragedia!

Siguiendo sus instrucciones, conduje hasta un pueblo del cinturón y, pare a las puertas de un chalet familiar. Nos abrió el hermano mayor aludido, con la cara descompuesta, y rogándonos por todos los santos de la corte celestial, que aquello queda entre nosotros como secreto de confesión. Nos dirigió hasta la piscina y la imagen era dantesca. Para solucionar de una manera barata la limpieza del manto, había comprado un tambor de cinco kilos de detergente “colón”, lo había vertido sobre el agua, y cuando la espuma estuvo a punto de nieve, echó extendido el manto en cuestión, para limpiarlo de una manera económica y “eficaz”, con un cepillo de raíces.

Armados con palos de escoba, cepillos de barrer y de fregona, nos lanzamos al agua para el rescate del manto. De lo que ocurrió a continuación, solo los tres y una comunidad de religiosas del Realejo sabe lo que pasó. Al año siguiente, el manto lució impoluto. Creo que, de todos los intervinientes, el único que vive soy yo.

LOS GITANOS

 

Ansioso por dar a conocer a nivel nacional nuestra semana santa, cuando los directores de Madrid, me dieron la posibilidad de transmitir en directo para todo el país una sola procesión, aquella semana santa les propuse, narrar desde la tribuna oficial de la plaza del Carmen, la de Los Gitanos. Una Hermandad que tenía atractivos suficientes, como para ser entendida en toda la piel de toro.

Acordamos que la conexión en directo la llevaríamos a cabo el miércoles santo a las siete de la tarde, que era la hora en la que la hermandad sacromontana, -según el programa oficial- debería entrar en tribuna.

Aquel año, la cofradía salía de un garaje en la placeta de Cuchilleros, pero la organización tuvo grandes problemas para poner el cortejo en marcha, de tal manera que cuando el reloj del ayuntamiento daba las siete de la tarde, desde Madrid me dieron paso para iniciar la trasmisión, contando el discurrir de la comitiva que debería estar pasando ante mis ojos. Tras los saludos protocolarios, para hacer tiempo fui contando la historia de la hermandad del Cristo del Consuelo, mientras mi compañero operador de sonido, Pepe Campos de España, me hacía gestos de que la hermandad ni siquiera estaba entrando en calle Navas. Agotados todos los recursos posibles, Pepe cogió dos destornilladores de su caja de herramientas y, aprovechando que las sillas de la tribuna eran metálicas, y, además, él había hecho la mili en la banda de cornetas y tambores en San Fernando, comenzó a redoblar el paso del tambor procesional, como si el cortejo estuviera pasando ante nosotros.

Mi condición de cofrade desde la niñez, me permitió sacar de mi cabeza, hurgando en mi memoria, la composición del mismo, desde la Cruz de guía hasta la banda que cerraba la procesión. Fui narrando despacio para dar tiempo a que llegaran los penitentes, pero el caso fue que relaté el desfile completo y la hermandad no había llegado, dando por concluida la transmisión sin que hubieran aparecido en la plaza. Recogimos los cables, nos fuimos al cercano Club Taurino a tomarnos una cerveza para pasar el mal trago, y cuando nos íbamos, comenzaron a llegar los primeros componentes del cortejo cofrade.

A la mañana siguiente, nada más llegar a la emisora, la secretaria Encarnita, con gesto serio nos dijo: Pasad al despacho del director que os está esperando. Los dos entramos con las piernas temblando y pensando que sobre la mesa estarían las cartas de despido, pero había otro papel. Era un fax del director general, Jesús Gago, felicitándonos efusivamente por la magnífica transmisión en directo para toda España de la procesión de Los Gitanos.

 

 

 

 

 

 

CAFÉ SUIZO

 


CAFÉ SUIZO

 

Tito Ortiz.-

 

Cada mañana, ante media tostada de pan integral con aceite y un café con leche, comenzaba nuestra primera conversación del día, cuando ambos trabajábamos en el edifico de La Pirámide en la avenida de la Constitución. Tras la jornada laboral, nos organizábamos de tal forma que la tarde nos diera lo suficiente, a él para escribir, a mí para hacer lo propio en el diario Patria o la Hoja del Lunes, y después, dirigir nuestros pasos a la exposición de turno, la conferencia, o el acto cultural que tocara, para recalar más tarde en amena tertulia con otros amigos en el desaparecido Café Suizo de Puerta Real. Aquella gran familia de la Granada cultural y artística que Manuel López Vázquez inmortalizara en un óleo sobre tabla de incalculable valor al día de hoy.

