martes, 25 de abril de 2017
NO PUEDE SER DELITO
NO PUEDE SER DELITO
Tito Ortiz.-
No hago más que darle vueltas, y por mucho que lo intento, no acierto a comprender que pueda ser delito. No puede ser delito, saber que gana un alcalde, cuando lo que cobra, sale del bolsillo de todos los ciudadanos. A veces parece que no han pasado cincuenta años, parece que no hemos hecho una transición democrática, es como si una involución a tiempos pasados, nos impidiera a los que pagamos las nóminas, saber que cobran nuestros gobernantes y en concepto de qué. Cuando depositamos la papeleta en las urnas y los elegimos para que nos gobiernen, los estamos contratando en unas condiciones inmejorables, para que realicen su trabajo. Entonces, ¿Por qué es delito saber lo que les estamos pagando? El delito -si existe- debe estar en otra cosa que se me escapa, y por lo tanto, no entro a valorar. Pero que yo sepa, saber lo que gana mi alcalde, me parece de lo más normal, o debería serlo en un país libre y democrático. Otra cosa es que esto, ya no se parezca nada a un país europeo, y vivamos sin saberlo, en una república bananera, gobernada por pillos que ocultan su patrimonio y como lo consiguen durante el tiempo de gobernanza, que a juzgar por sus visitas a los juzgados, ni ha sido transparente, ni bien intencionada. El callejón de Nevot, ya no es callejón, es una amplia avenida, con alturas fuera de la ley, castigadas en segunda instancia a precio de saldo.
Si es delito ir en moto sin casco, adoptar posturas que rayan la ineducación y las buenas costumbres, negarse a identificarse por ser la señora de… y además, sentirse perseguido por la autoridad, por el hecho de ser sancionada con todo el peso de la ley a favor de la policía. Ser una autoridad, no significa poder saltarse la ley, pero además, obliga a un trato exquisito con los agentes que la hacen cumplir todos los días. La derecha granadina tiene ejemplos de éstos en los últimos años para escribir un libro, o una historia de terror. Alfonso Carlos en descapotable sin cinturón. Militantes populares que aparcan en zona prohibida, y montan en cólera cuando son multados. Altercados con la grúa, mamás y papás populares, que llevan y recogen a sus hijos del colegio, aparcando en tercera fila, taponando vados, todo es válido se perteneces al partido. Deber ser algo genético dentro de sus filas, pues la espantosa escena de, Esperanza Aguirre, atropellando motos policiales y fugándose a su domicilio, es un clásico de la España que ellos/as representan. Una España que se reconcilia una vez más con la justicia, viendo a su presidente sentado en el banquillo. La higiene democrática, es un concepto que aún no es asumido por algunos militantes de la derecha, que campan a sus anchas con credencial de cargo electo, para vergüenza de muchos de sus propios compañeros, porque me consta que en ese partido hay gente honrada, con espíritu de servicio, pero han permitido que se les unan otras individualidades, que no hacen más que enrojecer la faz, de quienes con el talante propio de estos tiempos, desearían verse libres de la carga que estos personajes, dignos de un sainete de los hermanos, Joaquín y Serafín, significan. La España de la pandereta, circula por nuestras calles con el carnet de la gaviota.
miércoles, 19 de abril de 2017
GARRAFÓN Y PAYASADAS
GARRAFÓN Y PAYASADAS
Tito Ortiz.-
Sé de lo que hablo. Soy uno de los que tuvieron que salir huyendo de Mojácar, gracias a las despedidas de soltero. Durante años disfruté de un apartamento frente a la playa del Cantal, pero tuve que tomar las de Villa Diego, ante el peligro inminente de perder el juicio por falta de descanso. Cuando yo descubrí Mojácar, aquello era el paraíso, comparado con la ruidosa y abarrotada Almuñécar. No lo dudé. Cogí los bártulos y me trasladé con los míos. Pero a los pocos años, el descanso desapareció de nuestras vidas, y el estrés por falta de sueño le fue ganando terreno al idílico lugar. Empresarios sin escrúpulos y jóvenes desvergonzados por el alcohol y las drogas, convirtieron las playas de Mojácar en un infierno para los mortales. Los responsables de tal desatino eligieron, entre un turismo de sol y playa familiar, y el de las despedidas de soltero de toda España, optando por la segunda opción. Músicas para ensordecer, perfectamente audibles desde las costas de África, dieron paso a una muchedumbre de hombres y mujeres disfrazados o desnudos, ebrios o drogados, que a cualquier hora del día y de la noche, preferiblemente desde la madrugada hasta el mediodía, se dedicaron a molestar al prójimo, impidiendo sobre todo el descanso de niños, mayores y ancianos.
