domingo, 12 de agosto de 2018
EL BAÑUELO DE MI INFANCIA
EL BAÑUELO DE MI INFANCIA
Tito Ortiz.-
Sobre los vestigios de los romanos, se edificaron estos baños públicos allá por el siglo XI, que han llegado hasta nuestros días, quizás como la estructura más antigua de Granada, a pesar de que la chiquillería del barrio, jugábamos en su interior a la pelota, al escondite y al pilla pilla.
No era El Bañuelo el único emblema histórico de mi infancia, convertido en casa de vecinos al uso. El cercano Hospital del Maristán, era una auténtica corrala de buenas gentes, donde nacieron y crecieron muchos niños, hoy adultos de mi quinta. Igual podría contar del mismísimo Corral del Carbón, y de otros edificios, considerados hoy, como debió ser siempre, parte de nuestra riqueza histórica, y lo que es mejor, cuidados y conservados con mimo, para disfrute de generaciones venideras. El Bañuelo, era para nosotros, la casa de nuestros amigos, donde poder jugar sin el peligro de hacerlo en la Carrera del Dauro, al paso de coches y caballerías. Reatas de burros cargados de arena del río, dirigiéndose a cualquier obra de la ciudad. Mulos de cerones llenos con viandas y muebles camino del Sacromonte. Los carros de la basura cargados hasta los topes, en fin, los peligros de la Granada de entonces. Sobre todo, de lo que nos librábamos, es de tener que bajar al río a por la pelota si esta volaba por encima del pretil, asunto este que era moneda de uso común.
PATRIMONIO DE USO VECINAL
En aquellos años cincuenta y sesenta del siglo pasado, el concepto de Patrimonio Histórico o de la Humanidad, para nosotros estaba por nacer. La gente vivía en una edificación del siglo XI, con el concepto de que era una casa antigua, y poco más. Cuanto mayor era el monumento, más posibilidades había de que albergara a más familias, así se le daba utilidad a una casa varias veces centenaria, que, de otra forma, hubiera sido derruida por su mal estado de conservación, como en realidad ocurrió durante mucho tiempo. En este sentido, a mí me gustaría rendir homenaje de admiración, respeto y consideración a su labor rescatadora y conservacionista, a dos hombres imprescindibles en la historia de esta ciudad de nuestras entretelas. En primer lugar, al arquitecto, Leopoldo Torres Balbás, que, desde principios del siglo XX, comenzó una labor que aún no ha sido valorada en toda su magnitud, y a mi juicio, otro hombre continuador de ese camino emprendido, que fue el alcalde de la postguerra, Antonio Gallego Burín, hombre al que se le debe mucho en torno al saneamiento de la ciudad, y su interés por el patrimonio arquitectónico heredado de todas las culturas, asentadas aquí, anteriores a la nuestra.
CARRERA DEL DAURO
Uno puede pensar, que los ziríes albayzineros eligieron el lugar para instalar estos baños del Nogal, como los llamaron, por su cercanía a la construcción de la Alhambra, por el puente de los tablones o El Cadí, que tenía buen acceso a la alcazaba, pero lo cierto es que antes de que ellos llegaran hasta aquí, visigodos y romanos, ya habían disfrutado de este asentamiento, sin que se hubiera puesto un ladrillo de La Alhambra, así que algo tendrá el agua cuando la bendicen, o en éste caso, la situación estratégica de la edificación, que siempre se dedicó a los baños, independientemente de la cultura que estuviera disfrutándola en ese momento. Aquí vivían mis compañeros de juegos de la placeta de La Concepción, de cuyo convento éramos Pajes de La Inmaculada. Hasta aquí se desplazaban nuestros amigos de la calle Zafra, en cuya casa árabe, también vivían un buen puñado de vecinos, compañeros de juegos y colegios. Jugar a la pelota en cualquiera de las tres salas de los baños no era más que un juego infantil sin conciencia. No olvidemos que parte de la administración, tampoco disimulaba su desinterés y desprecio por el patrimonio. En la placeta donde se encuentra el monumento en homenaje al actor cartagenero, Isidoro Máiquez, en el local que ocupa el restaurante, Alacena de Las Monjas, ahí durante decenas de años, Correos, tuvo una estafeta y centro de expedición y recepción de cartería, paquetería y mensajería. Cuando Juan Conde, teólogo, y hermano del pintor Jesús Conde, decide quedarse con el local, para montar el restaurante inspirado y cantado por Carlos Cano, somos muchos los amigos que nos compramos unos monos azules, al estilo de los lorquianos de la barraca, y ayudamos en las labores de desescombro del habitáculo, y cual no sería nuestra sorpresa, que, a base de sacar centenares de espuertas de cascajo, descubrimos en el subsuelo, el aljibe árabe, que hoy se disfruta como comedor del local. La administración de Correos, lo había descubierto más de medio siglo antes, pero lo llenó de escombros, para no dar explicaciones a nadie, y poder llevar a cabo su trabajo de distribución postal.