Arcadio Ortega Muñoz, poeta, escritor y académico, es hombre de extraordinaria conversación enciclopédica, como corresponde a una persona de formación renacentista, al que la historia y las artes no le son ajenas, pero menos aún la política o la sociedad que lo alberga, de la que les aseguro es un observador atinadísimo en sus conclusiones. Para ser un hombre de letras, no le son ajenos otros campos como el de la economía- por ejemplo – y así lo dejó patente en su obra, “Evasión de capital” de 1979, o en aquella otra tan atinada, “Los Juguetes del Yuppi” del año dos mil uno, en la que le ajusta las cuentas a un personaje que, en su momento, anduvo por aquí con gran influencia bancaria. Su novela, “Candidato Independiente” de 1993, transcurre en una noche decisiva para el protagonista que, entre sorbo y sorbo, se desnuda ante el lector valorando los pros y contras de una decisión que puede cambiar su vida y la de toda su familia. Y esa realidad y la capacidad de transmitirla en toda plenitud al lector, no se consigue aislándose en una cámara acoraza para la creación literaria, muy al contrario, es el resultado de ser un hombre de su tiempo que vive permanentemente informado de lo que sucede a su alrededor, y sabe transmitirlo con brillantez en la voz de sus personajes.

CLAUSTRO APÓCRIFO

No es la primera vez que dejo constancia escrita de aquellas reuniones de los viernes a mediodía, en la “Trastienda” de Fernando Miranda, en la placeta de Cuchilleros, donde personas como Pepe Heredia, Aurelio López Azaústre, Castro Llamas, Emilio Puche, Juan y Jesús Conde Ayala, Pepe Cañas, Ataulfo Granada, “El Parrón”, Francisco Manuel Díaz,  Miguel José Hagerty, y tantos otros que harían la lista excesiva en este espacio, tomábamos el pulso a la Granada cultural de los setenta. Desde la hora del ángelus hasta la puesta del sol, en aquel ateneo libertario, sin ataduras ni censuras, las genialidades se aportaban como moneda corriente de amena conversación. Por sus obligaciones profesionales, Arcadio no se incorporaba hasta pasadas las tres de la tarde a tan insigne asamblea, pero su entrada era triunfal cada semana. Después de tres horas debatiendo sobre lo divino y lo humano, los presentes ya caldeados, estaban en plena ebullición, cuando Arcadio se presentaba en la puerta, levantaba el índice izquierdo, y sin tener ni idea de lo que allí se estaba debatiendo, gritaba: ¡Pues no estoy de acuerdo! Y las carcajadas se oían en Puerta Real.

Gran conocedor de nuestras tradiciones, su devoción también lo llevó en su momento a, recuperar con buen tino la hermandad de Nuestra Señora de La Esperanza, representándola en la Federación de Cofradías, teniendo el honor de haber sido también, Pregonero de nuestra semana santa. Las cruces de mayo, el corpus, los belenes, o las hermandades de gloria, tampoco le son ajenas. En definitiva, todo lo que sea nuestra historia y tradiciones, está en su cabeza con un excelente juicio crítico, además de, acertados consejos, en caso de ser consultado.

RECONOCIMIENTOS

No me gusta hacer una retahíla de premios y reconocimientos, pero, no me resisto a dejar constancia escrita de algunos: Cofundador de la colección literaria, “Aldebarán”, primer Presidente de la Academia de Buenas Letras de Granada. Obtuvo los premios “Virgen del Carmen” de poesía en 1975 por su libro, “Cuando la mar se vuelve fría”, otorgado por la Presidencia del Gobierno, el "García Lorca" de la Universidad de Granada en 1981 por su libro, “A nuestros poetas muertos” y el de la Caja de Ahorros de Almería en 1978 por la novela Viento del Sur. Es Presidente de Honor de la citada Academia y Medalla de Oro al Mérito por la ciudad de Granada en 2009 concedida por el Ayuntamiento.

De todas formas, pienso que, el mejor reconocimiento para un autor es el respeto de sus colegas, y la admiración de sus lectores, dos asuntos que él tiene aprobados con nota más que alta. Para aquellos que no hayan tenido la oportunidad de leer algo suyo, yo les recomiendo el disfrute de tener entre las manos, “Café Suizo” de 1979, o la última: “Tardes en el Café Suizo”. En cualquiera de estas dos obras lejanas en el tiempo, tendrá la oportunidad de disfrutar de un escaparate granadino, consecuente con la sociedad de nuestro tiempo, donde los personajes descritos por el autor, se muestran como dignos nativos de esta tierra, bella y misteriosa que es Granada, en la que la creación artística y literaria jamás se ha tomado un descanso y, desde la noche de los tiempos sigue en plena actividad creadora en todas las ramas de las artes. Una de ellas y, muy cualificada es la del poeta, escritor y académico, Arcadio Ortega Muñoz.