Sé que las despedidas de soltero son, un suculento negocio para determinados empresarios, a los que poco les importa el respeto a los demás, sino su propio beneficio. Porque eso sí, a los únicos que beneficia es a ellos, ni siquiera a los que se divierten molestando a los demás, porque esos, con digerir lo que llevan en el estómago y en las venas, ya tienen bastante. En el pecado llevan la penitencia. Los que permiten que en su local se celebre una despedida de soltero, les imponen número de copas, calidad de las mismas y un horario. Luego a partir de eso, echan a decenas de incontrolados a la calle, y estos la toman como si fuera la pocilga de su casa, sin respetar a nada ni a nadie. No en vano, ya he observado que algunos juiciosos hosteleros, han colocado carteles a las puertas de sus negocios, en los que se lee que, no se sirven bebidas a despedidas de soltero. Se han dado cuenta ya de que, a quienes les dejan los dineros es a los locales donde comienza la fiesta, después, una vez en la calle, los “simpas” y las agresiones, es lo que recogen los que se atreven a servirles, además de vomitonas y excrementos con orines. Desde hace algún tiempo, compruebo con horror, que si salgo a pasear con mi nieto de tres años de la mano, él me va anunciando antes de que yo los vea, a unos tipos raros que vocean y se tambalean – el otro día por la Plaza del Carmen – disfrazados de esperpénticas maneras. Un treintañero, vestido solo con un enorme pañal y chupete a juego, iba soportado por otros dos, entre risotadas y carcajadas, como de estar fuera de sí. ¡Yayo, mira, con pañal, como yo! A lo que le respondí con una sonrisa, sin atreverme a explicarle lo que estábamos viendo. Como a las dos horas, y cuando creíamos que ya lo habíamos visto todo, sentados a las puertas de “La Chicotá”, vimos pasar una procesión de beodos, todos con la misma camiseta, en la que se leía y vaticinaba, la muerte de otro que iba delante, vestido de Pipi Calzaslargas, con peluca amarilla de enormes trenzas. A la pregunta de mí nieto, le respondí que era una chica, la señorita Langstrumpf, que iba corriendo buscando a su caballo, “Pequeño Tío” y a su mono, el señor, Nilsson. Lo dicho, el que avisa, no es traidor, y a buenos entendedores, pocas palabras bastan.
sábado, 15 de abril de 2017
UN PAR DE MOMENTOS
UN PAR DE MOMENTOS
Tito Ortiz.-
Seguramente ésta de 2017, ha sido una de las semanas santas más completa de los últimos años. La gente la ha vivido en la calle con auténtico entusiasmo, y el acompañamiento a las distintas hermandades ha sido muy positivo. Una semana de maduración cofrade, con una puesta en escena de notable alto con algunas – pocas – excepciones. El Lunes Santo, en la calle realejeña de Santiago, se vivieron momentos muy emocionantes, cuando desde el patio de Las Comendadoras de Santiago se presentaba el paso de misterio del Huerto de Los Olivos. Hasta cuatro marchas enlazaron los costaleros, en un trabajo de auténtico primor, para poner el conjunto escultórico del maestro de Churriana, Domingo Sánchez Mesa, frente a loa puerta de entrada al convento, para que las monjas, un año más, le cantaran a su Cristo con la polifonía sencilla de quienes en clausura, aguardan cada año ese momento, que solo unos privilegiados podemos vivir con el paso atravesado en la calle. Si el trabajo costalero fue de nota alta, no lo fue menos el acompañamiento musical de la banda de Jesús Despojado, derramando en cada nota, esa experiencia y ese crédito cosechado ya por los años de buen trabajo musical. Pero si trabajo del paso de misterio fue sorprendente, no lo fue menos, el de la Virgen de La Amargura. La Señora del kilómetro cero del Camino de Santiago, fue paseada por las calles de la ciudad, con el mimo y loa galanura de una cuadrilla, que ávida de efectismos impropios, mecen con la elegancia de los elegidos a María Santísima de La Amargura. Contaban con un buen incentivo. La interpretación musical de la banda que este año ha dado el aldabonazo en la semana santa de Granada, para decir que hay que contar con ellos. La municipal de Armilla bajo la dirección de, José Melchor Perelló Lavilla. Esta Asociación Musical San Isidro, ha sonado esta semana como hacía tiempo que no lo hacía un grupo de músicos detrás de un paso, convirtiendo la actividad de ocho días, en el epicentro de una categoría musical, comentada por todos los cofrades de buen oído. La banda cuenta con su propia escuela de educandos, lo que le proporciona una cantera inagotable de buenos profesionales, a lo que se une, la amplitud de su repertorio, abordando a lo largo del año, desde la copla, al pasodoble, pasando por las composiciones más diversas. Su escuela infantil es un fiel exponente de un trabajo desde la temprana edad en la que se pueden observar, vocaciones que muy bien pueden terminar en la profesionalidad. Sus conciertos se cuentan por éxitos, y el resultado de su formación se ha visto en las calles de una ciudad, que echaba de menos una banda que sien do compacta, tuviera la sensibilidad de convertir cada acompañamiento a un paso, en un concierto al aire libre en toda regla.
