martes, 27 de agosto de 2019

BANDA PROVINCIAL DEL HOSPICIO

BANDA PROVINCIAL DEL HOSPICIO 


Francisco Lara en la actualidad y en los años cincuenta en la banda del Hospicio de Granada

En el siglo XIX, granada tuvo una banda de música que se codeó con las mejores del país. Su participación en todos los acontecimientos provinciales, le granjearon el máximo reconocimiento, de compositores y ciudadanos.

Tito Ortiz.-

Rara era la Diputación Provincial que hace dos siglos no tenía su propia banda de música, surgida en principio, para dar formación y salida profesional a los niños acogidos por la beneficencia. El centenario edificio del Hospital Real, acogió en un principio a los huérfanos, pero después pasaron a las nuevas instalaciones de la Diputación en Armilla, de ahí que los armilleros mantengan aún la tradición en el tiempo de su vocación musical, hoy día representada por la Asociación Musical San Isidro, cuya escuela de música dirigida al igual que la banda por, José Melchor Perelló, es una hermosa realidad de un nivel que, ha trascendido todas las expectativas, cuando se fundó en los años ochenta. La juventud y entusiasmo de su profesorado, hacen que su alumnado crezca cada año, muchos de ellos formando parte de su banda de educandos, para su posterior paso a la de los mayores, de tan reconocido prestigio. Pablo y Miguel, dos de sus componentes, son puntales en la organización y proyección de futuro. 

PRIMER CERTAMEN PROVINCIAL DE BANDAS

El Corpus de 1888, se celebró el primer certamen provincial de bandas de música de Granada del que tengamos constancia. El miércoles, día 30, a las seis de la mañana, la Banda del Regimiento de Córdoba 10, con guarnición en Granada y, la de niños expósitos de la Banda del Hospicio Provincial, salieron de sus respectivos alojamientos para recorrer en animada diana las calles de Granada en dirección al Ayuntamiento, a donde llegaron sobre las ocho. A las doce, salió la Tarasca junto a toda la parafernalia. Nos lo cuenta con detalle en su crónica, José Miguel Barberá Soler. Por la tarde, a eso de las cinco y media, en el palco de la antigua plaza de Toros del Triunfo compareció el jurado encargado de decidir los premios, compuesto por los reputados maestros Antonio Segura, Bernabé Ruiz Vela, Francisco de Paula Valladar, Ramón Noguera y Celestino Vila de Forns, quien, además de actuar como presidente, compuso la «marcha religiosa» obligada del certamen. Con una más que aceptable concurrencia, abrió la tarde la Banda del Padul, con veintisiete músicos que supieron ganarse el general aplauso en la ejecución de la obra obligada. Después entró en el palenque la de Pinos del Valle (apenas habían pasado poco más de tres años desde que el pueblo fuese prácticamente destruido por el horrible terremoto del 25 de diciembre de 1884) con dieciséis músicos todos uniformados, aunque la escasez de personal hizo que no se escuchara bien; aun así, los bizarros lecrinenses tocaron con gusto y afinación. La Banda del Hospicio Provincial consumió el tercer turno, y fue la que provocó mayor entusiasmo en el respetable: «Qué gran diferencia, los músicos asilados hacen grandes adelantos… que el ayuntamiento influya en la diputación para que se distinga en todo lo posible a los jóvenes, tanto en el cuidado de la alimentación, cuanto en el trato y comodidad personal, teniendo en cuenta el grado de trabajo que prestan en el estudio de los instrumentos». El director encargado de esta banda de beneficencia era José Luján, hijo del que fuera último director de música de la Capilla Real y notorio compositor Antonio Luján. El certamen terminó a eso de las siete, y poco más tarde el jurado dictaminó conceder el primer premio, de 500 pesetas, a la Banda del Hospicio Provincial; el segundo, de 300, a la del Padul; el tercero de 200, a Dúrcal, y fue propuesto, asimismo, un premio especial de 100 pesetas para la de Pinos del Valle. A las bandas se las invitó a desfilar, dios mediante, en la procesión del Corpus.