 

 

domingo, 29 de octubre de 2023

 


LOS QUE NOS PRECEDIERON

 

Tito Ortiz.-

 

En días como el de hoy, yo subía con mi abuela al cementerio de San José, para limpiar y ornamentar la tumba de su hijo, mi tío el pintor, Rafael López Marín, para que el día de los santos y el de los difuntos, luciera llena de flores. Él había muerto el día veintinueve, del nueve, de mil novecientos cincuenta y nueve. El mismo día, pero nueve años antes lo hizo su padre, así que cada vez que el almanaque dice que llega el día de san Miguel, en casa solemos mirarnos unos a otros, a ver a quién le toca esta vez. Vamos que nos ponemos, más o menos, como un pavo escuchando una pandereta.

Con un cubo y estropajo, dejábamos la tumba reluciente. Estaba enterrado en la tierra, pero después la familia logró que el túmulo fuera forrado con mosaicos blancos, y a la cabecera, junto a la cruz de hierro forjado que sostenía una placa de mármol con sus datos, se instaló una hornacina protegida con cristal, en cuyo interior había una foto de mi tío y una figurita de fray Leopoldo, del que era devoto y al que había conocido en vida, junto a unas florecillas de plástico descoloridas por los rayos del sol, que aprovechábamos para cambiar por otras nuevas, que duraban todo el año. A continuación, en un tazón de loza, mi abuela vertía aceite, en el que ponía flotando y encendidas, cuatro mariposas como ella les llamaba, que no eran más que unas lamparitas de aceite marca don Bosco. Después de la faena, rezábamos el rosario por la salvación de su alma y eterno descanso, y un fotógrafo ambulante de los que recorrían el cementerio, nos hacía una foto junto a la tumba, según costumbre de la época.

TRADICIÓN

Como podrán comprender, estas tradiciones en la memoria de un niño, se quedan grabadas a fuego en la mente, a pesar de estar tan lejanas en el tiempo, pero sepamos cómo empezó la tradición de honrar a nuestros muertos.

Dicen los que de esto saben que, en el libro Segundo de los Macabeos está escrito: «Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados» Análogamente, en los primeros días de la Cristiandad se escribían los nombres de los hermanos que habían partido en la díptica, que es un conjunto formado por dos tablas plegables, con forma de libro, en las que la Iglesia primitiva acostumbraba a anotar en dos listas pareadas los nombres de los vivos y los muertos por quienes se había de orar. Para la Iglesia católica, se trata de una conmemoración, un recuerdo que la Iglesia hace en favor de todos los que han muerto en este mundo (fieles difuntos), pero aún no pueden gozar de la presencia de Dios, porque están purificando, en el purgatorio, los efectos que ocasionaron sus pecados.

Este día, los creyentes ofrecen sus oraciones (llamadas sufragios), sacrificios y la misa para que los fieles difuntos de la Iglesia purgante terminen esta etapa y lleguen a la presencia de Dios. Hay, pues, una gran diferencia en la fiesta del día primero y el ambiente de oración y sacrificio del día dos. Aunque la iglesia siempre ha orado por los difuntos, fue a partir del 2 de noviembre del año 998 cuando se creó un día especial para ellos. Esto fue instituido por el monje benedictino San Odilón de Cluny. Su idea fue adoptada por Roma en el siglo xvi y de ahí se difundió al mundo entero.

INCINERACIÓN

Con el avance de los tiempos, esta tradición se ha modernizado, aletargado de alguna manera, y con la aparición de la incineración, los cementerios presentan una estampa distinta, conviviendo aún con retazos de la tradición. Ya tuvimos un primer paso, cuando se dejó de enterrar en la tierra, pasando los féretros a los nichos, pero con las cenizas del finado en una urna portátil, las posibilidades de reconducir el duelo se han diversificado. Hay quienes dejan testado que éstas se esparzan en un lugar determinado al que en vida le tuvo cariño. Otros las depositan en pequeños columbarios, como hacían los antiguos romanos, e incluso, me consta que otras descansan en la vivienda de la familia, en lugar de honor a modo de altar doméstico. Particularmente, si no hubiera decidido ya y, comunicado a los míos, donde quiero reposar eternamente, me hubiera gustado que mis cenizas se depositarán en el jardín que nuestro cementerio tiene a disposición de quienes deseen utilizarlo, sobre todo por compartir con tanta gente, un lugar en el que no estar solo eternamente. El Jardín de Las Cenizas, junto al Señor del Cementerio, me parece un lugar idóneo, en el que compartir espacio con tantas personas anónimas, que ya no lo serán.

Hemos pasado –los de mi generación- de velar a nuestros muertos en casa, llevar luto durante dos años, rezarles una novena tras el fallecimiento, la misa de corpore insepulto, la esquela en el periódico y la misa de difuntos cada aniversario, a modernos edificios con tanatosalas, aparcamiento y cafetería para los velatorios. Del dolor y el silencio, a que alguien tome la palabra glosando al difunto, antes de la despedida en la sala del adiós, o que suene su música preferida. De guardar como recuerdo, la pluma, el encendedor o el reloj del muerto, a poder llevarlo colgado al cuello, convertido en una piedra preciosa a modo de colgante o collar. De depositar su cuerpo en el lejano cementerio, a tenerlo en la repisa de la chimenea en el salón. En fin, que hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, y nosotros…también.