martes, 11 de abril de 2017
SIN COMPLEJOS
SIN COMPLEJOS
Tito Ortiz.-
Por entonces en el Albayzín, decíamos: Prucesiones. Mi niño - angelico - sale en una prucesión, y eso fue lo que mi madre le dijo a los vecinos, el Martes Santo de 1960, cuando por primera vez, vestí el hábito blanco, de lienzo moreno con bocamangas rojas, de la Virgen de La Aurora. Lo había recogido en la Calderería Vieja, en el local de Antonio El Zapatero, nacido en Diezma, y que tras la guerra, se aposentó en el barrio para poner tapillas a los tacones, protectores metálicos en las suelas,como si todos fuéramos a bailar claqué, y medias suelas. Antonio, tenía un sobrino pintor de brocha gorda, mayordomo de la Aurora, que cedía el local de su tío para la recogida de los hábitos a pocas fechas de la semana santa. Más de tres días estuvo mi madre con varios pliegos de papel de estraza, y la plancha de carbón a toda mecha, quitándole las manchas de cera al hábito. Después vino el planchado, y una vez liso el capillo y el fajín, todo se colgó en una percha a la espera de la tarde del gran día: El Martes Santo. Me pusieron los zapatos de la primera comunión, estrené calcetines de perlé y guantes blancos a juego, y cuesta de san Gregorio arriba, me dispuse a realizar mi primera estación de penitencia. Días antes, había recibido el bautizo de todo auroro que se precie. Entrando a la Iglesia de San Miguel El bajo, cerca del altar mayor y a mano derecha, se abría un oscuro y lúgubre pasillo sin luz, en el que todos los novatos éramos presa de los veteranos. Se trataba de adentrarse en el túnel sin luz, alumbrado por un trozo de vela que te hacían portar en la mano, para ir a buscar un candelabro. El asunto era que cuando ya estabas como a la mitad del recorrido, una imagen de un Cristo atado a la columna que no era la titular, te cerraba el paso, y hasta la respiración, por la tosquedad de su acabado, situación de abandono, y el lugar que ocupaba en la negra gruta, solo apta para asustadizos como yo. Mis gritos de miedo retumban aún por el Carril de La Lona, y a partir de aquel día, he vivido la semana santa de mi tierra con pasión y con orgullo.
Los cofrades nacidos en la década de los cincuenta, tenemos el orgullo de haber presenciado la incomparable transformación a positivo de nuestra Semana Santa. Incluso algunos hemos puesto nuestro granito de arena para que ello sea posible. Nuestra actual semana santa, no tiene nada que envidiarle a ninguna otra del suelo patrio, y además, cuenta con la belleza de un paisaje histórico por el que discurre, que nadie posee. Lo que nos faltaba, después de la revolución costalera, era renovar el patrimonio de nuestros pasos y tronos, y eso ya está conseguido, teniendo en cuenta que nuestra imaginería, es de primer orden. Sólo nos queda una asignatura pendiente: Conseguir de nuestro ayuntamiento, la cesión de un edificio noble y céntrico, donde con la generosidad de todas las hermandades, incluídas las de gloria y sacramentales, poner en pie el Gran Museo de la Semana Santa de Granada, donde a lo largo de todo el año, los miles de turistas que nos visitan, tengan la oportunidad de admirar y valorar, la riqueza de nuestro patrimonio cofrade, a la altura del más exigente, pues no hay que olvidar, que nuestras hermandades y cofradías, cada una a nivel individual, posee ya una riqueza artística tal, digna de ser admirada. No dejemos que esos tesoros cofrades sigan escondidos en nuestras iglesias y casas de hermandad. Hagamos un Museo, como Dios manda.
martes, 4 de abril de 2017
ESTOY VIENDO A LOS PADRES
ESTOY VIENDO A LOS PADRES
Tito Ortiz.-
Cada vez que veo a un puñado de preadolescentes dar una paliza a un igual, y colgarla en las redes sociales, estoy viendo a sus padres. Lo satisfechos que estarán al comprobar que sus hijos, han heredado toda su educación, todo su civismo y todas sus buenas costumbres. Me ocurre lo mismo con los “machitos” de instituto, sexadores con patente de corso, para decidir quién es hetero, homo, tranx o lesbiana, proporcionando toda clase vejaciones y violencia, a los diferentes por cualquier razón, que puede ir desde una discapacidad, a un color de piel distinto al de ellos. Estoy viendo a sus padres. Por eso no me extraña esa pintada en morado que ahora está de moda: “Contra el machote, Machete”. Claro, las criaturas tienen que defenderse de tanto cabestro, que amparado en la pandilla que le ríe las gracias,- porque éstos “valientes” solos, uno a uno no son nadie – campan a sus anchas por un mundo de excesiva violencia, en el que la ley del más fuerte es la que prima, por encima de la razón, la cordura, y el respeto a los demás. En ellos veo a sus padres. Igualmente veo a los padres de los menores de edad que cada fin de semana hacen botellón y llegan a casa de día y embriagados. Son un fiel reflejo de sus progenitores. Aunque a veces no hay que imaginárselos. En cualquier programa de terror en TV, o sea, en un telediario cualquiera, podemos asistir a la degradación del ser humano más abyecta, comprobando