MONTERO Y LARA

A lo largo de los años, hasta que la banda del Hospicio desapareció bien entrado nuestro siglo, por sus atriles pasaron músicos que después tuvieron una magnífica proyección. De entre ellos destaca el admirado, José María Montero Gallegos, primer director de la Banda Municipal de Granada que ahora conocemos. Su biznieto, el poeta granadino, Luís García Montero, nos cuenta que el maestro Montero desde niño, fue uno de los componentes de la Banda Provincial del Hospicio, en la que destacó como buen intérprete de la flauta, que junto con el piano, eran sus instrumentos preferidos. Nosotros hemos podido hablar con otro de sus componentes. Francisco Lara, que a sus 84 años, recuerda con cariño su ingreso en la banda del Hospicio granadino, y a su director entonces, José Vellido, que aunque entonces todos ingresaban de corneta o tambor, a él le vió cualidades, y le perimitió ingresar tocando el clarinete. Lara abandonó la banda en 1956 para hacer el servicio militar, y la formación desapareció a principios de los sesenta, pero no olvida ni a sus comapñeros, ni el gran nivel interpretativo que tuvo la formación.

lunes, 26 de agosto de 2019

LA VENIA PISTOLA EN MANO

LA VENIA PISTOLA EN MANO

La Alhambra y Los Favores se retaron en Reyes Católicos, el saetero equivocó la letra y la escuadra de romanos, terminó en comisaria.

Tito Ortiz.-

Nuestra semana santa es tan rica en el capítulo de anecdotarios, que la publicación de los hechos reales, darían para varios tomos. Sabido es que las desavenencias entre hermanos fundadores, dan lugar posteriormente a la escisión de un grupo de éstos, que por el prurito de no ser menos, terminan fundando otra nueva hermandad. Yo he vivido eso en mis carnes, pero lejos de ser algo de nuestros tiempos, este tipo de comportamientos, unido a las rivalidades de los distintos gremios que fundan cofradías a lo largo de toda la historia, dan como resultado, que el acervo cofrade se engrandezca y llegue hasta nosotros con toda su riqueza, histórica y patrimonial. Corrían los últimos años de la década de los felices años veinte del siglo pasado, cuando un puñado de amigos, que luego dejarían de serlo, pone en marcha el proyecto de fundar la hermandad de La Alhambra, y en el fragor de la batalla y por motivos que me llevaré a la tumba, se produce un choque de trenes dentro del proyecto, que obliga al abandono del mismo a un grupo, que sin pensárselo, protagonizan una carrera para ver cuál de las dos facciones es capaz de poner antes en las calles de Granada, una nueva hermandad. Recaudar fondos para titulares y ajuar era prioritario, hasta tal punto de que me consta y, guardo testimonio grabado de algunos protagonistas, que valiosas aportaciones en metálico y de joyas para fundar la hermandad “realejeña”, salieron de las casas más acreditadas de las meretrices granadinas de la época. La competición por ser los primeros en, poner nueva hermandad en la calle fue muy ajustada, hasta tal punto que llegó el gran día, y quiso la divina providencia que ambos cortejos coincidieran en Reyes Católicos. La Alhambra bajaba por Gomérez camino de la tribuna, y Favores regresaba a su barrio por la calle de La Colcha. En aquella competición fratricida de los que antes habían sido hermanos de proyecto, la Alhambra adelantó su cruz de guía y tras ella todo el cortejo, hasta la altura de lo que hoy conocemos como Santi Espíritu, que entonces no tenía salida a Pavaneras. Con tal acción, impedía que los favores retornaran. Me consta que hubo componentes de ambos cortejos discutiendo quién debería tener preferencia de paso, y como lo de llegar a un acuerdo, ni se atisbaba, de pronto, un fundador de la hermandad de san Cecilio dio por zanjado el tema y logró paso franco para su hermandad. Lo que hizo fue sencillo. Echó mano a la sobaquera, sacó una Star del nueve largo, tiró del cerrojo hacia atrás, la montó con una bala en la recamara, y le dijo al cofrade alhambreño que le impedía el paso: ¿A que ahora vamos a pasar sin problemas? Y en ese momento, lo mismo que en la película de Moisés se abrió el mar en dos partes para que pasaran las criaturas, el cortejo de la Alhambra se apartó a la velocidad de la luz, permitiendo que los favores regresaran a su barrio sin mayor problema. Cuando un cofrade “greñúo” es convincente en sus argumentos, no se necesita nada más.