 

 

domingo, 22 de octubre de 2023

POLICÍA LOCAL

 


POLICÍA LOCAL

 

Tito Ortiz.-

 

Mi primer recuerdo de niño de lo que entonces era un policía local, es un hombre con un largo gabán por debajo de las rodillas, con un correaje blanco, manguitos y salacot del mismo color, apostado de día y de noche, en un portal de la Cuesta de Gomérez, donde residía el alcalde, Manuel Sola. Un compañero regulaba el tráfico al final de la calle con Plaza Nueva, pues la de Gomérez era de dos direcciones de tráfico, y había que tener cuidado al incorporarse a la plaza. En la puerta de Correos – donde hoy se ubica el monumento a Colón y la reina católica – había otro haciendo lo mismo con Gran Vía.

La chiquillería los llamábamos “guardias de la porra” porque era la única defensa que portaban, y les temíamos más que a una vara verde, porque si nos sorprendían jugando a la pelota en la calle, nos la quitaban y con una navaja la partían en dos, para que escarmentáramos. Por eso siempre dejábamos a uno vigilando y, en cuanto lo veía aparecer por la calle, gritaba: ¡El guri, el guri!, para que echáramos a correr escondiendo la pelota.

El día dos de enero, se celebraba el “Día del Guardia” y todos los parroquianos les dejaban regalos junto al taburete de Puerta Real desde donde dirigían los vehículos. Pavos, gallinas, cajas de mantecados y de sidra se agolpaban como reconocimiento de los granadinos a su labor, y al sueldo escaso que cobraban. A caballo encabezaban las procesiones de semana santa, la del corpus y la cabalgata de reyes magos. No tenían motos, ni coches patrulla. Sólo alguna bicicleta para entregar las notificaciones, y una moto con sidecar, para su jefe, que era herido de guerra.

LOS PRINCIPIOS

Así era la policía local de Granada en aquellos años cincuenta, y la de muchos otros sitios, pero el asunto es que la cosa venía de siglos antes.

Dicen los que de esto saben, que, para encontrar sus inicios, tenemos que remontarnos a la Andalucía dominada por los árabes. Por entonces encontramos la figura de los, “Derrab”, que recorrían las calles vigilando que no se cometieran delitos. Asistían a la ciudadanía y protegían a los altos mandos, un legado que ha llegado hasta los agentes municipales actuales. Más tarde, en el siglo XII, surgieron los Sayones, los Alguaciles y los Porteros de Vara. Se encargaban de materializar las órdenes que dictaba la Justicia y nos han dejado algunas curiosidades. Los Sayones, por ejemplo, se ganaron bastante mala reputación, y no es extraño que hoy la palabra “sayón” se refiera a un hombre que destaca por su ferocidad. El de los Porteros también tiene su sentido: llevaban una vara de madera flexible que utilizan como arma. Su labor era tan reconocida que, de los setenta y siete artículos de las capitulaciones que los reyes católicos le ofrecieron a Boabdil para entregar Granada, uno recoge expresamente la figura de los alguaciles, como precedentes de lo que hoy conocemos como policía local:

“Todos los funcionarios y empleados de la administración nazarí, desde el sultán hasta los siervos, pasando por los alcaides, cadís, meftís, caudillos, alguaciles y escuderos serán bien tratados y recibirán un sueldo justo por su trabajo. Se respetarán sus libertades y costumbres”.

 Avanzando en la historia, se advierte que muchos de los antepasados de los agentes municipales, coincidieron en algún punto de la historia. Los Porteros de Vara existieron hasta mediados del siglo XIX, mientras que, ya en el XVIII, los Salvaguardas del Pueblo habían comenzado con sus patrullas. Se trataba de un cuerpo creado por el rey Carlos III, formado por más de 1.000 hombres que se dedicaban a hacer rondas de vigilancia. Viajando 50 años hacia delante, el panorama era distinto: de lo que más se hablaba era de los “Mangas Verdes”,  - por el color de sus bocamangas- cuya lentitud a la hora de acudir a las llamadas de auxilio de la población derivaría en el dicho: “a buenas horas, mangas verdes”. ¡Nada que ver con la velocidad que hoy permiten los coches patrulla!