como en un partido de la liga infantil de fútbol, los padres saltan desde la grada al campo para agredirse con brutalidad manifiesta, por un intento de zancadilla, o una carga legal. Y ahí ya no tengo que imaginarme a los padres. Ahí los he visto con mis propios ojos, para vergüenza del ser humano y toda su descendencia. Veo a los padres que hay, detrás de cada autor de una pintada al patrimonio artístico de mi ciudad, con la misma claridad con que veo a los padres del asno que escupe el chicle al suelo, quema un contenedor, o dobla una señal de tráfico hasta tumbarla, mientras una corte de descerebrados, - compañeros de clase y amigos se hacen llamar – se ríen a carcajadas esperpénticas, nacidas de la ignorancia y la falta de educación y respeto. Aunque no los conozco, ya he visto a los padres de esos menores que hace unos días no tuvieron otra ocurrencia para engrandecer su espíritu, su cultura y su formación humanista, que apalear a un indigente en Albolote, hasta mandarlo al hospital. Viendo la obra de sus hijos, ya conozco a sus padres, son del mismo grupo que piensa, que a los hijos se les manda al colegio y al instituto para que los eduquen los profesores, que lo de aprender es lo de menos y que en casa, lo que hay que hacer es darles todos los caprichos para que no protesten y así todos tan contentos. Son padres amigos de sus hijos. ¡Que error! Lo que no saben es que tienen todas las papeletas, para ser en un futuro muy próximo, padres agredidos por sus propios hijos, padres de asesinos u homicidas, padres a fin de cuentas, fracasados, de una sociedad corrompida, que han echado a la vida, o quién sabe si a la muerte, a una caterva de insensatos asilvestrados, cuyo pecado fue nacer en el seno de una familia, cuyos padres no son ejemplo de nada, sino todo lo contrario.
martes, 28 de marzo de 2017
ESCOLÁSTICO, VIENE DE ESCUELA
ESCOLÁSTICO VIENE DE, ESCUELA
Tito Ortiz.-
Una escuela viva y permanente, eso es Escolástico Medina. Un periodista de raza, de los de antes, un todo terreno que ha tenido la fortuna y la sagacidad de estar con los más grandes, entrevistarlos y contar con su amistad, gracias a eso que ahora no se lleva en la profesión: La discreción. Un don de incalculable valor, para el que no todos los periodistas estamos capacitados, en éste mundo de primicias, confidencias e infidelidades de alcoba. Tico Medina es un referente, para esta profesión que también cuenta entre sus filas, con desalmados, intrusos y advenedizos sin graduación. Lo vivido la semana pasada, en el programa de mayor audiencia de la televisión andaluza, no es más que el desencuentro entre un periodista que quiere llegar al fondo de la noticia “real”, y otro que por razones de amistad y respeto con el personaje de la noticia, camina sobre la línea de una verdad más amplia. Las dos posturas son comprensibles, pese a que el primero no consiga el titular, y el segundo, en un regate de veteranía, quiera salvar los muebles reales de una estancia, que a juzgar por las evidencias grabadas, son difíciles de defender, a no ser que se anteponga la lealtad y la amistad hacia la máxima institución emérita. Yo soy de Tico Medina hasta la médula, y no solo por razones de paisanaje, sino por mi admiración hacia el profesional del periodismo, desde que yo despertaba a ésta bendita e ingrata profesión. Desde que tuve el honor de compartir con él, aquel cuadernillo cultural de todos los domingos en el Diario Patria, al que los compañeros de talleres llamaron jocosamente, “El Tico-Tito”, porque entre los dos, rellenábamos sus páginas de actualidad. Él desde Madrid mandando sus escritos, y yo desde la calle Oficios. Lo escuchaba en la radio, lo leía en el Diario Pueblo, y lo seguía como corresponsal de guerra. Yo quería ser como él. En la televisión, lo tuve como referente junto a su compadre, Yale, cuando solo teníamos una. He visto sus películas y he leído sus libros, y en toda su obra que es mucha, ha sabido dejar siempre los granos de esa Granada, que lleva tatuada en el corazón. Lo admiro, lo reconozco, me reconozco en él y de mayor quiero ser como él. Por eso, después de asistir atónito a lo que ocurrió la semana pasada en directo en nuestra televisión, me pregunto si es necesario pasar por esos momentos, cuando se ha sido, y se es, todo en la profesión. Sobre todo cuando valorado más por lo que callas, que por lo que dices, continúas a pie de trinchera en la actualidad, que tristemente, permite que se te caigan los mitos y los referentes, intentando una defensa honrosa de todo aquello en lo que un día creíste, y hoy se te escapa entre los dedos de la mano, como la Arena Caliente de Los Pekeniques. Querido maestro, no sé si en tu lugar yo seguiría siendo fiel a la amistad real, y al secreto de confesionario regio, pero soy tan tuyo que ni me pertenezco. Siempre estaré de acuerdo con lo que tú hagas, aunque eso me parta el corazón. Soy más de Tico Medina, que Píñar, y si en algún momento me alejo algo de él, no paso de Bogarre. Te quiero maestro.
