domingo, 24 de septiembre de 2023

 


UNA DE LAS NUESTRAS

 

Tito Ortiz.-

 

Conocí a Mariola Cantarero en el patio del Monasterio de La Concepción, donde junto a su padre, aguardaba la salida de Nuestro Padre Jesús del Amor y La Entrega, vistiendo el hábito negro de la hermandad. Era una adolescente que estudiaba en el Real Conservatorio de Música de Granada, utilizando su voz como instrumento, y el run run en los corrillos, era de admiración por su trabajo y de sorpresa por los que ya habíamos tenido la suerte de escucharla. Aquella niña cofrade de La Concha, apuntaba muy buenas maneras y según todos los indicios, estaba a punto de dar el campanazo, como así fue.

Años después faltó a su cita con la hermandad de sus amores por razones profesionales, pero no así su padre, con el que yo charlaba a la espera de la salida de penitencia, y me iba poniendo al corriente de todos los avances de Mariola, ya catapultada al mundo profesional del bel canto, asumiendo cada vez más compromisos y de mayor calado operístico. Mientras hablábamos frente a La Alhambra, nos embriagaba el perfume personalísimo del paso de palio de María Santísima de La Concepción, y coincidíamos de que muy pronto, nuestra Mariola, vendría a cantar al recinto nazarí, dentro del Festival Internacional de Música y Danza, como así ocurrió más tarde.

 

TRIUNFOS Y RECONOCIMIENTOS INTERNACIONALES

 

Pronto los públicos la consideraron uno de los máximos exponentes del repertorio belcantista, debido a importantes triunfos en obras como Traviata, Rigoletto o Boheme, insistiendo con trabajo y tesón en la búsqueda continua, de las obras más adecuadas a su evolución vocal, ampliando su repertorio con éstas y otras obras como María Stuarda, Lucrezia Borgia, Anna Bolena, así como Don Giovanni o Cosi fan Tutte. De ahí que los reconocimientos no se hicieran esperar, por lo que fue premiada en diferentes concursos internacionales de canto como, el “Francisco Viñas”, “Operalia´99”, “Pedro Lavirgen” y “A.S.L.I.C.O. 2000”. La rampa de salida para una soprano completa, que además incluía en su repertorio nuestra sin par zarzuela, ya estaba superada y, solo había que cosechar los éxitos, que vinieron y de qué manera.

“Premio ópera Actual”, “Revelación del círculo de amigos del Liceo”, “Premio Imagen de la Ciudad de Granada”, “Ojo Crítico de RNE”, “La Mención de Honor de la Diputación de Granada”, “La Medalla de Oro de la Ciudad de Granada”, así como “La Medalla de Oro de Andalucía”.

 

LOS GRANDES ESCENARIOS

 

Desde la humildad y la constancia que la caracterizan y su capacidad de estudio permanente, Mariola Cantarero debuta en el teatro Carlo Felice de Genova con “Le Comte Ory” de Rossini en el año 2000, y desde entonces se convierte en soprano habitual de los principales teatros de Europa como el Real de Madrid, Liceo de Barcelona, Maggio Fiorentino, San Carlo di Napoli, L´Opera di Roma, Rossini Opera Festival, Hamburgo, Berlín, Zurich, Amsterdam, Strasburgo, y más allá de nuestro continente en la Ópera Nacional de Corea, Oriental Art center de Shanghai, San Juan de Puerto Rico, Santiago de Chile, Ópera de Sao Paulo, Ópera de Detroit, New Jersey. De ahí que su pasaporte tenga sellos de todos los colores, y sus maletas, pegatinas de los más variados diseños. Y todo desde Granada para el mundo. Lo que le ha permitido ser dirigida por las batutas más acreditadas de nuestro tiempo, entre los que se cuentan – entre otros - Zubin Mehta, Alberto Zedda, Jesús López Cobos, Daniel Oren, Bruno Campanella, o Roberto Abbado, a los que podemos añadir, Josep Pons, Juan de Udaeta, Antoni Ros Marbà, Kohn, Enrique García Asensio o Izquierdo, y Ruzafa.

 

TIERRA DE TALENTO

 

Cada noche del sábado, me pongo ante el televisor, para ver como ejerce de jurado, en el programa de Canal Sur, “Tierra de Talento”, y quedo extasiado, al escuchar los sabios consejos que les ofrece a los concursantes, las observaciones acertadísimas para que saquen el mayor rendimiento a sus virtudes interpretativas. Ella que tantas veces ha sido enjuiciada por su arte, sabe mejor que nadie ponerse en el pellejo de los aspirantes, y orientarlos en su labor de perfeccionamiento. Algo que, desde hace años, viene haciendo de manera profesional y con total solvencia, a través de sus cursos internacionales que llevan su nombre, dentro de La Academia Internacional de Música Manuel de Falla, donde recibe alumnos/as de todo el mundo, deseosos de recibir sus enseñanzas, ya muy acreditadas. El auditorio de la Fundación Caja Rural de Granada, se convierte cada año, en la catedral del bel canto, con una profesora realmente magistral, como es, Mariola Cantarero, de la que cabe destacar en su amplia discografía, títulos como,  “Luisa Fernanda” junto a Plácido Domingo en el Teatro Real de Madrid, “Falstaff” dirigida por Zubin Mehta en el Maggio musicale Fiorentino, “La Gazza ladra” del Rossini Opera Festival, “Il Viaggio a Reims” en el Liceo de Barcelona, o “I Puritani” de la Ópera de Amsterdam, entre otras grabaciones.