SAETA 

Siempre ha tenido la semana santa de Granada una tradición de saetas a pie de calle, y los que peinamos canas hemos disfrutado de momentos inolvidables, como aquella noche en la que Enrique Morente, le cantó una saeta al Cristo del Silencio, cuando se encerraba en San José. Curro Andrés, que sabe de esto un rato, se acordará de aquella madrugada que, a todos se nos quedó el corazón encogido escuchando en la oscuridad a nuestro admirado Enrique, junto al semblante más sobrecogedor de un hombre muerto en la cruz. Pues junto a esos momentos inolvidables, la saeta espontánea en la calle es lo que tiene, que también te puede dejar perplejo, cuando el asunto barrunta ruina. No han sido pocos los casos en los que algún aficionado, que en estado de sobriedad jamás lo hubiera intentado. Animado por la ingesta y por algún “amigo” de esos que contándolo entre los tuyos no necesitas enemigos, se planta delante del paso, y suelta más gallos de los que Pedro escuchó la noche de marras. Otra cosa es que los nervios le jueguen una mala pasada al saetero, que con su mejor intención olvide la letra o la cambie, como le ocurrió al que ante la imagen del Cristo de su devoción, queriéndole pedir en la letra, vista para los ciegos y libertad para los presos, exclamó: … ¡Y a los presos dales vista, y a los ciegos libertad!

UNA DE ROMANOS

Nada más ver cómo iban uniformados los romanos, aquello no barruntaba nada bueno. Aquel año para el Santo Entierro, la escuadra venía de El Padul, y nada más llegar a Plaza Nueva, la gente comenzó a comentar. Lucían en las piernas leotardos marrones, con zapatilla de tenis. Ni casco ni coraza metálicos. Un pecherín de boatiné y prenda de cabeza de plástico marrón. Lanzas de madera con la punta pintada de purpurina, en fin una caricatura de lo que hasta entonces había sido una escuadra de romanos para escoltar al Santo Sepulcro. Cuando se abrieron las puertas de la audiencia, para dar comienzo al cortejo oficial de la semana santa, el que mandaba la escuadra, se acercó a uno de ellos requiriéndole mayor marcialidad al desfilar y mejor compostura, a lo que éste contestó con una serie de insultos a voz en grito, acordándose de sus progenitores, y haciendo uso de la lanza que portaba, de tal manera que en un instante, la escuadra se convirtió en una trifulca descomunal, con los romanos apaleándose entre sí, rodando por el suelo, alguno ya escalabrado, hasta el punto de que tuvo que intervenir la policía, llevándose a unos cuantos a comisaria y a otros a la casa de socorro.

domingo, 25 de agosto de 2019

PEPE CID, LA VOZ ROTA DE LOS OBREROS

PEPE CID, LA VOZ ROTA DE LOS OBREROS

Durante los últimos años del franquismo y primeros de la transición, se convirtió en el azote de la patronal y objetivo prioritario de la Brigada Político Social.

Tito Ortiz.-

Luchador infatigable hasta la muerte, el viejo militante del PCE y fundador del sindicato Comisiones Obreras en Granada, dio varias veces con sus huesos en la cárcel, por liderar la lucha obrera y el cambio a la democracia, desde la clandestinidad. No había manifestación, piquete, concentración o encierro, donde Pepe Cid, no estuviera a la cabeza en la defensa de los trabajadores. No fumaba, no bebía, pero su voz rota de cantaor, voceaba las consignas con un liderazgo incontestable. Le avalaban toda una vida entregada a la defensa de los derechos humanos y, una convicción aplastante de que otro mundo mejor para las clases sociales era mejor y hasta posible. Su figura comienza a emerger un año antes de que Massiel gane el Festival de Eurovisión. En 1967 se lleva a cabo por parte de antiguos y nuevos militantes del PCE, entre los que se encontraban José Cid de la Rosa, Martín, Suárez, Pedro Girón y José López Ávila,  la fundación de las Comisiones Obreras de Granada. La primera asamblea de la recién creada organización, con presencia de Fernando Soto y Eduardo Saborido, se celebró en el bar La Mosca, como bien recoge Martínez Foronda. La presentación pública de las CCOO de Granada, se hizo coincidir estratégicamente con la Jornada de Lucha convocada a nivel nacional para el 27 de octubre de 1967. La manifestación realizada por unos 200 trabajadores desde la Plaza del Triunfo hasta la sede de la CNS, en la Gran Vía, constituyó la escenificación de la existencia formal de la organización en la ciudad.

