domingo, 31 de mayo de 2026

 

Corpus 2026, obra de Manuel Ruiz.

YA NO… PERO ES CORPUS

 

Tito Ortiz.-

 

Ya no se alancean toros en la plaza de Bibarrambla, pero es Corpus. Ya no danzan los diablillos en derredor de la custodia, aquellos árabes convertidos al cristianismo que, de aquella manera, expiaban sus culpas y se congraciaban con los vencedores de la conquista cristiana, pero es corpus.  Ni se celebran las justas con el pañuelo de la amada atado a la lanza, pero es corpus. Ya no se celebra la batalla de flores, con los carruajes engalanados, ni el concurso de ripios a modo de combate poético, en post del amor eterno a lo que significa la hostia consagrada, símbolo de la más excelsa eucaristía, pero es corpus.

Aquella fiesta religiosa y pagana, a la vez, que parece se inició por imperativo legal de sus majestades, para evitar otras celebraciones agnósticas, aquella, tal y como comenzó ya no es, pero es corpus, y es corpus en Granada, nada más y nada menos. Es corpus en la ciudad que, junto con Sevilla y Toledo, pese a haberse incorporado más tarde que ninguna a la celebración, se festeja con mayor esplendor. El Corpus en Granada rivaliza en importancia con el jueves santo, aunque, a decir verdad, el corpus involucra a más gente, pues además de los cofrades, cuenta con las hermandades de gloria, sacramentales, el clero en toda su diversidad eclesiástica, los labradores de la vega, la hermandad patronal, los niños y niñas de primera comunión, la real maestranza de caballería, las instituciones públicas y privadas, en definitiva, toda la ciudad acude a la llamada de este día que reluce más que el sol.

PRIMEROS CINCO SIGLOS

Es este, además, un corpus especial en el que celebramos los primeros quinientos años de nuestra catedral con la torre campanario recuperada, con las joyas de la corona cofrade en su interior y una juventud volcada con la militancia en hermandades, como lo demuestra la del niño Jesús radicada en la iglesia de Nuestra Señora de La O, desde el año, 1525, tan ligada al santísimo sacramento.

Ya no hay tratantes en el paseo del Violón, pero, la Feria Real del Corpus en Granada, tuvo sus inicios como tantas otras, en lo que era llana y simplemente, una feria de ganado, alrededor de la cual, se producían toda clase jolgorios y distensiones sociales, una vez al año. Ya lo dejó grabado Emilio “El Moro” … “Granada, tierra soñada por mí, en tu feria “vestío” de gitano dos burros vendí”.

Ya no está el paseo del Salón, con su monumento a Colón y la reina católica, rodeado de barquilleros con sus cilindros y la ruleta en la tapa, que servía de pórtico a las casetas, entre las que destacaban, la de la Renfe, la del SEU, de los estudiantes, la del Real Aeroclub, El Palustre, El Compadre, la de la Policía Armada, con su electricista, Pepe Álvarez, que cada año se inventaba una iluminación, destacando la edición en que unas hélices pintadas de gris, como era lógico, servían de soporte a unos fluorescentes, y la de la Guardia Civil, que fue el asombro de todos, al instalar el año que el hombre llegó a la luna, un enorme cohete espacial en su interior. Las casetas competían en originalidad a la hora de la decoración, y todas tenían música en vivo, con los conjuntos musico vocales de aquí y la provincia. El año que Gelu cantó en la de la Renfe, fue todo un acontecimiento, con Eduardo y Los Windys, en la de los universitarios. Los componentes de La Real Sociedad de Tenis, y la del Tiro de Pichón, tenían un protagonismo especial en este ferial, donde su presencia era imprescindible, como la Asociación de La Prensa con su histórica Verbena en el Carmen de Los Mártires, pero aun así… es corpus.

LAS BARRETAS QUE NO FALTEN

Ya no está, el castillo de fuegos artificiales en el embovedado, el concierto de la banda de música militar de la IX Región Militar, dirigida por Julio Marabotto Brocco, y la retreta militar para que al grito de: ¡catetos a su pueblo!, los capitalinos echáramos a los forasteros que, durante estos días, habían disfrutado de un Corpus inolvidable. Y durante todo el recorrido, decenas de fotógrafos que te salían al paso para inmortalizar el momento de alegría, y que después te pedían las señas para llevarte las fotos a casa. En la mía se coleccionaban la de todos los años. Desde aquella primera en la que, mis padres siendo novios, están columpiándose en el látigo, hasta la de mis hermanos y yo en los caballos del tío vivo o en el coche de bomberos tocando la campana.

Ya no está bajo la Alhambra iluminada, y sobre el  Dauro, un escenario por el que pasaron desde Antonio Mairena, Alberto Cortés, Mocedades o, Dexter Gordon, con su cuarteto de saxofones, que cada vez que terminaba una pieza, se volvía hacia la Alhambra iluminada, y le ofrecía su saxo en actitud reverente. Zarzuelas y teatro formaron parte del programa, y todavía hay quién recuerda, una actuación extraordinaria de Fernando Delgado y Charo López, haciendo “Maribel y la Extraña Familia, y “Tres Sombreros de Copa”, que estarán en la retina para siempre, en ese lugar privilegiado bajo la torre de Comares. Con los camerinos en el Hotel Reuma, del que se contaban historias de fantasmas nocturnos a la moda de almas en pena. Pues en este lugar, en el Carmen del Granadillo, nació un año antes que García Lorca, Marino Antequera García, testigo hasta su muerte nonagenaria, de toda la historia concerniente al Hotel Reúma, que tan en entredicho está ahora.

Ya no están los puestos de barretas en la Carrera de La Virgen, pero es Corpus, Vayan a López Mezquita y disfruten de las duras y las blandas. Vayan de mi parte.

 

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