jueves, 23 de marzo de 2017
LA OTRA JUVENTUD EN GRANADA
LA OTRA JUVENTUD EN GRANADA
Tito Ortiz.-
Se derrama el Galán de Noche, por las tapias encaladas de los cármenes albaycineros, y su aroma, nos hace volver la mirada hasta encontrar sus hojas y flores, tapizando el blanco con su verde, como un surrealista cojín a modo de la enseña andaluza. Su inconfundible perfume, nos sujeta más si cabe a nuestra tierra, porque en ningún otro lugar, se puede disfrutar de su fragancia, paseando por un barrio milenario, en el que se asentaron todas las culturas que nos precedieron. El Albayzín Íbero y romano, de bereberes ziríes y su Alcazaba Cadima, el Arrabal de los Halconeros, los aguerridos zenetes, los constructores de la Alhambra. Ese Albayzín único en el mundo, que ha ispirado a poetas, músicos y pintores, es el que se atreve a competir en belleza con la Alhambra, colocándose frente a ella, consciente de su valía, y de su paternidad, pués desde aquí partían cada amanecer, con el canto del gallo, todos los trabajadores que construyeron el monumento alhambreño, y a el retornaban al atardecer, para comprobar embelesados entre violetas y naranjas de horizonte, la monumentalidad de su obra imperecedera. El Albayzín de cármenes, arriates y parterres, de pilarillos, aljibes y pilones, de agua cantarina perfumada por jazmines, de botijos a la sombra, de mecedoras al arrullo de los pajarillos, de cantes y coplas espontaneas, en la voz de vecinos y vecinas, castizas y bravías, de moño recogido y claveles en el pelo. Una costumbre ya casi perdida incomprensiblemente, la de que la mujer granadina luzca en su cabeza un par de claveles, lo mismo que el hombre lo porte en el agujero de la solapa, sin necesidad de que sea el día de la Cruz, ni el Corpus. El adorno de unos claveles ha sido en otra época moneda corriente y diaria de engalanamiento, que debemos recuperar a toda costa, pues se empieza olvidando una flor en el ojal, y se termina por no saber de donde eres, y ésta tierra se ha significado históricamente, por la guapura de sus gentes, y por ser pionera en tradiciones y costumbres. Fue Granada, la que tuvo una peña taurina femenina y señera: La Madroñera, cuyas componentes protagonizaban un espectacular desfile hacia la plaza, presumiento de mantilla, peineta, claveles y mantones de manila, cuando en otros puntos de Andalucía, no sabían que era eso. Lo mismo que el cuidado de los patios. Nosotros no hacemos concursos, pero siempre hemos tenido una vecina, o varias que se han encargado de que el patio estuviera de auténtica exposición. Yo recuerdo en mi patio del albayzín, como Carmela, una vecina ejemplar, se encargaba de que aquello pareciera un vergel. Tenía Carmela una tijera, la de limpiar el pescado, que manejaba con la técnica de un cirujano plástico. Había que verla por las mañanas, mientras cantaba con poderío, Torre de Arena de Marifé de Triana, como podaba los geranios, hasta dejarlos espercojaos y relucientes, y como mimaba con una balleta impregnada en aceite y agua, aquellas hojas inmensas de las pilistras, dejándoles un verde esmeralda brillante para toda la semana. Competía Carmela con el padre Mundina, y en muchas cosas o lo rectificaba o le llevaba la contraria, pero nuestro patio albaycinero era una puerta al paraiso. El tallo largirucho de las clavellinas, en aquello tiestos de gancho a la pared, parecían fuegos artificiales, repletos de fragancia albaicinera, y carmela cantaba mientras abonaba la enredadera, con mantillo y canela.
Fandango de Graná.
Un granadino de Plaza Nueva que nació ciego en aquella época, estaba abocado a vivir de la limosna y la caridad, pero estuvo protegido y bien aconsejado siempre. Ya de zagalón, la ONCE, como en tantas otras ocasiones, lo formó, lo educó y lo hizo músico. Primero llegaron los clásicos, pero un niño criado en la plaza de Santa Ana, donde el tranvía daba la vuelta, escuchando el quejío diario del Dauro y el lamento de las tres campanas, tiraba a flamenco seguro, y más teniendo en cuenta que en el barrio había dos o tres tabernas, donde afortunadamente no se prohibía el cante, y él, apostado en la puerta, con el oído que dios concede a quienes priva de la vista, se embelesaba escuchando a los aficionados parroquianos, enfrascados en lo más jondo de una seguiriya, ante una cuartilla de blanco en botella con corcho y caña. Vicente, el niño ciego de Plaza Nueva, era flamenco hasta en la postura ante la vida. Con redaños, inteligencia y trabajo, alcanzó a tocar con los grandes y para las grandes, dominó todos los instrumentos de plectro, y se paseó por el mundo llevando el nombre de granaíno, con orgullo. Más, siempre fue discreto en su vivir, y jamás reclamó para sí reconocimiento alguno, sino aquel que quisieron concederle. A mí juicio éste fue escaso y de bajo fuste, de acuerdo a todos sus merecimientos, pero a Granada le sale la vena de madrastra con tanta frecuencia, que eso ya no es noticia, como decimos los periodistas. "Pa" morirse.