De su persona destaca con luz propia, la sencillez en el trato, la cercanía con todos, la simpatía que irradia, y su deseo perpetuo de profundizar en el canto, por muy variado que sea el estilo, de ahí sus brillantes incursiones, tanto en canción melódica, como en jazz o flamenco, sin olvidar la colpa con mayúsculas. Se trata de una observadora de otras artes, de las que se nutre y proyecta en todo su hacer, por muy alejadas que se encuentren de lo que viene siendo, una soprano al uso. Muy al contrario, Mariola se implica y estudia otras facetas, lo que la hace una artista completa. Estoy seguro que convendrán conmigo que, Mariola Cantarero, es un lujo de Granada.

 

 

 

 

 

 

domingo, 17 de septiembre de 2023

 


ILUSIONES COLECTIVAS

 

Tito Ortiz.-

 

Los granadinos – en general – tenemos cierta facilidad para empatizar con proyectos comunes y, apuntarnos al carro ilusionante de poner algo en pie, que sirva para compartir aficiones, creencias, en actitudes grupales que nos hacen pertenecer a un colectivo por el que trabajamos altruistamente, en pos de un bien común. El hecho suele conducir a compartir momentos de alegría y satisfacción, llegando incluso a presumir del grupo protagonista al que pertenecemos, sin necesidad de que esto traspase las fronteras. Nos sentimos orgullosos de lo nuestro y se acabó.

Fue Granada, la que tuvo una peña taurina femenina y señera: "La Madroñera", cuyas componentes protagonizaban un espectacular desfile hacia la plaza en coches de caballos, presumiendo de mantilla, peineta, claveles y mantones de manila, cuando en otros puntos de Andalucía, no sabían que era eso. Lo mismo que el cuidado de los patios. Nosotros no hacemos concursos, pero siempre hemos tenido una vecina, o varias que se han encargado de que el patio estuviera de auténtica exposición. Yo recuerdo en mi patio del albayzín, como Carmela, una vecina ejemplar, se encargaba de que aquello pareciera un vergel. Tenía Carmela una tijera, la de limpiar el pescado, que manejaba con la técnica de un cirujano plástico. Había que verla por las mañanas, mientras cantaba con poderío, "Torre de Arena" de Marifé de Triana, como podaba los geranios, hasta dejarlos “espercojaos” y relucientes, o como mimaba con una bayeta impregnada en aceite y agua, aquellas hojas inmensas de “las pilistras!, dejándoles un verde esmeralda brillante para toda la semana, o como en otras ocasiones, esta tarea la hacía con cerveza. Competía Carmela con el padre Mundina - estrella de las flores y sus cuidados en la televisión de la época- y en muchas cosas, o lo rectificaba o le llevaba la contraria, pero nuestro patio albaycinero era una puerta al paraíso. El tallo larguirucho de las clavellinas, en aquellos tiestos de gancho a la pared, parecían fuegos artificiales, repletos de fragancia albaicinera, y Carmela cantaba mientras abonaba la enredadera, con mantillo y canela.

EL LARA

La taberna, tienda y colmao de “El Lara” en la placeta de San Miguel El Bajo, en el corazón del Albayzín, fue siempre epicentro de buen cante, conversaciones sobre arte y, la recurrente, casa hermandad de La Aurora, cuando en Granada no había ninguna, solo “El Campanario” en las Comendadoras de Santiago, y únicamente en cuaresma. Fue en esa taberna junto a la Iglesia de San Miguel, cuando una noche que salíamos de acondicionar el campanario como futura oficina de la hermandad de La Aurora, José Pedro Rojas y Luís Garzón, me hablaron frente a unos chatos de vino costa, de fundar una nueva hermandad en el barrio del Zaidín, hasta entonces ayuno de esta actividad cofrade. José Pedro ya había pulsado el ambiente en su cafetería, y parece que la cosa pintaba bien. Tenía ya incluso algunos incondicionales muy ilusionados. La década de los ochenta no había hecho más que empezar, y se respiraba cierto aire de euforia en la Granada cofrade.

A las posteriores reuniones en la cafetería, se unen Cayetano Junco, Francisco Beltrán, Enrique Robles, Antonio Martos, Miguel Colacio, Serrano Tubio, Agustín Pacetti, Elvira Sánchez y Purificación Alférez, y Cristina, la esposa de José Pedro Rojas Mesa que fue la primera camarera mayor. Éste grupo, con algunos/nas más, puede decirse que es el que tiene la valentía de poner en pie, la Hermandad de La Lanzada y La Virgen de La Caridad.