ALBAÑILES QUE VUELAN

Pepe Cid consolida su liderazgo en el PCE y CC.OO. y en 1970 está a la cabeza de las negociaciones del convenio de la construcción en la provincia de Granada. Aquí, mandaban las familias más conservadoras de España, metidas de lleno en el régimen o amparadas por él. Muchas de ellas, enriquecidas por el boom de la construcción que desarrolló la capital invadiendo la Vega, con grandes moles y barrios, como reconoce Juan Ferreras. Mientras los obreros eran tratados como esclavos, con contratos verbales, por un jornal que apenas llegaba a las 15 pesetas a la hora, a destajo, y sin protección social. A las ocho de la mañana del 21 de Julio de 1970, salieron los albañiles  de la reunión de la antigua sede sindical en la que hoy es la Avenida de la Constitución. Unos 4.000 habían decidido ir a la huelga y convocar la primera manifestación en Granada desde la República. A continuación tendría lugar el hecho más execrable del régimen franquista. A toque de corneta, la Policía Armada carga. Algunos obreros paran un camión de bovedillas para usarlas contra los policías. Se oyen disparos. Caen abatidos los compañeros Antonio Huertas Remigio, de Maracena, peón de albañil; Cristóbal Ibáñez Encinas, marmolista de Granada, y Manuel Sánchez Mesa, de Armilla, peón de albañil, además de numerosos heridos entre trabajadores y policías. La policía solo reconoce que disparó al aire, de lo que se deduce, que los albañiles muertos…volaban.

LA CÁRCEL

A raíz de estos trágicos sucesos, la represión sobre los líderes sindicales toma tintes inimaginables. José Cid de La Rosa, y otros muchos, son detenidos y torturados. De entre todos ellos, destaca el caso de Paco Portillo, su detención en los calabozos de la calle Duquesa, antes de ponerlo a disposición judicial, se prolonga durante 37 días en los que es torturado sin compasión. Cuentan algunos camaradas que lo vieron desnudo en las duchas de la antigua cárcel junto al viejo “Los Cármenes”, que no tenía ni un centímetro de piel que, no estuviera morada por las tremendas palizas recibidas. Todo su cuerpo era un completo moratón. En el caso de Pepe Cid, ni la tortura policial ni su internamiento harían mella en el viejo luchador de la voz rota. Con nuevas energías, en 1972, lo encontramos junto a otros camaradas y compañeros, fundando el primer despacho de abogados laboralistas de Granada. Al frente del mismo estuvieron, Miguel Medina Fernández-Aceytuno y Fernando Sena. El primero había trabajado en el despacho de CCOO en el Ferrol y posteriormente en Madrid en 1971. A finales de ese año, el PCE, a través de Pepe Cid de la Rosa, Pepe Martín y de José López Ávila, "el abuelito", le sugirieron la idea de establecerse en Granada para trabajar para el movimiento obrero. Inicialmente se montó en un pequeño piso alquilado en la calle Moral de la Magdalena. Posteriormente se establecieron en la Calle Escuelas de la ciudad granadina. Era un suma y sigue en la lucha de los trabajadores.  Con el tiempo, el abogado,  Miguel Medina Fernández-Aceytuno, llegaría a ser concejal del ayuntamiento democrático de la ciudad de La Alhambra.

sábado, 24 de agosto de 2019

EL SERENO

EL SERENO

“Las doce y sereeeno, está nublado y puede lloveeer”, cantaba aquel hombre al pie del balcón, dos o tres veces en la noche.

Tito Ortiz.-

Faltando un par de días para navidad, mi abuela siempre tenía en un viejo azucarero inservible, sobre el repostero del salón comedor, unas pesetillas sueltas para aquella ocasión. Llamaban a la puerta, y al abrir, un hombre de avanzada edad, con un guardapolvos gris, y una sonrisa ensayada que dejaba ver un diente de oro, extendía la mano y ponía sobre la mía una especie de estampa, de colores apagados, en la que un sereno mejor vestido que él, nos deseaba unas  “felices pascuas”, que es como se decía en el Albayzín, porque eso de la navidad, era muy distinguido. A Manuel, el sereno le había precedido en pedir el aguinaldo, Paco, el basurero, que presentaba también, un aspecto muy lejano en vestimenta, con respecto a la estampita que nos ofrecía a cambio de unas pesetillas, pocas, porque también esperábamos por esas fechas a, Antonio, el regador, que fiel a su cita anual, como sus compañeros, nos deseaba felicidad para esos días y un feliz año nuevo. Todos trabajaban de noche en el barrio, y era la única oportunidad de ponerles cara y saludarlos, aunque al sereno si lo veíamos más y sobre todo, lo escuchábamos.

