jueves, 31 de agosto de 2017
MORENTE-SABICAS, EL TESTAMENTO DE DOS GENIOS
MORENTE-SABICAS, EL TESTAMENTO DE DOS GENIOS
Granada le rindió homenaje al genio de la guitarra que con su estilo, perpetuó el estilo de Ramón Montoya.
Tito Ortiz.-
No me lo podía creer. Estaba sentado en la presidencia, junto al máximo exponente de la guitarra flamenca, Sabicas, y me estaba hablando de una de las veces que vino a tocar a Granada, cosechando un gran éxito. Era la noche del 23 de Julio de 1932, en plena república, cuando formando parte del elenco de artistas que protagonizaban un cartel de los entonces habituales, llamado, Ópera Flamenca. Se celebró en la plaza de toros de El Triunfo, y con él venían, La Niña de Los Peines, su inseparable, Pepe Pinto, Niño Ricardo, El Cojo de Málaga, y el Gran Cepero, entre otros. Nos estaban sirviendo los platos, llenando las copas, y no hacía más que hablarme de Granada, de sus artistas, de sus paisajes y monumentos, alguno de los cuales, conocía mejor que yo. Sabicas en aquel momento, era para la guitarra flamenca, lo que Andrés Segovia a la clásica. Dos monstruos que ya no se perdían por Nueva York, pues no en vano, el flamenco llevaba viviendo allí decenas de años. Estábamos en el restaurante, hotel, “Colombia”, a tan solo unos metros de la casa de don Manuel de Falla, persona a la que él había conocido, tratado y admirado. El dueño del local, Juan, nos trataba como a reyes, y su metre, Clemente Carrillo, nos agasajaba con lo mejor que tenían, no en vano, con Clemente me une gran amistad, porque mis padres fueron los padrinos de su boda, y del bautizo de sus dos hijas.
JUAN HABICHUELA
En el comedor del Colombia, estaba lo más preciado de la Granada flamenca, reunidos junto al genio de la guitarra, y todo gracias a Juan Carmona Habichuela, que fue quién lo hizo posible. Días antes, había sonado el teléfono en mi despacho de Radio 80, era Juan desde su casa de Madrid:
--Tito, ¿a que no sabes a quién tengo aquí?
-- ¿A quién maestro?
-- Pues eso, al maestro de todos nosotros, a Sabicas, y quiere darse una vueltecita por Graná. ¿Qué hacemos?
-- Que lo metas en tu coche y salgáis “pacá” pitando.
De la comida homenaje se encargó Radio 80, y del acto solemne, La Peña Flamenca, La Platería, en una noche inolvidable.
Llegó la hora de los postres en el restaurante Colombia, y Clemente sacó de la cocina con gran sorpresa de todos los presentes que irrumpieron en un gran aplauso, una tarta enorme con forma de guitarra, que a Sabicas le dio pena partir. La jornada de principios de los ochenta, fue histórica para la ciudad y para todos nosotros, que sin saberlo, estábamos asistiendo a la última visita del genio de la guitarra flamenca.
SABICAS, MORENTE, SABICAS
Agustín Castellón Campos, “Sabicas”, había nacido en Pamplona el año en que se hundió el Titanic, y comenzó a tocar la guitarra de forma autodidacta a la temprana edad de cinco años. Influenciado por su tío, Ramón Montoya, alcanzó las cotas más altas como intérprete, hasta el momento conocidas. A los siete años, dio su primer concierto en el teatro Gayarre, tres años más tarde, ya lo tenemos en Madrid, considerado como un niño prodigio, con un futuro imparable, como así fue.
Los que conocimos a Morente, en las distancias cortas, y yo tuve el honor de tenerlo en mi casa en más de una ocasión, sabíamos que una de sus mayores ilusiones, era grabar un disco con Sabicas, hecho que por fin tuvo la oportunidad de conseguir en el tramo final de la vida del guitarrista. Los dos genios tendieron un puente artístico desde Nueva York hasta Granada, que ha quedado para la historia del flamenco, imposible de repetir. En el verano de 1989, se metieron en un estudio de Madrid, y sin ensayos previos, surgió el milagro de arte de dos genios, cada uno el mejor en lo suyo, dejando para la posteridad, la pureza de lo jondo en la que pueden aprender, cuantos se acercan a éste arte irrepetible e inimitable. La voz de un Morente, pleno de experiencia y conocimiento sobre el cante, encuentra en la guitarra de Sabicas, el acompañamiento puro y tradicional de nuestro arte gitano-andaluz. El navarrico no pudo disfrutar del éxito de la grabación, que se presentó en Madrid una semana después de su muerte en un hospital neoyorkino. Morente pudo disfrutarla antes de desaparecer físicamente de éste mundo, porque los artistas geniales como ellos, no mueren jamás.