PREGÓN SIN HERMANDAD CONOCIDA

Mientras Antonio Barbero, andaba a lo suyo con la talla de los titulares, este puñado de gente ilusionada no quería que a su nueva hermandad le faltara de nada, así que pensando en todo, decidieron instituir su propio pregón, y se pusieron a la caza y captura de un valiente, que desde el primer día, merodeaba por las reuniones fundacionales, para que tuviera el atrevimiento de pregonar por primera vez en la historia a su hermandad, con el gravísimo inconveniente de que lo dejaban – al pobre – huérfano de asideros para apoyar su discurso. No había historia de la hermandad, no había titulares, no existía recorrido al que glosar, tan solo las advocaciones de una cofradía que nadie había visto en la calle. Pero me conocían bien y sabían que me gustaban los retos, así que una noche de primavera, me enfundé el chaqué de mi boda, encaminé mis pasos al colegio del Carmelo, y con las piernas temblándome por la altísima responsabilidad, me cupo el honor de ser el primer pregonero de La Lanzada, cuando nadie conocía la hermandad, entre otras cosas, porque nunca había salido a la calle. Son cosas de la edad y la inconsciencia. Si ahora me ofrecieran lo mismo, al instante me exiliaría en Tanzania, para no volver jamás.

BARRIO COFRADE

Es verdad que fue La Lanzada, la primera en convertir al Zaidín en un barrio cofrade. Después vinieron otras que lo han engrandecido, pero tampoco sería justo no reconocer, que jugábamos con algo de ventaja en aquellos años porque, el Zaidín estaba habitado en número considerable, por vecinos que venían del propio Albayzín, el del Realejo y otros barrios viejos de Granada, que ya sabían desde su niñez lo que era contar con hermandades de semana santa muy cerca de su casa, y algunos habían sido cofrades y camareras de las mismas, con lo cual, el asunto fue tan exitoso, que hoy en día, el Zaidín cuenta con una militancia cofrade de altísimo nivel, y sus hermandades por distintas virtudes, son esperadas con gusto en la tribuna oficial cada año, a pesar de su largo recorrido.

Acaba de comenzar un nuevo curso cofrade y, está lleno de ilusiones. Suerte a José Espinel. ¡Vamos a protagonizarlas¡.

 

 

domingo, 10 de septiembre de 2023

LOS MORENTE

 


LOS MORENTE

 

Tito Ortiz.-

 

Aquella era una noche más, en la que Enrique Morente y yo, coincidíamos en el Bar Provincias. Pero algo había en el ambiente que nos hacía presagiar lo contrario. Aquella iba a ser una noche más, pero de cante grande por todo lo alto. A eso de las doce, cuando ya toca decidir si nos vamos a casa o seguimos, yo me temía lo peor, y eso fue lo que sucedió. Enrique me echó el brazo por encima y me dijo: ¿tienes ahí el coche? Yo respondí que el mío no, pero que teníamos el de Antonio Fuillerat, “El Fogonero”. Un flamante Citroën CX Palas, cuya suspensión subía cuando lo arrancabas, como si fuera el mítico Tiburón, de la misma marca. Así que, desde la plaza de las Pasiegas, nos pusimos en un “santiamén” en el Sacromonte.

Entramos en una cueva, nos fuimos a un reservado donde solo estábamos los cabales, y al momento, apareció “El Cascarilla” con su guitarra, y la noche echó a andar por los aires de lo sublime. Enrique me dijo: ¡Examíname! Como si yo fuera el entendido, cuando la auténtica enciclopedia del cante era él. Yo para empezar le dije, un poquito por Marianas, y ahí se dejó ir con la voz y el conocimiento que solo tienen los elegidos. Como cantaor bravo y poderoso, se crecía en el castigo, y yo me despachaba a gusto. Ahora Bamberas, sigue con Mirabrás, unos cantes de columpio. Soleá de los “panaeros”, El polo y la Caña con sus variantes, la seguriya con el cambio de Manolito María. Ahora los cantes de Frasquito, la malagueña de La Trini. El cante por Serranas, de Rafael Romero, “El Gallina”. Ahora los cantes de Paquillo “El del Gas”, la temporera de Manolo Ávila, la soleá apolá del Niño de Jun. Yo ya estaba agotado, y él más fresco que una lechuga, cuando el Fogonero, volvió del servicio y dijo: Son las nueve de la mañana, yo debería abrir mi bar en la calle Navas, tú el despacho de la calle Recogidas, y Enrique… a Enrique lo dejamos en su casa, pero él se quedó. Juagaba con ventaja. Enrique se levantaba todos los días a las tres para ver el telediario, mientras que los mortales teníamos obligaciones temprano. Como podrán ustedes imaginar, es imposible que noches así se olviden.

 

UN CREADOR QUE DEJA ESCUELA

 

Yo podría aburrirles describiendo la capacidad cantaora de Enrique Morente, su conocimiento de los cantes, de la música en general y sus virtudes. Prefiero recordarlo en compañía de “La Pelota” y de sus hijos, en el salón de mi casa, de la calle Concepción, como un amigo más, hablando de lo divino, lo humano y lo cotidiano, porque Morente era, no solo el cantaor más largo de su historia, sino la persona más normal, familiar y cariñosa que ustedes puedan echarse a la cara. Por eso no es casualidad, que sus hijos hayan tomado las múltiples vereas del cante, teniendo en el horizonte, la imagen de un progenitor ortodoxo, con los conocimientos suficientes para avanzar en los tiempos, ajustados a un pentagrama de gloria. Morente ha sido un creador del que se hablará en los siglos venideros, como lo mejor que le pudo ocurrir al flamenco.