La guitarra clásica y flamenca, ha perdido un pilar indispensable de esos ejecutantes que ya no quedan, con las raíces en Sábicas o Niño Ricardo, y que ahora, a base de imitadores de Paco de Lucía, tenemos pocas ocasiones de escuchar. Y era granadino de Plaza Nueva, que en su momento se codeó con las élites artísticas de su época, a los que acompañó, y que como solista, nos ha dejado páginas inolvidables de la más alta escuela del toque. Con un alto concepto de la amistad, y una conversación fluida y cordial, Vicente, degustó la vida, sin el menor reproche a la naturaleza, por haberle privado del sentido de la vista. Al contrario, fue generoso con sus semejantes, y jamás antepuso su discapacidad para pretextar algo. Se consideró uno más, y su fino sentido del humor nunca faltó a la cita.
Recuerdo a Vicente.
Pero el albayzín tiene un hermano que es el Sacromonte. Nos vamos de un barrio Flamenco a un barrio gitano, como si lo uno pudiera separarse de lo otro. El de la verea de enmedio, el de las cruces camino de la abadía, el de las siete cuestas, el de las catacumbas de san Cecilio y el de las cuevas de la zambra. Una gitanería señorial y artística, que ha sabido con su arte, atraer no solo a los buenos aficionados, sino a reyes, principes, jefes de estado, artistas de todas las disciplinas y estrellas de Hollywood. Lo que se hace en el Sacromonte no se hace en ningín otro sitio. El ritual de la boda gitana se conserva aquí, como parte exquisita de nuestra tradición. Desde la jondura de Juanillo, El Gitano, a la gracia de maría La Canastera, pasando por los Amaya, los Cortés, los Heredia. Desde la Faraona, a la Golondrina, desde las pitas a las chumberas, de las fogatas a la saeta a su cristo de cuatro clavos, el Sacromonte, es un pedazo de nuestra historia inseparable, con don Andrés Manjón, a lomos de una borriquilla, impartiendo educación, comida y vestido, a la banda del Ave María, dirigida por el maestro José Ayala. Algunos de aquellos niños, formaron parte de nuestra banda municipal que cumple cien años, como lo hicieron también los pioneros de la banda de la Fábrica de Polvoras de El Fargue. Feliz Cumpleaños. En una de sus cuevas, una afortunada noche, Antonio Sánchez Ramírez, El Compadre, fundó la hermandad del Rocío de Granada, en una servilleta de papel. El tango falseta, el de los merengazos, conviven con la cachucha, la mosca y la alboreá, formando parte de nuestro legado irrenunciable de la música granaina.
Alboreá
Tito Luís, como lo llamábamos los amigos, era conocido como, El Diamante Rubio. Misógino desde la cuna, al ser abandonado por su madre nada más nacer, se atrincheró trás unas gafas sin cristales y un bastón flexible a lo charlot para hacer reir y animar en todo. Su oronda figura era habitual en las tardes de los domingos en el viejo Los Cármenes, donde revestido con los colores de nuestro Granada, y portando un enorme sombrero andaluz con las listas blaquirojas, recorría todo el campo animando a la afición. Tampoco faltaba a las corridas de la monumental Frascuelo, donde su grito de: Música maestro, dirigido a la banda, animaba a la afición en el inicio de la faena de muleta. El Diamante Rubio, formó parte también de la cuadrilla de toreo cómico, que en Granada, capitaneaba, Antonio Rubito, tranviario de Churriana, conocido como El Gran Pirulo, que toreaba vestido de Charles Chaplin, utilizando su bastón para montar la muleta. De aquella cuadrilla de cómicos en el ruedo, formaron parte muchos granadinos, como Vaquerito, o Juanillo el barnizador, famoso por torear las vecerras, vestido de gitana, o de cantinflas. éste último me contaba, que durante muchos años, los toreros cómicos granadinos recorrieron la geografía española, como lo hacían entonces, El Bomero Torero, El Empastre, o El Chino Torero. Contaba con especial gracia, como en la postguerra, y para poder sacar rendimiento de las carnes, los empresarios les echaban para torear, no vecerras de un año, sino vacas cinqueñas ventajosas en el matadero, y de aquellas hazañas, contaba lo ocurrido en Diezma, donde la vaca era tan grande, que cuando se les quedaba a la altura de las zapatillas y echaba el aire por las facuces, era tanto y tan caliente, que ellos le pusieron de nombre, La Fogonera. Y eran las circunstancias tan paupérrimas, que por temor a quedarse sin el festejo, en el pueblo decidieron no sacrificarla, de tal modo, que durante más de diez años, les echaron para torear a la misma vaca, con la que ya lograron tener una amistad grande, y cada año, se despedían de ella abrazándola hasta el siguiente. La Fogonera, llegó a ser un compañero más de los toreros cómicos granadinos de la cuadrilla de El Gran Pirulo. Y como diría el Diamante Rubio:¡Música maestro!
