Placeta de La Seda, en la Alcaicería de Granada.
LA SEDA EN GRANADA
Tito Ortiz.-
Suavidad, Brillo, Ligereza, Transpirabilidad,
Higroscopicidad, Regulación térmica, Resistencia, Flexibilidad, e Hipoalergénica.
Estas son solo unas pocas cualidades de la seda, un tejido por el que Granada,
en un momento del pasado fue famosa en todo el mundo.
Nuestra historia nos trae
hasta aquí, al lugar donde se desarrollaba el gran negocio de la reputada seda
de Granada. Su calidad traspasó fronteras, y no había lugar en todo el
Mediterráneo, desde Oriente hasta Occidente, donde ésta no fuera el material más
codiciado en los ambientes de lujo.
La industria de la seda estuvo
fuertemente arraigada en al-Andalus y fue posible gracias al conocimiento de
los andalusíes en materia agrícola. Además del cultivo de la morera, las
tinturas –aunque algunas eran de origen animal- se obtenían tanto de plantas
silvestres como cultivadas. Entre las más utilizadas está la planta pastel
(Isatis tinctoria), también conocida como “aspid de Jerusalén” que crecía en
todo el entorno mediterráneo, y de la que se obtenía un colorante azul. El rojo
de la raíz de la planta rubia roja, (Rubia tinctorum) que viajó hasta las
tierras de cultivo de al-Andalus procedente de Oriente. Para el amarillo era la
gualda, en su versión silvestre o cultivada, la planta que se usaba.
Aunque fue en época Omeya
cuando se implantaron los más importantes centros de producción en Córdoba y
Almería, más adelante, en época nazarí, la seda de Granada gana en calidad
hasta no tener parangón, como atestiguan fuentes árabes clásicas como Ibn al
Jatib (siglo XIV) o el viajero alemán Jerónimo Münzer que viajó a Granada en el
siglo XVI, según nos cuenta Ana Carreño Leyva del Legado Andalusí.
EL MEDITERRÁNEO ERA NUESTRO
Uno de los principales
mercados que encontraba la seda granadina era el italiano: los mercaderes,
mayoritariamente genoveses, la adquirían al considerarla de altísima calidad.
Tanto es así que, ellos dieron nombre a una de las alhóndigas de la Granada
nazarí: la “alhóndiga de los genoveses”. En el resto de las alcaicerías del
reino (como las de Almería o Málaga) también se compraban para venderse luego
en los puertos europeos del Mediterráneo, en Flandes o Inglaterra.
La calidad de la seda de
Granada se debía en primer lugar al alimento que nutría a los gusanos; las
moreras que se cultivaban en la zona montañosa de la Alpujarra tenían gran
calidad, debido a la idoneidad del clima y a su posición geográfica. Esta
región, situada al sur de Granada, era en época nazarí un extensivo bosque que
producía dos variedades de morera: la blanca y la negra. Con la morera blanca
se obtenía una seda de alta calidad, mientras que de la morera negra resultaba
una calidad muy inferior. Así pues, se decidió suprimir la producción de la
morera negra para producir solo la de una calidad óptima y eliminar así toda la
competencia posible que pudiese darse en otras zonas en al-Andalus (sobre todo
en Levante). De igual modo existía en Granada una ordenanza que prohibía el uso
de la maraña resultante del hilado para la elaboración de tejidos nobles. El
renombre de la seda de Granada lo era con justicia.
La prosperidad que llega a
Granada gracias a la producción y manufactura de la seda fue posible al
producirse el nacimiento de una nueva sociedad artesanal, tanto rural como
urbana, constituida en gremios dedicados a las distintas labores relacionadas
con la actividad. Más adelante, a principios del siglo XVI se crea La Casa del
Arte de la Seda donde se certificaba su calidad, pues a finales de este siglo
era tanta la demanda que, la seda constituía una de las principales fuentes
económicas del Reino de Granada, de la que vivía gran parte de la población. La
ciudad albergaba el barrio de la seda que alojaba a los trabajadores del sector
en todo el sistema productivo. Todavía existen muchas calles en Granada que
conservan como nombre las distintas actividades que conllevaba la manufactura
de la seda: Tintoreros, Azacayas, Blanqueo, Damasqueros, Calderería, Hileras,
Plegadero Alto, Tinte, Toqueros, o Cuesta de Marañas, entre otras.
SUS DERIVADOS
Con la seda se elaboraban
tipos distintos de tejidos como terciopelos, tafetanes, damascos, brocados, y
sobre todos rasos, de tal calidad que llegaron a superar a los que se
fabricaban en Oriente. Pero también se utilizaba para elaboración de tejidos
con los que se confeccionaban prendas de uso más corriente, como pañuelos,
fajines o gorros.
La industria de la seda
evolucionó de tal manera que su comercio propició no sólo una gran fuente de
recursos económicos, sino que gracias a su comercio se estableció una red de
fructíferas relaciones políticas y culturales entre el mundo árabe y Europa. La
elaboración de tejidos suntuosos, epítome del lujo en las cortes medievales,
generó una gran especialización en el sector. Los artesanos elaboraban tejidos
nobles únicos de gran belleza, con un intrincado diseño, en el que se empleaba
una gran variedad de colores y matices, con un exquisito bordado que
intercalaba hilos de oro y plata, que eran los favoritos en esta nueva
industria del lujo.
A partir del siglo XVII la
industria de la seda decae en Granada por varias razones, una de las cuales es
la expulsión de los moriscos. No obstante, hasta muy entrado el siglo XVIII
había aún producción suficiente para enviar este tejido a las Américas. De lo
que se deduce que, en una producción tan especializada como la seda, y en una
época en la que era demandada como si se tratara de piedras preciosas o nobles
metales, Granada estuvo más que acreditada en un mercado, no solo europeo, sino
americano. Con el paso del tiempo hemos perdido la actividad y, ya ni los
niños, crían gusanos de seda en una caja de zapatos, ni salen a deshojar
moreras.
Vamos dejando demasiadas cosas
por el camino.

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