sábado, 18 de abril de 2026

 


ENTONCES TAMBIÉN FUIMOS LIBRES

 

Tito Ortiz.-

 

A pocos años del reinado de Fernando VII, rey de infausto recuerdo, entre otras lindezas, por haber asesinado en el patíbulo a nuestra Mariana de Pineda Ramírez, Granada reverdecía hacia una libertad muchos años amordazada, nutriéndose de la creatividad de unos jóvenes osados y valientes que, abarcando varias facetas de las bellas artes, dotaban a la ciudad de un desparpajo cultural que después volveríamos a echar de menos durante mucho tiempo.

La exposición que hasta el próximo 21 de junio podemos visitar en la Casa de Los Tiros, supone una bocanada de aire fresco proveniente de la segunda mitad del siglo XIX, un tanto oscurecida por la historia oficial, que demuestra como en aquellos años, la Granada mortecina no lo era tanto, muy al contrario, se encontraba inmersa en las vanguardias imperantes en los territorios patrios más comprometidos con la libertad de pensamiento y creación artística.

ASOCIACIÓN SÍN ESTATUTOS

La Cuerda fue una de las sociedades artístico-literarias más importantes del siglo XIX en Granada, activa durante el periodo de 1850-1854. Fue una tertulia irónica y guasona, siendo sus jóvenes miembros muy dados a alternar hasta altas horas de la noche y al alboroto en las calles. Se trata de una sociedad sin normas, ni lujo, ni lugar fijo de reunión. Un anarquismo que va a contrastar con la categoría y la rica personalidad de sus miembros: arquitectos, políticos, barítonos, periodistas, escritores, músicos y poetas, quienes formaban los nudos de la Cuerda, apelativo que adoptaron los integrantes de esta reunión. En su mayoría los nudos eran granadinos que rondaban los veinte años y comenzaban su trayectoria literaria y política, bien en los periódicos locales o en las sesiones literarias del Liceo. Destacan entre ellos figuras como el escritor Pedro Antonio de Alarcón, el periodista Manuel del Palacio o el restaurador Rafael Contreras, entre otros. También hubo nudos extranjeros, como el pintor y arquitecto ruso Pablo Notbeck o el barítono italiano Giorgio Ronconi. Tras la revolución de 1854, los miembros de La Cuerda, casi todos muy comprometidos políticamente, dejaron la ciudad para establecerse en Madrid.

Estos jóvenes paladines de la más absoluta bohemia, destacaban cada uno en su actividad al más alto nivel, alcanzando cotas de brillantez, en un ambiente en el que imperaba la admiración mutua de cada uno de sus componentes.

SE LES HA SEGUIDO LA PISTA

Sobre la Cuerda Granadina se ha escrito mucho y son abundantes las referencias desde el principio del siglo XX. Ya en la revista La Alhambra, Francisco de Paula Valladar y Serrano, analizó a través de una serie de artículos el perfil de algunos de sus miembros. En 1928 José Cascales Muñoz consiguió publicar un volumen con todos los documentos y artículos aparecidos hasta entonces. Entre los trabajos más recientes se encuentra la publicación de 1991, del profesor de la Universidad de Almería, Miguel Gallego Roca, centrada en el significado de la tertulia a la luz de los movimientos literarios del posromanticismo español. Cabe destacar el riguroso estudio de la profesora de la Universidad de Granada, María Belén Vargas Liñán, centrado en aquellos aspectos relacionados con la esfera musical y a quien el Museo Casa de los Tiros agradece su inestimable ayuda en la gestación de esta exposición.

La muestra La Cuerda Granadina: una tertulia con mucha guasa se materializa tras una intensa labor de conservación, digitalización, documentación y catalogación de este fondo documental, por parte del equipo técnico de este Museo. A través de las distintas áreas de la exposición, se aborda el origen del nombre de La Cuerda y los apelativos usados por los nudos; las biografías de sus principales miembros; los lugares de reunión de la tertulia; el ambiente cultural de mediados del siglo XIX en Granada y otras sociedades de carácter cultural de la época. Por otro lado, se dan a conocer los temas tratados en los álbumes, con especial atención a la música, como protagonista constante en las reuniones de La Cuerda. Además, se exponen por primera vez al público una serie de 41 dibujos, cuya autoría está atribuida al pintor Miguel Pineda Montón y que destacan entre todas las aportaciones a los álbumes de La Cuerda.

VISITAR SIN PRISA

La exposición se apoya en otros elementos de las colecciones del museo, como documentación generada por otras sociedades de la época, fondos hemerográficos (prensa y revistas coetáneas), fondos bibliográficos, fotografías, carteles, litografías y otros bienes culturales, relacionados con el efervescente momento histórico que se presenta. También se tendrá la oportunidad de contemplar los álbumes en su integridad, a través de un audiovisual en el que se recoge la digitalización completa de cada tomo inédito, ambientado por composiciones musicales del momento. 

Es muy importante no mirar el reloj durante la visita a la exposición, para impregnarnos de todo su contenido. Incluso yo aconsejo visitarla en dos o más ocasiones porque es mucho lo que hay que leer en sus paneles, observar con detenimiento los dibujos, los documentos en vitrinas, lo colgado y sobre todo, el audiovisual que con detenimiento enriquece la muestra, transportándonos a una época gloriosa de nuestra tierra y nuestras gentes brillantemente creativas.

A mi juicio, La Cuerda nos reconcilia con una época de nuestro pasado granadino, no suficientemente conocida y que, sin embargo, nos descubre una sociedad granadina en la avanzadilla del arte libre, que tuvo lugar aquí, en unos años comprometidos, protagonizada por unos jóvenes que rompieron barreras, descorrieron las cortinas de lo asordinado, refrescando el ambiente cultural del momento, desde la más absoluta tolerancia, sin ponerle puertas al campo, pues solo la creación sin límites ni censura nos hará libres. Algo válido entonces y… Ahora.

 

 

 

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