sábado, 11 de agosto de 2018
DON ANTONIO IGLESIAS: DE LA RÍA A LA ALHAMBRA
ANTONIO IGLESIAS: DESDE LA RÍA A LA ALHAMBRA
Tito Ortiz.-
A cuarenta y ocho años del nacimiento de los Cursos Manuel de Falla, paralelos a nuestro Festival Internacional, debemos homenaje de admiración y respeto a quién tanto hizo por ellos en sus comienzos. El pianista y crítico musical, Antonio Iglesias Álvarez.
Su condición de músico, concertista y, subcomisario de Música durante algunos años, lo ligó desde el principio de nuestro Festival Internacional a la ciudad, pero éste gallego de Orense, nacido tras la primera Guerra Mundial, tenía el gracejo y la sabiduría de los oriundos en la ría gallega, aparte de buenas condiciones para vivir de la música. No en vano, logró una carrera exitosa de conciertos, pero él además estaba dotado para la gestión. A su regreso de los EE. UU, en los años cincuenta, comienzan esas otras actividades que complementan el piano, como la docencia y la crítica musical, de la que es fiel testigo nuestro diario ABC. En esa actividad, coincide en el diario, con otro ilustre del Festival granadino, Antonio Fernández-Cid, que sería precisamente, quién el cinco de abril de 1992, le contestaría a su discurso de ingreso en, La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, con un trabajo sobre “Isaac Albéniz y su Iberia”. Iglesias era un apasionado de los nacionalistas, y a ellos había dedicado gran parte de su carrera como pianista. En ese discurso relató la vida y obra del de Camprodón, incluida su huida de la casa paterna a muy temprana edad, sin olvidar que había debutado como pianista a los cuatro años. Sus peripecias cuando fue asaltado por unos bandoleros, su marcha a América como polizón, y tras una gira triunfal, con tan solo catorce años regresa a Europa, donde empieza su periplo londinense y alemán. En todo el mundo musical, se hablaba ya entonces de Albéniz como, “El Pequeño Mozart”.
CURSOS MANUEL DE FALLA
En 1970, cuando se crean los Cursos Manuel de Falla, Antonio Iglesias, que sigue el Festival desde su inicio, toma parte en asignaturas y profesorado, hasta que el impulso definitivo se alcanza en 1978, cuando se trasladan el programa de estudios y los alumnos al estrenado, Auditorio Manuel de Falla. Años más tarde se añadirán los desaparecidos concursos de composición y de interpretación para guitarra, que heredarían después en nuestra costa con gran acierto, portando el nombre de uno de los componentes del jurado de entonces, formado por Regino Sainz de La maza, Narciso Yepes, Manuel Cano y el linarense-granadino, Andrés Segovia. Con un profesorado de currículum atractivo, solvente, y con materias tan diversas, como el canto coral, la composición o la interpretación de la viola, Iglesias consigue traer a Granada un plantel de acreditados profesores de la tierra hispana, muchos de ellos primeras figuras internacionales, y con esa acción, hasta Granada llegan alumnos venidos de todo el mundo, deseosos de perfeccionar su formación musical, en un marco incomparable, inmersos en un Festival Internacional de Música Y Danza, consagrado, y con unos profesores respaldados por su virtudes y trayectoria.