miércoles, 30 de agosto de 2017
LEYENDAS DE NUESTRO FESTIVAL
LEYENDAS DE NUESTRO FESTIVAL
Por el recinto alhambreño, han pasado todas las estrellas de la música y la danza.
Tito Ortiz.-
El gran Padial, socio de Juventudes Musicales de Granada, melómano distinguido, y mejor fotógrafo, presumía y con razón, de haber conseguido una foto histórica, tanto por el motivo de la misma, como por su belleza. Había logrado captar con su cámara, a Arturo Rubinstein sentado al piano, nada más y nada menos que en el patio de Los Arrayanes. Un vez más, Rubinstein volvía a Granada, aquella ciudad en la que tanto departió con Lorca y Falla, en las tertulias del café Alameda, “El Rinconcillo”. Fue el año en que Massiel ganó el festival de Eurovisión, hecho éste que sacó un poco a España, del ostracismo al que nos tenían sometidos muchos países, debido a nuestra falta de democracia y libertad. El genio del piano a nivel mundial, vino a Granada, a nuestro festival, y conmovió a una ciudad, cuya afición musical acreditada desde el siglo XIX, lo tenía por el dios del teclado. Pero ese mismo año, iban a ocurrir otras cosas con carácter de acontecimiento en la programación. Los jardines del Generalife, recibirían a los dos máximos exponentes de la danza. La presencia de los genios, Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev, hicieron de la edición de 1968, ocasión irrepetible, cuando el Mayo francés ocupaba todavía las principales páginas de la prensa internacional. También fue el año de la primera vista al festival de un director aclamado internacionalmente: Zubin Mehta.
ATAULFO ARGENTA Y SEGOVIA
El festival granadino, nacido al rebufo de los míticos conciertos que por el Corpus se celebraron en el siglo diecinueve, había tenido hasta ésta ocasión, el recuerdo vivo y permanente de muchos y buenos intérpretes, pero en lugar de honor estaba el gran director de orquesta cántabro, Ataulfo Argenta, cuyo paso por el festival en las primeras ediciones, había dejado un sello indeleble, que no pudo borrar su prematura muerte. Antonio el bailarín, protagonizaría en más de una ocasión, la presencia de la Danza Española, y del flamenco, con resultados del máximo nivel, como correspondía a una figura reconocida a nivel mundial por su arte. Lo mismo que ocurrió cuando el linarense, tantas veces afincado en Granada, Andrés Segovia, decidió participar en el festival, que él había visto nacer desde sus inicios, y poner su guitarra, a la altura del monumento acogedor, donde él con Lorca, Falla y otros amigos, habían organizado el primer concurso de cante jondo de toda la historia. Jovencísima, la soprano Teresa Verganza, hizo sus primeras apariciones aquí, Montserrat Caballé, o Yessye Norman. Lorin Maazzel, inauguró en Granada la madurez de su batuta, aclamada después por los grandes públicos internacionales, y Rafael Frühbeck de Burgos, nos demostró que un director español, puede estar a la altura de los grandes mitos de todos los tiempos.