 

ACADEMIA

 

Viendo de dónde venimos, no hay más que felicitarse por los avances que este cuerpo ha experimentado en cuanto a su formación académica, la diversidad de los servicios a prestar al ciudadano, su capacitación y adiestramiento para los tiempos que corren. La Policía Local de Granada, goza de un merecido prestigio por parte de los ciudadanos, que reconocen su labor y puesta al día, para ofrecer un mejor servicio y seguridad a la población. Con el paso de los años, los agentes fueron ganando cada vez más medios para cumplir con sus responsabilidades. En ciertos servicios y áreas, todavía es posible encontrar a profesionales a caballo o en bicicleta, aunque ambos han encontrado un fuerte rival en las motos, sin olvidar alguna experiencia de artilugio eléctrico, parecido al de las visitas turísticas. Durante varios años y hasta 1955, los conductores a los que los agentes daban el alto huían antes de que pudieran multarles, ya que carecían de motocicletas o coches para perseguirlos.

Pero hoy se trata de un cuerpo con distintas funciones, adaptado a los nuevos tiempos, en el que la mujer también ha conseguido su inclusión, a pesar de la extrañeza que en algunos ciudadanos pudo causar su llegada en igualdad con el hombre. Un asunto más que superado por el grueso de la población, que ve con normalidad el acceso de la mujer al ejército y demás cuerpos y fuerzas de seguridad del estado. Los principios no fueron fáciles. Observen como el caballero de la foto, vuelve la cara con extrañeza, cuando ve a dos policías locales mujeres, regulando el tráfico en la Gran Vía. Eran otros años. Feliz Día del Patrón.

 

 

 

 

domingo, 15 de octubre de 2023

PAN TUMACA

 


PAN TUMACA

 

Tito Ortiz.-

 

Hubo un tiempo –yo lo he vivido- en el que la simpatía de Granada por el pueblo catalán, era evidente. Estos afectos nos venían dados, fundamentalmente, porque en los años sesenta fueron muchos nuestros paisanos que tuvieron que emigrar huyendo de la miseria, y el pueblo catalán los acogió, les dio trabajo y la oportunidad de prosperar, cuando aquí se les negaba. Eran tiempos de maleta de cartón, hatillo con hogaza y libra de tocino, billete de tercera en tren con bancos de madera, viaje de dos días y a buscarse la vida fuera de casa lejos de la familia. Aquellos granadinos pioneros de la emigración a Cataluña, aceptaron los peores trabajos para los que no hacía falta cualificación, y con gran esfuerzo y sacrificio lograron, unos reunir a la familia tiempo después en esa tierra de acogida. Otros, ahorrar para regresar y vivir con mayor desahogo fruto de lo ahorrado.

Cataluña se nutrió de una mano de obra en los años del desarrollismo, imprescindible para contemplar ahora su nivel. Frente a la histórica predisposición a la industria textil, se invirtió en nuevos sectores como la metalurgia, la industria papelera, la química, cerámica, el sector energético y el de la construcción. Para que nos hagamos una idea, la población de la comarca del Baix Llobregat, de 1930 a 1970 se multiplicó por dieciocho. De 1940 a 1975 los emigrantes del Barcelonés, el Vallés Occidental y el Baix Llobregat representaban el 52.9% de la población total de Cataluña, de ahí que, el crecimiento económico esté ligado íntimamente al demográfico. El PIB catalán, de 1960 a 1970 creció a un ritmo de un 7.9% anual. En quince años dobló su renta gracias a una alta producción de bienes manufacturados y una mayor capacidad adquisitiva de la población.

 

PERMEABILIDAD SOCIAL

 

Cataluña se benefició de nuestra emigración, mientras que nuestros paisanos dejaron de pasar penurias, comprobando que la prosperidad era posible, aunque fuera lejos del terruño, así que el agradecimiento y reconocimiento eran mutuos. De hecho, sin prisa, pero sin pausa, les fuimos dando a conocer nuestras costumbres, rituales, folklore, pudiendo asegurar que la adaptación entre culturas ha sido aceptable, durante mucho tiempo

Aquí siempre hemos dicho desde entonces que, la novena provincia andaluza estaba en Cataluña, debido a ese millón de paisanos, que desde hace varias generaciones, ya se han convertido de nacimiento y convicción, en unos catalanes más. No hay que olvidar que –incluso- dentro de los más radicales defensores de la independencia catalana actual, hay varios descendientes de aquellos andaluces pioneros de la emigración a Cataluña en los años sesenta del siglo pasado. Hijos de andaluces nacidos en aquella tierra, y que se identifican, no con las raíces de sus padres, sino con las de la que los ha visto nacer, y que los ha conseguido para su causa independentista. Un hecho real y no visto con buenos ojos por aquí abajo, en líneas generales, debido a la radicalidad de los planteamientos, fuera del orden constitucional vigente.