MIS CAFÉS CON DON ANTONIO
José Antonio Lacárcel, me mandaba a que me diera una vuelta por la mañana, grabadora en mano, tanto por los cursos Manuel de Falla, como por los ensayos del Festival. Había que tener la última hora musical con todos los protagonistas, tanto para el programa diario en Radio Popular, “Festival Internacional Al Día”, como para las páginas de “Patria” y” La Hoja del Lunes”. Cuando yo aparecía por el despacho de don Antonio Iglesias, el encendía un buen puro, yo mi pipa, y empezaba la crítica a todo lo que yo había dicho en la radio y escrito en los periódicos. El sabaneo que me daba era diario, y me aplicaba el tercer grado, no tenía piedad conmigo. A mi el café se me atragantaba todas las mañanas, pero lo que yo aprendía de aquel hombre, no estaba pagado con nada. Iglesias tenía una voz de barítono bajo, con una dicción castellana perfecta, a la que él añadía cierta musicalidad gallega, no exenta de socarronería. Me tomaba el pelo, pero me enseñaba todas las mañanas más, que en una academia privada. Conforme él me atizaba, iba creciendo mi admiración ante aquel hombre, que cada mañana se ponía ante mi como una enciclopedia musical e histórica impagable, para que yo aprendiera a no decir tonterías en materia musical. Han pasado cuarenta años, y tengo su voz metida en mi cerebro, con todo lo que aprendí de aquellos cafés matinales, ante un hombre imprescindible para entender la historia musical de este país, en la segunda mitad del siglo pasado.
viernes, 10 de agosto de 2018
LOS GATOS DEL RÍO DARRO
LOS GATOS DEL DARRO
Tito Ortiz.-
Hubo un momento en la historia de la ciudad alhambreña, que el ser gato del río Darro, era sinónimo de aristocracia y buen vivir. Miranda en estas páginas los inmortalizó para siempre.
Aquella Granada de los sesenta, no sabía lo que eran las bolsas de plástico para la basura, ni los ensordecedores camiones de recogida. Es más, todavía no existía ni Serconsa, que fue la primera empresa que se tomó en serio lo de recoger la basura. Hasta su llegada, los vecinos echábamos todos los desperdicios juntos en un cubo, que, por la noche, vaciábamos en un rincón de la calle, y de madrugada, una legión de basureros con sus carros tirados por mulos y burros, venían desde Armilla a la capital para recoger la basura. Asunto este que se resolvía a base de pala bien cargada y volcada sobre unas telas recias y de hule, que formaban el cajón de los carros malolientes, que a su paso dejaban un reguero nauseabundo, procedente del contenido de su carga.
VOTA ¡MOYA MORENO!
Arturo Moya Moreno, aquel hombre de centro que se atrevió a presentarse a las cortes de Franco por el tercio familiar, y que había arrasado en la capital con su campaña: ¡Vota Moya Moreno!, no logró su propósito gracias a las maniobras del Movimiento, que vio en él un claro comunista, y le boicoteó la campaña en la provincia. Aquello le dio cierto prestigio de hombre de ley, pero contrario al Régimen, lo que le hizo formar parte con facilidad -muerto el dictador- de La extinta Unión de Centro Democrático. Como máximo responsable de “Serconsa”, a él se le debe la modernización en la forma más higiénica de, recoger la basura de los ciudadanos y transformarla. Con el nacimiento de esta empresa nacional que él dirigía, especializada en la recogida de los residuos domésticos, los granadinos tuvimos que ir adoptando costumbres más higiénicas para tirar la basura y con ello perdimos un gran orfeón bien alimentado.