KARAJAN Y SU FILARMÓNICA
A un festival internacional como el nuestro, cuya historia estaba jalonada por todas las estrellas de la música y la danza, solo le faltaba la joya de la corona, y eso fue posible en 1973. Su presencia en la Alhambra, puso al festival en el mapa mundial, y la ciudad entera lo vivió con carácter de gran acontecimiento. Meses antes, grandes pancartas, afiches y carteles, anunciaban la presencia del gran músico del imperio austrohúngaro, que convulsionó para la historia, nuestro festival, con la interpretación el primer día de la sexta y quinta de Beethoven. Al concierto siguiente, asistió la entonces Princesa de España, Sofía, que siguiendo la tradición granadina, después del concierto, degustó un chocolate con churros en la plaza de Bibarrambla. La visita de Karajan a nuestra ciudad, está escrita con letras de oro en la historia de un festival, cobijado en un marco incomparable, imposible de encontrar en el globo terráqueo. Granada respiró con alivio, pues no eran pocos los temores que antes de su visita se habían difundido, tales como que si escuchaba una tos, o el menor ruido, Karajan interrumpiría de inmediato el concierto, dándolo por concluido y abandonando el Palacio de Carlos V. Durante las tres noches que el divo de la batuta estuvo en el escenario, yo no escuché ni la respiración del millar de personas asistentes. Ni mucho menos, observé llegar tarde a nadie, cosa que en otras ocasiones, los ujieres permitían la entrada de los rezagados a los asientos, en la pausa entre movimientos. El tres de Julio, el día de su último concierto, me licencié de la mili, su música esa noche, me supo a gloria.
martes, 29 de agosto de 2017
MIS VIRTUDES
MIS VIRTUDES
Tito Ortiz.-
No es por presumir, pero tengo escondidas algunas virtudes de las que no me gusta alardear. Pocos de mis allegados son conocedores, de mi gran éxito internacional como concertista de Txalaparta. Fue en Andoáin, a pocos kilómetros de Donosti, donde conocí y quedé prendado de instrumento tan sutil e inteligente, que a el consagré mi vida desde entonces. Al ver mis sorprendentes aptitudes para con la Txalaparta, el gran compositor euzkaldun, Txomin Levantapiedras, tuvo la ocurrencia de escribirme, para mí en exclusiva, una sinfonía para Txalaparta y Txapela en Do Mayor, con la que se me han rendido a los pies los auditorios más exigentes del mundo. Cuando ensayo, en los descansos, parto troncos con un hacha, y cargo adoquines a la espalda, asunto éste que me relaja y predispone a la ejecución más virtuosa, de las obras que me escriben por cientos, los nuevos compositores para Txalaparta y púa. Es comenzar el aporreo de las tablas, y ya se me eriza el vello, mi mente se concentra, y todo el ruido fluye como si de una lira tocada por Homero, sobrevolara los valles de las vascongadas. ¡Qué éxtasis, dios del txacolí y del patxarán!
De igual forma y en el más absoluto de los secretos, doy clases particulares de Sardana, con nocturnidad y alevosía. Josep Pella, dejó escrito que éste baile ya se hacía en la Cataluña Neolítica, y que dada su sencillez, podría remontarse mucho tiempo atrás. Lo bueno es que, no necesitas tener ni el bachiller para hacerte un profesional de la sardana. Comprenderán ustedes que eso de cogerse de las manos, y dar brinquitos de un lado a otro, al son de un triste “pitocaña”, no exige una mente superdotada, solo buena voluntad de las criaturas dispuestas a llevar a cabo el baile regional más soso jamás interpretado. Yo me hice con el una noche en los bajos de La Pedrera, mientras deglutía un “pantumaca”, pensando en la tragedia de Gaudí, porque no tuvo que ser plato de buen gusto, morir atropellado por un tranvía, dejando una catedral inconclusa. El suceso fue tan grave, que la obra sigue igual: Sin terminar.
Los chicos y chicas de la Cup, junto con las juventudes de Bildu, han decidido unificar su estética, y aparte de no frecuentar la ducha, ellos que tanto proclaman la vida sana, muestran como señal de identidad, un pelado a lo tazón con flequillo a lo Torquemada, y unos pitos al rey, en la manifestación en la que yo creía que todos estábamos unidos por el dolor de quince muertos inocentes y contra el terrorismo yihadista. Éstos descerebrados sociales, han perdido una oportunidad de oro, de ganar incluso más adeptos, si hubieran respetado por unos minutos, el silencio que exigen los muertos. Pero no, sus cerebros carcomidos, prefieren hacerse notar en momento tan solemne, con una falta de respeto absoluta, no solo a la corona, sino a los representantes de la comunidad musulmana que con su presencia, se han unido a dolor de las víctimas, y rechazan la violencia ejercida por miembros de su raza y creencia. La Txalaparta y la Sardana más casposas, se han unido para romper una foto de convivencia pacífica por la que apostamos la mayoría. Éstos/as del peinado a lo Marcelino, me acaban de echar de la docencia, cuando las víctimas ya ascienden a 16. Majestad: La primera vez que asiste a una manifestación, bien vale esa pitada, por causa tan noble.