 

CULÉS SIN HABLAR CATALÁN

 

Hubo un tiempo en que la simpatía aquí, por el Barcelona Club de Fútbol, era tan evidente, que muchísimos aficionados al Granada, lo eran también del equipo catalán, proliferando por decenas, las peñas dedicadas al equipo culé en toda la provincia. Durante el franquismo, esta afición al equipo barcelonés tan lejos de Cataluña, sirvió también para distanciarse del régimen, ya que se identificaba, en líneas generales, a los aficionados del Real Madrid, como adeptos a la dictadura, mientras que a los barcelonistas se le tildaba de antifranquistas. Todo esto recogido con las lógicas excepciones.

Lo cierto es que, desde hace unos años, cuando resurgió el movimiento independentista catalán, ya son muchos los aficionados al equipo culé de estas tierras, que reniegan de tal afición, y se han llegado a cerrar muchas de las peñas dedicadas al barcelonismo en nuestra región.

No obstante, los andaluces y granadinos, cada vez con más fuerza, testimonian en tierra extraña, cada vez con mayor entusiasmo, el apego a nuestras raíces, celebrando con inusitada contundencia el día de Andalucía en Cataluña, La Feria de Abril, y La Romería de El Rocío entre otras muchas tradiciones, en total convivencia pacífica, con quienes los acogieron en su momento y les dieron pan y trabajo.

 

LA FUENTE DE CANALETAS

 

A principios de los años ochenta del siglo pasado, la armonía entre nuestros pueblos era tal, que al pan tumaca nosotros le añadimos un buen jamón de la Alpujarra, sin cobrar derechos de autor. El alcalde de Barcelona, Narcís Serra, que después sería vicepresidente del gobierno y ministro de defensa, enamorado de nuestra ciudad, y de su Festival Internacional de Música y Danza, dado que él contaba con formación musical, que con frecuencia le hacía ponerse al piano y no desentonar en absoluto, quiso tener un detalle con Granada, viniendo a regalarnos, una copia de uno de los símbolos históricos de Barcelona en su Rambla: La Fuente de Canaletas, que junto a nuestro alcalde Antonio Jara, tuvo a bien inaugurar en las inmediaciones de la antigua Hípica. Todo ello constituyó un día de fiesta para las dos provincias, que desde entonces se vieron hermanadas por un monumento que, en el caso de Granada tiene un gran significado también, pues somos conocidos por la ciudad del agua y la monumentalidad de sus fuentes históricas que aún se conservan. En la foto de Juan Ortiz, los dos alcaldes sonrientes, acceden al corte imaginario de una cinta, que unía para siempre, dos provincias tan diferentes y tan agradecidas entre sí. El agua que todo lo cura, pudiera hacer posible un acercamiento entre hermanos que, pudieran en estos momentos estar distanciados. Yo tiendo mi mano el primero.

 

domingo, 8 de octubre de 2023

… PARA UN INSTANTE

 


… PARA UN INSTANTE

 

Tito Ortiz.-

 

Conocí a Pepe Cantero, en la segunda mitad del siglo XX, cuando yo dirigía el grupo de Teatro de Juventudes Musicales, Manuel de Pinedo, El Teatro Popular, y otra gente entusiasmada por las tablas, intentaba abrirse camino en el arte de Talía, en una Granada que había permanecido adormilada, desde los tiempos de Pepe Tamayo, La Agrupación Lírica Francisco Alonso y La Álvarez Quintero, en la que, de alguna forma, nosotros representábamos el nexo de unión para el futuro. Fueron años en los que incluso, la Universidad de Granada, viendo el florecimiento teatral en nuestra ciudad, puso en pie un mecanismo aglutinador de tantas iniciativas independientes, a las órdenes del catedrático, José Luís Valverde, a cuyas reuniones asistíamos entusiasmados y esperanzados, en protagonizar grandes proyectos para la escena con la marca “Granada”.

Lo mejor de esta iniciativa era sin duda, la charla posterior ante un chato de vino, ideando nuevos proyectos, nuevas representaciones, aprovechando el teatro del Centro Artístico, siempre dispuesto a la colaboración con todos, y el nuevo espacio escénico de la Facultad de Ciencias. El Isabel La Católica, nos quedaba fuera de presupuesto, como en el horizonte lejano del trabajo a realizar. Pero fueron años muy gratificantes, en los que se pusieron los espartos para avanzar en el arte de Talía granadino, contando además con la colaboración de los críticos teatrales de la prensa local, o sea, Pepe Ladrón de Guevara en Ideal, y Emilio Prieto en Patria y La Hoja del Lunes.