LOS GATOS CANTORES
Con la costumbre de tirar la basura en cualquier sitio , que luego por la noche vendrán los basureros a llevársela, los vecinos de la Carrera del Darro, desde años, habían tomado como habitual, la insana actitud de volcar la basura de sus cubos por el pretil del río hasta su cauce, con lo que se formaban unas montañas de desperdicios, que hacían las delicias de una legión de gatos, engordados y bien criados, que durante el día dormitaban al abrigo de la espesura, y que por la noche se pegaban todo un festín de comida en el improvisado vertedero del río que, otros tiempos había dado oro. Su maullidos y cortejos en época de celo se hicieron tan patentes, que, a lo largo del cauce descubierto, desde la plaza de Santa Ana, donde daba la vuelta el tranvía, hasta el puente del Aljibillo sus “cantos” podían seguirse con total nitidez, sobre todo en noches de verano, con los balcones y ventanas abiertas por los rigores de “la calor”. Fueron muchas las anécdotas que se produjeron, sobre todo con motivo de actuaciones en el patio de los aljibes o el de Los Arrayanes, del Festival Internacional de Música y Danza, donde en el silencio de la noche, y ante la máxima expectación de los intérpretes, ascendía desde el cauce a las alturas, el dulce canto de los mininos, y sus tarascadas de rivalidad, macho que busca a la hembra. Testigos también los muchos artistas de todos los palos, que bien con motivo de las fiestas del Corpus o las, del barrio de San Pedro, actuaban en el escenario sobre el río, bajo la torre de Comares, cuyos ojos de asombro iluminaban la noche, al escuchar la serenata improvisada de la familia gatuna granatensis.
MIRANDA
El gran maestro del humor gráfico -nunca bien reivindicado, incluso olvidado- Miranda, en éstas páginas dio diarias lecciones de gracia con el gato y la mosca, que nunca faltaban en sus dibujos. Pero con los gatos del río Darro fue más allá y en ocasiones les dedicó ciclos enteros. También los granadinos se dieron a la chacota con los mininos, y no dudaban en utilizarlos para zaherir conciencias a propósito de algo negativo. Si alguien cantaba mal, siempre había uno que le espetaba: ¡Cantas peor que los gatos del río Darro! También fueron ejemplo de buena y saludable presencia, porque para decir que alguien estaba bien físicamente, se solía decir: ¡Tienes más lustre que un gato del Darro! Algunos de estos animales tuvieron en jaque al vecindario, durante los años treinta y cuarenta, dado que sus maullidos, en ocasiones y dependiendo de la raza, pudieron confundirse con bebés llorando, o alguna persona dando alaridos, hasta el punto de que hubo gente, que llegó a afirmar con rotundidad, que en el Darro había un Duende, o una fantasma. El caso es que aquellas decenas de familias gatunas fueron desapareciendo del cauce, a medida que los vecinos dejaron de tirar su basura al río.
VIAJE A LOAS ALBUÑUELAS
VIAJE A LAS ALBUÑUELAS
Tito Ortiz.-
Fue el primer gitano español catedrático de Universidad. Escritor, dramaturgo y poeta, José Heredia Maya, alcanzó metas insospechadas para los de su raza, dando además muestras de una creatividad, en la que nunca fue ajena su condición de nacimiento. El autor de “Camelamos Naquerar”, se adelantó a su tiempo, y contemporáneos.
Una tarde, estábamos sentados en un banco de plaza Nueva, esperando a que Fernando Miranda abriera La Trastienda de la placeta de Cuchilleros, y Pepe Heredia me dijo: Profesor sahumerios, ¿usted me llevaría a Las Albuñuelas a ver a mí madre? Acaso lo dudáis profesor, le respondí. Yo sabía que el poeta atravesaba una racha en la que estaba reñido con los coches y la conducción: Como los compadres, nos hablábamos de usted, inmersos en la más profundad intimidad de nuestra larga y fuerte amistad. Yo tenía en aquel tiempo un Seat 131 blanco, que, tras echar gasolina en el paseo del Salón, encaminó sus ruedas a la carretera de Motril. Cuando llegamos a Dúrcal, paramos como era de ordenanza obligada, a beber agua del enorme pilar y proseguimos el camino. Yo no había estado nunca en Las Albuñuelas, aunque siempre había oído la excelencia de su fruta y de sus gentes. Horadamos sus escasas calles, hasta llegar a una especie de plazoleta pequeña o calle con anchurón, donde Pepe se apeó y tocó a la puerta. Al instante una mujer de avanzada edad, de luto riguroso y pañuelo atado a la barbilla, nos recibía con el encanto y la sencillez de las personas humildes y educadas. Era su madre, a la que por fin le daba unos besos después de varios meses sin verla. Aquella gitana, tenía en su porte y tratamiento, la mesura y la educación de siglos de historia en su alma. No era de extrañar que el niño le hubiera salido poeta. Pasamos una tarde con ella que no podré olvidar mientras viva. Mientras regresábamos, el autor de “Camelamos Naquerar”, no hacía más que decirme que aquel viaje había sido impagable y que siempre estaría en deuda conmigo, asunto éste que resolvimos en La Trastienda, dejándome invitar a un vino del tonel, que escanciaba con protocolo y finura, Fernando Miranda.