EL CLAUSTRO
EL CLAUSTRO
En la década de los setenta, “La Trastienda”, acogió un ramillete de artistas e intelectuales granatensis, de lo más heterogéneo.
Tito Ortiz.-
Aquella tienda de comestibles del padre de Fernando Miranda, en la placeta de Cuchilleros, se fue convirtiendo con el tiempo, en ilustre taberna- tabernáculo de las ciencias y las artes, donde gentes de toda extracción social, formación y conducta, convivían a diario a base de vino de Huétor y mejor jamón, sin olvidar el paté casero de la profesora Calixta, musa inspiradora de poema y loas, a la belleza y la simpatía innatas. Fernando consiguió sentar en su trastienda, a un albañil sindicalista en la clandestinidad, junto a un director de banco. A un poeta, al lado de un anarquista, a un pintor, de un escultor, toda una proeza de libertad y tolerancia, mientras los grises perseguían a palos a los manifestantes, que buscaban refugio en la bodega de la intelectualidad de la época. “La Trastienda”, poseía tras el pequeño mostrador de la entrada, una estancia acogedora, donde en bancos pegados a la pared, y banquetas al lado externo, se sentaban a departir, los creadores del momento, y los que como yo, testigos de cuanto sucedía, levantábamos acta notarial para la historia, en compañía del profesor, Alejandro Víctor García, y del cantautor, traductor y flamencólogo, Miguel Ángel González, oriundo de la cercana placeta de San Gil.
LOS QUE ALLÍ HABLARON
Imposible dejar constancia aquí, de todos los que en alguna ocasión o asiduamente, pasaron por éste Claustro apócrifo, al que se accedía después de meritoriaje, tras la lectura de una tesis doctoral, con clase práctica. De entre las que allí se llevaron a cabo los domingos, en que Fernando cerraba al público, y solo asistíamos los pertenecientes a dicho estamento, quedan en el recuerdo, la impartida por el profesor de la Universidad de Granada, y traductor de árabe, Miguel José Haguerty, sobre como encalar debidamente una cueva del Sacromonte, cuyo ejercicio consistió tras la exposición oral en, provisto de mono azul, pañuelo atado a la cabeza con cuatro nudos, cubo de cal, no de pintura blanca, sino de auténtica cal, velada durante la noche en el patio, como lo hiciera con las armas el caballero de la triste figura, encalar el retrete del establecimiento situado en patio del local, con brocha de esparto escobero, a la tradición más ajustada. De igual manera, consiguió su doctorado, el profesor de la Universidad de Granada, el poeta, José Heredia, nuestro Pepe Heredia, recitándonos por primera vez los versos inéditos de su obra, “Charol”. Famosa fue la tesis defendida por el profesor, Francisco Manuel Díaz, constructor de guitarras y guitarrista, bautizado por Fernando Miranda, como,“profisore manu di ferro”, que nos versó a cerca de la construcción de dicho instrumento, y su aportación a la historia, al haber realizado una guitarra de cristal. Mi doctorado lo conseguí, al exponer la historia de la mezcla que fumo en mi pipa, en la que intervienen junto al tabaco, hierbas naturales de la tierra como, el tomillo, el romero o la alhucema, que tuvo su primer fumador en la persona del gran pintor, Iván Piñerúa, que fue quién nos convenció al poeta y escritor Antonio Enrique, y a mí, a fumar tal mixtura. Desde entonces fui bautizado como: “El profesor Sahumerios”. El cante siempre lo puso, Jaime Heredia, “El Parrón”, padre de Marina Heredia, cuyo claustro asistió en pleno, a su bautizo en el Dauro.