Dije hace decenas de años que, Estrella Morente era la única voz en la historia que, aunaba en su garganta, la escuela de Pastora Pavón, “Niña de Los Peines”, y la raíz más profunda y educada de nuestra copla, personificada en Doña Concha Piquer. Filtrada por la modernidad de su padre, el conocimiento de los clásicos y de la música culta. Estrella Morente, ha tenido que tirar de la pesada carga de su apellido, y de las inevitables comparaciones catetas, cuando élla es otra cosa muy distinta, aunque su eco sea el mismo y le corra por las venas el acento y el quejío paterno. Cuando uno escucha a cualquiera de los tres hermanos iniciar un cante, una copla o una canción, es irrenunciable escuchar el eco morentiano del niño de la Cuesta de San Gregorio, que formó a los suyos en los cánones más estrictos y exactos, de la música de todos los tiempos.

AURORA CARBONELL

Esos Jardines de Enrique Morente, en la esquina de General Ricardos, con Clara Campoamor, en Madrid, no hacen más que testimoniar el reconocimiento de los madrileños, a un granadino ilustre que allí conoció a su mujer, formó familia y con ellos retornó a nuestra tierra para que aquí crecieran, al abrigo de esa compañera imprescindible, que es su viuda, y que ha sabido inculcar en sus hijos el amor a su padre y el seguimiento de sus enseñanzas personales y musicales. Una bailaora que abandonó los escenarios para formar una familia ejemplar, de la que debe estar muy orgullosa.

Soleá Morente, es una flamenca de alta graduación, con toda la música moderna y actual de su generación en la cabeza, pero con el gusto de las mejores formas estéticas, hasta el punto de que no renuncia al flamenco, a Mecano, al Jazz, o a Mariola Cantarero. Tiene toda la música en la cabeza y sabe bien qué hacer con ella.

Kike Morente, aquel niño al que le di la alternativa cofrade, en la Hermandad del Huerto de Los Olivos y María Santísima de La Amargura, tiene en su garganta los ecos más frescos y actuales del flamenco, por derecho propio. Su binomio con el nieto de Habichuela, a cuyo estreno asistí hace muchos años en el Carmen de Las Cuevas, ya conformó el presagio de grandes cosas. Es joven, tiene todo un camino de estudio por delante, y a su lado, las personas adecuadas. Podrá conseguir todo lo que se proponga.

domingo, 3 de septiembre de 2023

 


COMO HEMOS CAMBIADO

 

Tito Ortiz.-

 

Esta nueva temporada futbolera estamos viendo una mini apertura a la información, permitiendo que algunos equipos, concedan la extraordinaria benevolencia de escuchar a sus entrenadores durante la pausa de hidratación, dando las instrucciones pertinentes a sus pupilos. No todos lo permiten, y, además, los que acceden a ello optan a una serie de compensaciones económicas.

Si tenemos en cuenta que el negocio del fútbol se ha disparado, gracias a lo que pagan las televisiones por transmitir los encuentros, creo sinceramente que lo de meter una cámara en los vestuarios antes del partido, o hacer declaraciones a los medios, no debería ser una excepción, sino una obligación, pues estos millonarios de pantalón corto, lo son precisamente, por todo el dineral que las plataformas pagan por sacarlos por la tele.

Antes, los periodistas deportivos entrábamos a los entrenamientos, los veíamos completos, convivíamos con jugadores y técnicos en los vestuarios. Ahora se han inventado una zona llamada “mixta”, en la que los periodistas son atendidos por el jugador que designe el club, sin tener en cuenta si ha sido protagonista en el partido o no, si tiene ganas o no. Hay “estrellas” del fútbol que no hacen declaraciones en toda la temporada, no sabemos ni el timbre de voz que tienen, pero los abonos suben todos los años, y las televisiones les pagan cifras millonarias a los clubes, para que sus jugadores no pasen fatigas. Algunos viven en grandes mansiones y en su garaje, tienen una docena de coches prohibitivos para los mortales, pero no se paran ante los micrófonos, para que sus aficionados sepan la voz que tienen. El sistema los ha convertido en multimillonarios mal criados, y a veces, incluso, ineducados.

NO SIEMPRE FUE ASÍ

Durante mis años de redactor deportivo en el programa, “Círculo Central Mundo Deporte 74” a las órdenes de José Antonio Lacárcel, en Radio Popular de Granada, los periodistas podíamos acceder a entrevistar a jugadores y técnicos sin mayor problema. También a los árbitros, que, en esto de no hablar con los periodistas, fueron los primeros en cerrar la boca. Recuerdo el debut de Johan Cruyff con el Barcelona en Granada, en el que atendió a todos los medios sin excepción. Durante el descanso, en la tribuna cubierta del viejo, Los Cármenes, entrevisté al cantante, Bruno Lomas, y a Rudy Ventura, que con su trompeta estuvo todo el partido animando a la afición.