GARANTE DE NOCHES TRANQUILAS

Los primeros serenos se documentan en el año 1715, creándose el Cuerpo de serenos el 12 de abril de 1765, siendo más tarde incluidos en un Real Decreto del 16 de septiembre de 1834, donde se regulaba la función de los serenos en las capitales de provincia. En líneas generales y con ligeras variaciones según el país, era obligación de los serenos recorrer las calles de su demarcación protegiendo de robos y asaltos, evitando las peleas (incluso las domésticas), dar aviso de incendios y prestar auxilio a todo aquel que lo necesitara. En algunas ciudades se llamaban unos a otros por medio del silbato que llevaban o voceando contraseñas. En el Albayzín, más de una vez, el bueno de Manolo, evitó más de una paliza a alguna vecina, puesto que el marido llegaba a altas horas con más copas encima de las recomendadas, y al recriminar esa actitud, la mujer se exponía a ser agredida, asunto que no llegó a mayores gracias a él, que en más de una ocasión, ayudaba a acostar al borracho, y de esta manera, evitar el escándalo a deshoras, y sobre todo la riña familiar. Yo conocí al bueno de Manolo con, un bastón considerable a modo de defensa y una linterna de petaca. Enganchado al cinto con el que había hecho la mili, portaba un arco de alambre grueso, del que pendían las llaves de todos nuestros portales, que por su tamaño, nadie llevaba encima, así que al llegar más tarde de las diez, cuando los vecinos cerrábamos las puertas, bastaban dos palmadas, para que presto acudiera para abrir al vecino rezagado. Y en no pocas ocasiones, se habían requerido sus servicios para ayudar a un padre nervioso, cuando su mujer se había puesto de parto a altas horas de la madrugada.

FAROLAS Y ORDEN NOCTURNO

Cuando yo nací, entre sus obligaciones ya no estaba la de encender las farolas de gas por las noches, porque aunque pocas, estas ya eran eléctricas. Tampoco portaba “el chuzo” ni el farol de mano. Pero su existencia nos daba a todos una tranquilidad por las noches, que ahora se echa de menos. Era muy difícil robar con un sereno avispado en el barrio, como era nuestro caso, y además, había buen trato y conversación. Cuando mi padre llegaba tarde, daba las palmadas de rigor, y cuando llegaba Manolo, mi progenitor ya tenía la petaca del tabaco abierta (Caldo de gallina) y los dos papelillos sacados del librito “Bambú”, para echar un cigarro y una buena charla con nuestro sereno. Aquel hombre bueno que cuidaba de nosotros por la noche, era lo menos que se merecía. Manolo fue como de la familia, pero de todos, en el barrio. Su vigilia nos libró de incendios y algaradas, hasta el punto de que cuando alguien echaba una serenata a la novia por la noche, al primero que se avisaba era a Manolo, para que lo supiera, aunque él era el primero que se pegaba a la ronda, hasta que se acababa. Los barrios de Granada entonces, eran más tranquilos con un buen sereno como el que teníamos nosotros. Honor y gloria a una profesión que nunca debió desaparecer.

viernes, 23 de agosto de 2019

¡¡BARQUILLOS DE CANELA!!

¡¡BARQUILLOS DE CANELA!!

Con este pregón están rellenos, gran parte de los recuerdos de mi infancia, que discurren por las calles del centro histórico de Granada  y el Paseo del Salón.

Tito Ortiz.-

Hombres de chaqueta blanca inmaculada, con una bandeja repleta de barquillos sujetos por una goma, los pregonaban desde el Zacatín a La Carrera, hasta llegar al paseo del Salón, donde en el lugar que hoy se encuentra la desproporcionada fuente de Las Granadas, se hallaba el monumento a Colón y la reina católica que hoy preside el inicio de la Gran Vía, formando una T invertida con Reyes Católicos. Junto a la reja que protegía el conjunto monumental, se apostaban criadas con niños de la mano, soldados que disparaban sus requiebros con promesa de vicaría, y los barquilleros más acreditados del lugar, con su cajón ruleta que tanto nos encandilaba. Mi inocencia de niño hacía un mundo de ilusión del momento en el que mi padre, que ya había entregado los dos reales al hombre, me daba permiso para hacer girar la ruleta a ver si tenía suerte y me tocaba un barquillo. Y la suerte siempre estaba conmigo, porque cayera en el número que cayera, cuando la rueda dejaba de girar y se paraba, yo dejaba de respirar deseando escuchar al barquillero la famosa frase: ¡Campeón que suerte tienes! Aquí está tu barquillo.