LA RADIO

Pepe Cantero no es un actor al uso. Una de sus pasiones es La Radio, con mayúsculas. Lo escuché por primera vez en la desaparecida, “La Voz de Granada”, y desde entonces, su timbre personal, su entonación e interpretación, me hicieron profundizar –más si cabe – en mi vocación. Pepe, no es un entusiasta de la radio como medio de comunicación… Es un enfermo irredento. La lleva en las venas, hasta el punto de que seguimos teniendo pendiente un proyecto ilusionante: Volver a llevar el teatro a la radio, en aquella emisora que nos lo permita. Somos niños que crecimos con los seriales radiofónicos como, Ama Rosa, o Lucecita, con las voces de grandes maestros para la historia de la radiodifusión, al estilo de los guiones de, Guillermo Sautier Casaseca, interpretados por Rafael Barón, Matilde Vilariño, o Joaquín Peláez, nuestras voces de referencia, en aquel irrepetible grupo de actores de Radio Madrid. Pero lo nuestro es puro teatro. Sentí mucho no poder contar con él, cuando grabé en los estudios de Radio 80, El Tenorio, dirigido por Manuel de Pinedo, pero es que Pepe ya se había ido a Madrid, para ingresar –según deseo de su familia- en el Cuerpo Nacional de Policía, aunque el niño salió revoltoso, y se nos matriculó en arte dramático. Por eso desde entonces mantengo con él esta deuda que no saldaremos hasta que emitamos por cualquier emisora, una obra de teatro de nuestros clásicos, o contemporáneos, que nos da lo mismo, el asunto es hacerlo antes de que a uno de los dos, se nos caiga el telón. Esto último me lo podía haber ahorrado, pero es mi malafollá innata. No lo puedo remediar.

LA ZARZUELA

La formación y experiencia de Pepe Cantero, le permite entonar con solvencia el género lírico, sobre todo si es dirigido por Miguel Sánchez Ruzafa, del que me confieso admirador rendido. Una “panoja” de zarzuelas interpretadas en el Isabel La Católica, así lo acreditan, y aunque está capacitado para todo tipo de papeles, he de reconocer que su faceta de tenor cómico, no admite comparaciones, por su especial gracejo y contundente interpretación.

Viéndolo en el escenario junto al coro, el tenor y la soprano, recuerdo con gran cariño, aquella televisión en blanco y negro de los años sesenta en mí casa, cuando los domingos por la tarde, se transmitía desde el teatro de La Zarzuela de Madrid, la representación programada del mal llamado, género chico. Pues tengo en mi memoria una versión excepcional de, “El Huésped del Sevillano”, en la que un emergente meritorio llamado, Pepe Sacristán, interpretaba al escudero del protagonista, en una actuación mítica que arrancaba los aplausos del respetable, augurando –sin duda- la gran proyección actoral que posee el de Chinchón, a estas alturas de su vida.

EL CINE Y OTRAS SERIES

Camino del centenar de películas y series en las que ha intervenido, el actor granadino tiene un palmarés envidiable, y lo que es mejor, el reconocimiento de todos los actores y actrices con los que ha trabajado, en una faceta tan difícil como es la de no oscurecer al protagonista. Tocar una puerta y entregar una docena de pasteles, sin que esto trastoque la escena o acarree perder el hilo conductor, solo lo saben hacer bien los elegidos. Entrar entre bambalinas y entregar un sobre, con un simple: “Una carta para usted señor”. Es de una delicadeza extrema, para no hacer perder la concentración del resto del reparto, y que la escena continúe. Pero la misma eficacia se requiere del actor, para todo lo contrario. Un chiste en el instante preciso, una mirada de pánico, o un tropezón bien medido, levantan la carcajada en el tiempo requerido por el autor, salvando una escena del naufragio.

Y si hablamos de su militancia granadina, con él se rompió el molde, porque fue uno de los primeros en atender compromisos muy importantes de trabajo, habiendo trasladado de nuevo su residencia a Granada. A éste no lo echamos de aquí ni con agua hirviendo. Dicho lo cual, convendrán conmigo que, el cómico granadino, Pepe Cantero, es un lujo de Granada, y como amigo… Dos.

 

domingo, 1 de octubre de 2023

 


A TROTECITO LENTO…

 

Tito Ortiz.-

 

Mi admiración por el caballo viene desde que tengo uso de razón, y mis padres me hicieron aquella primera foto, a lomos del de madera que el fotógrafo tenía en la plaza de Bibarrambla, entrando por la calle Príncipe. Ya en la escuela, comenzamos a estudiar caballos históricos como, “Babieca” del Cid Campeador, “Rocinante” de don Quijote, o “Bucéfalo” de Alejandro Magno. Yo que, me confieso desde entonces como admirador irredento del caballo, me interesé mucho por ejemplares tan extraordinarios como, “Marengo” de Napoleón, y las distintas razas. Mi preferida es el Pura Sangre, pero no desdeño otras como el Árabe, del que tanto sabe la granadina, Ana de La Chica, presente desde los cinco años en competiciones nacionales e internacionales, con un palmarés extraordinario, y que tanto hace por este deporte desde su Centro Hípico Nevada. El caballo Español Puro, que tiene su catedral en Jerez, en La Real Escuela Ecuestre de fama mundial, o La Yeguada Militar que, con su labor, a veces, demasiado callada, mantiene la tradición de Carrera y Tiro, de manera admirable. Y una de las joyas de nuestra corona, El Cuarto de Milla, que puede alcanzar más de ochenta kilómetros por hora, único en su especie.