Cuando el Atlético de Bilbao jugaba aquí contra el Granada, los periodistas hacíamos con toda la plantilla, el recorrido que va desde el Hotel Meliá Granada, en Ganivet, hasta la Basílica de nuestra Virgen de Las Angustias, donde todos asistían a la misa de doce. Durante el trayecto andando, nos eran concedidas todas las entrevistas que solicitábamos sin ningún problema.

Con respecto a nuestra plantilla, no solo podíamos hablar con ellos en los entrenamientos. Durante sus horas de ocio en la calle de las Moras, ya fuera en el pub, Chivas, o en la discoteca de enfrente, el “janfor jaid”, los periodistas éramos atendidos por los jugadores con total normalidad.

En el restaurante “Casa Salvador”, cuando estaba en la esquina de San Antón, la hora de la cena o la comida, era momento propicio para hacer nuestro trabajo, ya que en el mítico local, atendidos por mi amigo Antonio, se daban cita la mayoría de la plantilla granadinista, de hecho, él conserva valiosos recuerdos de jugadores míticos del Granada y el Recreativo.

En la calle Sarabia, donde estaban las taquillas para comprar las entradas del fútbol, dos puertas más arriba, en la peluquería de Pepe Barrales, podíamos tropezarnos con cualquier jugador del Granada, hasta el punto de que, uno de ellos, el gran Fernández, hizo durante un tiempo la publicidad de la afamada peluquería, donde por primera vez, eran mujeres las que atendían a los hombres, todo un acontecimiento de modernidad para la época.

GURUCETA

Antes de fallecer en un accidente de tráfico, cuando se dirigía a pitar un partido, el árbitro internacional Emilio Guruceta, de fama mundial, fue el más mediático de los trencillas, por conceder entrevistas sin censura a cualquiera que se las solicitara. Antes que él ya lo habían hecho otros con total normalidad, como Juanito Gardeazábal, también internacional, al que, por cierto, en un partido en el que yo estaba presente en el viejo “Arcángel” de Córdoba, un aficionado del Granada, saltó al campo y le dio una patada partiéndole una costilla, al no estar conforme con una de sus decisiones contra nuestro equipo. Eran tiempos difíciles para el arbitraje, en el que otro compañero, por ejemplo, perdió un ojo cuando un forofo le lanzó desde la grada una manzana, cuando se dirigía a los vestuarios. Pues a pesar de todo, los árbitros de la máxima categoría, y de ahí para abajo, atendían a los periodistas sin ningún problema, incluso en paños menores.

Lo demuestra Juan Ortiz, con la foto que ilustra esta crónica, en la que mi compañero, Javier Tortosa, entrevista al mismísimo, Emilio Guruceta, en los vestuarios, mientras se viste para arbitrar un partido en Granada. La naturalidad reina entre el periodista y el trencilla, que contesta a todo lo que Javier le pregunta en favor de, la información que después se pasará a los aficionados en boca de todos los protagonistas. Eran tiempos de transparencia en el trato de informadores y protagonistas del deporte de élite, cuando el oyente tenía información de primera mano de todos los intervinientes. Hay quién mantiene, que todo esto ha cambiado a peor, desde que los clubes tienen en su plantilla a “responsables de comunicación”, que, al decir de algunos, se encargan de que nadie de los suyos comunique. Vivir para ver.

domingo, 27 de agosto de 2023


 

 

PILAR

 

Tito Ortiz.-

 

El domingo pasado llevaba mucho tiempo sin llorar y, se me escaparon dos lágrimas como dos membrillos, al comprobar que nuestras mujeres consiguieron el campeonato mundial de fútbol. Por primera vez en la historia, la selección nacional femenina se traía la copa del mundo a casa, y no pude contenerme. El hecho fue que no tuve más remedio que pensar en femenino, acordándome de que otra mujer, ocho años antes, también me emocionó cuando llegó a lo más alto de la universidad de Granada.

Saben los que me conocen que, los granadinos nacemos donde queremos, pero ella vino aquí cuando todavía no hablaba. Aquí se educó, se formó y ha realizado toda su vida personal y profesional, por eso, Pilar Aranda, es una de las nuestras que también ha hecho historia, alcanzando las más altas cotas de la Universidad granatensis, en un mundo que aún se resiste a la máxima representación femenina.

La conocí durante mi responsabilidad como director de Canal Sur, acudiendo cada tarde a la tertulia política de la cadena andaluza, aportando esa clarividencia, ese feminismo, y esa capacidad de dar sensatez, ante los hechos cotidianos que a todos nos afectan, con una naturalidad fuera de lo común. Por eso no me extrañó que, en llegando a la máxima responsabilidad académica  universitaria, el estamento monolítico desde siglos, se abriera por fin a la sociedad que lo alberga, y caminara con los granadinos, en cada proyecto ilusionante que se planteaba.