UN MANJAR

Los barquillos son unos dulces de masa de trigo horneados sin levadura y endulzados con azúcar y miel. Su presentación es, plana, fina y, por la forma del molde, adquirían un perfil acanalado similar a un barco, de donde viene su nombre. También, se presentan en forma de canuto. Se trata de una oblea que a todos los niños nos ha gustado, y que conseguíamos siempre como premio a nuestro buen comportamiento, buenas notas, o efeméride notable. Su fabricación artesanal, sobre las redondas láminas metálicas al fuego requerido, permiten que cada artesano confeccione la masa con los ingredientes tradicionales, pero ya sea por el equilibrio entre ellos o el tiempo de fuego, se puede asegurar, que, existen tantos barquillos distintos como artesanos los hacen. Tradicionalmente, los barquilleros llevaban sus cestas con barquillos y una ruleta en la que los compradores podían probar suerte. El juego consistía en dar vueltas a una rueda que apuntaba a diferentes números. Si había varios participantes, el que sacaba la cifra menor, pagaba todos los barquillos. Si era una sola persona, pagaba unas monedas y tenía derecho a llevarse un barquillo en cada jugada, salvo cuando caía en la casilla del clavo, en cuyo caso perdía todo lo ganado.

TRADICIÓN Y CASTICISMO

Los barquilleros en Granada fueron desapareciendo de nuestras calles, aunque en otros lugares, como Madrid, se han reconvertido en personajes a proteger con gran aceptación entre los turistas. Además, la figura del barquillero ha sido muy arropada y promovida por el teatro castizo y tradicional, y muy especialmente, por la zarzuela, cuyo género musical ha introducido a estos personajes con su dulce oblea, formando parte de sus argumentos. Incluso creadores prestigiosos como el mismísimo maestro Chapí, le dedicó toda una obra al singular personaje del barquillero.
“El barquillero” como decíamos, es una zarzuela en un acto, y tres cuadros, en prosa y verso con un texto original de José López Silva y José Jackson Veyán, con la música del genial, Ruperto Chapí, que fue estrenada  el 21 de Julio de 1900 en el Teatro Eldorado de Madrid. La obra muestra el buen fin de los amores de Socorro y Pepillo (El Barquillero), obstaculizados por Lunaritos, un chulo al que, como tiene “chismitos” ve con buenos ojos Prudencia, y protegidos por el cabo de caballería Melgares. Este esquema tan simple es aprovechado por los libretistas para hacer una magistral pintura de tipos netamente humanos, como la presuntuosa e interesada Prudencia, el chulo Lunaritos, el simpático y algo creído cabo Melgares, pero sobre todo luce la nobleza y simpatía de los protagonistas. En la obra destacan tres números fundamentalmente, el dúo de Pepillo y Melgares “Mi oficio es el oficio más desahogao”, que nos ofrece un paseo por diversos ritmos hispanos  como la marcha, el pasodoble, la polka, la habanera o el zapateado; la romanza de Socorro “Cuando está tan hondo” inspiradísima y de gran mérito y, la serenata de barquilleros “A falta de bandurrias” que para algunos es el número grande de la obra y con el que consiguió Chapí su aspiración de que el público saliera a la calle tarareándolo. ¡Al rico parisien!

jueves, 22 de agosto de 2019

SEÑORES DE LA POLÍTICA Y LA PALABRA

SEÑORES DE LA POLÍTICA Y LA PALABRA

Hubo un tiempo en este país, en el que los políticos de muy distinto signo, se comportaban con educación, dando un ejemplo a la ciudadanía del que hoy, desgraciadamente carecemos.