La Tani
Era Matajacas, un subteniente del ejército de tierra, que presumía de lucir La Cruz Laureada de San Fernando, la máxima distinción española para hechos heróicos de guerra, que sólo una persona más tenía concedida: El general Franco. Matajacas decía haberla obtenido por su valentía en la defensa del Peñón de La Mata, en Cogollos Vega. Hasta casi la década de los años setenta del siglo pasado, Matajacas, se paseaba por el centro de Granada, con su uniforme militar, a lomos de una jaca blanca, perfectamente adiestrada para su recorrido, que comenzaba en las bodegas Castañeda, donde el subteniente daba cuenta de su acreditado vermut, mientras la jaca permanecía paciente en la puerta de la calle Almireceros. Sobre el brioso corcel, proseguía el recorrido hasta el bar Jandilla, donde después del chato de vino, la desataba de la aldaba en puerta del Corrral del Carbón, y andando se dirigían ambos hasta el cercano Cisco y Tierra, la jaca siempre dos pasos atrás del militar, como manda el reglamento. Era aquel el momento que aguardaba El Mananas, con su mono azul, el yugo y las flechas de Falange en el pecho y sus botas militares acharoladas, para dejar impecables las de montar de Matajacas. El animal aguardaba paciente en la puerta de la Casa de Socorro, hasta que su amo le silbaba, y ésta se dispònía a ser montada hasta Los Mariscos, junto al teatro Cine Regio, donde don Mariano Méndez, salía a acariciarle sus blancas crines. La siguiente estación era el club taurino, donde Matajacas ya no descabalgaba, y se hacía servir en la puerta el caldo correspondiente. De ahí, a la taberna del Elefante en Puerta Real, en la que El Bueno de Enrique y su mujer Encarna, atendían con esmero al habitual cliente, no sin elogiar la estraordinaria doma de aquel animal bendito, henchido de paciencia, que con solo un gesto de su dueño, sabía lo que tenía que hacer. Sobre la cabalgadura de nuevo, el borlo de su gorro de barco, le iba golpeando la nariz al ritmo sereno de la yegua postinera y elegante, que era la envidia de todos los paseantes, y de ésta guisa, el animal proseguía su ruta hasta la misma puerta de la basílica de nuestra patrona, donde sin ser avisada, giraba su cuerpo a la derecha para enfrentar la puerta, y con el jinete sobre sus lomos, la jaca se arrodillaba de sus manos delanteras, haciendo genuflexión a la virgen de las Angustias, mientras Matajacas, permanecía en el primer tiempo del saludo militar. Arrancados los aplausos de los presentes, al comprobar aquella escena, la jaca recuperaba su posición iniesta, y lentamente giraba hacia la puerta del bar de los hermanos Granados, donde su jinete respostaría de nuevo. Allí aguardaría una vez más paciente, atada a la reja.
La Reja
Granada no ha vuelto a vivir una rivalidad taurina, como la que protagonizaron los novilleros, Rafael Mariscal y Miguel Montenegro. Mariscalistas y montenegristas, llegaron incluso a las manos, por defender al torero de su afición. La escuela taurina del Club Taurino, se encargó de formarlos y lanzarlos a la gloria del toreo, para regocijo de una Granada taurina, que los vió trinfar, no solo en su tierra, sino en todas las plazas importantes de España y América. Aquellos dos niños granadinos, pusieron Vista alegre Boca abajo, la noche de su mano a mano, y Madrid se les rindió. Pronto surgieron sus peñas taurinas y la intención de contar con ellos para todo, en la ciudad que los vió nacer y crecer. Hasta La Albaicinera Virgen de La Aurora, llevó los bordados de sus vestidos de torear en el palio. Granada hervía con las dos aficiones encontradas, y el club taurino era entonces un centro de actividad frenética, hasta el punto de que un toro muerto, mató a un socio. Si he dicho bien, un toro muerto, mató a un socio. Costumbre era, que los taurinos se reunieran en el salón de la chimenea a leer el periódico, y un día ocurrió lo imposible. Una de las cabezas de toro que colgaba de la parded, con su placa en la que se leía, la gandería, el nombre del bicho y los caballos que había matado en la plaza del Triunfo, se descolgó al fallarle la alcayata, con tan mala fortuna que un socio que bajo ella leía el Ideal, resultó muerto en el acto. De los toros no puede uno fiarse, aunque estén muertos y disecados. Años más tarde, Granada iba a recobrar su afición y su ilusión taurina, con la irrupción de un torero diferente. Ricardo Puga, El Cateto, logró hacerse un hueco en la Granada taurina con su verdad taurómaca y originalidad porque se hacía anunciar en unos enormes carteles, vestido de pana y albarcas, con un haz de leña al hombro. Algunos decían ver en el, la reencarnación de otro mítico torero granadino, Miguel Gálvez, El Lechero, que en 1737 tuvo bastante renombre. Puga Cifuentes, El Cateto, nacido en Juviles, tomó la alternativa en Motril de manos de Curro Girón, y actuó como testigo un torerazo de nuestra tierra, José Julio Granada. El Cateto, en su corta trayectoria, revolucionó a la afición, y hoy su estirpe sigue siendo famosa, porque su sobrino, es el Mago Migue, tan querido por todos nosotros. El cateto, nos vino de la tierra de La Alpujarra.
