¡MI REINO POR UN LIBRO!
Tito Ortiz.-
En estos tiempos de pantallas
digitales, de portátiles, playestation, y celulares – que diría un
hispanoamericano- es muy de agradecer que alguien te regale un libro. Creo que,
en la actualidad, el mayor acto de valentía que se puede tener con un amigo es
obsequiarle con un libro y, no es necesario que sea por San Jorge.
El libro en sí constituye una
herramienta de formación y libertad que, al día de hoy, no ha sido superada
desde que Juan de Gutenberg, criatura que tallaba piedras preciosas y trabajaba
los metales preciosos, le dio por inventar la imprenta allá por 1550. Un
invento bendecido pues no hay que olvidar que, el primer libro que se imprime
en la historia de la humanidad fue precisamente La Biblia.
Un libro abre la mente, la
predispone a la escucha -incluso- de ideas contrarias a ti, pero que te
enriquecen como ser humano porque, el conocimiento del otro lado te dará más
herramientas para combatirlo. Te da la oportunidad de avanzar en tú formación
humana y científica, abriéndote las puertas de la cultura que, sin duda, te
harán mejor persona, dialogante, tolerante y empatizarte, que en estos tiempos
que corren son actitudes y aptitudes más que necesarias.
Cuando viajo en el metro y
observo a alguien que, en lugar de ir con los ojos en la pantalla del móvil,
los dirige a las páginas de un libro, me congratulo y vuelvo a tener esperanzas
en el ser humano. Tengo que reprimir la tentación de acercarme y darle un
abrazo, vayamos a que se crea que soy un sátiro, y la verdad es que, solo soy
un amante de los libros y nuestra formación continuada.
¿DE DÓNDE VENIMOS?
Los niños de los cincuenta y
sesenta del siglo pasado, no lo tuvimos fácil para acceder a los libros en
general, y en particular, tuvimos que soportar la censura. Recuerdo que solo a
través de amigos, pude hacerme en mi adolescencia con un ejemplar de “El
Capital” de Karl Marx, que ya había pasado por decenas de lectores, tal vez
solo por el hecho de estar prohibido en España. Y no digamos como tuve que
camuflar en mí equipaje, el primer libro de Ian Gibson sobre la muerte de
nuestro Federico, que tuve que comprar en Francia. Pasarlo por la aduana del
Puente de Santiago en San Sebastián, me costó una enfermedad, pero lo traje a
Granada para compartirlo con los amigos. Y es que a mí generación, se nos
pusieron muchas trabas para acceder a determinadas lecturas que, eran
precisamente, las que nos permitían enriquecer nuestros conocimientos, y ver
mucho más allá de lo que se veía entonces.
En cambio, tuvimos todos los
permisos del mundo para, con dos reales, alquilar un tebeo que tenias que leer
sentado en un banco en el lugar de turno, como, por ejemplo, en el local que
Manolo tenía en la Calderería. O leerlos de pie, como pasaba un poco más arriba
en el kiosco de Antonio, “El Jorobado” en la placeta del Corpus Cristi. Allí
fue donde descubrí a, Roberto Alcázar y Pedrín, El Pequeño Pantera Negra, El
Capitán Trueno, El Jabato, El TBO o El Tío Vivo. Después me aficioné a las
novelas de Marcial La Fuente Estefanía y las del FBI. Para cuando mí economía
me permitió comprarlos, yo ya vestía pantalón largo.
A DÓNDE VAMOS
Pese a que algunas
estadísticas insisten en que los españoles seguimos siendo de los que menos
leen en Europa, vivimos una plena efervescencia editorial como lo demuestran el
éxito de las numerosas ferias del libro que se celebran en el suelo patrio. Pero
que los árboles no nos impidan ver el bosque, hay que sospechar de los falsos
profetas. Hay que dudar de aquellos menesterosos que publican uno o más libros
cada año. De los que estrujan un hilo argumental y van por los catorce libros
de la misma trama. De aquellos que – como dice Quico Chirino- han publicado más
libros de los que han leído, que eso ya tiene perejiles y, de los que, habiendo
publicado sus trabajos en prensa, para que no se te olviden, los recopilan en
un libro poniéndolos de nuevo en el mercado.
Sabiendo expurgar todo lo
anterior, vivimos en estos momentos una auténtica resurrección del libro como
animal de compañía. Ese que está en la mesita de noche. Aquel otro que te
aguarda en la estantería de una biblioteca pública, como la del paseo del Salón
Mari Luz Escribano, que de forma gratuita podrás devorar con el fondo musical
de los pajarillos en sus jardines.
Con un libro abrirás tu mente
a la fantasía, a la historia, a la investigación científica, al teatro, la
poesía y la cultura. El libro es la llave para abrir todas las puertas del
saber, lo tienes a la mano y gratis, no dejes pasar la oportunidad de ser más
sabio, de instruirte en cualquier rama, de profundizar en los conocimientos que
te atraigan, que te diviertan, pues no hay que olvidar que, leer debe ser
siempre un placer para la mente y el espíritu. Socializa con el librero, pasea
entre los estantes, pregúntale, que te aclare dudas, que te oriente a cerca de
tus gustos, después, todo estará en tus manos, correrá de tu cuenta. Yo
aconsejo lo primero poner el móvil en silencio, buscar un banco a la sombra de
nuestro jardín preferido, y si estás en casa, ve a tú sillón, ese que ya tiene
el molde de tu espalda, que, por la ventana entre la luz justa para ejercitar
la visión sin esfuerzo, abre sus páginas que huelen a libro, ese perfume que
aún no han sido capaces de envasar en un frasco y no hagas caso al timbre la
puerta porque en estos tiempos, ya no te visita el comercial del Círculo de
Lectores. A disfrutar.

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