UNA DE LOS NUESTROS

Pilar Aranda, durante su mandato, ha abierto la Universidad de Granada a los ciudadanos, como nadie antes lo había hecho. Implicándose con cada proyecto, aportando la investigación universitaria a la sociedad, poniendo en valor que lo que sucede en las aulas y laboratorios, tiene que repercutir en la sociedad que los alberga, sin esperar nada a cambio, si no, el progreso y la creación de riqueza, que den sentido a lo que se sucede en la institución que fundara Carlos V y que, durante muchos años, demasiados, ha vivido de espaldas a Granada, proyectándose al exterior. No en vano, nuestra Universidad es una de las más reconocidas y valoradas a nivel mundial, pero el trabajo de su excelencia, a veces nos ha venido reconocido, sin que los granadinos tuviéramos noticia de lo que intramuros se cocía. La nuestra, encabeza todos los rankings de las más valoradas de España y Europa y, para constatarlo, solo hay que observar las peticiones de estudiantes extranjeros que, quieren seguir sus estudios en nuestra ciudad. Sin olvidar, que siendo Granada una provincia ayuna de industria, es la mayor empresa por el volumen de funcionarios y estudiantes, con lo que eso reporta a la ciudad.

Ha tenido que llegar Pilar Aranda al rectorado, para que los granadinos tomemos conciencia de que, eso se haga sentir en nuestra sociedad, y veamos una Universidad abierta a la Provincia y a todos sus proyectos.

ANIVERSARIO

Se preparan grandes factos para la conmemoración del quinientos aniversario de la fundación de nuestra Universidad, que todo el mundo atribuye a CarlosV, olvidando que mucho antes, Granada ya fue ciudad Universitaria. Yusuf I, en 1349 inauguró la Madraza de Granada, la primera universidad que tuvo la ciudad, donde se realizaban estudios superiores equivalentes a las universidades medievales de Bolonia u Oxford, algo que muchos han olvidado.

Durante su discurso de despedida, Aranda recordó la dureza de la crisis que marcó su llegada al Rectorado y los efectos de la pandemia. "En todos esos momentos de dificultad me he sentido reconfortada por ser consciente de ser parte de una historia, de un esfuerzo colectivo, cuyos protagonistas y destinatarios son las personas que conforman la comunidad universitaria".

EL FUTURO DE SU LEGADO

 

"Este curso debe ser el momento propicio" para apostar por las infraestructuras, alegó la rectora, que también recordó a la consejera Carazo, hoy alcaldesa de Granada que, queda pendiente la remodelación de la piscina de Fuentenueva -un proyecto que se dijo que iba a acometerse la pasada legislatura y que todavía está a la espera que que se redefina, el acuerdo de compensación por las obras del Metro en los Paseíllos- y el "importante esfuerzo financiero" que supone el cuidado del patrimonio universitario. Recordó Aranda que el desarrollo de Arqus (la alianza entre ocho universidades europeas que lidera UGR) ha contado con 14,4 millones de euros puestos sobre la mesa por la Comisión Europea el pasado mes de julio. Eso sí, aportó que este modelo de universidad europea "va a exigir cambios normativos y flexibilidad por parte del sistema universitario español y andaluz”. "Con toda firmeza, desde la Universidad de Granada reivindicamos que se corrija una situación de insuficiencia financiera crónica que desde hace muchos años llevamos sufriendo", dijo Aranda, que recordó que este mensaje no es nuevo. Desde hace años lo reitera a los distintos gobiernos que se han sucedido en la Junta.

Aranda desgajó los tres grandes proyectos que se prevén tengan un gran impacto en la provincia, el UGR Dones, asociado al IFMIF Dones; el UGR AI, vinculado a la inteligencia artificial y que tiene como uno de sus objetivos traer a Granada la agencia nacional de regulación de esta tecnología; y UGR Sostenibilidad, que contará con un centro de innovación en la Azucarera de San Isidro. La rectora recordó que se colabora con la Diputación, el Madoc, el Patronato de la Alhambra o el Parque de Ciencias de la Salud, entre otras instituciones, además del Ayuntamiento de Granada.

Pilar Aranda se ha ido de la Universidad, dejando deberes a la institución a y a toda la sociedad granadina. Por favor… no la defraudemos.

domingo, 20 de agosto de 2023

EN OCASIONES… OIGO VOCES

 

EN OCASIONES… OIGO VOCES



 

Tito Ortiz.-

 

Estas noches de verano tórrido, de calor insoportable, incompatible con el sueño, cuando te quieres dormir vencido por la canícula, “autoamortajado” con las sábanas enrolladas al cuerpo, ya son las tantas, y la torre de la Vela está a punto de dar el toque de ánimas. Es entonces cuando, hundido y derrotado caes en el sopor de la madrugada, expuesto a que tu mente sea presa de cualquier desatino, preámbulo de la locura. A mí me pasa, yo oigo voces. Sin ir más lejos, anoche, a eso de las cuatro, cuando la Vela da el toque de riego para la vega, escuché en mi mente delirante, la voz potente y segura de, Juan Antonio Cuevas Pérez, “El Piki”, ganando el concurso de cante jondo de la Peña La Platería, en la placeta de los Aljibes de La Alhambra, aquella noche de junio en la que Calixto Sánchez, invitado para el cierre, salió a cantar con los primeros rayos de sol, dando en las almenadas torres del recinto nazarí.

