miércoles, 1 de abril de 2026

 SENTENCIA DE JESÚS

Obra de Manuel Ruiz.

Tito Ortiz


Cronista Oficial de Granada

Pregonero de la Semana Santa 2026


Aquí me tienes Señor, portador de malas noticias. Se trata de Tú

injusta sentencia de muerte que dice así:


“En el año diecisiete del reinado de Tiberio César y emperador de

los romanos, monarca invicto. El año 201 después de los Juegos

Olímpicos, el quinto mil desde su creación. Y después de los años

de los judíos 4147 y el año 93 desde la fundación de Roma, desde

la liberación de la esclavitud de Egipto 580 y de la destrucción de

Tierra Santa el año 97.

En la época del más grande del pueblo romano: Lucio, Sultonio,

Marcelino y el gobernante Hillaretes Palister. Y en el tiempo del

gobernante general sobre Judea, Comus Flavius. Y en el tiempo del

gobernador de Jerusalén, el poderoso y alto príncipe Poncio Pilato.

Y en el tiempo del procurador de Galilea, Herodes Antipas. Y en la

época de los grandes Ana y Caiafa-Aliaso y Mail. Los ancianos del

Templo, Raban y Amabelus. En la época de los grandes

magistrados de la ciudad de Jerusalén: Simbinacasacio, Pompilei,

Rufa y el comandante de la ciudad de Ioctenus”.

“Yo, Poncio Pilato, el procurador del Imperio Romano, en el Salón

de los Altos Príncipes, autentico y condeno a la pena de muerte en

la cruz, el llamado, por el pueblo, Jesucristo el Nazareno, un

hombre rebelde contra las leyes de Moisés y contra su majestad

Tiberio, César y Rey de los Romanos. Ordeno y decido su muerte, a

través de la crucifixión en la cruz, junto con otros, según la

costumbre de los condenados por la multitud del pueblo, tanto ricos

como pobres, porque: no cesó de actuar para hacer una rebelión y

causar daño en Judea, y porque se llama a sí mismo el Hijo de Dios

y rey de Jerusalén, y también porque amenaza con destruir


Jerusalén y el Santo Templo, y porque se negó a pagar tributo al

César, y porque se atrevió a entrar en Jerusalén con ramas de

palmeras, siendo aclamado por una multitud de hombres, así como

por un rey, entrando entonces en Jerusalén y en el Templo Sagrado.

Encargue a mi primer centurión, Cornuto Cornelio, que lo mantenga

atado en público, en el centro de Jerusalén, para azotarlo, para

vestirlo con un manto rojo (púrpura), para coronarlo con una corona

de espinas y para obligarlo a llevar su propia cruz sobre sus

hombros, para servir, por ejemplo, a otros, como todos los ladrones.

Por esta razón ordeno, junto con Él, que dos ladrones más sean

llevados y sacados a través de la parte Imboral, ahora llamada

Andronimus para ser crucificados junto con Jesucristo en público,

en el lugar elegido (para los criminales) llamado Calvario (el lugar

de la sangre). A aquel que será crucificado y que morirá para que

su cuerpo sea dejado en la cruz por temor al pueblo, como se hace

con todos los ladrones y criminales. Y en la parte superior de la cruz

para ser escrito, en una plancha, en tres lenguas, la inscripción

“JESUS ALUN OMLIS IODAM”, Judío.

“IESOUS A NAZAREOS BASILEVA IUDEON”, griego.

JESUS NAZAREUS REX JUDEEORUM”, latín.

Los testigos de esta sentencia son: de la tribu de Israel, Ruan,

Daniel, Rambinal, Joaquín, Banican, Rotin, Iotavel y Pericolan; en

nombre de los príncipes romanos del país: Lucio, Sicelio y

Maximilio; de los fariseos: Barbos, Simeón y Boriel; de los altos

jueces romanos: Rabán, Haudanius y Bacaralos; de los sumos

sacerdotes: Ruan, Iodus y Bucasalis; el supervisor de los asesinos

entre los judíos: Butan”.

Jerusalén, 23 de marzo de 4147 desde la creación.

De nada han servicio las súplicas de la propia esposa de Pilatos,

Claudia Prócula, que dirigiéndose a su marido le ha dicho: «No te

mezcles en el asunto de este justo, porque hoy, por su causa,

tuve un sueño que me hizo sufrir mucho».

De nada ha servido el lamento de Tú madre amantísima tras de Ti

por la calle de La Amargura, camino del monte Calvario.


De nada ha servido Señor la intercesión de María Magdalena de

quién dice Mateo que: “alojó y proveyó materialmente a Jesús y

sus discípulos durante su predicación en Galilea. Se añade que

anteriormente había sido curada por Jesús: «Le acompañaban

los doce y algunas mujeres que habían sido curadas de

enfermedades y espíritus malignos: María, llamada Magdalena,

de la cual habían salido siete demonios” Tal vez por ello Señor,

ya la has elegido para que sea la primera en proclamar Tú

Resurrección. Después comunicará la noticia a Pedro y a los demás

apóstoles.

Tampoco ha servido la valentía de La Verónica, que se abrirá paso

entre la multitud para enjugar Tú rostro. Es curioso Señor, que,

siendo seguido en los últimos años por tantos hombres, durante Tú

Pasión, han sido mujeres las que te han defendido, pues hasta Tú

discípulo Pedro, Te ha negado tres veces.

Es muy injusto Señor que yo sea portador de esta injusta sentencia,

solo me recompensa, la esperanza de Tú Resurrección con el perdón de nuestros pe
cados.

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