Tierra de La Alpujarra
Una noche de Luna llena, y a la luz de las estrellas, Pepe Ladrón de Guevara, y Pepiniqui, vagaban por la ciudad después de haber cerrado todas las tabernas. Después de dar mil vueltas, lo único que encontraron abierto a esas horas de la madrugada, fue la Farmacia de don Pedro, en la placeta de san Gil, que estaba de guardia. Viendo el estado en que llegaban los dos, el mancebo, Pedro Camacho, les salió al encuentro y preguntó que querían, a lo que éstos respondieron que no encontraban ninguna taberna abierta a esas horas, y se preguntaban si en una farmacia habría algo de beber. El mancebo, después de pensar un poco, les dijo: Yo aquí lo único que les puedo ofrecer es Quina Santa Catalina, a lo que respondieron que se hicieran llegar hasta ellos una botella de quina y sendos vasos. El mancebo veía que los extraños clientes no tenían intención de marcharse, y que se hacían llenar los vasos una y otra vez, así que en un descuido, pasó a la rebotica, trajo algo que vertió en los vasos sin que los bebedores se dieran cuenta, y al cabo del rato los invitó a marcharse, no sin antes regalarle a cada uno, un rollo de papel higiénico del elefante, que los amigos no supieron interpretar, hasta que se habían alejado de la farmacia una dos calles. El laxante que el mancebo les había administrado, los tuvo durante dos días atados al retrete, cantando Adios Granada
Adiós Granada
Coincidimos una noche buscando a La Virgen de La Alhambra, los hermanos Garzón, del comercio, que iban con Carlos Cano y yo, porque fue una de esas ocasiones en las que la hermandad varió el recorrido, y pasó por el campo del Príncipe. Aprovechamos para pasar por la casa donde nació el cantante, en la Cuesta Rodrigo del Campo, subimos por la Puerta del Sol a los Alamillos, respostamos en Casa de La Trini, y así llegamos a los bosques de la Alhambra, para esperar a la Señora en su regreso. Durante el camino, recuerdo haber hablado con Carlos de Fraquito Yerbagüena, Francisco Ayala, Enrique Padial, de Gelu, Valen, de Rhut y Los Granada, José Antonio Cantaré, el maestro Novis y los Jueves Infantiles, Pepita Ávila, Rosita Ferrer, Li Morante, Paquito Rodríguez y El Mascota, su inseparable acompañante al órgano, Julián Granados, que tanto tiempo fue buscando a Lupita, y de nuestro Enrique Morente, que por fin triunfaba en Madrid. Ese mismo año, Carlos Cano le puso la voz a la marcha de semana santa, Pasan los Campanilleros, con la letra de Antonio Burgos, marcando un hito más en su carrera, y en la semana santa.
La banda y yo, os deseamos el mayor de los éxitos, en todos los actos dedicados a nosotros los mayores, y que aquí hemos inaugurado en la edición 2017. Nos despedimos con nuestra Granada por antonomasia, la de Agustín Lara.
Granada, de Lara
Pero antes de marcharnos, no me resisto a compartir con vosotros, una anécdota real. Sabéis que agustín lara compuso nuestra canción sin conocer la ciudad, allá por 1932, y la cantó con tal acierto, que estábamos en deuda con él. Por eso, la corporación municipal, lo invitó a conocernos. El Ayuntamiento de Granada, por Acuerdo del Pleno Extraordinario Municipal de 12 de junio de 1964, le nombró "Hijo Adoptivo", le hospedó en el Hotel Alhambra Palace y le ofreció una recepción en el Carmen de los Mártires, siendo objeto de numerosos obsequios, entre ellos una caja de taracea que contenía tierra granadina y de una batuta con empuńadura de plata. El multitudinario homenaje popular se hizo en el Paseo de los Tristes, a los pies de la Alhambra, aprovechando el escenario allí instalado durante las recién celebradas fiestas del Corpus. La Banda Municipal de Música interpretó los sones de Granada y fue incluso dirigida unos breves instantes por el propio Lara. Durante dos días, la corporación lo acompañó a conocer el Albayzín, el Sacromonte, La Alhambra, y terminados los fastos, se despidieron de él a las puertas del hotel, ya que a las once de la noche, partía en coche cama del exprés camino de Madrid. Alos ocho o diez días del acontecimiento, el director del Alhambra Palace, bajó al despacho del alcalde, Manuel Sola Rodríguez Bolívar, y le preguntó: ¿alcalde, que hacemos con la factura de don Agustín Lara?, pues lo de siempre, trae que te la firme y pasa por caja a que te la paguen. Es que la factura va por un pico. Hombre tampoco será tanto. Ya lo creo, es que el señor Lara, sigue hospedado en el hotel.
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