UN GITANO DEL VALLE DE LECRÍN EN LA UNIVERSIDAD
La familia de José Heredia Maya, de condición humilde hasta decir basta, se sacrificaron, no solo para darle estudios al niño cuyo destino estaba en la venta de telas por los pueblos de alrededor, sino, hasta llevarlo a la Universidad, donde se convertiría en el primer Catedrático gitano de España. Estudió Filología Románica, y nada más terminar los estudios ya era profesor universitario, a la vez que publicaba su primer libro de poemas, “Penar Ocono”. Alexandre, Otero o Hierro, tres columnas de la poesía española se rindieron a su obra y lo animaron a seguir por ese camino. En 1976 estrena su espectáculo “Camelamos Naquerar”, protagonizado por su amigo Mario Maya, quién lo pasearía por todo el mundo, como muestra artística y literaria, de la persecución de los gitanos. Mientras había fundado el “Seminario de Estudios Flamencos” en la Universidad de Granada, uno de cuyos cursos culminó con, la primera visita de Camarón a la ciudad de la Alhambra. Además de poner en marcha el Aula de Poesía, junto al poeta Álvaro Salvador. Su creación poética era fértil, así como su militancia anti racista, defendiendo la libertad del pueblo gitano, y su igualdad de condiciones con respecto al resto de la sociedad. Fruto de ese maridaje, escribe en 1983 su “Macama Jonda”, la boda de un gitano con una mora de Tetúan, que le permite traer a la península al mismísimo, maestro Chekara, con toda su orquesta, para estrenar en el auditorio otra obra de proyección y vigencia sin límites. Enrique Morente, María La Negra, El Polaco y El Parrón, fueron los que la estrenaron, y tras los ensayos, se fomentaba la tertulia en “El Avellano”, de la calle La Colcha, regentado por el periodista, Paco Espínola.
UN GITANO DE LEY
Uno de sus últimos trabajos fue, la obra “Un gitano de Ley”, basada en la vida del gitano, Ceferino Giménez, hombre de profundas convicciones religiosas, que fue fusilado en 1936, y al que la iglesia subió a los altares. Con ese motivo, vine de Sevilla para entrevistarlo para el programa de flamenco de Canal Sur TV. Me recibió en su precioso Carmen del Olivo, junto a la Cruz de La Rauda. Testigo de nuestra conversación fue su hijo, que nos acompañó en todo momento. Para lograr imágenes de recurso, lo sacamos a pasear por las calles cercanas junto a la muralla árabe albayzinera, y esa fue la última vez que nos dimos un abrazo de compadres hasta el más allá.
¡0IGA! SE LIMPIA EL "CALSAO"
¡OIGA!, SE LIMPIA “EL CALSAO”
Tito Ortiz.-
Hubo un tiempo en que los limpiabotas de Plaza Nueva rivalizaban con los de la Placeta de La Mariana, en ser los que mejor y mas brillo daban a los zapatos de sus clientes. Como complemento, te ofrecían la prensa local y deportiva para leer durante la operación de lustrar, tabaco de contrabando a buen precio y décimos de lotería.