HONOR Y GLORIA A LOS VETERANOS

Vuelta para allá y vuelta para acá, y el sueño sigue sin venir, pero cuando por fin me rindo, oigo voces, estoy en la calle Rosario porque decidió el cantaor granatensis, Antonio Trinidad, rendir justo homenaje de reconocimiento y respeto al fundador de la peña flamenca La Platería, decana de cuantas existen, y nos citó una noche en la Tertulia Flamenca Manuel Salamanca, que regentaba. En la presidencia de la mesa estaba todo el saber flamenco de la historia de nuestra tierra, lo que podríamos llamar el sanedrín de lo jondo, personificado en el mismísimo Manuel Salamanca, fundador de la primera peña flamenca del mundo, en su taller de platero de la calle San Matías, en el que se daban cita en los años cuarenta del siglo pasado todos los buenos aficionados de la tierra, antes de que éste emigrara a Brasil. Estaba flanqueado el homenajeado nada más y nada menos que por Manuel Celestino Cobos 'Cobitos', compañero y amigo del genial Frasquito Yerbabuena, y por el legendario Pepe 'El de Jun', que no dudó en interpretar su inolvidable 'soleá apolá', poniendo el vello de punta a los presentes. 'Cobitos' hizo los fandangos de Graná de su amigo Francisco Gálvez y la noche echó a andar por los caminos del cante, alternándose de forma natural charla y palo flamenco. Mientras los octogenarios avanzados carraspeaban las gargantas, y el de “Pinillos” templaba la guitarra, supuso todo un disfrute escuchar en la voz del propio protagonista, Manuel Salamanca, cómo se había fundado la peña en su taller, de una manera muy natural, sin nada forzado, con el solo deseo de pasar un rato agradable entre amigos que escuchaban viejos discos de pizarra en una gramola a la que había que darle cuerda con una manivela, mientras se pasaban una botella de vino peleón con un corcho y una caña, y de unos tazones de loza cogían unas aceitunas aliñás para acompañar el trago. En ese ambiente distendido y amigable se analizaban los cantes y se estudiaba lo jondo. Era muy reconocida en el pequeño local la asidua presencia de extraordinarios aficionados, que bien tocaban la guitarra o cantaban sometiéndose a la valoración de tan instruido y afamado auditorio, del que ya se hablaba, mucho y bien, por la ciudad de la Alhambra. La noche del homenaje discurría con la participación no solo de buenos cantaores presentes, sino de personajes de la cultura del momento, como el poeta Miguel Ruiz del Castillo, quien declamó unos versos propios para la ocasión, que luego entregó impresos en unos tarjetones a los presentes. También intervino el escritor y autor teatral José María Garrido Lopera y otras individualidades de la cultura.

A ESCENA

El calor me despierta, voy al balcón para beber agua del botijo con el pitorro tapado por, un diminuto tapete de ganchillo hecho por mi abuela, y lo peor no es que el botijo no está, la tragedia es que el balcón tampoco. Han pasado los años en un duermevela y me han transportado sin querer a otra casa, con frigorífico servidor de agua…que cosas. Vuelvo a la cama, y antes de que toquen a maitines las tomasas, oigo voces, mejor dicho, una voz, pero una muy personal, como afónica, como si las cuerdas vocales se resistieran a juntarse para sonar limpiamente, es una voz desgastada por los años de sabia dirección. Es la voz del inigualable, Pepe Tamayo, señor de la escena y las bambalinas. Lo oigo como dirige un auto sacramental para el Corpus, en la plaza de Las Pasiegas. Lo oigo como distribuye a los actores en el Tenorio, representado en el Teatro Cervantes. Oigo sus instrucciones en el teatro de la Zarzuela, cuando en un alarde de saber, montó la Antología del género chico con la que recorrió el mundo, incluida la antigua Rusia en años difíciles. Oigo como el alcalde de Granada, Antonio Jara, le impone la medalla de oro de su ciudad, en el mismísimo teatro del Generalife, en una de las últimas visitas que le traerían a la tierra que le vio nacer. Aquel niño de la calle, Santa Paula que iba para cura, pero terminó en la escena, con la complicidad de su amigo quinceañero, Ramón Moreno, en principio, y con el apoyo incondicional de Antonio Gallego Burín después, alcanzó las más altas cotas del teatro de todos los tiempos, visitando cualquier país que ustedes encuentren en el mapa. La voz afillá de Pepe Tamayo, ha sido la que me ha despertado esta noche. Mi sueño, bien vale su recuerdo. Honor y gloria a los nuestros. Amén.