Tito Ortiz.-

Tengo la edad suficiente para recordar las crónicas parlamentarias de Luís Carandell, excelso periodista de las Cortes hispanas, que tuvo la fortuna de relatar acontecimientos importantes, como la venida de la democracia, y hacerlo con referencias históricas de, intervenciones extraordinarias a cargo de políticos de todo signo en siglos anteriores. Los que vivimos la dictadura y posterior transición política, también hemos podido disfrutar de la corrección en el trato de sus señorías, pese a representar partidos muy distantes en la ideología política. Ese clima de constante crispación y enfrentamiento verbal del que ahora presumen nuestros políticos, que desgraciadamente han trasladado a la ciudadanía, no es más que el fiel reflejo de sus carencias. Cada vez con más frecuencia, arriban a la militancia política, personas con menor formación educativa y profesional, que buscan una salida a un futuro incierto y para el que no se preparan. Carecen por lo general de experiencia laboral, y encuentran en la política el caldo de cultivo necesario para, camuflarse inmersos en la mediocridad existente. Su incapacidad para dialogar los hace llegar a los extremos de, admitir a los rivales políticos como enemigos en el campo de batalla, lo que ya de por si los incapacitaría para, el ejercicio político en cualquier país medianamente culto. Ahora es imposible encontrar dedicados a la política, personas vocacionales como en los setenta lo fueron, reputados catedráticos doctores honoris causa, como algunos padres de la Constitución, o profesionales de nivel internacional con despacho como, los Garrigues Walker. Ahora hay mucho muerto de hambre, sin oficio ni beneficio, que se aferra a la política porque no tiene donde caerse muerto. Lo de vocación de servicio a la sociedad, es un camelo de tomo y lomo, no hay más que verlos y oírlos.

TERTULIANOS DE POSTÍN

En la década de los ochenta del siglo pasado, mi admirado Luís Carandell,  fundó en la "Taberna del Alabardero", de Madrid, una tertulia. Participaban en ella antiguos compañeros del semanario Cuadernos para el Diálogo, como los periodistas Miguel Ángel Aguilar, Pedro Altares, Andrés Berlanga, Félix Santos, Fernando Castelló y Víctor Márquez Reviriego. Los escritores Ángel Fernández Santos, Ángel García Pintado, José Antonio Gabriel y Galán y Vicente Verdú, el político y empresario Javier Gómez Navarro, el cineasta Manuel Gutiérrez Aragón, el publicista Manuel Eléxpuru del Valle, y el anfitrión Luis de Lezama. Dicha tertulia fue más conocida popularmente como, "La Tertulia del Tonto Contemporáneo", por la concesión anual de un galardón, cuyo distintivo consistía en una tiza, a la persona que más tonterías hubiera dicho o hecho durante el ejercicio anterior. Fui invitado a una de aquellas inolvidable sesiones, y fue una experiencia tan gratificante como irrepetible. ¡Qué nivel de conversación, dios mío! Cuanta inteligencia y cultura juntas. Solo por vivir aquella noche, mereció la pena nacer. Se puede estar en las antípodas ideológicas de la persona que tienes en frente, pero hablarle sin escupir piedras es algo que ya está al alcance de muy pocos y esa degradación social, se la debemos –principalmente- a nuestros políticos actuales.

LOS EXTREMOS EDUCADOS

En las elecciones generales de junio de 1977, las primeras tras la dictadura, Fuerza Nueva se presentó en coalición junto a la Confederación Nacional de Combatientes, los Círculos Doctrinales José Antonio y la Agrupación de Juventudes Tradicionalistas bajo el nombre de Alianza Nacional 18 de Julio, sin obtener representación parlamentaria. En 1979, una vez aprobada la Constitución y convocadas de nuevo elecciones generales, Blas Piñar fue elegido diputado al Congreso por Madrid en la primera legislatura ordinaria de la Democracia dentro de la coalición Unión Nacional. Como parlamentario, votó «no» a todos los estatutos de autonomía, tanto a la totalidad, como —cuando fue posible— artículo por artículo. Yo cubrí para el periódico Patria su visita a Granada, en aquella campaña, y tengo que reconocer que me encontré a un señor notario, educado y correcto con los periodistas. Aquella misma mañana, quiso el azar que coincidiera también en nuestra ciudad el máximo representante del Partido Comunista, Santiago Carrillo, a cuya rueda de prensa también asistí. Con Carrillo me fumé un “Gitanes” y pude charlar un rato. En él me encontré a otra persona educada y correcta como pocas. Eran años en el que los insultos entre adversarios políticos, no habían nacido, por muy alejados que estuvieran en el tablero político. Desgraciadamente, los tiempos han cambiado… Para mal.



miércoles, 21 de agosto de 2019

LUÍS MEGÍAS: EL MÚSICO TOTAL

LUÍS MEGÍAS: EL MÚSICO TOTAL

El pluriempleo musical nació con Luís Megias, y ya fuera en la docencia o en la interpretación, las múltiples actividades coparon su vida 