Ir a que te limpiaran los zapatos los domingos era todo un ceremonial que dejaba ver a las claras tu boyantía económica. Los profesionales de este menester, se esforzaban por complacer a la clientela empezando por ofrecerle una silla para que estuvieran cómodos. Te prestaban la prensa del día, encendían el cigarrillo en cuanto te veían sacarlo y así comenzaba el ceremonial previo a la acción. Una vez puesto el pie en la plataforma del cajón con forma de suela, te subían los calcetines si los tenías arrugados abajo, y para protegerlos del tinte y del betún, a ambos lados de los tobillos, te introducía unas piezas de cartón, a modo de escudo para las salpicaduras y los “rebañones”, no sin antes, doblar hacia arriba el falso del pantalón, para igualmente protegerlo. El trabajo comenzaba con el cepillado del zapato para dejarlo libre de polvo, barro o manchas. A continuación, se le aplicaba el tinte, negro o marrón, según la piel. Una vez secos, la crema en movimientos circulares para lo que unos se protegían con un trapo, y otros lo hacían directamente con los dedos índice y medio, a lo que seguía un cepillado de auténticos malabaristas, con cambio de manos y palmada a la madera, para que sonara bien, lo cual indicaba que el trabajo era de una perfección aplastante, para finalmente pasarle una bayeta con la presión exacta de un pulido inmaculado. Peseta al canto y propina de dos reales, hacían que el limpiabotas te diera las gracias con una sonrisa, mientras se tocaba con los dedos el filo de la visera de su gorra. Los más ceremoniosos se la quitaban, incluso.
MELCHOR
En aquellos años cincuenta y sesenta del siglo pasado, el oficio de limpiabotas era tan digno como otro cualquiera, y no pocas familias, cuyo progenitor no tenía otra formación, salieron adelante con este trabajo, al que se le fueron añadiendo servicio como, la venta de tabaco de estraperlo, o décimos de lotería a los que había que añadir la propina del diez por ciento del importe.
Melchor era un gitano del Sacromonte que limpiaba el calzado en Plaza Nueva. Alto y espigado, su fama de buena persona le precedió hasta su muerte. Su educación extremada y su buen hacer con los zapatos, hacían con frecuencia, que, aunque estuviera ocupado con un cliente, los demás esperaran haciendo cola tras de la silla, hasta que Melchor y no otro, limpiara sus zapatos. A veces ibas a limpiarte, y veías que junto al cajón ya había varios pares aguardando lustre. Eran los que las criadas de los señoritos de los alrededores le bajaban, para que el señor no tuviera que aguardar cola o estar a la vista de todo el mundo. La criada de cofia y delantal blancos bajaba a la hora acordada con Melchor, y ya le subía el calzado limpio al señorito, sin que este se hubiera tenido que molestar en mezclarse con la plebe. El bueno de Melchor tenía muchas bocas que alimentar, así que no dudaba en pluriemplearse. En la misma Plaza Nueva, casi haciendo esquina con la Cuesta de Gomerez, estaba la delegación en Granada de las máquinas de coser, Alfa, así que cuando vendían una, llamaban al bueno de Melchor, que no dudaba en cargársela al hombro y llevarla al domicilio de la adquiriente. Un día me contó, que, andando, llevó una hasta la vecina localidad de Huétor Vega. Un trabajo por el que le pagaron diez reales, pero que no cogió el tranvía, porque si no: ¿Qué le hubiera llevado a los churumbeles?
LIMPIABOTAS EN PLANTILLA
Más suerte tenían los que lograban una plaza de limpiabotas fija, en cualquier local acreditado que presumía de tenerlos a disposición de sus socios o clientes. Recuerdo limpiabotas ilustres como el del Centro Artístico, el Café Suizo, la cafetería del Victoria, el Club de Los Monteros, el Taurino o el Liceo. Sin olvidar que había salones especializados en lustrar el calzado con limpiabotas muy acreditados, con varios sillones en batería. De los últimos en cerrar, recuerdo el de la calle Salamanca, o el de la calle Ventanilla, casi saliendo a San Juan de Dios. En estos últimos también reparaban el calzado. Lo mismo te echaban medias suelas, que te ponían unos protectores en la puntera y los tacones, para evitar el desgaste, que también te permitían con el ruido, dar tus primeros pasos de claqué. ¡Que tiempos, Fred Astaire!!