Por todo lo anterior expuesto y, por lo que sigue, no es de extrañar que fuera yo, uno de los primeros en inaugurar al principio de la década de los setenta del siglo pasado, el picadero “Caballo Blanco”, donde pasaba las mañanas de los domingos, sobre la silla de distintos ejemplares de alquiler, recorriendo las choperas cercanas y disfrutando de la monta, con la complicidad de aquellos ejemplares, nobles y briosos. Después pasé a La Lancha de Cenes, y a continuación a Sierra Nevada. El último paseo por el Parque de doña Ana, llegando hasta la playa, ha sido de verdadero encanto y disfrute para el cuerpo y la mente. Vamos, no sé si se habrán dado cuenta, pero soy un enamorado de los caballos, incluso de rejoneo, como el mítico “Cagancho” de Pablo Hermoso de Mendoza, cuya muerte lloré como un niño.

“MATAJACAS”

Era “Matajacas”, un subteniente del ejército de tierra, que presumía de lucir La Cruz Laureada de San Fernando, la máxima distinción española para hechos heroicos de guerra, que sólo una persona más tenía concedida: El general Franco. “Matajacas” decía haberla obtenido por su valentía en la defensa del Peñón de La Mata, en Cogollos Vega. Hasta casi la década de los años setenta del siglo pasado, “Matajacas”, se paseaba por el centro de Granada, con su uniforme militar, a lomos de una jaca blanca, perfectamente adiestrada para su recorrido, que comenzaba en las bodegas Castañeda, donde el subteniente daba cuenta de su acreditado vermut, mientras la jaca permanecía paciente en la puerta de la calle Almireceros. Sobre el brioso corcel, proseguía el recorrido hasta el bar “Jandilla”, donde después del chato de vino, la desataba de la aldaba en puerta del Corral del Carbón, y andando se dirigían ambos hasta el cercano Cisco y Tierra, la jaca siempre dos pasos atrás del militar, como manda el reglamento. Era aquel el momento que aguardaba “El Mananas”, con su mono azul, el yugo y las flechas de Falange en el pecho y sus botas militares acharoladas, para dejar impecables las de montar de “Matajacas”. El animal aguardaba paciente en la puerta de la Casa de Socorro, hasta que su amo le silbaba, y ésta se disponía a ser montada hasta Los Mariscos, junto al teatro Cine Regio, donde don Mariano Méndez, salía a acariciarle sus blancas crines. La siguiente estación era el club taurino, donde “Matajacas” ya no descabalgaba, y se hacía servir en la puerta el caldo correspondiente. De ahí, a la taberna del Elefante en Puerta Real, en la que El Bueno de Enrique y su mujer Encarna, atendían con esmero al habitual cliente, no sin elogiar la extraordinaria doma de aquel animal bendito, henchido de paciencia que, con solo un gesto de su dueño, sabía lo que tenía que hacer. Sobre la cabalgadura de nuevo, el borlo de su gorro de barco, le iba golpeando la nariz al ritmo sereno de la yegua postinera y elegante, que era la envidia de todos los paseantes, y de ésta guisa, el animal proseguía su ruta hasta la misma puerta de la basílica de nuestra patrona, donde sin ser avisada, giraba su cuerpo a la derecha para enfrentar la puerta, y con el jinete sobre sus lomos, la jaca se arrodillaba de sus manos delanteras, haciendo genuflexión a la virgen de las Angustias, mientras “Matajacas”, permanecía en el primer tiempo del saludo militar. Arrancados los aplausos de los presentes, al comprobar aquella escena, la jaca recuperaba su posición inhiesta, y lentamente giraba hacia la puerta del bar de los hermanos Granados, donde su jinete repostaría de nuevo. Allí aguardaría una vez más paciente, atada a la reja.

MEJORANA

Como un granadino más, “Matajacas” no podía resistirse a volver a casa, sin degustar aquella maravilla de vino, al que los Granados pusieron por nombre, “Mejorana”, cuya composición fue siempre un secreto, del que solo se sabía que era Luís el encargado, cada noche después cerrar el establecimiento, de hacer la mezcla correspondiente, en sus exactas proporciones de una barrica a otra, para que a la mañana siguiente, los parroquianos pudiéramos saborear aquella maravilla de color indefinido, chispeante al paladar como un afrutado, ayuno de taninos, con una entrada en el gaznate de peligro indefinido, pues si insistías en que llenaran, la voltereta era de tres trayectorias, rozando la Femoral.

Honor y gloria a los hermanos Granados y, a los caballos de nuestros recuerdos.