Tito Ortiz.-

Yo no tendría más de diez años, cuando mi padre solicitó mis servicios en su taller de barnizado, para ayudarle a meter por vereda, aquel piano blanco que, su amigo Manuel Fernández Heredia, director del hotel “Nevada Palace” en la calle Ganivet, le había mandado para dejarlo como nuevo. El blanco de su lacado era más bien un amarillo cetrino, y sus tripas necesitaban una buena limpieza. La Tabla armónica, Costillas, Bastidor, Teclado, Puente, el Clavijero los Pedales, todo fue convenientemente desmontado y limpiado. Fueron muchos días decapando aquel colín, lijándolo hasta el tacto de la seda, y lacándolo de nuevo en blanco, hasta colocarle la última tecla, el último macillo y que estuviera listo para presidir de nuevo el salón del hotel, donde el maestro, Luís Megías García, haría las delicias de la fiel concurrencia que cada tarde noche, se daba cita para escuchar de sus manos, las obras inmortales de ayer, hoy y siempre. Luís era un músico total, así que lo mismo abordaba un pasodoble, un nocturno de Chopin, una copla andaluza, el Twist o la Yenca. Luís tenía en la cabeza todas las músicas del mundo, con una facilidad pasmosa para que pasaran de su cerebro a las manos, sin perder un ápice de su encanto.  Desde su adolescencia, nunca le conocí un solo trabajo. El pluriempleo musical nació con Luís Megias, y ya fuera en la docencia o en la interpretación, las múltiples actividades coparon su vida de tal forma, que lo convirtieron en un músico completo, de amplio espectro, dejándole poco espacio a otras actividades que no fueran la música en cualquiera de sus facetas.

CERÓN Y GUILLÉN

Va para cuarenta años que, a mi compadre Luís Cerón se le ocurrió rendir homenaje – cuando nadie se acordaba de él – al ahora, multipremiado y reconocido poeta de los albaicines, Rafael Guillén, que aunque more en poeta Manuel de Góngora, los sus amigos, no olvidamos la casa de Los Carros de San Pedro frente a la Alhambra. Quiso el cantautor rodearse de un gran equipo de profesionales para el asunto, escogiendo un ramillete de músicos granadinos de la mayor solvencia, entre los que destacaba con luz propia, el maestro Luís Megias, que al piano, hizo suya la música de Cerón, para convertirla en soporte idóneo de los poemas “guillenianos”. Pocas veces he disfrutado más en mi vida, que aquellas tardes de ensayos en el Auditorio Manuel de Falla, presenciando como se montaba un recital inédito, en el que los poemas de Rafael, hechos canciones, eran interpretados por la voz personalísima de Luís Cerón, en compañía del piano y los arreglos consensuados de Luís Megias. Aquellas doce canciones con letra de Guillén, conformaron un único e irrepetible recital en Granada, que tuve el honor de presentar ante un auditorio Manuel de Falla abarrotado, y en el que las notas del piano interpretadas por Megias, fueron la autovía de los sentidos imprescindible para completar un éxito sin precedentes que no se ha vuelto a repetir, y han pasado más de tres décadas.

VÍA VENETTO

Dios lo dotó también con la virtud de la composición, y no ha sido desdeñable, en absoluto, su aportación a la música culta con obras reconocidas y aplaudidas por quienes desde esa faceta musical, reconocen a un buen profesional al servicio del pentagrama. Pero he de confesar que, cuando más disfruté de la profesionalidad de Luís Megias, fue cuando a costa de mi descanso, optaba por pasar la madrugada en el Pub Vía Venetto, donde Luís hacía de la noche, la aliada perfecta del amor por la vida y las bellas artes. Era del todo impagable, poder acercarte mientras interpretaba un tema de siempre, y susurrarle al oído el siguiente, con la seguridad de que tu petición sería llevada a cabo. Un bolero de los Panchos, un tema de Ray Conniff, alguna de Quintero, León y Quiroga, lo que pidieras, iba a ser interpretado por él en unos instantes, con una sonrisa casi socarrona, con la espalda inclinada sobre el teclado, y la mirada oculta en los cristales oscuros de su gafas. Luis era hombre de risa espontánea, de timidez contenida y voz afillada, pero de amistad eterna y vocación musical perpetua, un músico total de esos que hay que estudiar en las enciclopedias, para comprender la magnitud de su ausencia.