VAYA VACACIONES
VAYA VACACIONES
Tito Ortiz.-
Antes de irse de vacaciones, al presidente del gobierno, la oposición al completo le ha pedido un balance de cuentas como, si llevara gobernando dos años o más. El caso es que, en unas semanas, Pedro Sánchez ya se ha hecho acreedor a la exigencia de todo un presidente de la nación, y no de un interino temporal en expectativa de destino. Los fachas lo acusan de estar en la Moncloa, gracias al voto de los terroristas. Los conservadores, al de los separatistas, los de centro, le piden elecciones, y los suyos, que nos los desperdicie matando moscas a cañonazos con planteamiento a largo plazo, que se verán muy acortados a la vuelta de las vacaciones. Ahora viene al caso, aquello de que la presidencia del país, a veces es un caramelo envenenado. Históricamente la sociedad te pide un posicionamiento y una asunción de responsabilidades, en el momento que menos te interesa, pues seguro que le vas a hacer el trabajo sucio a quién te suceda, que hará de tus éxitos, los suyos, sacando rédito político a una situación en la que no ha tenido que mancharse las manos. A nivel ciudadano, con el pesoe vivimos, igual de mal que con el pepé, pero mucho más ilusionados y esperanzados. A nosotros – cosa que no ocurre con los populares – los socialistas nos infunden alegría cada semana con una noticia alentadora para nuestra economía y futuro provincial, aunque no le veamos el principio por ningún sitio. La autovía eléctrica triprovincial, quieran ustedes o no, es un proyecto – como diría un político al uso – ilusionante, y si en lugar de esconderlo lo sacamos a la luz, pues te alegra el desayuno, oyes. Ocurre lo mismo con el tren que no se atisba en el horizonte, o sea, el histórico AVE, que para cuando llegue a Granada, ya habrá salido otros mucho más moderno, rápido y seguro, pero de no tener tren ni de juguete, a que te digan que por una vía que dábamos por muerta, nos van a conectar con la civilización en cinco horas, pues que quieres que te diga, que a mí, la tostada me entra mejor así. Claro que hay cosas que no me cuadran. Los taxistas de este país llevan nueve años mosqueados con las autoridades, por culpa de algunas empresas de coches de alquiler con conductor, y que casualidad hombre, que han esperado a que el gobierno fuera socialista, para parar la Castellana. Yo no sé si es que soy un convencido de la orientación política de una amplia mayoría de los taxistas, gracias a llevar sesenta años cogiendo taxis y hablando con ellos, o es que, de verdad, sin presión de ningún partido de la calle Génova, se han movilizado, así, por las buenas, permítanme que lo dude. Eso sería tanto como admitir, que el rey emérito no ha ido este año a Mallorca, porque de verdad se siente indispuesto. Soy ya muy mayor para que me tomen el pelo. En un intento de eso, de que no sigan tomándonos el pelo, mi admirada Inmaculada Calahorro, le dijo a mi compañero Quico Chirino el domingo, que, aunque alguien nos había contado el cuento de que la segunda circunvalación estaba para finales de este año, el expediente que se ha encontrado al llegar a su nuevo despacho del palacio de los Müller, habla de 2020. Y ella acaba de entrar, así que habrá que pedir responsabilidades a quién corresponda. Total, que mientras Europa se ha ido de vacaciones, me refiero a los responsables políticos, a nuestras costas siguen llegando miles de criaturas africanas a diario, con un futuro más incierto que el mío. Ya se sabe. En martes, ni te cases, ni…
JOSÉ MARÍA DE GRANADA
JOSÉ MARÍA DE GRANADA
Tito Ortiz.-
Sacerdote, militante confeso del Ateneo Libertario, se sumergió en la bohemia teatral del Madrid de su época, y solo al final de sus días, retomó los votos y volvió a Granada para morir abandonado por todos.
El uno de mayo de 1960, falleció en el Hospital de San Juan de Dios, solo, en la más absoluta pobreza y abandonado por todos, menos por las hermanas de La Caridad que lo atendieron siempre con cariño, José María Martín López, más conocido en el mundo de la farándula como, José María de Granada. No consta lugar de enterramiento, por lo que es de suponer que su cuerpo – al no ser reclamado por nadie – fue donando a la ciencia, o sea, que sus huesos, esparcidos por la sala de prácticas de la facultad de medicina, hayan estado años y años, enseñando a los nuevos médicos. Ese final a él no le hubiera disgustado, ya que en su persona se concentraban todas las contradicciones propias de un hombre inteligente, artista y degustador de la vida y sus libertades, como quedará claro a lo largo de este escrito, que, con gusto y admiración, elevo a su memoria.