PROTAGONISTAS DEL CLAUSTRO
De aquel cónclave granatensis, no se salvaron de asistencia debida, entre otros, Los pintores, Jesús Conde, Pepe Cañas o Manuel López Vázquez. Los escultores, Aurelio López Azaustre, Pepe Castro Llamas, o Miguel Moreno. El profesor de la Universidad, Emilio Puche, farmacólogo de reconocido prestigio, el director del Museo de Bellas Artes de la Alhambra, Enrique Pareja, antes de su traslado hispalense, su inseparable, Francisco González de la Oliva, y sobre todo, el poeta y escritor, Arcadio Ortega, alma máter de la Academia de Buenas Letras, que como siempre llegaba tarde a la reunión por motivos profesionales, hacía su entrada triunfal de aquesta manera: Cuando Arcadio asomaba por la cortina de la sala interior de La Trastienda, los allí reunidos llevábamos enfrascados en nuestras discusiones, alrededor de unas dos horas, pero él sin tener ni idea de lo que se estaba hablando, irrumpía en el quicio, y levantado el dedo índice de su mano derecha, voceaba: ¡Pues no estoy de acuerdo! Y al instante las carcajadas eran sonoras y la charla continuaba en el mejor de los ambientes. Jamás se pusieron trabas a tratar cualquier tema, desde el delicado momento que vivíamos con la dictadura, a la irrupción provinciana del arte abstracto, como si fuera algo nuevo, hasta la música contemporánea, un tema que trató con buen tino, el compositor vasco, Carmelo Bernaola, al que rescaté de los Cursos Manuel de Falla un día, en compañía de su hija adolescente, que alucinaba en colores, al escuchar aquella reunión.
lunes, 28 de agosto de 2017
NOCTURNOS DE IGNACIO BELDA
NOCTURNOS DE IGNACIO BELDA
Se especializó en pintar la noche granadina, sacándole una luz a la oscuridad, que pocos han conseguido en la historia se la pintura.
Tito Ortiz.-
La Caja General de Ahorros y Monte de Piedad de Granada, lo tenía en el puesto que merecía y mejor desempeñaba, con plenas responsabilidades sobre las actividades culturales. En aquellos años en los que Salomé ganó Eurovisión y el hombre llegó a la luna, el edificio de la caja en la esquina de Cárcel Baja, con la placeta de Villamena, frente a Tejidos y Confecciones el Ahorro, de don Manuel Balboa Saavedra, y doña Gabriela Fernández Valero, tenía un pasillo mágico, que durante el día soportaba el devenir propio de las oficinas internas de la entidad, y por la tarde noche, se convertía en una sala de exposiciones, por donde pasaron los artistas más preciados del momento. Entonces Granada tenía algunas salas donde colgar, muy singulares, como la del primer piso de la entrada a la calle poeta José Zorrilla, regentada por el Centro Artístico, Literario y Científico, o La Casa de América. Ignacio Belda, era la educación y la corrección personificadas, su amabilidad en el trato con todos, y su familiaridad en las distancias cortas, le granjearon la simpatía y la amistad de todos cuantos le trataban, pero terminada la jornada laboral, exento de la chaqueta y la corbata, se transformaba.
SU PINTURA
Poseía un estudio en las cercanías de la Basílica de San Juan de Dios, y allí se enclaustraba, para llevar a cabo su vocación que no era otra que la pintura. De estilo académico en su lenguaje pictórico, se manejaba con seguridad en el mediano y pequeño formato, captando sobre todo las calles de Granada, su tipismo y singularidades. El paisaje de la tierra le conmovía, hasta el punto de sacarle partido a una esquina, calle o placeta, en la que su ciudad se reconocía, llegando a especializarse en los barrios históricos como el Realejo y sobre todo, el Albayzín. Pero llegado un momento de su trayectoria, Ignacio decidió ponérselo asimismo más difícil, y abordó una faceta de la pintura, que no todos los pintores han resuelto con brillantez, el nocturno. Sus noches oscuras de luz resplandeciente, donde una farola de forja granaína, se reflejaba en un charco del empedrado, adquirían cotas de brillantez. El embrujo de una ciudad a deshoras, de callejuelas encantadas bajo un manto de estrellas, atraían la atención de los visitantes a sus exposiciones. Callejones albaycineros en penumbra, donde todo se veía, pero todo estaba oscuro. Belda imprimía a sus nocturnos, la poesía cromática suficiente, para embrujar la noche alhambreña, captando toda la atención del que admira una obra, que en si misma ya era un desafío para el pintor. Con una dicción realista, su dialecto plástico rezumaba frescura, era como un soplo tenue de modernismo, dentro de lo escolástico, el avance del clasicismo en un hombre de su tiempo, que aportó un estilo personal a toda su obra, sin parecerse a nadie.