 

 

domingo, 13 de agosto de 2023

LOS FELICES CINCUENTA

 LOS FELICES CINCUENTA



Tito Ortiz.-


Pertenezco a una generación posterior a los niños de la guerra, así que estamos a caballo entre los años de “las hambres” y el desarrollismo de los sesenta, con la aparición del seiscientos y la palabra “vacaciones”. Los nacidos entonces estamos ahí en tierra de nadie, como una generación perdida, según se mire, pero eso sí, muy atenta a lo que pasaba, y con la intención de dejar atrás, toda la rémora de la guerra y los años posteriores de represión y fatigas. Nosotros no conocimos las cartillas de racionamiento, pero sí la escasez y las penurias. Las cartillas con los bonos para la leche americana, a recoger todas las mañanas en Postigo de Zárate, y la bolsa de navidad que nos daban en la parroquia, con un pollo y una lata de mortadela “mina”. Los zapatos y los abrigos heredados de los hermanos mayores, asunto en el que yo iba en desventaja porque fui el primero en nacer en la familia. Las rodilleras en los pantalones, las coderas en los “saquitos”, las camisas con cuello de repuesto y las medias de cristal con liguero, con o sin costura. 

LA RADIO

La única conexión con el exterior era la radio. Una Marconi de válvulas, que tardaba una eternidad en calentarse y dar sonido, fundamentalmente música, ya que los informativos estaban prohibidos, y los únicos que se podían escuchar eran los Diarios hablados de Radio Nacional de España, a las dos y media de la tarde y las diez de la noche, con la obligación de que todas las emisoras del país tenían que conectar obligatoriamente con ellos, aunque los que teníamos una radio potente, buscábamos en el dial, Radio Pirenaica, para saber lo que de verdad estaba pasando en España. Nuestras emisoras daban música y entretenimiento. Discos dedicados y concursos. Yo me crie escuchando a, Renato Carosone, Torcuato y los Cuatro, Luisa Linares y Los Galindo, Los Cinco Latinos, Las hermanas Benítez, Los Tres de Castilla, Los Tres Sudamericanos, Marino Marini, Ruht y Los Granada con Luís el barnizador aprendiz de mi padre, Gelu, Valen, Paul Anka, Sinatra, rancheras de Miguel Aceves Megía y la primera comunión y el emigrante de Juanito Valderrama. Esa fue la banda sonora de mi vida, junto con algún fragmento de zarzuela y Marifé de Triana.

Me bautizaron en Santa Ana, donde se habían casado mis padres, por cierto que mi madre no fue a la iglesia, siguiendo la tradición de entonces, solo asistieron mi padre, los padrinos, familiares e invitados. Hice la primera comunión en San Andrés, me confirmaron con ceniza en Santa Ana, donde fui monaguillo, también en Los Hospitalicos, y  paje de la Inmaculada en el monasterio de La Concepción, que venía a ser lo mismo, pero con más categoría porque se trataba de una hermandad sacramental, y ayudaba en los oficios, nada más y nada menos que, a don Valentín Ruiz Aznar, una eminencia como sacerdote confesor y capellán de las monjas, y una genialidad como músico.

CONFIESO QUE HE BEBIDO

Pertenezco por lo tanto a, una generación formada en la cultura del alcohol desde la cuna. Formo parte de una sociedad que utilizó el alcohol como remedio para todo, incluidas algunas enfermedades. Cuando no tenía ganas de comer, mi padre me bajaba a Castañeda una hora antes de poner la mesa. Me sentaba en la barra, y me pedía en un vasito pequeño, un “follasa” que era vino dulce con gaseosa, que según todos abría el apetito. El caso es que cuando subíamos a comer, yo devoraba las piedras, así que habían encontrado la solución a mi falta de apetito. Después vinieron los tiempos de Quina Santa Catalina. Contra el refriado te arreaban una vaso de leche caliente con un chorreón de coñac, y a sudarlo bajo las mantas, por la mañana estabas nuevo. Cuando las mujeres de la casa tenían una regla dolorosa, se arreaban una copa generosa de ginebra, y se acabó el dolor. Eso sí, cantaban como locas por Lola Flores. Si en cualquiera de los componentes familiares se apreciaba, desgana, flacidez, ojeras, depresión o ausencia de ganas de vivir, el remedio recomendado para la ocasión era un macetazo de “quita penas” –vino dulce de Málaga- con un huevo crudo batido en su interior. A esto se le llamaba en casa “un Ponche”, y a partir de su ingesta, dabas saltos de alegría y te comías el mundo. Para las mañanas de frio, una copita de aguardiente seco, o un “sol y sombra”, mitad anís y mitad de coñac, y a la calle hecho un brazo de mar, a cumplir con el trabajo.

Pero que nadie piense que en mi casa éramos raros, esa era la dinámica de la mayoría de las casas de entonces, donde al arroz se le echaba un cuarto de litro de vino blanco que, le daba un sabor extraordinario, aunque no llevara ni pollo, ni conejo, pero que no le faltara el vino. Y para semana santa, no faltaban las torrijas de vino tinto, las de leche eran para blandengues. El coñac Soberano lo anunciaban como cosa de hombres, y otras marcas, como se puede ver en el anuncio que hemos rescatado de la época, aseguraba que el mejor remedio para la gripe, era un buen lingotazo de coñac. Cumplir los setenta habiendo pasado por esto, es todo un prodigio de la naturaleza, no olvidemos que los resfriados te los curaban con una buena untura de aguarrás, sobre el pecho en el que descansaba un papel de estraza, con las cenizas candentes del brasero de picón, tras el vaso de leche con brandy. Total, que estamos vivos de milagro.