LA HIJA DE JUAN SIMÓN
La primera versión cinematográfica de “La Hija de Juan Simón”, obra de teatro musical de Nemesio Sobrevilla, se estrenó en 1935, interpretada entre otros por, “Angelillo”, y ya se tiene constancia de que en ella participó muy activamente nuestro paisano, dados sus altos conocimientos teatrales y sobre todo musicales. Esta película fue dirigida por José Luís Sáenz de Heredia, y en ella participó con lo que ahora llaman los modernos “un cameo”, el oscarizado Luís Buñuel, amigo de Lorca en la Residencia de Estudiantes, que además era el productor ejecutivo de la obra. Puesto que, a lo largo de su azarosa vida, José María de Granada tuvo que utilizar muchos seudónimos para poder trabajar, imaginamos que se encuentra tras alguno de los que aparecen en la cartelería, porque lo de huir en él, fue siempre un destino en lo universal.
¿VOCACIÓN SACERDOTAL?
Había nacido en Granada el 31 de agosto de 1893, cinco años antes que Lorca, y sus primeros estudios fueron eclesiásticos, no sabemos si por vocación o porque a la fuerza ahorcan, ya que había quedado huérfano de padre muy pronto. Aún así fue protegido por el arzobispo Meseguer, y el año en que se hundió el Titánic ya era sacerdote muy activo, hasta el punto de fundar el, Centro Católico Nuestra Señora de Las Angustias, donde se practicaba el teatro, entre otras actividades culturales. “El Diablo son los Hombres” fue una de las primeras obras que escribió para este grupo, que después sería estrenada en Madrid con gran éxito. Esto unido a un desengaño amoroso lo hicieron abandonar el sacerdocio y trasladarse a Madrid, donde frecuentaba tabernas y tugurios con la gente de la farándula, que pronto lo bautizaron como, “El Cura”.
LAZARO DE O’LEIN
Con “Soldado de Nápoles”, un sainete postinero y andaluz, le llega un gran éxito, pero como todavía colaboraba algo con la iglesia en su condición de sacerdote, lo firmó con el seudónimo de Lázaro de O’lein. Este no sería más que el primero de los muchos y diferentes seudónimos que utilizó a lo largo de toda su vida, de ahí que cueste tanto identificar su participación en tantas y tantas obras. Finalizada la Primera Guerra Mundial, estrena en el teatro Apolo, “Granada Mía”, un sainete de ambiente granadino, con el que de nuevo se mete al público en el bolsillo. La partitura corrió a cargo nada menos que del propio Ángel Barrios, su paisano y amigo, que, como Francisco Alonso, colaboraría en no pocas ocasiones, con José María de Granada, éste cura con vocación artística, que se movió por el Madrid de los años veinte y treinta, a ratos con la sotana, a ratos con las candilejas, y en otras ocasiones, colaborando con la CNT, cuya compañía teatral, dirigió durante la guerra civil española. En 1937 estrena con clamoroso éxito su última obra, “El Empecinado”, aunque hay quién mantiene que, tras la contienda, pasó a Barcelona y allí en el teatro Romea, logró estrenar en 1946 su obra, “Un Hombre”, con su propia compañía y actuando como protagonista.
VUELTA A LA FE
En 1951 se retractó públicamente de todos sus desvaríos mundanos, y la iglesia instituida lo restituyó en su sacerdocio, destinándolo a la Parroquia del Carmen de Madrid, de donde salió para oficios religiosos reclamado por los amigos como, la misa en la capilla ardiente de don Jacinto Benavente, el bautizo de la hija del actor Manolo Carreras, o el responso ante la tumba de, Enrique Jardiel Poncela, amigo y compañero en el mundo de las tablas. El año en el que Fidel Castro entró en La Habana, aquejado de una grave enfermedad volvió a Granada, donde solo lo acogieron y reconocieron, en el Hospital de San Juan de Dios. Murió en la más absoluta pobreza y olvidado de todos, pero nos dejó el testimonio de una vida bohemia, donde la religión, el amor mundano y la libertad por bandera, se dieron siempre la mano y convivieron con el arte hasta la médula. No sabemos donde está el cuerpo de José María de Granada, pero si su gran obra teatral y musical, que nos dejó con la generosidad que siempre le caracterizó, para la posteridad.
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