LOS BELDA
Me confesó en más de una ocasión, que de su inclinación a la pintura, tenía la culpa su hermano Fernando, de quién siempre decía que era el auténtico pintor de la familia. Fernando Belda, poseía la virtud de los grandes maestros para la pintura, sobre todo para el retrato, en el que se manifestaba con delicadeza dominadora del realismo. De actitudes muy peculiares, Fernando se negó a exponer su obra siempre, y pocos éramos los que tuvimos la suerte de ver alguno de sus trabajos, hasta que años después de su muerte, su esposa y su hija, junto a unos amigos, hicieron posible la exposición de un gran pintor que en vida permaneció oculto, por voluntad propia. Ignacio, que propició que yo accediera a la obra de su hermano, me decía: Hasta que no veas una obra de mi hermano Fernando, no vas a saber lo que es bueno. Pinta como los ángeles. Pero ellos dos, no son los únicos de la familia llamados al arte. Su hermano Carlos Belda, también tiene aptitudes para los pinceles, aunque lo que haya trascendido de su obra en los últimos años, haya sido el fascinante mundo de la caricatura. Carlos se maneja como pez en el agua, sacando el máximo partido a las caricaturas de personajes, pero no solo de su rostro, sino en un desafío total, de todo el cuerpo del protagonista. Y además, las complementas con elementos afines al modelo, haciendo de cada caricatura una obra, propia e inigualable. En la Peña Flamenca, “La Platería”, se conserva una colección irrepetible de caricaturas de Carlos Belda, que tienen como protagonistas a las grandes figuras del flamenco de Granada. Algo digno de ver y admirar.
domingo, 27 de agosto de 2017
LOS DIFERENTES SON NUESTROS IGUALES
LOS DIFERENTES, SON NUESTROS IGUALES
Durante la dictadura, La Ley de Vagos y Maleantes, encarcelaba a los homsexuales
Tito Ortiz.-
En los años sesenta, los chistes machistas, sobre Franco, o de mariquitas, eran los más demandados por la sociedad tabernaria. Eran tiempos en los que la homosexualidad femenina vivía oculta, pasaba desapercibida. La mujer lesbiana, con vestirse como las heterosexuales, y no mostrar sus sentimientos en público, lo tenían resuelto. No así los hombres, que atrapados en una presencia física con la que no se identificaban, sufrían lo indecible para ocultar su condición sexual, y algunos no podían reprimir que sus gestos y ademanes, los delataran desde muy temprana edad. Recuerdo casos sangrantes en el colegio, donde la mofa y el desprecio llegaron a tanto, que algunos compañeros tuvieron que abandonar los estudios y refugiarse en sus casas, presas del pánico y la depresión. Cuando en la niñez y adolescencia, los síntomas ya eran evidentes, no pocos fueron expulsados de sus casas por padres intransigentes, más preocupados por el qué dirán de los vecinos y amistades, que por el grave problema al que se enfrentaba su hijo, en una sociedad, especialmente educada desde la cuna, para rechazar la homosexualidad, hasta el punto de encarcelar a los que sin poder sujetar su cuerpo, mostraban reasgos en la voz o en sus movimientos, de carácter afeminado. La crueldad en los cuarteles llegaba a la violación, ya que se les obligaba a realizar el servicio militar, aunque una vez jurada la bandera, se les destinara a la cocina, a la cantina, o a servir de asistentes en casa de los mandos, para así evitarles escarnios.
NO ERA SU CUERPO
Se sentaba en una silla de tijera, equidistante, entre el quiosco de madera pintado en verde de, La Mimbre, y la entrada al Generalife, en aquellos años cuando aún no se entraba por allí a la Alhambra. Sobre una banqueta bajita y siempre con las rodillas muy juntas, ante sí colocaba una cesta de mimbre, forrada de papel blanco, en la que sobresalían los montones de pipas con sal, garbanzos tostados, maní, almendras garrapiñadas, chicles y pistolines, junto a otras golosinas. Debajo, en una caja metálica de carne de membrillo fuera de la vista de los guardias, los paquetes de, Chesterfielg, Lucky, y Bisontes cortos sin emboquillar, todos de contrabando, para venderlos sueltos. Una botellita cristal con un corcho terminado en pitorro metálico, almacenaba la gasolina de color azul, para recargar los mecheros, cajas de mistos de fosforera española coleccionables a dos reales, cigarrillos a perragorda. Aquel hombre se buscaba la vida honradamente, desde que salía el sol, hasta el anochecer, en tan turístico lugar, aunque en los sesenta y setenta, las ventas también se nutrían de la clientela que bajaba del cementerio, tras haber asistido a algún entierro, y festejaba allí con unos chatos de vino, que a ellos todavía no le había llegado la hora.
MIGUEL
Aquel hombre, era toda una mujer en un cuerpo que no le correspondía, y él dejaba claro quién era de verdad. Al acercarte, olías a colonia cara de fémina. Si te fijabas bien, advertías un ligero maquillaje en su cara, tenue colorete en las mejillas, contorno de los ojos resaltado con lápiz negro, pestañas con suave rímel. En su gesticulación de brazos y manos o, pose para sentarse, había más feminidad que en cientos de mujeres juntas. Pedicura y manicura al día, lucía sus enormes manos con el acabado de las uñas esmaltadas en color carne y un brillo casi mate. En los pies calzaba unas sandalias de goma de meter el dedo, que entonces no utilizaban más que las mujeres, y a veces, sus pies y sus manos, gritaban más que sus ojos. Cuando hablaba, enmarcado en la educación más exquisita, mientras no hicieras comentario inconveniente, su voz recia y aguardentosa, contrastaba con su musicalidad al hablar. Como si de un ventrílocuo se tratara, ante imagen varonil, el sonido de su voz, era femenino y plural con toda riqueza de eses. Sus vaqueros ajustados, y sus jersey de pico, sin nada debajo y en colores vivos, advertían rápidamente de su presencia, que él no dudaba en protagonizar, con gestos sin necesidad de abrir la boca. Solo con el paso de los años, he sido consciente de la terrible tragedia que aquel hombre vivía a diario, mientras los demás le comprábamos un cigarrillo suelto, y le pedíamos fuego, a lo que él respondía con una sonrisa enorme, mirándote fijo a los ojos, mientras tu creías tener delante al mismísimo, Ramsés II. Aquel no era su cuerpo, lo mismo que le ocurría al extranjero, que cada día subía a su casa del Albayzín por la Calderería, con el cesto de esparto de haber hecho la compra en el mercado de San Agustín, luciendo piernas y muslos, con un vestido vaporoso de mujer, que dejaba ver una extremidades inferiores hercúleas, al igual que sus brazos desnudos y fornidos, mostrando una redecilla, con la que se recogía en diminuto moño, el poco pelo que ya le quedaba. Mi reconocimiento a éstas dos mujeres aprisionadas en un cuerpo de hombre, que en los años difíciles de la dictadura, cuando se les aplicaba la ley de vagos y maleantes, tenían el valor de gritar que estaban encarceladas en un cuerpo que no era el suyo.
sábado, 26 de agosto de 2017
EL FLAMENCO EN LA UNIVERSIDAD
EL FLAMENCO EN LA UNIVERSIDAD
La de Granada, fue la primera Universidad en dedicar una Cátedra de Flamenco, con la bailaora Mariquilla, al frente.
Tito Ortiz.-
La década de los ochenta del siglo pasado, nuestra Universidad, a las órdenes de José Vida Soria, se abrió más si cabe a la sociedad. Teníamos un valedor para esas acciones de excepción, el Vicerrector de Extensión Universitaria, Juan José Ruiz-Rico López-Lendines, un hombre de toga, que después investigaría el caso Juan Guerra, como miembro del alto tribunal andaluz, pero con grandes inquietudes culturales y literarias, como demostró en su obra: “Al Sur son Las Hogueras”. En aquella época, la Universidad de Granada, organizó una serie de actividades pioneras, como por ejemplo, el ciclo sobre Tauromaquia, impartido por el matador de novillos toros- entonces, porque después se doctoraría en Atarfe- y crítico taurino, Juan Ramón Romero, que entre otros participantes, trajo a las aulas al matador de toros, Rafael de Paula, o al ganadero Victorino Martín. Ruiz-Rico, consciente de la importancia del mundo flamenco, no dudó en poner en marcha una Cátedra de Flamenco, depositando sus responsabilidades de enseñanza y divulgación en todas las facetas de éste arte, en la persona de nuestra genial bailaora sacromontana, María Guardia, “Mariquilla”, quién no dudó en aceptar tan alta responsabilidad.
ACTIVIDADES DOCENTES DE LA CÁTEDRA
Lógicamente, al ser Mariquilla la responsable de llevar a cabo el proyecto, el baile era un plato fuerte en las actividades ya respaldadas por la Universidad, pero la bailaora no dejó atrás los aspectos fundamentales del arte gitano andaluz, y abordó con acierto, el resto del programa de estudios, en el que tenía un peso específico, la enseñanza y divulgación del cante y del toque. Tuve el honor de que María me llamara para iniciar ese aspecto docente, con una conferencia, y pensé en la posibilidad de ilustrarla con cante, para evitar así a los alumnos la aridez, de enfrentarse sólo a la teoría e historia de lo jondo. Yo, la historia del cante flamenco la tenía en la cabeza, pero necesitaba un cómplice que la tuviera en la voz, y encontré al mejor. Llamé a mi amigo Enrique Morente, a su casa de Madrid, le propuse el reto y el me lo aceptó. Se trataba de que yo hablara sobre los cantes menos interpretados en los festivales, y él demostrara en público los que eran y como se hacían. Le pasé una lista de los que yo incluía en mi conferencia para que los repasara. Se trataba de rescatar palos como, Las Marianas, Las Bamberas, Los cantes de Columpio, Las Temporeras, el Polo, La Caña y sus diferencias, y así hasta una docena de los menos ejecutados por los artistas, y desconocidos para un público joven como al que nos dirigíamos.
NOCHE ÉPICA DE MORENTE
La noche que inauguramos las actividades docentes de la Cátedra de Flamenco de la Universidad de Granada, el salón de Caballeros 24 de la madraza, estaba a reventar. Tuvimos que sacar altavoces a la escalera y el patio, para que la gente pudiera oír, pero sin ver, lo que allí sucedía. Morente desplegó toda la sabiduría de un gran maestro, conocedor hasta los tuétanos de lo jondo, y a cada introducción que yo hacía con una breve historia del palo y de que rama del flamenco provenía, Enrique remachaba con una interpretación histórica, ajustada a los cánones más profundos del cante. Los dioses que le dieron todas sus virtudes interpretativas, estuvieron esa noche con él en La Madraza, y las musas lo rodearon en perfecta sintonía armónica con el genio de la Cuesta de San Gregorio. En que nos vimos para poder salir de allí, y refugiarnos, como tantas veces, en el Bar Provincias. La noche siguió, y cuando yo me despedí de Morente, a eso de las nueve de la mañana, lo dejé cantando en una cueva del Sacromonte, con “El Cascarilla” acompañándolo a la guitarra. Levaba toda la noche sin parar de cantar.
EL SEMINARIO
No podemos olvidar, que el flamenco, no le era ajeno a nuestra Universidad, puesto que desde muchos años antes, se mantenían las actividades del “Seminario de Estudios Flamencos”, del que yo fui un libre asistente. Lo dirigía el profesor de la Universidad, poeta y dramaturgo, Pepe Heredia, que provisto de un tocadiscos y su propia colección de vinilos, cada tarde semanal, impartía sus clases en el primer ayuntamiento de Granada, ante un auditorio heterogéneo, donde los nativos estábamos en minoría. José Heredia Maya, nos introducía primero en el palo que íbamos a escuchar, nos lo hacía oír, y a continuación corregía nuestros errores de concepto, comprobando la validez de nuestros conocimientos adquiridos. El curso finalizaba todos los años, con la presencia en directo de una estrella del flamenco, y clausurando los estudios, yo tuve la oportunidad de ver en directo por primera vez a Camarón de La Isla, o al enciclopédico, Antonio Mairena.
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